Evolución política de Afganistán: conflictividad y auge del movimiento talibán

AFGANISTÁN EN CLAVE SECURITARIA

EVOLUCIÓN POLÍTICA DE AFGANISTÁN: CONFLICTIVIDAD Y AUGE DEL MOVIMIENTO TALIBÁN

Por Aitor Lekunberri

Devastado por interminables guerras que asolan el país desde 1978, el futuro de Afganistán se presenta incierto, a tenor de las dificultades económicas, las luchas políticas y religiosas internas, así como las crecientes dificultades del gobierno de Kabul para contener el avance talibán.

Dejando de lado cuestiones históricas como la dominación británica sufrida por el país hasta el año 1919, puede decirse que en la actualidad este se debate entre la necesidad de impulsar la paz con el movimiento talibán y la de hacer frente a los retos de desarrollo. Todo en un escenario dominado por la pobreza, las crisis políticas y la intervención militar de la OTAN.

Fuente: Reuters

Ubicado en Asia Central, Afganistán cuenta con una superficie de más de 655.230 kilómetros cuadrados, y hace frontera con Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y China. Su población supera los 35 millones de habitantes, y el 99% profesa la religión musulmana, siendo en un 80% musulmanes sunnitas frente al 19% de chiitas[1]. Su composición étnica es muy diversa, destacando la presencia de pashtunes (42%), tadjikos (27%), hazaras (10%), uzbekos (9%), aimak (4%), turcomanos (3%) y baluchis (2%).

Se trata de uno de los países más empobrecidos del mundo[2], con una esperanza media de vida de 60 años y con más del 40% de la población viviendo bajo el umbral de la pobreza. A ello habría que añadir un gobierno incapaz de hacer frente a los graves problemas estructurales que afronta el país, como la persistencia de conflictos armados, desastres naturales o la limitada participación de la mujer en la vida política y económica.

Para algunos autores, uno de los principales factores de inestabilidad de Afganistán proviene del hecho de no haber sido un Estado construido en base a una lógica étnica o geográfica, sino en función de la política imperialista del siglo XIX. Esto es, el país apenas habría disfrutado de la unidad política necesaria para construir un Estado coherente y autónomo, siendo ante todo un “lugar intermedio, una franja fracturada y disputada, dominada por montañas y desiertos, y situada entre unos países vecinos más organizados”, hecho que habría propiciado que “durante gran parte de su historia, sus provincias [hayan] sido el terreno de batallas entre imperios rivales” (Dalrymple, 2017)

Desde el siglo XIX, la evolución política de Afganistán ha estado marcada por las persistentes guerras e intervenciones foráneas, como parte de un gran “juego de poder” desplegado por las grandes potencias para establecer su dominación sobre el país. Así, a lo largo del siglo XIX el país fue objeto de “disputas imperialistas y geopolíticas entre Rusia e Inglaterra”, siendo convertido en “zona divisoria de sus respectivas zonas de influencia” (Zamora, 2016: 260).

Fuente: El Periódico

Las disputas geopolíticas fueron el telón de fondo de las tres guerras entre Inglaterra y Afganistán que sacudieron el país entre 1839 y 1919. La primera guerra anglo-afgana (1839-1842) terminó con derrota inglesa, y estuvo originada en buena parte por el temor británico a que la esfera de influencia rusa se extendiera hasta las fronteras de India. Esta derrota supuso una auténtica humillación para la que entonces era la potencia militar más poderosa del mundo, y sigue siendo considerada como una de las mayores humillaciones militares sufridas por un ejército occidental en Asia, siendo el ejército inglés derrotado por guerrilleros afganos mal equipados pertenecientes a diversas tribus (Dalrymple, 2017).

Tras la segunda guerra anglo-afgana (1878-1880) -finalizada con victoria inglesa-, Afganistán pasó a ser un protectorado inglés, jugando desde entonces un papel de “estado tapón”[3] entre la Rusia zarista y la India. En 1919, una vez finalizada la tercera guerra anglo-afgana, el país se liberó del protectorado británico y alcanzó su independencia, iniciándose un período monárquico bajo el liderazgo del líder independentista Amanullah Kan, quien se propuso modernizar el país para sacarlo del atraso económico y social, hecho que provocó la reacción de los sectores más conservadores de la sociedad, que acabaron destronándolo.

La guerra de Afganistán (1978-1992): entre la ocupación soviética y el terrorismo muyahidín

A pesar de que durante los primeros años de la Guerra Fría el gobierno afgano buscó mantener una posición de equidistancia entre Estados Unidos y la URSS, buscando mantener buenas relaciones con los dos bloques del sistema bipolar, en la práctica tuvo una mayor sintonía diplomática con Moscú.

Liberado de la dominación británica en 1919, Afganistán se convirtió en el primer Estado del mundo en establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, abriendo una relación de cercanía que se prolongó durante décadas. La influencia soviética en el país se fue incrementando de forma paralela a la penetración y el desarrollo de las ideas marxistas. La fundación en 1965 del denominado Partido Democrático del Pueblo Afgano (PDPA en adelante), de carácter marxista y antimonárquico, se inscribe en este proceso de acercamiento al bloque soviético, desempeñando este un importante papel en el derrocamiento de la monarquía y en la proclamación de la república en 1973.

Mujeres afganas en el Afganistán socialista

(1981)

Mujeres en clase

(Kabul, 1981)

En 1978 tuvo lugar la denominada revolución de Saur o revolución de abril, de carácter comunista, pasando el país a denominarse República Democrática de Afganistán, denominación que mantendría hasta el año 1992. El nuevo gobierno comunista impulsó importantes reformas económicas y sociales, como el fuerte impulso a la alfabetización y al acceso a la sanidad, la distribución de tierra entre los campesinos pobres, o las políticas de promoción de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

La toma del poder por parte del PDPA fue vista como una amenaza por parte de las potencias capitalistas occidentales, algunas de las cuales vieron con buenos ojos la entrada en escena de los muyahidines – combatientes fundamentalistas islámicos-, fervientemente anticomunistas, liderados entre otros por el saudí Osama bin Laden. Los muyahidines formaron un ejército irregular compuesto tanto por militantes afganos como por voluntarios llegados desde otros países islámicos ante la llamada a la “guerra santa” contra el gobierno prosoviético. Recibieron financiación, armamento y recursos por parte de Estados Unidos, Arabia Saudí, Pakistán e Irán, y fueron bautizados por el presidente de EEUU Ronald Reagan como “luchadores por la libertad”, recibiendo a su vez entrenamiento e información por parte de los servicios secretos de la OTAN, Israel, Pakistán y Arabia Saudí (Amirian y Zein, 2007: 102).

