Conflicto en el Golfo Pérsico: la crisis entre Qatar y sus países vecinos

Por Youssef Bouajaj

El Emir Hamad de Qatar y el presidente de Egipto Mohamed Morsi en la reunión de la Organización para la Cooperación Islámica en 2012 // Fuente: Reuters

El conflicto entre Qatar y el eje de países vecinos compuesto por Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes, entre otros, es un ejemplo del papel que pueden jugar las noticias falsas y el hackeo de medios de comunicación para provocar tensiones entre países. A finales de mayo de 2017, la agencia de noticias estatal qatarí publicaba un mensaje del Emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani, donde “destacaba el papel de Irán en la región, las buenas relaciones con Israel y las simpatías con Hezbollah y Hamas”. Las autoridades qataríes denunciaron que el portal de noticias había sufrido un hackeo y que estas declaraciones eran falsas, sin embargo, Arabia Saudí y Emiratos Árabes hicieron caso omiso a las justificaciones de Qatar y dieron por buena la información.

Dos semanas después, estos países – junto con Bahréin y Egipto – sorprendían al mundo anunciando que rompían sus relaciones con Qatar, basándose para ello en acusaciones como su apoyo a grupos terroristas o su acercamiento a Irán. Para el restablecimiento de las relaciones estos países exigían a Qatar medidas como el cierre de la cadena qatarí Al Jazeera, la ruptura de las relaciones con Irán o la finalización de la cooperación militar con Turquía. Con el fin de aislar a Qatar, estos países decidieron cortar sus vías de comunicación aérea, terrestre y marítima. Desde occidente, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, apoyó inicialmente el movimiento saudí acusando a Qatar de financiar al terrorismo, posiblemente como agradecimiento por la compra de armamento con valor de 110.000 millones de dólares. Por su parte, los países europeos, se han mostrado neutrales en todo momento, favorables a una solución pacífica del conflicto.

Las buenas relaciones de tanto de los países europeos como de EE.UU con Qatar son síntoma de la poca credibilidad de la denuncia, pues buena parte de las acusaciones vertidas contra Qatar no han sido demostradas, entre ellas su vinculación con grupos terroristas como el autodenominado Estado Islámico. Respecto a los vínculos entre Qatar e Irán, cabe destacar que países vecinos como Omán y Kuwait – que se han mantenido neutrales en el boicot- mantienen relaciones cordiales con Irán. De hecho, Emiratos Árabes ha sido uno de los principales socios comerciales de Irán en la última década, siendo el emirato de Dubai el más beneficiado.

El ascenso de Qatar, el enfado de Arabia Saudí

El Emir Hamad de Qatar se hizo con el poder tras un golpe de Estado contra su padre en 1995. Su voluntad de establecer una política exterior independiente a los intereses saudíes, tuvo como respuesta un intento de golpe de Estado que contó con la participación de la ciudadanía. Sin embargo, este resultaría fallido por lo que el cambio de rumbo emprendido por Qatar no se vería afectado.  

Uno de los primeros pilares de la nueva política exterior fue desarrollar la exportación de gas. Qatar comparte con Irán el yacimiento de South Pars- North Dome, el mayor yacimiento de gas natural del mundo, siendo esta una de las principales razones por las cuales Qatar no mantiene una mala relación con Irán.

Junto a lo anterior, la fuerte inversión tecnológica ha permitido al país exportar gas licuado por todo el mundo. Lo anterior ha supuesto un importante desarrollo del mercado gasista, cuestión que ha sido vista con recelo por el régimen saudí, tal y como demuestran su oposición a la construcción de un gasoducto que uniera Qatar con Kuwait que pasaba por aguas saudíes y su protesta ante la construcción del gasoducto Dolphin, que en la actualidad transporta gas qatarí a Emiratos Árabes y Omán. Una postura que podría no favorecer los intereses saudís pues, según el politólogo Jean-François Seznec, la política de Arabia Saudí de boicotear la construcción de gasoductos en la región es contraproducente a sus propios intereses ya que el país necesita mucha cantidad de gas para hacer frente a la transformación económica del país.

Gráfico explicativo del recurso del gas en relación a Qatar

Otra de las fortalezas de Qatar, por tanto foco de tensiones entre este país y Arabia Saudí, ha sido el papel de Al Jazeera como medio de comunicación líder en el Mundo Árabe. Una cuestión que queda reflejada en la reacción por parte de la Casa Saud ante un documental sobre el fundador del Estado moderno saudí, Abdulaziz Ibn Saud, que provocaría la retirada del embajador de Doha, la capital de Qatar, en 2002. Una crisis que no sería resuelta hasta 2008 cuando se decidió no transmitir noticias perjudiciales para Arabia Saudí, tal y como denunciaron trabajadores de la cadena. En este contexto, para contrarrestar la hegemonía mediática de Al Jazeera, en  2003 el grupo saudí Middle East Broadcasting Center creó el canal Al-Arabiya, que en palabras de sus dirigentes, “no buscaba crear tensiones con sus países vecinos”, diferenciándose de la agenda de Al Jazeera que da voz a disidentes políticos.

