El pueblo milenario que ha sobrevivido al genocidio del Estado Islámico, los yazidíes

Por Xavier Mojal

Yazidíes celebrando su año nuevo en Lalish, abril de 2018// Foto de AFP

El pasado 5 de octubre fueron anunciados los ganadores del Premio Nobel de la Paz 2018, Nadia Murad y Denis Mukwege. El anuncio ha suscitado una buena acogida entre el público general y la comunidad de profesionales y activistas en el ámbito de la paz y los derechos humanos, ya que los escogidos para el prestigioso premio de este año son un reflejo de la lucha contra la violencia sexual como arma de guerra, una lacra infinitamente lejana en el tiempo, pero poco visibilizada hasta nuestros días. Por ello en este artículo vamos a centrarnos en la comunidad a la que Nadia Murad representa, los yazidíes.

Nadia es una de las supervivientes que han pasado por el infierno al que el autodenominado Estado Islámico (EI) las ha sometido por el hecho de ser mujeres yazidíes. En el tórrido agosto de 2014, ella y miles de mujeres yazidíes (además de niñas y adolescentes) fueron secuestradas por los hombres del EI en su tierra natal Sinjar –noroeste iraquí− para convertirse en sus esposas forzadas o esclavas sexuales. El resto de la comunidad yazidí capturada fue ejecutada o sometida a otras barbaries que explicaremos más adelante. 

Nadia Murad En el Parlamento Europeo en 2016 tras recibir el premio Sakharov// European Parliament News

Tras escapar de su captor y del EI gracias, en parte, a la ayuda de una familia musulmana,  Nadia acumuló el coraje suficiente para relatar al mundo este calvario y convertirse en una activista para el reconocimiento del genocidio practicado por el EI sobre su pueblo, con las consecuencias penales que esto implica para los líderes e integrantes del grupo terrorista.  

La sociedad yazidí y su identidad

Los yazidíes representan una minoría étnico-religiosa en Irak que, a falta de datos rigurosos y previamente a la invasión por  el EI de la región de Sinjar en agosto de 2014, se estimaba en una población de entre 300.000 y 700.000 personas en este país. Esto, en un país de cerca de 40 millones de personas supone una proporción menor al 2%. Repartidos entre las provincias norteñas de Nínive y Duhok (esta última bajo el control del Gobierno Regional del Kurdistán), la gran mayoría se concentraba en la región de Sinjar, limítrofe con Siria al oeste y norte. Además, una minoría de los yazidíes puebla la región nororiental de Siria, Jazira, aunque también tienen una presencia minoritaria en la provincia de Alepo, Armenia, Georgia, y en la Europa Occidental –sobre todo en Alemania, la mayoría de los cuales emigraron de Turquía.

La región de Sinjar se encuentra en el noroeste de Irak, al oeste de Mosul y cerca de la frontera con Siria. La ciudad homónima se encuentra en la parte sur del distintivo monte de Sinjar// Mapa de Toronto Star Graphic

La organización social de los yazidíes es tribal y fuertemente jerarquizada. En la región de Sinjar, la economía (de subsistencia) había estado siempre ligada a la producción agrícola y ganadera. Con la política de arabización de los 70 de Saddam Hussein, poblados yazidíes fueron destruidos y sus habitantes forzosamente desplazados a complejos urbanos en las llanuras, uno de ellos la ciudad de Sinjar. Con esta política se controlaba a la minoría yazidí −que en ocasiones apoyaba a los militantes kurdos conocidos como peshmerga y su lucha de liberación nacional respecto a Irak− se garantizaba la provisión de recursos públicos, pero también se facilitaba el establecimiento de relaciones clientelares y se generaban relaciones de dependencia con Bagdad para el racionamiento de alimentos y la provisión de empleo público. 

Después de la intervención americana en el 91 con razón de la (segunda) Guerra del Golfo, el Partido Democrático del Kurdistán (KDP) – histórico partido nacionalista kurdo liderado por la familia Barzani− establecería también relaciones de patronazgo y ofrecería empleo burocrático. Desde entonces la región ha supuesto un punto de confrontación entre Erbil (la capital kurda) y Bagdad para la cooptación de los yazidíes, algo que como veremos sigue en la actualidad aunque en distintos términos. Tras la caída del régimen de Saddam, Sinjar ha sido controlado de facto por el Gobierno Regional del Kurdistán. Antes de los ataques genocidas del EI en 2014, la región había experimentado algunas mejoras materiales gracias, entre otras cosas, a las remesas de los yazidíes emigrados (muchos de ellos en la región del Kurdistán), y la provisión de servicios públicos básicos como la educación también había mejorado. No obstante, y en general, los yazidíes han arrastrado décadas de marginación económica y represión, algo que explica los bajos niveles de educación, alfabetismo, empleo y provisión de recursos públicos que además afectan negativamente de una manera desproporcionada a niñas y mujeres.