Fuente: The Independent

Los muyahidines desplegaron una táctica de guerra de guerrillas, recurriendo a la práctica sistemática de atentados terroristas con el objetivo de desgastar y poner en jaque al gobierno comunista de Kabul. En 1979, en este contexto de asedio al gobierno central, se produjo la ocupación soviética del país, que se prolongaría hasta 1989.

‘A pesar de que los medios de comunicación occidental insisten en que “los muyahidines lucharon para expulsar al ejército invasor soviético de Afganistán”, Zbigniew Brzezinski, el asesor de seguridad del presidente Carter, declaró abiertamente que el apoyo directo de EEUU a este grupo terrorista y criminal liderado por Osama bin Laden comenzó seis meses antes de que los soviéticos entraran en Afganistán con el fin de debilitar al régimen de Kabul’ (Amirian y Zein, 2007: 102)[4].

La intervención soviética en Afganistán se insertaba en un contexto de guerra fría (1947-1991), es decir, en un período de las Relaciones Internacionales caracterizado por la división del mundo en dos bloques de poder antagónicos: un bloque capitalista, liderado por Estados Unidos; y otro comunista, liderado por la URSS, estableciéndose un clima de tensión permanente y de pugnas entre ambos bloques por aumentar sus respectivas áreas de influencia.

Tal y como señala Brzezinski, la operación secreta de ayuda a los opositores al gobierno prosoviético de Kabul tenía como finalidad atraer a los rusos a caer en la trampa afgana: «ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su guerra de Vietnam» fueron las palabras dirigidas por Brzezinski al entonces presidente James Carter. En efecto, Moscú se vio forzado a “librar durante casi 10 años una guerra insoportable para el régimen, un conflicto que provocó la desmoralización y finalmente el estallido del imperio soviético” (Brzezinski,1998).

La guerra contra la ocupación soviética de Afganistán propició la expansión de la ideología integrista islámica, que propugna el retorno a una estricta observancia coránica tanto en el ámbito político como social. La imposibilidad de acabar con los muyahidines, así como la creciente impopularidad de la guerra -ante la creciente sangría de recursos humanos y económicos-, propiciaron la retirada soviética en el año 1989. Esta se produjo en un contexto de debilitamiento interno del régimen soviético[5], que acabaría implosionando en 1991 con la desintegración de la URSS y el surgimiento de un espacio postsoviético formado por 15 nuevas repúblicas de corte capitalista.

La retirada de la URSS abrió en Afganistán un período histórico marcado por las continuas disputas internas por el control territorial, quedando el país a merced de los “señores de la guerra” quienes, tras combatir a los soviéticos, pasaron a reclamar y ejercer su autoridad sobre los territorios bajo su control (Zamora, 2016: 261 y 262). La década de guerra había dejado un país asolado, en situación de caos y pobreza generalizada, generándose el caldo de cultivo que propició el posterior ascenso de los talibanes.

La desaparición del “enemigo soviético” propició el retorno de miles de “muyahidines” como Osama bin Laden a sus países de origen, iniciándose el proceso de expansión internacional de la organización armada Al Qaeda, convirtiéndose esta en una red con ramificaciones en los cinco continentes.

El movimiento talibán: claves de una irrupción fulgurante

En 1994 se produjo la entrada en escena del movimiento talibán en el sur del país. Los talibanes procedían de los pashtunes, grupo étnico mayoritario en Afganistán que había gobernado el país durante tres siglos, pero que había sido relegado por otros grupos étnicos (Rashid, 2002: 32). Los talibanes tenían como objetivo crear un gobierno islámico unido en Afganistán, defendiendo la aplicación estricta de la sharía o ley islámica. Cabe señalar que estos habían sido reclutados, armados, entrenados y financiados en territorio paquistaní por la CIA, Arabia Saudí y los servicios secretos de Pakistán (Zamora, 2016: 262).

Tras su toma de Kabul en el año 1996 el mulá Mohammed Omar fue elegido “comandante de los creyentes” en los territorios bajo su control, imponiendo una interpretación extrema de la sharía, apartando a las mujeres de la esfera pública y expulsándolas del sistema educativo, prohibiendo todo tipo de diversiones, música, televisión, así como la mayor parte de deportes y juegos (Rashid, 2002: 32). Los talibanes fueron consolidando su poder, pasando en 1997 a controlar el 90% del territorio, si bien su gobierno sólo recibió el reconocimiento internacional de Arabia Saudita, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos (Escola de Cultura de Pau, sf).

En opinión de Ahmed Rashid, autor de la influyente obra “Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo <> en Asia Central” y uno de los pocos periodistas internacionales que ha entrevistado a dirigentes talibán, la comprensión del fenómeno talibán se ve dificultada por la “excesiva reserva que rodea a sus estructuras políticas, sus dirigentes y el sistema de toma de decisiones en el interior del movimiento”. Este secretismo del movimiento se constata, entre otros aspectos, en su decisión de no emitir comunicados de prensa, y en la prohibición de las fotografías y la televisión, siendo desconocido incluso el rostro de sus mandos (Rashid, 2002: 38).

El movimiento talibán pronto pasó a adquirir una importante dimensión geopolítica. Así, en el verano de 1998, el creciente avance talibán en el norte de Afganistán, y su control de más del 80 por ciento del país, puso en movimiento un conflicto interregional por el control de las inmensas riquezas de petróleo y gas que contiene Asia central, en una competencia entre los estados y las compañías petroleras occidentales por la construcción de oleoductos y gasoductos (Rashid, 2002: 38-39). Dicha competencia llegaría a su apogeo tras la invasión occidental de 2001, efectuada con el pretexto de detener a Osama bin Laden y otros líderes de Al Qaeda. Esta organización había sido autora de los atentados del 11 de septiembre de 2001 efectuados en Estados Unidos, dejando un saldo de más de 3000 muertos y 6000 heridos. Los atentados proporcionaron a la administración Bush (2001-2009) una coartada para impulsar nuevas guerras en la región, materializadas en la invasión de Afganistán (2001), en la que tomaron parte países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia.

NOTAS:

[1] Para un acercamiento a las diferencias doctrinales entre sunnitas y chiitas véase el artículo “El islam y sus dos escuelas mayoritarias: el sunismo y el chiismo”, de Airy Dominguez, disponible en http://www.menanalisis.com/el-islam-y-sus-dos-escuelas-mayoritarias-el-sunismo-y-el-chiismo/

[2] Según un ranking de los 25 países más pobres del mundo, elaborado por la revista Global Finance, Afganistán se encuentra en el puesto número 10, siendo el país no africano más pobre de la lista. Véase: http://www.businessinsider.com/the-23-poorest-countries-in-the-world-2015-7 (consulta: 15 de marzo de 2018).

[3] En geopolítica se entiende por “estado tapón” a un país situado entre dos grandes potencias, que puede jugar un papel amortiguador de posibles tensiones, previniendo el conflicto entre ambas potencias.