Junto a estas dos fortalezas, una de las principales debilidades de Qatar es que debido a ser un país pequeño tiene dificultades para garantizar su propia seguridad. Debido a ello y ante el fuerte rechazo que generaba en sectores de la población la presencia de bases militares estadounidenses en Arabia Saudí, Qatar se ofreció para permitir su presencia.La base militar de Al Udeid, que cuenta con 10.000 efectivos, es muy importante porque coordina las operaciones aéreas de las intervenciones americanas en Oriente Medio. Pese a lo anterior, el campo militar también ha supuesto un punto de discordia entre Qatar y Arabia Saudí, pues Turquía también dispone de un base militar en suelo qatarí, algo que desagrada a las autoridades saudíes que se oponen al expansionismo militar turco en la región. En este sentido, cabe mencionar que Qatar y Turquía comparten su apoyo a los partidos islamistas y su intención de normalizar las relaciones con Irán. Así, el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, figura que ostenta el poder en el país, no ha dudado en considerar que “Turquía forma parte del triangulo del mal, junto a Irán y los partidos islamistas”.

La Primavera Islamista

El conjunto de protestas iniciadas en 2011 por todo el Mundo Árabe, conocido como “Primavera Árabe”, supuso una oportunidad de cambio y de esperanza para la población, al tiempo que una amenaza para los gobiernos autoritarios como el de Arabia Saudí. Así, ante el temor de que las protestas llegarán al país, el rey saudí Abdalá decidió hacer una fuerte inversión pública de 130.000 millones de dólares, mientras que los clérigos ofrecerían su apoyo a través de la aprobación de una fatwa que “defendía la necesidad de mantenerse unidos ante el liderazgo sabio y legítimo del rey”. Una cuestión que ayudó a la estabilidad del régimen pues ponía a los opositores como contrarios a Dios.

En cuanto al uso de la fuerza, su papel queda claramente reflejado en la violencia ejercida por parte del ejército saudí ante las protestas en Bahrein, una actuación que tenía como objetivo evitar la caída de esta monarquía y lanzar un mensaje de advertencia a la población saudí que quisiera protestar. En esta línea, la población chií del este de Arabia Saudí que reclamaba mejoras sociales, sufrió la represión de las fuerzas del Estado.

Contrariamente al caso saudí, Qatar recibió muy bien la Primavera Árabe. A diferencia de sus países vecinos, no temía el alzamiento de la población, gracias a una población autóctona pequeña que disfrutaba de una generosa distribución de la renta, lo que le permitió emprender una política exterior agresiva para ganar más influencia en la región. Aquí Al Jazeera tuvo un papel clave al actuar de vocero de la Primavera Árabe ante una gran audiencia, favoreciendo su popularización. Sin embargo, Al Jazeera no informó de la misma forma sobre todas las movilizaciones pues, por ejemplo, los sucesos en Bahréin fueron silenciados para no enfadar a las autoridades saudíes, lo que afectó a la reputación del medio.

Sería precisamente en el contexto de la Primavera Árabe cuando Qatar viraría el rumbo de su política internacional. Así, la intervención armada qatarí en Libia, apoyando a los rebeldes contrarios a Gadafi, se presentaría como un punto de inflexión en su política exterior. Se había pasado de abogar exclusivamente por medios vinculados al poder blando como la mediación y el papel de Al Jazeera, al uso de la fuerza militar. 

En este escenario, el principal punto de fricción entre Arabia Saudí y Qatar sería su relación con los actores islamistas. Las primeras elecciones producidas tras la Primavera Árabe tuvieron como resultado la victoria de los partidos islamistas, quienes aprovecharon su discurso religioso moderno, su imagen de partidos alejados del sistema, y su papel caritativo que consistía en ofrecer servicios y bienes sustituyendo a la inoperancia del Estado, para ganar el apoyo en sociedades muy creyentes. El Partido de Justicia y Desarrollo en Marruecos, el Partido Ennahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto, son ejemplos de partidos islamistas victoriosos.

El Gobierno qatarí no dudó en ver la victoria de los islamistas como una oportunidad para afianzar sus relaciones en la región con unos actores que estaban al alza. Así, empezó apoyar política y económicamente a los gobiernos islamistas. Aquí, cabe señalar que los vínculos entre Qatar y los Hermanos Musulmanes se remontan a los años 50, cuando se exiliaron en Qatar huyendo de la represión del dirigente egipcio Nasser, siendo los principales beneficios que ha proporcionado la presencia de los miembros de la Hermandad en Qatar, por un lado, el desarrollo de un sistema burocrático sin depender de los profesionales saudíes y, por otro, el establecimiento de relaciones con un actor muy importante en el Mundo Árabe post-Primavera Árabe.

