El Estado Islámico, más allá de la violencia

Por Airy Domínguez 

El Estado Islámico fue proclamado el 15 de octubre de 2006, ocho días después de la muerte del líder de Al-Qaeda en Irak, Abu Musab al-Zarqawi, tras un ataque aéreo conjunto de las fuerzas estadounidenses e iraquíes a ocho kilómetros de Baquba – ciudad situada a unos 65 kilómetros al norte de Bagdad -. El último deseo del líder era la implantación del Estado del Islam y su muerte sería decisiva para la puesta en marcha de lo que se convertiría, por un corto periodo de tiempo, en una especie de Estado.

Baquba//Fuente: BBC

Tras la muerte de Zarqawi, el adjunto de Osama bin Laden, Al Zawahiri, envió a Irak a un comisario político de nacionalidad egipcia, Abu Hamza al Muhayer. Una imposición de la dirección central que sería rechazada por la rama iraquí de Al Qaeda. Meses después se acordaría una dirección bicéfala donde Abu Hamza al Muhayer sería el jefe de un Estado Islámico, mientras que Abu Omar al-Baghdadi sería proclamado califa. A su muerte, Abu Omar sería sucedido por Abu Bakar al-Baghdadi, quien iría distanciándose progresivamente de Al Qaeda hasta conseguir su autonomía con respecto a la dirección central. En este sentido, tras el asesinato de Bin Laden en 2011 y la ocupación del cargo por al-Zawahiri, al-Baghdadi se negó a jurar lealtad al nuevo “emir” de Al Qaeda porque, como defiende Jean Pierre Filiu, “[…] pretendía convertir su “Estado islámico en Irak” en el eje central del movimiento yihadista mundial”. Todo dentro de un idílico contexto marcado por la impopularidad del Gobierno chií del primer ministro Maliki y de Al Qaeda entre los suníes.

Portada primera entrega de Dabiq: "El regreso del Califato"

En verano de 2014, al-Baghdadi reorganizaría el ejército del Estado Islámico de Irak logrando la incorporación del cinturón de Bagdad a un nuevo Estado. La llamada «operación cinturón de Bagdad» fue ideada por Zarqawi y perseguía la conquista de Bagdad mediante el aislamiento de la capital a través de la conquista de ciudades circundantes. Así, como explica Loretta Napoleoni en El Fénix Islamista, desde los inicios el EI buscará la vuelta al califato de Bagdad por medio de una guerra de conquista contra quienes considera sus enemigos cercanos, es decir, las élites chiíes de Siria e Iraq. Siendo esta una de la principales diferencias con Al Qaeda, cuyo enemigo fundamental es EEUU.

Con todo el 29 de junio de 2014 el grupo proclamaba el Califato islámico, declarando su soberanía en los territorios de Siria e Iraq entonces bajo su control. A partir de ese momento se pondría en marcha toda una maquinaria que permitiría que el grupo funcionase de manera similar a un estado constituyéndose, tal y como señala Napoleoni, como un «Estado caparazón» – por carecer de autodeterminación -. Esto demuestra que no nos encontramos sólo ante un grupo violento, sino que su brutalidad ha ido acompañada de una serie de rasgos y herramientas que lo definen perdurando incluso en un momento en el que parece derrotado.

Recientemente la periodista Rukmini Callimachi, junto con un grupo de expertos, ha publicado The ISIS Files un artículo en el que se muestran los resultados del análisis de más de 15.000 páginas de documentos pertenecientes al Estado Islámico, a partir de los que queda patente el carácter estatal que lo caracterizó. Así, Callimachi apunta que los documentos muestran que

[...] el grupo, aunque por un periodo de tiempo concreto, cumplió su sueño: el establecimiento de su propio Estado, una teocracia que ellos consideraron un califato, el cual funcionaba de acuerdo con su estricta interpretación del islam”.

Su carácter estatal ha sido así mismo reconocido por representantes internacionales como Douglas A. Ollivant, ex director del Consejo de Seguridad de la ONU en Irak, y Brian Fishman, ex director del departamento de investigación del CTC de West Point. Estos se han referido al grupo como Estado  en el artículo State of Jihad: The Reality of the Islamic State in Iraq and Syria, una pieza que será empleada por el propio EI para refutar sus argumentos, tal y como se muestra en la primera entrega de Dabiq – principal revista en inglés del grupo-. Otras voces han llegado incluso a definirlo como un nuevo estado revolucionario.