[4] Tal y como señala Brzezinski, “fue el 3 de julio de 1979 cuando el presidente Carter firmó la primera directiva sobre la asistencia clandestina para los opositores al régimen prosoviético de Kabul. Y ese día yo escribí una nota al presidente donde le explicaba que en mi opinión esa ayuda provocaría una intervención militar de los soviéticos”. Véase la entrevista a Brzezinski, publicada en el portal Voltairenet, disponible en http://www.voltairenet.org/article185558.html .

[5] En aquellos momentos, la superpotencia soviética estaba inmersa en la perestroika, es decir, en el proceso de apertura y reforma (Glasnost) impulsado por su presidente Gorbachov.

BIBLIOGRAFÍA:

Amirian, Nazanín y Zein, Martha (2007): Irak, Afganistán e Irán. 40 respuestas al conflicto en Oriente Próximo. Ediciones Lengua de Trapo. Madrid.

Armanian, Nazanín (2017): 16 motivos del acercamiento de Rusia al Talibán, Público, 6 de abril de 2017, disponible en http://blogs.publico.es/puntoyseguido/3848/16-motivos-del-acercamiento-de-rusia-al-taliban/ (consultado: 13 de febrero de 2018).

Armanian, Nazanín (2018): Afganistán: la ola de atentados y la estrategia de Trump para Asia Central, Público, 1 de febrero de 2018, disponible en http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4631/afganistan-la-ola-de-atentados-y-la-estrategia-de-trump-para-asia-central/ (consultado: 8 de febrero de 2018)

Brzezinski, Zbigniew (1998): «Sí, la CIA entró en Afganistán antes que los rusos…», Voltairenet, disponible en http://www.voltairenet.org/article185558.html (consultado: 6 de marzo de 2018).

Castro, Ana María (2018): Afganistán ofrece amnistía a los talibanes para poner fin a la guerra, Mercado Militar, 1 de marzo de 2018, disponible en https://www.mercadomilitar.com/afganistan-ofrece-amnistia-a-los-talibanes-para-poner-fin-a-la-guerra-15053/ (consultado: 6 de marzo de 2018).

CIDOB (s.f): Biografia de Ashraf Ghani, disponible en https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/asia/afganistan/ashraf_ghani (consultado: 24 de febrero de 2018)

Dalrymple, William (2017): Afganistán, la guerra que nadie ha podido ganar, El País, 20 de agosto de 2017, disponible en https://elpais.com/internacional/2017/08/18/actualidad/1503067055_730227.html (consultado: 17 de febrero de 2018).

Dinucci, Manlio (2016): Afganistán, ocupación duradera, Voltairenet, 12 de octubre de 2016, disponible en http://www.voltairenet.org/article193677.html (consultado: 14 de marzo de 2018).

Escola de Cultura de Pau (s.f.): Afganistán, disponible en http://escolapau.uab.es/conflictosypaz/ficha.php?paramidioma=0&idfichasubzona=38 (consultado: 12 de marzo de 2018).

Flores, Félix (2018): A los talibanes les sale la peor competencia, La Vanguardia, 30 de enero de 2018, disponible en http://www.lavanguardia.com/internacional/20180130/44406280575/afganistan-talibanes-estado-islamico-isis-irak-siria.html (consultado: 7 de febrero de 2018).

Guallar, Amador (2018): La CPI recoge 1.17 millones de denuncias por crímenes de guerra en Afganistán, El Mundo, 19 de febrero de 2018, disponible en http://www.elmundo.es/internacional/2018/02/19/5a8adcc2468aebe0328b46d7.html (consultado: 25 de febrero de 2018).

Khan Sahel, Baber (2018): La ambigüedad de los talibanes alienta la esperanza en Afganistán, La Vanguardia, 16 de marzo de 2018, disponible en http://www.lavanguardia.com/politica/20180316/441560701607/la-ambiguedad-de-los-talibanes-alienta-la-esperanza-en-afganistan.html (consultado: 16 de marzo de 2018).

Lobo, Ramón (2009): Afganistán se olvida de las mujeres, El País, 24 de agosto de 2009, disponible en https://elpais.com/diario/2009/08/24/internacional/1251064801_850215.html (consultado: 13 de marzo de 2018).

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Público (2013): La CIA envió decenas de millones de dólares a las oficinas del presidente de Afganistán después del 11-S, 29 de abril de 2013, disponible en http://www.publico.es/internacional/cia-envio-decenas-millones-dolares.html (consultado: 26 de febrero de 2018).

Rashid, Ahmed (2002): Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo <> en Asia Central. Ediciones Península, S.A. Barcelona.

RAWA (2007): Declaración por el día internacional de la mujer, disponible en     http://www.rawa.org/events/march8-07_sp.htm (consultado: 10 de marzo de 2018).

Serrano, Pascual (2008): Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, Ediciones Península, Barcelona.

Zamora, Augusto (2016): Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos. Ediciones Akal. Madrid.

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La representación de Oriente en la industria audiovisual

Oriente en la industria audiovisual tras el 11S

Por Airy Domínguez Teruel

El francotirador

Durante la última década Oriente Medio se ha convertido en un tema recurrente en películas y series televisivas, lo que ha provocado que esta región del mundo, para Occidente muchas veces remota, pase a entenderse a partir de aquello que se proyecta en la pantalla. Esto responde a que los productos cinematográficos y televisivos influyen en la conformación de la opinión de quien los visualiza, contribuyendo a la imagen que estos conforman de una realidad desconocida. En este sentido, Antonio Malalana señala que debido a su poder persuasivo y manipulador, la cinematografía y las producciones televisivas crean modelos culturales.

Los atentados del 11S como punto de inflexión

Tras los atentados del 11 de septiembre, George Bush buscará impulsar un proceso de transformación de la identidad nacional y de la opinión pública. Una idea que traspasaría las barreras de la acción conjunta política y de los medios de comunicación, adentrándose en otras esferas como la cinematográfica. De este modo, tras los ataques, el asesor especial de George Bush, Karl Rove, convocaría en Beverly Hills (Los Ángeles) una cumbre con los representantes de la industria del entretenimiento, con el fin de incorporar a Hollywood en la lucha contra el terrorismo. Dicho plan recuerda al camino seguido por el Estado de Israel a raíz de la matanza de Múnich y con la Operación Entebbe. Como apunta Malalana, con ambos sucesos Israel y sus ciudadanos – objetivo de las acciones terroristas en el primer caso y de poderosos a nivel militar en el segundo – ganaron la batalla de la imagen y generaron un proceso de victimización que favorecía la puesta en marcha de cualquier tipo de reacción antiterrorista ante su opinión pública[1].

Fuente: Rojo, M., 2012. EL TERRORISMO EN EL CINE. Revista Aequitas, 3, Pp. 253-304.