Sin embargo, la llegada de los islamistas al poder – principalmente los Hermanos Musulmanes en Egipto – no fue bien recibida por Arabia Saudí debido a tres cuestiones fundamentales. En primer lugar, porque es un actor que tiene un discurso religioso y que puede llegar a cuestionar el liderazgo saudí en el mundo musulmán. En segundo lugar, los Hermanos Musulmanes creen en la democracia como forma para acceder al poder. Esto es un peligro para la Casa Saud, debido a que cuestiona su régimen autoritario para perpetuarse en el poder. En tercer y último lugar, el discurso de los islamistas basado en la unidad tanto de sunnitas como de chitas debilita el mensaje saudí del conflicto permanente en el seno del islam.

En línea con lo anterior, la normalización de las relaciones con Irán por parte del presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, fue un factor que empeoró las relaciones con Arabia Saudí. Las elites saudíes temían que una mayor cooperación Egipto-Irán, alejara a Egipto de la influencia saudí y que sirviera de ejemplo para otros países de la zona para mejorar sus relaciones con el país persa. Para ejemplificar su malestar con el gobierno egipcio, Arabia Saudí decidió dejar de proporcionar ayuda económica, una acción especialmente perjudicial si se tiene en cuenta que Egipto depende en gran medida de este tipo de ayuda debido su mala situación económica. En palabras del profesor egipcio de la universidad Americana del Cairo, Galal Amin, Egipto sufre una crisis económica causada por la reducción de la inversión extranjera y los beneficios del turismo, que han provocado una subida drástica del precio de los alimentos y del paro. Ante dicha actuación, Qatar empezó a dar el apoyo económico que Arabia Saudí había abandonado por discrepancias con la Hermandad.

El retorno de las tensiones entre Qatar y Arabia Saudí

A finales de 2013, Qatar se encontraba en una situación complicada. El Emir Hamad, el artífice de una política exterior muy ambiciosa, abdicaba en favor de su hijo, el jeque Tamim. Además, en Egipto habían caído los Hermanos Musulmanes tras un golpe de Estado de los militares apoyados por las monarquías del Golfo. En Túnez, la oposición liberal atacaba al gobierno islamista acusándolos de serviles a Qatar, mientras que en Libia, el apoyo a los islamistas por parte de Qatar era visto por sectores del país como una dificultad para la unidad nacional.

A pesar del alto coste político del apoyo a los Hermanos Musulmanes, las elites qataríes no dejaron de apoyarlos, tanto es así que buena parte de los miembros de la Hermandad que huyeron de Egipto, acabaron en Qatar. La mencionada continuidad del apoyo de Qatar a los Hermanos Musulmanes no gustó a Arabia Saudí, pues las elites saudíes seguían temiendo que en un futuro la Hermandad volviese a convertirse en una amenaza en la región. Basándose en lo anterior y con el fin de advertir a Qatar del alto coste político de sus alianzas, en marzo de 2014, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Bahréin, decidieron retirar sus embajadores del país.

La filtración de un documento secreto publicado por la CNN, muestra los motivos de la crisis diplomática. En noviembre de 2013 se reunieron en Riad los monarcas de Arabia Saudí, Kuwait y Qatar, donde debatieron sobre temas vinculados a la seguridad de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). De la reunión se acordó el denominado acuerdo de Riad, donde destacan tres puntos. En primer lugar, la no interferencia en los asuntos internos de los países del Golfo, no ayudar a grupos de oposición y no apoyar a los medios de comunicación antagónicos (referencia a Al Jazeera). En segundo lugar, no dar apoyo a los Hermanos Musulmanes u otras organizaciones que supongan una amenaza para la seguridad de los miembros del CCG.

Gráfico explicativo de las principales relaciones políticas mantenidas por los países de Oriente Próximo // Fuente: El País

Finalmente, a principios de septiembre de 2014, Qatar tomó la decisión que reclamaban Arabia Saudí y sus aliados del CCG, pedir que figuras importantes de la Hermandad abandonaran el país. Así, en noviembre de 2014 se ponía fin a la crisis y los países del Golfo enfrentados con Qatar volvieron a enviar a sus embajadores.