La puesta en marcha del nuevo “Estado” fue posible gracias a una calculadora maquinaria ideológica motorizada por sus élites, siendo el recurso a la violencia, a la propaganda y a la colaboración de civiles militantes herramientas fundamentales. Aquí, cabe señalar la presencia de una impuesta encrucijada en la que muchos habrían de decidir ente la colaboración, la vida o la muerte. Asimismo, resulta necesario distinguir entre militantes civiles – que realizaban el trabajo social- y combatientes donde, en palabras de Abdel Bari Atwan, los primeros se encontraban inclinados hacia la protección de la población, mientras que los segundos respondían a otro tipo de intereses que les permitían expoliar a la población cuando lo considerasen oportuno.

Administración del territorio

Más allá del ya conocido carácter violento del grupo, resulta interesante atender al proyecto político que este supone, así como a la voluntad de permanencia del mismo. En este sentido, Xavier Servitja advierte que deberíamos aproximarnos a este proyecto no como un intento de crear un Estado-nación, sino a través de la asimilación del concepto de Califato con el de Imperio, pues el objetivo del grupo era y es edificar un Califato global que, como ellos mismos defienden, ha venido para quedarse. Lo anterior motivaría la construcción de una organización administrativa con una estructura central, provincial, sectorial y local. Esta le permitió ejercer la soberanía sobre la población del territorio controlado, poseer el monopolio de la violencia y de la administración de justicia, así como presentarse ante sus ciudadanos como proveedor de bienes y servicios. Todo enmarcado en un contexto de caos, decepción y conflicto.

En definitiva, puede decirse que una vez se hizo con el control territorial el EI ofrecía un contrato social con el que, como señalaba Servitja, buscaba ofrecer a la población servicios, orden y estabilidad a cambio de que esta se sometiese a su autoridad e ideario. Una lección aprendida de su desplome entre 2007-2011, cuando el grupo logró ser penetrado y debilitado por sus enemigos americanos e iraquíes fundamentalmente, que sin duda ha dejado huella.

Imagen extraída de Dabiq (revista del EI)

El EI se encontraba dividido en provincias (wilayat), cada una de las cuales estaba dirigida por un gobernador (wali), lo que se replicaba a nivel sectorial (distritos), en las provincias de mayor tamaño como Raqqa, y a nivel local. Bajo el califa al-Baghdadi había consejos asesores y varios departamentos, dirigidos por comités, que supervisaban diversos aspectos del estado, formando el líder de cada departamento parte del “gabinete” del califa. Aquí, el cuerpo asesor de mayor peso sería el Consejo de la Shura, encargado de notificar las directrices de al-Baghdadi a través de la cadena de mando. Junto a éste estaba el Consejo de la Sharia, encargado tanto de la elección del Califa como de la implementación de las juzgados de la Sharia. Aquí, las Cortes de la Sharia se presentaron como la herramienta a través de la cual el EI buscaba ejercer el monopolio de la administración de justicia basado en las escuelas del Islam clásico como fuente del derecho.

Por otra parte, existían toda una serie de “ministerios” como el Consejo de Seguridad e Inteligencia; el Consejo Militar; el Consejo de Educación; el Consejo de Servicios; y la Institución del Estado Islámico para la Información Pública, entre otros. 

Financiación

Desde sus inicios, el petróleo se ha presentado como una de las principales fuentes de ingresos del Estado Islámico, junto a ésta estaría la financiación proveniente del exterior; saqueos; ventas de obras de arte y patrimonio cultural; tráfico de drogas y tráfico de personas, entre otros. Aquí cabría mencionar el apoyo por parte de Arabia Saudí a corrientes religiosas radicales que comparten ideología con el EI. Pese a lo anterior, la autofinanciación del califato se ha ido apoyando en otro pilares que parecen haber sido desatendidos donde la recaudación de impuestos y la agricultura se presentan como centrales.

Fuente: elPeriodico

Entre 2013 y 2014 el EI se apoderó de territorios importantes de la región de Jazira en Siria y la provincia de Nínive en Irak, dos importantes graneros. Al igual que ocurría con el petróleo, el grupo decidió aprovechar las infraestructuras alimentarias, entendiendo la agricultura como una herramienta para garantizar el suministro de alimentos y como una fuente de ingresos tributarios. Así, tras la disminución de otros ingresos como los del petróleo, los saqueos y los rescates, y ante la supuesta reducción de las donaciones extranjeras, los beneficios económicos procedentes de la agricultura irían adquiriendo más importancia.