En definitiva, el 11S se ha presentado como un punto de inflexión que ha servido para consolidar un género propio, donde los guiones cinematrográficos parecen haber dado un vuelco adquiriendo la región MENA un papel relevante. Esta idea ha permitido la representación, no siempre fidedigna, de una región del mundo para muchos remota que, debido al carácter internacional de Hollywood, ha calado en la opinión pública occidental permitiendo la aceptación del derecho a la autodefensa y favoreciendo la imagen de victimización de la sociedad estadounidense, entre otras.

De este modo, en este nuevo producto, la dicotomía nosotros-ellos que diferencia a dos civilizaciones resulta dominante debido a la abrumadora diferencia en la contextualización de entornos y personajes. Junto a ello, el 11S refleja el nacimiento de un nuevo héroe en el cine de acción, los servicios de inteligencia. En este sentido, el estrechamiento de las relaciones entre Hollywood y la CIA es evidente.

La CIA y los servicios de inteligencia, el nuevo héroe de Hollywood

Si bien existen ejemplos anteriores en los que los servicios de inteligencia adquieren un papel protagonista en la trama de series y películas, en los últimos años esta es una tendencia en aumento. En este sentido, entre otras prácticas, la CIA influye en Hollywood ofreciendo su ayuda en el campo del realismo y la verosimilitud, ambos distintivos de este tipo de productos. Ello se lleva a término mediante el asesoramiento de agentes en activo o ex agentes de la CIA.

La relación de los servicios de inteligencia con la industria del cine y la televisión no es nueva. Así, desde el nacimiento de la CIA en 1947, esta ha estado trabajando encubiertamente con Hollywood. Una cuestión que se pone de manifiesto mediante la figura de Luigi Luraschi, jefe de la censura extranjera y nacional para Paramount a principios de los años cincuenta. Este, se ha descubierto que trabajaba para la CIA enviando informes sobre cómo se estaba empleando la censura cinematográfica, con el fin de impulsar la imagen de los EEUU en películas que se verían en el extranjero. Asimismo, los informes de Luraschi revelaron que había persuadido a varios cineastas a mostrar “negros” que estaban “bien vestidos” en sus películas, con el fin de contrarrestar la propaganda soviética sobre la pobreza de las relaciones raciales en EEUU.

Durante la presidencia de Clinton, la CIA llevó su estrategia en la industria del cine a un nuevo nivel. Así, en 1996, se creó la Entertainment Liaison Office, que supuestamente colaboraría en una capacidad estrictamente consultiva con los cineastas. Al frente de la oficina estaba Chase Brandon, uno de sus oficiales veteranos que había servido durante 25 años en la división de servicios clandestinos de élite de la agencia, como oficial de operaciones encubiertas. El fin era actualizar la imagen de la agencia. En este sentido, The Guardian recoge las palabras de Brandon en las que afirma que “[s]iempre hemos sido retratados erróneamente como malvados y maquiavélicos […] nos tomó mucho tiempo apoyar proyectos que nos retrataran en la luz que queremos vernos”.

Junto a esta orientación ofrecida por la CIA a los cineastas, se encuentran otras acciones como la oferta de dinero. Así, por ejemplo, en 1950 compraría los derechos de Animal Farm de George Orwell, y financiaría la versión animada británica en 1954.

Si bien desde mediados de la década de 1990 guionistas, directores y productores estadounidenses parecen inclinarse por ofrecer una imagen positiva de la profesión de espía en proyectos de cine o televisión, esta será una práctica más habitual a partir del 11S. El fin consiste en obtener acceso especial y favores en la sede de la CIA. Así, frente al acostumbrado cine de acción hoy nace un nuevo modelo en el que el agente pasa a ser un héroe dentro de la sociedad americana, al enfrentarse al terrorismo.

En línea con lo anterior, la serie Alias lanzada en septiembre de 2001, pese a su carácter de ficción, reflejaba ya la paranoia generalizada del periodo posterior al 11 de septiembre, ese clima de ansiedad permanente. Creado por J. J. Abrams, el show presentó a Jennifer Garner como un agente encubierto de la CIA que se infiltró en una conspiración mundial, encarnando la integridad, el patriotismo y la inteligencia que la agencia busca en sus oficiales.

Sin embargo, esta tendencia se presenta de manera clara en Syriana, donde la actividad de los agentes es una constante. Lo mismo ocurre con Homeland, una serie que combina un cine tradicional plagado de rasgos propios del drama que se entrelazan con conspiraciones gubernamentales. Todo, obnubilado por los continuados esfuerzos y sacrificios de diversos agentes de la CIA en su intento por derrotar a los terroristas y brindar seguridad, no sólo a nivel nacional sino internacional. 

En La noche más oscura sucede algo similar, pues se tratan los esfuerzos de Langley por capturar a Bin Laden y evitar futuros atentados. Así, desde el 11S la relación de ambos sectores se estrechará siendo una práctica en aumento las visitas personalizadas de celebridades a la sede de la CIA (Harrison Ford y Ben Affleck entre ellos).

Ben Affleck, sirve de ejemplo para manifestar esta tendencia. Este es el director de Argo, una película lanzada en 2012 con Chris Terrio como guionista y basada en el libro The Master of Disguise de la vida real de Tony Méndez y el artículo de Joshuah Bearman “The Great Escape: How the CIA Used a Fake Sci-Fi Flick to Rescue Americans from Iran” en Wired. La película narra cómo la CIA rescató a varios rehenes estadounidenses en Teherán, con la ayuda de Méndez, quien creará una compañía de producción de Hollywood ficticia y fingirá filmar una película fantástica de ciencia ficción en Irán. Según señala Richard Klein, Argo fue la primera película en obtener permiso para grabar dentro de la sede de Langley en quince años. En dicha producción, la agencia y Hollywood juegan el papel de héroes, mientras que se pasan por alto cuestiones como el papel de la embajada de Canadá en la ayuda a los rehenes para escapar. En este sentido, hay quienes defienden que podría calificarse como el golpe propagandístico más exitoso de la agencia en Hollywood.

Por su parte, las memorias See No Evil del ex oficial de la CIA Robert Baer, servirán de apoyo para la película de 2005 Syriana, donde George Clooney se presentaba como un agente ficticio de la CIA basado, en parte, en Baer. En relación a Argo, el mismo Robert Baer “no tenía nada que ver con la realidad” y que cualquier involucrado lo sabe, sin embargo, es muy probable que el efecto no sea el mismo en quienes no conocen los tejidos y modo de proceder de la agencia. En opinión de Robert Baer, The Wire de HBO sería el mejor producto sobre Langley, pues según entiende es la misma burocracia “sin sentido, la política y la ambición” y “[t]oda la otra basura que te encuentras en un departamento de policía, te la encuentras con la inteligencia”.

