Estados Unidos en Oriente Medio

Por Aitor Lekumberri

El presente artículo pretende analizar, desde una perspectiva histórica, qué factores han determinado la política estadounidense hacia Oriente Medio, atendiendo a sus intereses principales en la región, a saber, el petróleo, la contención del comunismo y el apoyo a Israel. Tomaremos como fuente para nuestro análisis el capítulo “The United States in the Middle East”, publicado en 2005 por Michael C. Hudson[1] en el libro “International Relations of the Middle East”, de Louise Fawcett.

En su capítulo, Hudson resalta cómo la Segunda Guerra Mundial[2] supuso un punto de inflexión en la política exterior estadounidense, al pasar Estados Unidos a asumir desde entonces una responsabilidad creciente en la seguridad global. Por otra parte, Hudson se centra en las tensiones regionales y los nuevos desafíos que Estados Unidos tuvo que enfrentar a partir de 1979, año marcado por importantes acontecimientos como el triunfo de la Revolución Islámica en Irán[3], la invasión soviética a Afganistán[4], o la emergencia de Sadam Hussein[5] como líder de Iraq.

Además, Hudson analiza qué estructuras inciden en el policymaking[6] de EEUU en relación a Medio Oriente, examinando qué papel juegan la Casa Blanca, el ejecutivo, el legislativo, los partidos políticos, los “creadores de opinión” y los lobbis[7]. Por último, realiza un estudio de la “revolución neoconservadora” impulsada por George W.Bush desde su llegada a la presidencia en 2001, quien promovió una actitud más agresiva e intervencionista de Estados Unidos en la región.

 

1: Claves para entender la política exterior estadounidense hacia Medio Oriente:

Estados Unidos es la fuerza dominante en Oriente Medio, y no existen desafíos serios a su hegemonía en la región. Sin embargo, gran parte de los policy makers[8] estadounidenses siguen viendo a esta región como una amenaza para la seguridad nacional, es decir, como una zona del mundo propicia para el surgimiento de movimientos terroristas hostiles a Estados Unidos.

A diferencia de países como Francia o Gran Bretaña, Estados Unidos no fue históricamente una potencia colonial en Oriente Medio, y esto explica por qué durante muchas décadas este país fue visto con buenos ojos por las poblaciones locales. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos -convertida en la superpotencia mundial- pasó a desplegar una política intervencionista en la región, motivada por tres intereses fundamentales.

  1. El interés de contener el avance del comunismo soviético para impedir que la expansión de la URSS pudiera afectar al suministro de petróleo al “mundo libre”. Un claro ejemplo de esta política lo encontramos en de esta política fue el derrocamiento en 1953 del primer ministro iraní Mohammad Mossadeq, quien había iniciado una política soberana de nacionalización de la industria del petróleo.
  1. El interés de controlar las enormes reservas de petróleo presentes en la región. Para ello, Unidos estableció en 1945 una importante y duradera alianza con Arabia Saudí. Este control del petróleo se vio afectado, a partir de 1960, por la decisión de los países productores de crear la OPEP[9] y en los años 70 el crudo se convirtió en un “arma de guerra”, como se apreció durante las crisis energéticas de 1973 y 1979.
  1. El interés de apoyar a Israel tras la creación de este Estado en 1948. Ello implicó, durante muchos años, un deterioro de las relaciones entre EEUU y el mundo árabe. El Acuerdo de Camp David supuso, sin embargo, una creciente normalización de Israel en la región.

En 1979 tuvieron lugar cinco acontecimientos que marcaron el devenir de Oriente Medio a lo largo de las siguientes décadas, siendo este uno de los años más convulsos en la historia contemporánea de la región:

  1. La firma del citado Acuerdo de Camp David[10] entre Egipto e Israel – que, sin embargo, no logró poner fin al conflicto entre Israel y Palestina –.
  2. El triunfo de la Revolución Islámica en Irán, que llevó a la instauración de la República Islámica de Irán, actualmente vigente en el país persa.
  3. La invasión soviética de Afganistán, que fue contrarrestada por EEUU mediante la financiación y movilización de militantes islámicos llamados muyahidines. Así, tal y como señala Hudson, “el éxito en Afganistán fue alcanzado a través de la utilización de los militantes islamistas muyahidines”[11]. Sin embargo, tras el regreso de muchos de esos luchadores ‘árabes-afganos’ a sus casas, estos dedicaron su atención a combatir a los regímenes pro-americanos (Hudson, 2005: 294)
  4. La toma de la mezquita de la Meca por parte de islamistas radicales.
  5. La consolidación del poder de Sadam Hussein en Iraq.