Étnicamente, a la comunidad yazidí se le considera a menudo como una minoría kurda, pues su lengua es el kurmanji – la lengua mayoritaria de los kurdos y uno de los elementos más importantes que determinan su identidad -. No obstante, su religión es diferente de la de la mayoría de kurdos, el islam suní. La identidad étnica o nacional de los yazidíes supone un tema complicado y no exento de controversia. Mientras que en tiempos del Imperio Otomano la religión era la base de la identidad comunal, y por tanto yazidíes y kurdos (musulmanes) se consideraban comunidades distintas, no fue hasta la emergencia y popularización del nacionalismo kurdo a lo largo del siglo anterior –en el momento de la explosión de los nacionalismos en Oriente Medio, entre los que destacan el árabe o el turco− que los yazidíes empezarían a estar presentes en los discursos sobre la identidad nacional kurda. Como prueba de ello encontramos en estos el reconocimiento recurrente del yazidismo como la forma moderna de la religión original de los kurdos, el Zoroastrismo. 

La kurdicidad de los yazidíes es, como se ha dicho, complicada, y ha dependido de factores como la exposición al discurso nacionalista kurdo –que ha afectado más a yazidíes residentes en el Kurdistán iraquí que no en Sinjar−, los intentos de arabización por el régimen de Saddam, o la clase social –donde las nuevas clases medias han adoptado un discurso más pro-kurdo debido a las redes clientelares establecidas por el Partido Democrático Kurdo de Barzani. Aunque hoy en día la mayoría de yazidíes se identifiquen, al menos en parte, como kurdos, existe un creciente número de los que se niegan a hacerlo. Esto tiene que ver más bien con las dinámicas políticas que se han dado desde el ascenso del EI, que involucran a distintos actores políticos y militares kurdos –el Gobierno Regional del Kurdistán y su ejército regular de los peshmerga, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y su homólogo sirio, las milicias del YPG.  Unas dinámicas que, como veremos, han provocado divisiones entre los yazidíes, y que se pudo comprobar con una cuestión política tan relevante como lo fue el referéndum de independencia del Kurdistán –celebrado en la región kurda de Irak en septiembre del 2017. De todos modos, el factor primordial en cuanto a la identidad de los yazidíes, sin ignorar la relevancia del sentimiento de opresión histórica –por los otomanos, kurdos musulmanes, el régimen árabe nacionalista de Saddam Hussein, y más recientemente por los yihadistas−, es sin duda su religión y las prácticas culturales en las que ha derivado.

El Yazidismo, la religión del pueblo yazidí

Según el historiador kurdólogo David McDowall en  A Modern History of Kurds, el Yazidismo es una religión que nace de la síntesis de antiguos elementos paganos, zoroastrianos y maníqueos –del Zoroastrismo y Maniqueísmo, ambas religiones persas preislámicas−, superpuestos con elementos judíos, cristianos y islámicos. El Yazidismo se define, por tanto, por su sincretismo, es decir, por la combinación de elementos culturales y doctrinas filosóficas y religiosas. Lo que ha provocado que desde el islam más ortodoxo sea considerado como una religión herética.

El nombre de la religión proviene probablemente de la palabra Dios en kurdo −Yezdan−, aunque existen otras explicaciones como la supuesta descendencia del pueblo yazidí de los seguidores del Califa Omeya Yazid I. Entre sus características principales destacan la creencia en el monoteísmo, la no-dualidad (refiriéndose a la inexistencia del mal, y por tanto del Diablo y el infierno), la reencarnación y una preocupación por la pureza religiosa.  Para ser más específicos con la naturaleza monoteísta de esta religión, según la tradición yazidí Dios creó el universo y lo confió a siete ángeles que son a su vez emanaciones del mismo, y que en consonancia con la creencia de los yazidíes en la metempsicosis, vienen reencarnándose periódicamente en cuerpos humanos. 