En cuanto a Homeland, esta nace de una serie de televisión israelí llamada Hatufim o Prisoners of War, que trata sobre soldados israelíes que regresaban tras años en cautiverio. A lo largo de sus temporadas, Homeland se ha convertido en un espacio que permite al productor y guionista Alex Gansa explorar aspectos de la guerra contra el terror desde un punto de vista pro-CIA. De este modo, la puerta giratoria CIA- Hollywood se hace patente con series televisivas como esta.

De entre los obsequios propagandísticos destaca asimismo Zero Dark Thirty (La noche más oscura), un film que nacía en 2012 a la luz del creciente debate sobre la tortura. Dirigida por Kathryn Bigelow y con Mark Boal como guionista, esta película se centraba en la caza de Osama bin Laden. La relación entre la agencia y la película se pone de manifiesto por ejemplo si fijamos la mirada en el entonces director de la CIA, Leon Panetta, quien permitió al guionista asistir a una reunión en Langley en junio de 2011. Esta estuvo cerrada a la prensa y contó con la participación de los principales actores de la operación. Asimismo, el jefe de la CIA ofrecería al guionista los nombres de las personas cuyo papel en la misión era todavía secreto y compartiría otra información clasificada con los realizadores, entre otras acciones. La estrecha y enérgica colaboración entre la CIA y Hollywood permitió aquí argumentar que la captura de Bin Laden no hubiera sido posible sin información extraída bajo tortura.

El discurso nosotros-ellos como eje de los contenidos

La base de análisis del orientalismo se sitúa en el método de “oposición binaria”: dos mundos, dos culturas, Oriente y Occidente. Esta visión política presenta la relación entre Oriente y Occidente como una relación de poder donde el primero queda subordinado al segundo, y ha quedado impresa en diversidad de series y películas.

En línea con lo anterior, los estereotipos contrarios a los árabes y musulmanes no suponen una novedad, sino que cuentan con una larga trayectoria en la cultura popular estadounidense y, cada vez más, en la europea. Sin embargo, los atentados del 11-S han derivado en importantes cambios en el modo de representación de estos colectivos, jugando el cine y la televisión un papel fundamental. En este sentido, a la acostumbrada amenaza árabe se ha ido uniendo la amenaza musulmana. Así, como apunta Jack Shaheen, si bien las imágenes antiárabes y antimusulmanas “[…] habían formado parte del ruido de fondo del fanatismo estadounidense, los árabes y los musulmanes se convirtieron en los principales espectros de nuestras fantasías más paranoicas […] Pasaban de ser el otro malo de allí a ser el otro malo de aquí y de allí”.

En este sentido, series como 24, The Unit, The Agency, NCIS, Sleeper 2 Cell, Threat Matrix y Sue Thomas: F.B.Eye, agitarán los mitos edificados sobre el encarcelamiento, la extradición, la tortura e incluso la muerte de personajes de carácter unidimensional. Mientras que gran parte de las películas centradas en Oriente Medio se focalizarán en la justificación de la “guerra contra el terror”, la firma de la Ley Patriota (USA Patriot Act), las prácticas de la detención indefinida, etc. Todo con la violencia causada por la invasión de Afganistán o Irak y las torturas que tuvieron lugar en las cárceles clandestinas de la CIA como difuso telón de fondo.

Tras este enfoque hay una serie de intenciones políticas que llevan a que, en múltiples ocasiones, el islam quede retratado como una religión violenta, retrógrada e incluso salvaje. En relación a esta idea, Jack Shaheen denuncia en The Nation que “estas campañas […] son obra de un pequeño grupo de donantes ricos, especialistas en desinformación como Rush Limbaugh y Glenn Beck, y grupos de organizaciones anti-Islam interconectadas: el Proyecto de Investigación sobre Terrorismo de Steven Emerson, el Foro del Medio Oriente de Daniel Pipes y demás. Juntos crean el mito de que los musulmanes dominantes tienen lazos “terroristas”, que el islam es la nueva amenaza ideológica global y que los musulmanes están decididos a destruir la civilización occidental. Luego difunden su mensaje por todas partes”. Aquí, Obsession: Radical Islam’s War Against the West (2005) se presenta como la primera película hecha por la organización pro israelí Clarion Fund. Este producto se muestra como propaganda en la que los musulmanes quedan deshumanizados y presentados como el “otro” malvado, al producirse un continuo desgaste del islam mediante la fusión de imágenes de yihadistas con personas rezando. Junto a ello, se encuentran otras imágenes, siendo una de las más interesantes la relación del discurso de los radicales con el del nazismo.

Diferencia del peso y contextualización de los personajes

Otra de las prácticas comúnmente extendidas en estos productos audiovisuales, que se encuentra vinculada al discurso «nosotros» y «ellos» es la desigualdad de contextualización de los personajes, la focalización en la humanización, el protagonismo y el realismo de un bando que se contrapone al reduccionismo del otro. Una táctica que incita al espectador a tomar parte por uno de los dos, presentándose el primero como el colectivo favorecido.

El francotirador de Clint Eastwood (2014), se presenta aquí como un claro ejemplo en el que el desequilibrio en el trato de los personajes y el universo que representan repercute en el resultado final y, por tanto, en el imaginario y la opinión del receptor. En ella se da prioridad al personaje del soldado americano, su situación y sus sentimientos, mientras que los de árabes o musulmanes a quienes mata se presentan como marginales. Esta película se basa en la biografía del francotirador del cuerpo de los Navy SEAL, Chris Kyle, siendo la crítica de la guerra el impacto que esta ha tenido en el soldado. Frente a lo anterior, las muertes árabes parecen subestimarse e incluso quedar razonadas. Con todo se induce a tomar posición por el bando americano. Una situación que se repite en casos como Zero Dark Thirty donde el criminalizado personaje musulmán queda deshumanizado.

En relación a esta idea, una estrategia habitual que hace que los espectadores empaticen con el bando occidental se basa en exponer el trastorno de estrés postraumático sufrido por quienes vuelven a EEUU tras luchar contra el enemigo por el bien de su nación y, en gran parte de los casos, del mundo. Ello queda reflejado en películas como En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008) o En el valle de Elah y en series como Homeland

El Francotirador

Homeland

Zero Dark Thirty

Así, huyendo del cine de acción de los 80 y 90, hoy la vulnerabilidad del soldado estadounidense se presenta como una práctica habitual en los guiones. Aquí, En el valle de Elah sirve para ilustrar esta idea. En ella se aborda el abuso sufrido por civiles iraquíes a manos de los soldados estadounidenses, pero esta no es sino una idea que acaba por emborronarse en la mente del espectador quien, ante todo, es testigo del trauma y postrauma que han de sufrir los soldados de EEUU. Este sufrimiento acaba por constituir el eje de la película, permitiendo incluso relativizar los abusos hacia los iraquíes. En este sentido, el sufrimiento iraquí parece cosa del pasado mientras que la situación de los americanos se alarga hasta el presente.