La emergencia de redes islamistas transnacionales ha sido uno de los principales factores de inestabilidad en Oriente Medio, al utilizar estas redes tácticas terroristas en su lucha contra EEUU y Occidente en general. Destacan, a este respecto, los movimientos chiíes apoyados por el régimen iraní – como es el caso de Hezbollah[12] –, y los movimientos salafíes y wahabíes – variantes extremas del islam suní –, que en los años 90 crecieron significativamente.

En general, la política estadounidense hacia la región ha estado muy influida por factores domésticos, existiendo una interacción entre las presiones políticas ejercidas por diferentes estructuras de gobierno: el presidente es el actor central en la política hacia Oriente Medio, ya que el éxito (o fracaso) de la misma puede ser determinante para su futuro político. Tal y como señala Hudson, el presidente es “de largo el actor clave en la organización de la política del Medio Oriente. Está dirigido por la conciencia de que lo que haga en el Medio Oriente puede tener un significativo efecto positivo o negativo en su futuro político, debido a la influencia de las fuerzas pro-israelíes en el proceso electoral” (Hudson, 2005: 296).

En el ejecutivo destaca la influencia ejercida por el Departamento de Estado o por la comunidad de inteligencia (CIA, NSA, FBI). También juega un importante papel el poder legislativo, y sobre todo las presiones ejercidas por los poderosos lobbies pro-israelíes.

 

2: La “revolución neoconservadora” de George Bush

El neonservadurismo es una ideología que tiene su origen en Estados Unidos y que defiende el individualismo, la promoción de la democracia liberal, las reformas de mercado, y la promoción de los intereses estadounidenses en el mundo, incluso por la vía militar. En la práctica, esta ideología se materializó durante la presidencia de George W. Bush en el desarrollo de una política exterior más agresiva, cuyos ejemplos centrales fueron las invasiones a Afganistán (2001) e Irak (2003), en el contexto de la “guerra contra el terror”. En general, los “neocons” han estado vinculados a sectores del Partido Republicano.

La “revolución neoconservadora” impulsada por George W.Bush desde su llegada a la presidencia en 2001 se tradujo en un alejamiento de la posición tradicional de EEUU de sostener el statu quo regional, impulsando a partir de ese momento políticas más proactivas, agresivas e intervencionistas. Esta revolución se apreció en el desarrollo de tres guerras tras los ataques del 11 de septiembre de 2001: las citadas guerras contra Afganistán e Iraq, y la más general y global “guerra contra el terrorismo” que buscaba combatir redes yihadistas transnacionales.

La “guerra contra el terrorismo” lanzada por Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, llevó a impulsar ataques contra diversos grupos terroristas como Al Qaeda, y estuvo ligada a la definición de Bush del “eje del mal” (2002), que incluía a países que supuestamente apoyaban el terrorismo internacional, como Irak, Irán y Corea del Norte. Esta guerra se ha librado fundamentalmente en Oriente Medio, si bien también ha estado presente en diversos países de Europa, África o Asia que han sido escenarios de numerosos ataques terroristas.

En este contexto belicista, el presidente Bush comprometió a EEUU en el objetivo de promover activamente la democracia liberal y las reformas económicas de libre mercado, no sólo en Iraq, sino en toda la región. En la génesis de este proyecto neoconservador está la derrota de la Unión Soviética, momento en el cual personas como Paul Wolfowitz[13] comenzaron a reclamar mayores fondos para el Pentágono, con el objetivo de potenciar el liderazgo mundial de Estados Unidos y establecer un nuevo orden mundial que evitara la emergencia de un nuevo posible rival. Es en este contexto en el que surgió en 1997 el denominado Proyecto para un Nuevo Siglo Americano.