El primer ángel, el que cubrió el mundo de flora y fauna, es también la figura más importante y venerada del Yazidismo. Lo llaman Melek Taus, lo representan como a un pavo real, y es reconocido por muchos musulmanes como Satán, motivo por el cual consideran a los yazidíes herejes. A pesar de las coincidencias con el demonio de las religiones abrahámicas, los yazidíes, que no creen en el maligno y tienen prohibido pronunciar su nombre, defienden un relato muy diferente respecto a este personaje. Según algunos relatos (contradictorios, debido a la preeminencia de la tradición oral yazidí), Melek Taus fue el ángel rebelde que se negó a postrarse ante la creación de Dios, Adán, y que por este motivo fue expulsado al infierno, pero que logró apagar con sus lágrimas y así reconciliarse con Diosꓼ otros explican que Melek Taus se negó a postrarse ante Adán ya que sólo podía hacerlo ante Dios, superando así la prueba del creador y convirtiéndose en el ángel supremo.

El ángel y figura principal que los yazidíes veneran, se le representa como a un pavo real.

Otra figura importante que demuestra la conexión con elementos islámicos, es la del Jeque sufí Adi ibn Musafir (muerto en el siglo XII). Este es considerado como una especie de profeta y reformador de la religión, e incluso como la propia reencarnación de Melek Taus. Su tumba se encuentra en Lalish (al norte de Mosul) y representa un punto de peregrinación yazidí.  Por último, la preocupación por la pureza religiosa se expresa en la rigidez de ciertas prácticas socialesꓼ un sistema de castas –en la cúspide de la pirámide se encuentra el Príncipe Tahseen Said, reglas y prohibiciones respecto al consumo de alimentos,  la endogamia y la existencia de múltiples tabús.

Tahseen Said. Príncipe de los yazidíes, un puesto hereditario, en una entrevista// VOA news

El genocidio yazidí

El 3 de agosto de 2014 el autoproclamado Estado Islámico consumó el ataque planificado a la región de Sinjar, y como resume el informe de la Oficina para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (OHCHR), “vinieron a destruir”. Usaron una de sus técnicas recurrentes, movilizar a un gran número de militantes para atacar desde varios frentes –desde Mosul y Tal Afar al este, y desde Al-Shaddadi al suroeste y Tel Hamis al noreste en Siria. En aquel momento el control territorial y la protección del lugar recaían sobre los peshmerga leales al KDP de Barzani, el presidente del Gobierno Regional del Kurdistán. Pero huyeron de sus puestos sin previo aviso, sin resistencia y llevándose sus armas consigo, abandonando a los yazidís a su propia suerte, según confirman testimonios supervivientes.

Los yazidíes improvisaron como pudieron,  se organizaron para conformar pequeños grupos de resistencia y dar así más tiempo para que aquellos que pudieran escaparan. Mientras que alrededor de 400.000 personas, la mayoría yazidíes, escaparon a la región del Kurdistán u otros territorios de Iraq, de los que entre 40.000 y 50.000 sólo pudieron refugiarse en la montaña de Sinjar. Los que no pudieron escapar acabaron capturados por el EI, y su porvenir dependió según su sexo y edad, aunque muchos fueron ejecutados indiscriminadamente. En líneas generales, las mujeres y niñas fueron tomadas como esclavas sexuales, los hombres (y ancianas) que no se convirtieron al Islam fueron ejecutados, y quienes lo hicieron, fueron obligados a trabajos forzados. Los niños fueron secuestrados para ser adoctrinados y convertidos en  soldados del pseudo-califato. Ante la incomprensión y perplejidad del mundo frente a estas atrocidades, el EI las justificaba basándose en sus interpretaciones totalitarias y pervertidas de los escritos sagrados del Islam, tal como se puede comprobar en su revista propagandística Dabiq. Según ellos, los yazidíes son adoradores del diablo que no forman parte de ninguna de las religiones que el Corán manda tolerar.

Ante los ataques del EI al norte y sur del monte de Sinjar, los yazidíes que pudieron escaparon a la región del Kurdistán, a otras zonas de Irak al norte, y al propio monte// Mapa elaborado por OCHA el 4 de agosto de 2014.