Junto al trastorno de estrés postraumático, en este intento por inducir al espectador a decantarse por un bando, se encuentra el recurso a la vida privada de los agentes e, incluso, de los soldados. Ello permite que la audiencia empatice con estos personajes, sintiendo su carácter humano, su sacrificio y su sufrimiento, todo en beneficio de la seguridad nacional. Sin embargo, en el caso de las familias árabes o musulmanas la visión es diferente pues apenas se tratan estas cuestiones y si se hace es de manera muy superficial. Este recurso a la familia queda patente en series como en Homeland, donde se ve el sacrificio del marine Nicholas Brody y su familia en las primeras temporadas, y de la agente Carrie Mathison, después. Asimismo, esta idea queda expresada en películas como Red de Mentiras, La sombra del reino y Syriana, entre otras.

Los rasgos explicados anteriormente conforman, junto con otros, este nuevo género de Hollywood en el que el terrorismo se presenta como uno de los principales ejes narrativos, quedando en la mayor parte de las ocasiones vinculado al islam y a Oriente Medio. Una idea que, si bien cuenta con antecedentes, nace a tenor de los atentados del 11S como parte de una política securitizadora que daña, con o sin intención, la imagen de árabes y musulmanes. Mientras que, por otro lado, sitúa a Estados Unidos, su cuerpo militar y sus agentes como los héroes, salvadores y víctimas. Todo ello en una plataforma de difusión mundial que permite el calado del mensaje en la mente de todo aquel que lo visualiza, contribuyendo a un sentimiento islamófobo creciente en nuestras sociedades y permitiendo la puesta en marcha de actuaciones políticas de otro modo impensables.

NOTAS:

[1] McAlister, Melani, “A Cultural History of the War without End”, The Journal of American History, vol. 89, no 2, p. 441 y Huerta, Miguel Ángel, “Cine y política de oposición en la producción estadounidense tras el 11-S”, Comunicación y sociedad, vol. XXI, no 1 (2008), pp. 81-102. Citado en Ureña, M., 2014. LA EXÉGESIS DE LA GUERRA GLOBAL CONTRA EL TERRORISMO A TRAVÉS DEL CINE Y LA TELEVISIÓN. HAO, 34, p 44.

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https://www.researchgate.net/publication/306092382_AN_ANALYSIS_OF_STEREOTYPE_AND_AGENDA_SETTING_THEORIES_IN_THE_PORTRAYAL_OF_MUSLIMS_IN_THE_KINGDOM (Consultado: 17/03/2018).

 

 

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Mujeres feministas en el Mundo Árabe y musulmán

Feministas árabes y/o musulmanas como Huda Shaarawi, Nawal al-Saadawi, Fatima Mernissi, Amina Wadud, entre otras, por su lucha por los derechos de la mujer

Mujeres feministas en el Mundo Árabe y musulmán

Por Airy Domínguez Teruel

Feministas árabes y/o musulmanas como Huda Shaarawi, Nawal al-Saadawi, Fatima Mernissi, Amina Wadud, entre otras, por su lucha por los derechos de la mujer

Los primeros pasos

A principios del siglo XX se despiertan en Egipto y actuales Siria y Líbano una serie de movimientos en con un denominador común, la lucha por la mejora de la situación de inferioridad que padece la mujer en la región MENA.

Malak Hifni Nasif

Malak Hifni Nasif

(1880-1918)

Hifni Nasif se presenta como uno de los iconos del movimiento feminista más tempranos de la región MENA. Ella articuló uno de los discursos fundadores del feminismo naciente en Egipto a principios del siglo XX. Así, en un contexto conocido como el despertar de la mujer publicaba un libro recopilatorio de artículos en los que se trataba la cuestión femenina (Al-Nisa’iyyat).

A diferencia del feminismo de carácter secular de muchas de sus coetáneas, Nassif opto por afirmar y mejorar la vida de las mujeres mediante el aumento de sus oportunidades en los campos educativo y laborar dentro de un contexto islámico reformado. Lo anterior, le llevaría a rehusar los valores occidentales como vía para mejorar la situación de inferioridad de la mujer. Así, si bien Malak estuvo de acuerdo en cierto modo con sus contemporáneas, aportó una visión propia y alternativa donde el Islam y el tradicionalismo, se abrían camino.

Malak Hifni Nasif
Huda Shaarawi

Huda Shaarawi

(I882-1947)

La egipcia Huda Shaarawi encarna el estandarte del nacimiento del “feminismo” en el Mundo Árabe y musulmán. En un periodo donde los movimientos feministas abrían sus ojos, Shaarawi luchó y trabajó por la educación de las mujeres, así como por proporcionarles tanto un marco organizativo como una actuación pública. Pilares fundamentales para el desarrollo del feminismo árabe.

Entre sus primeros logros, Shaarawi consiguió permiso por parte de las autoridades para celebrar reuniones en la Universidad Egipcia (1908), antes de que las mujeres pudiesen ingresaran en ella en calidad de estudiantes. Poco después, en 1914, fundó la Asociación Intelectual de Mujeres, mientras que en 1919 se presentaría como motor fundamentales de la movilización de mujeres que participaron en las manifestaciones para reclamar la independencia de Gran Bretaña. Un acto que permitió que las mujeres tomaran posesión de un espacio público hasta entonces prácticamente exclusivo de los varones, así como la defensa de su condición de ciudadanas demandantes de libertad.

Por otra parte, fundó la primera organización política de mujeres del mundo árabe, el Comité Central de Mujeres del Partido Wafd, un partido del que su marido era cofundador. En 1923, dio vida a la Unión Feminista Egipcia, primera organización explícitamente feminista en Egipto, y representó a su país en un congreso feminista celebrado en Roma. A su regreso protagonizaría un gesto que quedaría impreso en la historia feminista de Oriente, cuando se quitó el velo frente a quienes aguardaban su llegada en la estación de El Cairo.

Hind Nawfal

Periodista libanesa residente en Alejandría que fundó en 1892 la primera revista dedicada exclusivamente a las mujeres árabes. Esta respondía al nombre de Al-Fatat (La muchacha) y se centraría en defender a la mujer y discutir su papel en la historia y sus logros en la sociedad, evitando asuntos políticos y religiosos.

La experiencia personal como ejemplo de lucha

Muchas mujeres han defendido la lucha feminista en el día a día de sus vidas, enfrentándose y superando los obstáculos de las estructuras que las oprimen. 

Fay Afaf Kanafani

(1918-2017)

La libanesa Fay Afaf Kanafani pone de manifiesto el feminismo a partir de la exposición de su propia lucha como mujer y lo hace a partir de su libro Nadia: Captive of Hope, Memoir of an Arab Woman. Un libro en el que escribiría sobre temas taboo en la familia, contando experiencias personales durante su crecimiento en Líbano y poniendo de manifiesto tanto los problemas que atraviesan las mujeres árabes, como su relación con los problemas de la sociedad en sí misma.