La llegada al poder del rey Salman en Arabia Saudí, trajo cambios a la política exterior. Tras la pérdida de presencia de los islamistas en la región con el golpe militar en Egipto, la guerra civil en Libia y la derrota electoral en Túnez, los islamistas ya no parecían una amenaza. El principal miedo era el ascenso de Irán y su papel en las guerras de Yemen y Siria. Además, tras la crisis de 2014,Qatar parecía que había abandonado su política pro-Hermanos Musulmanes y había dejado de usar Al Jazeera para criticar a los países del CCG y Egipto. Las visitas al reino de líderes islamistas como Jaled Meshal de Hamas (Palestina),  Rashid Ghannouchi de Ennahda (Túnez) y Hammam Saeed de los Hermanos Musulmanes de Jordania, eran síntoma de que el rey Salman había iniciado una política de acercamiento a los islamistas. Sin embargo, el estallido de una nueva crisis en verano de 2017 mostró que las diferencias con Qatar no se habían resuelto. Según cuenta el Doctor Kristian Coates, la llegada de Trump a la Casa Blanca fue un factor que volvió a desencadenar el conflicto. Así, mientras que la Administración Obama había tenido una postura neutral con su relación con los países del Golfo, el Gobierno de Trump ha mantenido mejores sintonías con Arabia Saudí y Emiratos Árabes debido a que comparten puntos de vista respecto Irán y los Hermanos Musulmanes, lo que explicaría el apoyo inicial de Estados Unidos al boicot contra Qatar. Asimismo, Mohamed bin Salman ha utilizado la disputa con Qatar para consolidar su apoyo interno. Los opositores al príncipe heredero saudí corrían el riesgo de ser considerados simpatizantes con la causa qatarí, forzándolos a mostrar un apoyo incondicional al nuevo líder del país.

El fracaso del boicot contra Qatar

El boicot contra Qatar ha tenido consecuencias económicas negativas para la economía qatarí que han llevado a que el Gobierno se vea obligado a inyectar cerca de 40.000 millones de dólares en su economía, mientras que la aerolínea estatal, Qatar Airways, sufre pérdidas por culpa de la prohibición de sobrevolar el espacio aéreo de los países boicoteadores, obligando a los aviones qataríes a realizar rutas más largas y costosas. Una cuestión fundamental si tenemos en cuenta que mencionada aerolínea permite conectar Doha con las principales ciudades del mundo -fomentando el turismo, la celebración de eventos deportivos y diversificar la economía-.

Alteraciones de los aviones qataríes debido al boicot // Fuente: Al Jazeera

Pese a lo anterior, los países impulsores del boicot han fracasado, pues no han conseguido que Qatar cumpla con las medidas impuestas. La cadena Al Jazeera no ha sido clausurada, todo lo contrario, ha sido muy activa criticando el papel de Arabia Saudí y Emiratos Árabes en la guerra del Yemen, así como denunciando la muerte de civiles por culpa de sus bombardeos.

Por otro lado, también  han fracasado en el campo del aprovisionamiento. Qatar es  un país desértico que importa el 90% de sus alimentos, entrando – antes del boicot – el 40% por la frontera con Arabia Saudí. Sin embargo, para hacer frente a la crisis alimentaria, Qatar ha contado con la ayuda de nuevos socios comerciales, principalmente Pakistán, Turquía e Irán, habiendo aumentado el comercio con este último un 117%. Por lo tanto, la necesidad de buscar nuevos mercados para importar productos ha empujado al país a incrementar sus relaciones económicas con Irán.

En cuanto a Turquía, esta ha reiterado su compromiso de mantener su base militar en Qatar y pretende desplegar hasta 3000 soldados. Aquí, la presencia militar turca y de los Estados Unidos podría ser la clave por la cual Arabia Saudí y Emiratos Árabes no invadieron el país. Según The Intercept, ambos países tenían intención de lanzar una ofensiva militar, pero la mediación del ex secretario de Estado de los EE.UU, Rex Tillerson, frustró el intento de invasión.

La neutralidad de las potencias europeas y de los Estados Unidos ha sido la clave que ha permitido a Qatar salir victoriosa de la crisis. A pesar del apoyo inicial de Trump al bloqueo contra Qatar, la decisión de las autoridades qataríes de ampliar la base de Al Udeid, para que se puedan alojar familiares de los soldados, y la compra de aviones de combate con valor de 12.000 millones de dólares, han ayudado a que Estados Unidos dejara de apoyar la postura saudí y se mantuviera neutral. Asimismo, el presidente americano ha agradecido recientemente el papel de Qatar en lucha contra el terrorismo, contradiciendo sus palabras vertidas contra el Gobierno qatarí solo unos meses atrás. Aquí radica uno de los principales motivos del fracaso de los instigadores del boicot, confiar ciegamente en el apoyo de Trump. Así, tras el cambio de posición de los Estados Unidos se hizo evidente la ausencia de un plan B, lo que ha llevado a que estos países lleguen a proponer medidas un tanto incongruentes como la construcción de un canal en la frontera Qatar-Arabia Saudí, para convertir a Qatar en una isla.

Con todo, resulta difícil pensar en una solución del conflicto a corto plazo, pues Qatar no renunciará a su política exterior independiente y las principales potencias no parecen interesadas en presionar para su consecución.

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