En este sentido, los documentos analizados por Callimachi ponen de manifiesto cómo lograron monetizar cada metro del territorio conquistado y gravar cada producto vendido en los mercados bajo su control. La investigadora defiende que “[e]ran el comercio diario y la agricultura – no el petróleo – lo que motorizó la economía del califato”, una idea fruto de la estratégica conquista de zonas cultivables que hicieron que en junio de 2015 el 15% de las tierras de cultivo de Irak y el 34% de las tierras de cultivo de Siria se encontraran dentro de las zonas bajo mandato del grupo.

Las tierras de aquellos grupos religiosos que fueron expulsados del “Califato” se presentarían como el capital inicial. Es decir, los terrenos pertenecientes a chiíes cristianos, nusairies, yazidíes y “apóstatas”, pasarían a ser del Estado, para posteriormente alquilarse a los granjeros. Aquí, por ejemplo, los suníes que eran demasiado pobres para pagar la renta podrían quedarse en la tierra a cambio de dar un tercio de la futura cosecha.

Sin embargo, los impuestos no quedarían reducidos a este campo, sino que dentro de los territorios del grupo estos se extenderían a otros ámbitos como la recogida de basura, electricidad, agua y licencias de matrimonio, entre otros. Por ejemplo, a modo de IVA, en 2015 los comercios de las ciudades se veían obligados a guardar un porcentaje de sus ventas (del 2% al 5%) para entregárselo al Estado Islámico. Junto a ello, estaban los ingresos derivados de las tasas de actividad, es decir, los impuestos que debían abonar ciertos colectivos profesionales. Ello unido a un tipo medio del 10% en el Impuesto sobre la Renta, del 15% en el Impuesto de Sociedades y las tasas de aduanas en las carreteras. Aquí el zakat – parte de la riqueza personal destinada a los pobres que ha de pagarse anualmente – se presentó como uno de los impuestos más lucrativos, así, como afirma Callimachi el Ministerio del Zakat “[…] actuaba más como una versión de Servicio de Impuestos Internos”.

Ingresos EI//Fuente: CNN en Español

Educación, sanidad y servicios públicos

Los territorios bajo dominio del EI han contado con una serie de servicios que han facilitado su funcionamiento así como la aceptación, por un sector de la población, del pacto ofrecido por el grupo. Por ejemplo, en el campo educativo, ofertaban estudios que iban desde la guardería hasta la educación universitaria, todos ellos bajo el control del Departamento de Educación del Califato. Aquí, en primaria y secundaria destacan materias como educación islámica, lengua árabe, matemáticas, biología, historia, inglés, francés, ciencias sociales, ciencias de la salud, física y química, geografía o economía.

Algunas asignaturas y grados universitarios fueron suspendidos debido a que se consideraban contrarios a la interpretación del Islam del grupo, entre ellos aquellos relacionados con democracia, cultura y derechos civiles, religión cristiana, entre otras. De igual modo, se cerraron los departamentos de ciencias políticas, traducción, bellas artes, arqueología, filosofía, psicología, educación física y gestión de turismo y hoteles.

 

Fuente: Dabiq (revista EI)

Resulta destacable la existencia de escuelas de acogida con enseñanza en inglés-árabe y francés-árabe para los hijos de personas que emigraban al Califato desde Estados occidentales y no tuvieran nociones previas de árabe. Por otra parte, estarían las escuelas militares y los campos de entrenamiento.

 

En el campo de la salud,  contaban con hospitales y los Centros de Atención Primaria (CAP), así como sus plantillas de trabajadores. Aunque los recursos eran escasos tal y como ellos mismos afirman en su comunicación, donde anuncian la necesidad de personal cualificado. Finalmente cabría mencionar la existencia de toda una serie de servicios públicos, entre los que se encontrarían la limpieza, electricidad, agua, etc.

Monopolio de la violencia

El funcionamiento del Estado queda asimismo expresado en su promoción como un territorio de ley y orden, con castigos para aquellos que no lo cumplan. Así, junto a todo lo anterior, la clave se encuentra en el monopolio de la violencia. Este queda expresado en un conjunto de fuerzas, mecanismos e instituciones que fueron desarrolladas para garantizar el cumplimiento de su ley, su interpretación de la sharía. Aquí destacan la hisba o policía religiosa – relacionada con el Departamento de las Cortes de la Sharia – cuya función consistía en supervisar y asegurar el estricto cumplimiento de la Sharia. Dentro estaba la Oficina de inspección y control, centrada en los procesos productivos y en la calidad del producto en los sectores industrial, agrícola y ganadero, así como de los puntos de venta final, balanzas de pesos y el precio del producto en algunos sectores.