Como apunta su nieto, Samar Kanafani, Fay Afaf no se había siquiera graduado en secundaria cuando se casó. Sin embargo, mediante lecciones de matemáticas, historia, mecanografía e inglés, que pagó vendiendo las joyas de oro y diamantes de su dote, obtuvo certificados en contabilidad y trabajo de secretaria. Así, primero fue empleada como secretaria en el gabinete en 1952 y, a los dos años, recibiría una beca de las Naciones Unidas para estudiar estadística, primero en AUB y luego en Washington, DC. Poco a poco alcanzaría puestos más altos como la dirección del departamento de estadísticas en la Universidad Libanesa, conocería el amor y de su pérdida, la desaprobación familiar, la falta de libertad y sufriría una situación de inferioridad en un sistema desigual. Sin embargo, Kanafani lucharía contra su posición en el mundo.

Así, como afirma Lisa Suhair en la introducción de Nadia: Captive of Hope, Memoir of an Arab Woman, su feminismo es fruto de su entorno, su cultura y su experiencia. En este sentido, deja claro que los proyectos feministas de transformación de las relaciones sociales y la autonomía femenina vienen influenciados por contextos locales. Lo anterior hace que en su crítica feminista elementos como el islam jueguen un papel minoritario, mientras que las practicas como el velo y la poligamia emergen como relacionadas con la clase y el contexto especifico. Pese a ello, critica el rol de la familia y la tradición en la sociedad árabe de la que ha sido testigo, ello sin culpar al islam.

Religión y feminismo:

En los años 70, debido a diversas causas, la región quedará nuevamente teñida por el islamismo, el cual se vería como solución a la crisis que la invadía. Junto a este movimiento, se va a desarrollar otro de carácter y corte islamista, donde sus protagonistas pasarán de sentirse de una nación a sentirse musulmanas. Surgirá así el llamado feminismo islámico, el cual se distanciará del feminismo laico o secular que venía desarrollándose.

Durriya Shafik

Durriya Shafik

(1908-1975)

Académica, periodista, profesora y activista. La egipcia formada en la Universidad de El Cairo y en La Sorbona, sería líder en la lucha política llegando incluso a sufrir un arresto domiciliario. Su producción y activismo se enmarcarían dentro de la tradición secular y democrática de las feministas egipcias Huda Sha’rawi y Aminah al-Said. En esta línea, de entre sus obras destaca Alkitab al-abyad li-huqq al-mar ah al Misriyah (El libro blanco sobre los derechos de las mujeres egipcias). En él, como respuesta al discurso y presión del sector más conservador, argumentaba que el Islam habla de la igualdad de las mujeres y no demanda ni el velo ni domesticidad.  En 1945, crearía la revista Majallat bint al-Nil, que contaría con una sección dedicada a promover los derechos políticos de las mujeres. Más adelante fundaría la asociación feminista de clase media Bint al-Nil (1952) con el fin de fomentar la alfabetización y los derechos políticos de las mujeres. Incluso llegaría a fundar el partido político La hija del Nilo, que sería disuelto por el resto de partidos.

Entre sus acciones políticas más aclamadas se encuentra la huelga de hambre que protagonizó en 1954, ante la ausencia de mujeres en la asamblea constitucional formada por el presidente Nasser para adoptar o rechazar una nueva constitución. El fin era demandar derechos políticos para las mujeres. A ella se unieron miembros del Bint al-Nil en El Cairo y Alejandría. Su alcance internacional haría que el gobernador de El Cairo acordase poner por escrito que la constitución garantizaría plenos derechos políticos para las mujeres. Así, la constitución de 1956 otorgaría a las mujeres el derecho al voto, aunque solo a aquellos que lo solicitaron formalmente, mientras que para los hombres este fue automático. Cuestión que llevaría a Shafik a presentar una protesta legal.

La caída de la activista llegaría al año siguiente, cuando su anunciada huelga de hambre para protestar contra la dictadura de Nasser y la ocupación israelí del Sinaí a raíz de la invasión de Suez resultó fallida. Aquí, sus compañeras de Bint al-Nil le negaron su apoyo y solicitaron su renuncia. Además, fue denunciada como traidora y puesta bajo arresto domiciliario, siendo tanto la Unión como la revista Bint al-Nil cerradas. A partir de ese momento, Shafik sufriría continuadas crisis emocionales que la llevarían al suicidó en 1976.

Zaynab al-Ghazzali

(1917- 2005)

La escritora egipcia Zaynab al-Ghazzali defendía la implantación de un Estado islámico regido por la sharía, donde las mujeres tendrían reconocidos sus derechos por esta ley. Su militancia política comenzaría pronto, a edad temprana fundaría la Asociación de Mujeres Musulmanas (AMM) como una alternativa islámica a la Unión Feminista Egipcia, donde militaría desde los 16 años pero que abandonaría debido a “su carácter occidentalista”.

La AMM era un agrupación islamista – similar a la de los Hermanos Musulmanes – que rechazaba el nacionalismo y carácter semilaico de Nasser. No estaba formalmente asociada a la Hermandad Musulmana, pero ambos movimientos colaborarían y se prestarían apoyo. Asimismo, al-Ghazali tenía lazos de amistad con muchos de sus líderes. En este sentido, cuando junto a otras organizaciones, los Hermanos Musulmanes sufrieron la represión del régimen nasserista Zaynab sería un de las mujeres que serviría de enlace entre los prisioneros y se haría con las riendas de la oposición islamista. Lo anterior provocaría la disolución de la AMM por el régimen (1965), así como el encarcelamiento y tortura de al- Gazzali. Una experiencia que cuenta en su libro Return of the Pharaoh.

Wassyla Tamzali

Wassyla Tamzali

(1941)

La periodista y abogada argelina Wassyla Tamzali cuenta con un amplio currículum. De entre sus cargos destacan su trabajo durante 20 años como directora del programa de derechos de las mujeres de la UNESCO, así como su prolífera producción de ensayos. Junto a lo anterior, entre otras cuestiones, Tamzali es miembro fundador del Colectivo de Igualdad del Magreb.

Ideológicamente se autodefine como “mujer de cultura musulmana, feminista, laica y librepensadora”. Así, entiende la religión como un elemento de control y se opone a la posibilidad de un feminismo islámico por considerarlo un oxímoron. En esta línea, defiende la incompatibilidad de ser feminista y llevar velo, indumentaria que considera un signo de dominación. En esta línea, defiende que este supone uno de los primeros elementos que construye la feminidad en base a criterios patriarcales y religiosos.

Entre sus libros destacan títulos como Une éducation algérienne, de la révolution à la décennie noire (2007), Une femme en colère (2009) y El burka como excusa (2012).