La respuesta internacional no se hizo esperar, a pesar de que la comunidad internacional no hubiese hecho prácticamente nada para prevenir este ataque anunciado. Fuerzas aéreas occidentales lideradas por EEUU lanzaron agua, comida y demás provisiones de primera necesidad a los yazidíes refugiados en la montaña de Sinjar. EEUU inició también bombardeos contra posiciones del EI alrededor de la montaña así como de Erbil para frenar el avance de los yihadistas. Los que escaparon a la montaña y sobrevivieron  al asedio del EI, al hambre, deshidratación y un calor inhumano durante semanas, fueron rescatados por las milicias kurdas del PKK y las YPG –la guerrilla kurda siria emparentada  con el PKK− que abrieron un corredor humanitario para liberarlos. Muchos acabaron refugiándose al otro lado de la frontera siria y turca o fueron escoltados de nuevo hacia zonas más seguras en Irak. A finales de 2014, militantes kurdos afiliados al PKK o alguna de sus ‘franquicias territoriales’, algunos de ellos yazidíes entrenados por los primeros y organizados bajo el nombre de las Fuerzas de Resistencia de Sinjar (YBŞ), así como también efectivos de los peshmerga, y ayudados por los bombardeos de la coalición internacional liderada por los EEUU, lograron liberar la zona norte de Sinjar. Un año más tarde (finales del 2015) los mismos grupos consiguieron retomar la zona sur de Sinjar  incluyendo la ciudad homónima y forzar la retirada de los yihadistas hacia posiciones más al sur.

La cuantificación del horror provocado por el EI según estimaciones conservadoras, ya que aún no se han podido identificar todas las víctimas ni descubrir todas las fosas comunes, se resume en más de 3.000 víctimas mortales (al menos la mitad de los cuales ejecutadas) y alrededor de 7.000 personas secuestradas, de las que aproximadamente un tercio, sobre todo mujeres, siguen aún presas. Según el informe de este año sobre el estado de Sinjar realizado por la fundación de Nadia Murad, sólo 70.000 personas han vuelto a su tierra, mientras que la mayoría, unos 300.000, se encuentran en campos de refugiados en la región del Kurdistán.

Militantes de las YBŞ, o Unidades de Resistencia de Sinjar, la facción yazidí del PKK//ANF News

La gestión post-EI del conflicto

Las razones por las que la mayoría de yazidíes han optado por no volver a Sinjar son básicamente dos. Por un lado, el estado de destrucción generalizado en el que se encuentran las poblaciones de Sinjar y, por tanto, la imposibilidad de ofrecer servicios y recursos básicos a todas las personas con derecho al retorno. Por otro, la inseguridad generada por los conflictos posteriores a la expulsión del EI.

Sinjar después de la expulsión del EI//Imagen de Al Jazeera

Las tensiones étnicas y políticas entre los habitantes se suman a la lucha por el poder que han librado las distintas facciones militares en el terreno. A nivel político, primero tuvo lugar el enfrentamiento intra-kurdo entre los peshmerga del Gobierno Regional del Kurdistán y el PKK incluyendo su facción yazidí. Después llegaron desde el sur y del recién liberado Mosul, eliminando las últimas bolsas de resistencia del EI, las Unidades de Movilización Popular (PMUs). Estas son grupos paramilitares pro-Bagdad mayoritariamente chiíes, que expulsaron a los peshmerga de la zona  bajo órdenes del presidente iraquí tan sólo algunas semanas después del referéndum independentista del gobierno kurdo en setiembre de 2017. Finalmente, la presencia del PKK ‘provocó’ las amenazas y una intervención limitada por parte de Turquía, que acabarían forzando al PKK a abandonar la región, aunque las milicias afiliadas yazidíes (YBŞ) permanecerían. Los conflictos librados entre éstas élites han fragmentado y militarizado a la población retornada, politizando y complicando los esfuerzos por la reconstrucción de la zona.

[Mapa de la región de Sinjar en enero de 2018 con los movimientos de los principales grupos armados//Mapa de International Crisis Group

Por último, a parte de las tensiones sociales por motivos políticos, también se encuentran a flor de piel los recelos por motivos étnicos y religiosos. En este caso son muchos los árabes sunníes que se han negado a volver para evitar la hostilidad de algunos yazidíes con sed de venganza por el apoyo de algunos líderes tribales al EI. La reconciliación parece, de este modo, lejos de materializarse, más cuando aún no se ha presenciado un atisbo de justicia y reparaciones que el pueblo yazidí exige.

En definitiva, debido al cóctel de conflictos sociales y políticos, a la ausencia de instituciones, y a la destrucción generalizada, el retorno completo de los yazidíes a su hogar es de momento imposible. El futuro de los yazidíes y de su tierra debe volver, si alguna vez lo estuvo, a sus manos. Si no, Sinjar, no será. Si no, el Estado Islámico, habrá ganado.

 

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