Por otra parte, destaca el departamento de Policía que se encargaría de la seguridad pública de las provincias. En este sentido, realizarían patrullas diurnas y nocturnas, así como controles de carretera para mantener el orden y la seguridad. Junto a lo anterior, tenían potestad para detener a personas no relacionadas con delitos competencia de la Hisbah.

A la izquierda se ejecuta el castigo a un ladrón y a la derecha la destrucción de artículos prohibidos //Fuente: Dabiq

Conclusiones:

Con todo, durante su apogeo el Estado Islámico mostró una capacidad administrativa similar a la de otros Estados, lo que le permitió presentarse como un actor con territorio propio capaz de ofrecer servicios; administrar justicia y orden; proveer seguridad; autofinanciarse y ejercer el monopolio de la violencia. Una cuestión peligrosa si tenemos en cuenta, por un lado, lo que esto supone en términos de orden dentro del contexto de caos y conflicto en el que se ha enmarcado la estrategia del grupo y, por otro, su alcance global gracias a la propia estrategia de comunicación del grupo que, además, ha servido como una prueba imborrable de lo que desde el EI consideran que fueron.

Quizá el peligro de la organización no esté tanto en su carácter violento y sus combatientes, sino en su capacidad para gobernar y en las huellas que dejó su periodo de esplendor. Una cuestión que difícilmente ha podido ser resuelta mediante el exclusivo recurso a la violencia que ha caracterizado la lucha internacional contra el EI y su aparente retirada.

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BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

Bari Atwan, A., 2015. Islamic State. The Digital Caliphate. Londres: Saqi Books.

Callimachi, R., 2018. The ISIS Files. The New York Times, 2 abril. Disponible en: https://www.nytimes.com/interactive/2018/04/04/world/middleeast/isis-documents-mosul-iraq.html (Consultado: 10 abril 2018)

Domínguez, A., 2017. La estrategia de comunicación de Estado Islámico en Occidente [Tesis inédita]. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona.

Ollivant, D.A., y Fishman, B.,  2014. STATE OF JIHAD: THE REALITY OF THE ISLAMIC STATE IN IRAQ AND SYRIA. War on the rocks, 21 mayo. Disponible en: https://warontherocks.com/2014/05/state-of-jihad-the-reality-of-the-islamic-state-in-iraq-and-syria/  (Consultado: 12 abril 2018)

Filiu, J.P., 2014. En nombre de un ‘islam verdadero’ con vocación totalitaria, Al Bagdadi ha implantado en la frontera sirio-iraquí un ‘Yihadistán’ bien dotado de armas, petróleo y fondos. Afkar/ideas. Disponible en: http://www.iemed.org/observatori/arees-danalisi/arxius-adjunts/afkar/afkar-ideas-43/Califato_terror_JeanPierreFiliu.pdf (Consultado: 12 abril 2018)

McCants, W., 2015. ISIS The Apocalypse. The history, strategy, and doomsday vision of the Islamic State. Nueva York: Picador.

Napoleoni, L., 2015. El Fénix Islamista. Barcelona: Paidós

Sánchez, D., 2017. No, no es Arabia Saudí: ISIS se financia con impuestos, petróleo y saqueos. Libre Mercado, 28 agosto. Disponible en: https://www.libremercado.com/2017-08-29/no-no-es-arabia-saudi-isis-se-financia-con-impuestos-petroleo-y-saqueos-1276604955/

Servitja, X., 2015. EL ESTADO ISLÁMICO Y LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA DEL CALIFATO A NIVEL PROVINCIAL. GESI, 8 septiembre. Disponible en: http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-estado-isl%C3%A1mico-y-la-organizaci%C3%B3n-administrativa-del-califato-nivel-provincial (Consultado: 12 abril 2018)

Woertz, E., 2016. La financiación no solo proviene del petróleo y el saqueo. Cómo el Estado Islámico utiliza la agricultura. CIBOB opinión, 436. Disponible en: https://www.cidob.org/es/publicaciones/serie_de_publicacion/opinion/seguridad_y_politica_mundial/la_financiacion_no_solo_proviene_del_petroleo_y_el_saqueo_como_el_estado_islamico_utiliza_la_agricultura (Consultado: 10 abril 2018)

 

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