Nawal el Saadawi

Nawal el-Saadawi

(1931)

Médica de profesión y especialista en salud mental, la egipcia Nawall al- Saadawi ha sido en ocasiones descrita como la “Simone de Beauvoir del mundo árabe“. Sus escritos y carrera profesional estaban dedicados a los derechos políticos y sexuales de las mujeres.

Entre sus acciones más destacadas se encuentran la creación de la revista Health (1968), que terminaría siendo clausurada por las autoridades egipcias. Junto a ello estaría su expulsión del cargo que ostentaba en el Ministerio de Salud (1972), debido a su libro Al-mar’ah wa al-jins (Mujeres y Sexo), una obra con la que introduciría el debate sobre el sexo en las sociedades árabes. Asimismo, en septiembre de 1981, Saadawi sería encarcelada durante dos meses, periodo en el que haciendo uso de un rollo de papel higiénico y un lápiz de ojos de contrabando escribiría Mudhakkirāt fī sijn al-nisā’ (Memorias de la prisión para mujeres).

Pese a que nunca se ha unido a un partido político, intentó fundar uno en Egipto cuya ideología sería exclusivamente feminista y su composición únicamente femenina. Una idea que no pudo llevar a término porque se lo prohibieron.

Junto a lo anterior, Nawal fue cofundadora de la Asociación Árabe de Derechos Humanos (1983) y fundadora de la Asociación de Solidaridad con la Mujer Árabe (1985). Una agrupación que fue clausurada en 1990 por Mubarak. Las amenazas por parte de grupos islamistas la llevaron a vivir fuera de su país pero las revueltas de 2011 la hicieron regresar.

Entre su producción literaria destacan novelas, cuentos y no ficción que versan sobre el estatus de las mujeres árabes. Entre ellos están Mudhakkirāt tabībah (1960; Memorias de una doctora), Al-khayt wa al-jidār (El hilo y el muro), Al -wajh al-‘arī lī al-mar’ah al-arabiyyah (El rostro oculto de Eva: las mujeres en el mundo árabe), Al-ḥubb fī zaman al-nafṭ (Amor en el reino del petróleo), y Al- riwāyah (La novela). La opresión de las mujeres por parte de los hombres a través de la religión queda representada en Jannāt wa Iblīs (Jannāt e Iblīs).

Amina Wadud

Amina Wadud

(1950)

La afroamericana Amina Wadud, convertida al islam en los años 70, es doctora en Estudios Islámicos y profesora en la Universidad de Michigan. Se trata de una de las fundadoras de Sisters in Islam, una organización civil encargada de la promoción de los derechos de la mujer en el marco del islam y los derechos humanos.

Su labor académica queda entrelazada con un notable activismo público y la defensa del imamato femenino, una idea que puso en práctica ella misma en una iglesia anglicana en Nueva York y en un hotel en Barcelona. Los mencionados oficios contarán con una escasa asistencia masculina y serían condenados por el islam tradicional.

Con respecto a la religión, la activista entiende que el machismo que sufren las mujeres árabes y musulmanas no nace del Corán, sino de interpretaciones interesadas. En esta línea, considera que los estereotipos negativos de Occidente en torno al islam frenan, casi en el mismo grado que el extremismo, el desarrollo de las mujeres musulmanas.

Entre sus obras destacan Qur’an and Woman. Rereading the Sacred text from a Woman’s Perspective (1995) e Inside the Genre Jihad: Women’s Reform in Islam (2006).

Hanan al-Shaykh

Hanan al-Shaykh

(1945)

La periodista y escritora libanesa Hanan al-Shaykh comenzaría a escribir a una edad temprana, desarrollando una importante producción literaria que quedaría vinculada a su activismo feminista. Sus textos recuerdan a los de Nawal al-Saadawi al centrarse en el papel de la mujer en la sociedad tradicional de la región y el control patriarcal que la impregna parte de las sociedades.

En este sentido, su primera novela, Intihar Rajul Mayyit (Suicidio de un hombre muerto) publicada en 1970, se centraría en las relaciones entre los sexos, las luchas de poder y control patriarcal. Junto a esta novela destaca Hikayat Zahrah (La historia de Zahra) que, centrada en una chica que buscaba huir de la opresión y la guerra, sería prohibida en gran parte de los países árabes, lo que fomentó un gran aclamo internacional. Otra obra prohibida en la región sería Misk al-ghazaal (Mujeres de arena y mirra) que escrita desde Londres trataba, a través de la experiencia de cuatro mujeres, la represión sexual impuesta.

A las anteriores se unen otros títulos como Barid Bayrut (Beirut Blues); Aknus al-shams an al-sutuh (Barriendo el sol de los tejados); y Innaha Lundun, ya azizi (Esto es Londres).

Fatima Mernissi

Fatima Mernissi

(1940- 2015)

Licenciada en Ciencias Políticas en Marruecos, estudiante en la Universidad de la Sorbona y doctorada en Sociología por la Universidad de Brandeis (EEUU), la escritora marroquí Fatima Mernissi encarna una de las voces más destacadas de la academia de la región MENA. Asimismo, se presenta como una autoridad mundial en el campo de los estudios coránicos.

Tras el estudio de las diferentes versiones del Corán, Mernissi ha defendido que el profeta Muhammad fue un hombre feminista y progresista para su época. Asimismo, ha apuntado que no fue él, sino otros hombres quienes comenzaron a considerar al género opuesto como seres de segunda categoría. Entendía, por tanto, que las Sagradas Escrituras habían sido malinterpretadas por hombres autoritarios que apoyan su misoginia con argumentos religiosos manipulados. Una teoría que dio luz a su obra El harén político la cual, pese a su éxito en países como Siria, se convertiría en el único libro prohibido en Marruecos. Otras de sus obras censuradas en su país natal es El velo y la elite masculina

Otras de sus obras destacadas fueron Sultanas olvidadasSueños en el umbral: Memorias de una niña del harén (obra a la que se refería como “una falsa autobiografía); y El hilo de Penélope, donde muestra el avance de Marruecos hacia la modernización, tanto a nivel tecnológico como social, sin pasar por alto sus costumbres. Además de El miedo a la modernidad: islam y democracia , donde analiza el nuevo orden mundial tras la Guerra del Golfo; el cuento marroquí en clave feminista Aixa y el hijo del rey o ¿quién puede más el hombre o la mujer? ; La mujer en la otra orilla; y El amor en el Islam.

Por otra parte, la académica sería una de las primeras voces en proclamar públicamente la relación entre la educación de la mujer y el índice de la natalidad, una cuestión que explica en Marruecos a través de sus mujeres donde reúne una serie de entrevistas a campesinas, videntes, obreras y sirvientas. Además, fundaría diversas asociaciones que denunciaban el patriarcado enraizado en la sociedad musulmana.

Todo lo anterior le llevaría a ganar diversas conmemoraciones, entre las que se encuentra el premio Príncipe de Asturias (2003).

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

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