Los neoconservadores han tenido como objetivo crear una nueva arquitectura de seguridad en la región basada en la hegemonía exclusiva e indiscutible de Estados Unidos. Además, han tratado de transformar las sociedades locales, impulsando una “batalla por los corazones y las mentes” de los ciudadanos a partir de la imposición del modelo de democracia liberal. En términos generales, los resultados de este proyecto neoconservador no han sido los esperados, y tras el derrocamiento de Sadam Hussein en Irak y de los talibanes en Afganistán, la tensión, la inestabilidad y la violencia no ha hecho sino aumentar. Por otra parte, la “guerra contra el terrorismo” ha generado importantes críticas en la sociedad norteamericana y, en este sentido, la oposición doméstica es el único factor que puede poner freno al creciente intervencionismo en la región.

En opinión de Hudson, “[…] los halcones, pretendiendo ser realistas, en realidad resultaron ser ingenuos idealistas al suponer que el hecho de deshacerse de regímenes malos en Afganistán o Iraq conduciría automáticamente hacia la presencia de poblaciones liberadas y agradecidas, con sed de libertad, lo cual derivaría en el establecimiento de democracias estables” (Hudson, 2005: 303).

2.1 Un balance del “proyecto neoconservador”: ¿éxito o fracaso de la política exterior estadounidense?

Considerando la forma en la que los neoconservadores han impulsado la “guerra contra el terrorismo”, su idea de que existe un “enemigo” enfrentado a Occidente estará presente durante un largo tiempo. Pese a las “victorias” de Estados Unidos en Irak y Afganistán – con el derrocamiento respectivo de Sadam Hussein y de los talibanes –, las guerras seguirán estando presentes en la región.

En líneas generales, estas tesis han quedado validadas, ya que buena parte de la conflictividad que vive actualmente la región está vinculada con la desestabilización provocada por las invasiones estadounidenses a Iraq y Afganistán. Así, el avance de grupos como el Estado Islámico puede relacionarse con el vacío de poder creado tras la destrucción de Iraq – muchos de los mandos del Estado Islámico provienen del desmantelado ejército de Sadam Hussein (Martín, 2015).

El proyecto neoconservador de exportar la democracia liberal y la economía de mercado puede catalogarse como un rotundo fracaso, ante la presencia de estados frágiles y débiles que son el escenario propicio para la proliferación de grupos terroristas. La región sigue sufriendo importantes convulsiones políticas, económicas y sociales, que pueden también ser puestas en relación con fenómenos socioeconómicos, como el rápido crecimiento de la población, el lento y desigual desarrollo económico, o el elevado desempleo juvenil. Es en este contexto de inestabilidad política, económica y social en el cual se ha producido un recrudecimiento de las luchas sectarias.

 

3.Conclusiones:

La política de Estados Unidos hacia Oriente Medio ha sufrido importantes transformaciones con el paso del tiempo. Durante la Guerra Fría estuvo marcada por la defensa de tres intereses principales: la lucha contra el comunismo, el petróleo y el apoyo brindado a Israel. Tras la caída del comunismo, tanto el petróleo como el apoyo a Israel siguieron siendo factores constantes, si bien el nuevo escenario se caracterizó por el despliegue de políticas más agresivas que trataron, no sólo de imponer la democracia liberal, sino de transformar la propia cultura interna de las sociedades árabes. En este sentido, George W. Bush impulsó la denominada “revolución neoconservadora”, desplegando políticas más agresivas e intervencionistas, y promoviendo la exportación de la democracia liberal a países como Irak y Afganistán.

Estados Unidos se ha distanciado de su tradicional política de mantener el statu quo en Oriente Medio, al pasar a impulsar una política intervencionista y proactiva en el marco de la denominada “revolución neoconservadora”, que ha supuesto un auge de la tensión, de la inestabilidad y de la violencia en la región.

La política exterior estadounidense hacia Oriente Medio está determinada fundamentalmente por factores domésticos, es decir, la política interna desempeña un papel clave en la formulación y orientación de la política hacia la región. En este sentido, es la oposición doméstica el factor central que puede poner freno a la revolución neoconservadora en Oriente Medio.

NOTAS AL PIE:

[1] Michael C. Hudson es director del Instituto de Medio Oriente y profesor de ciencia política en la Universidad Nacional de Singapur, así como profesor emérito de la Universidad de Georgetown, donde fue profesor de Relaciones Internacionales desde el año 1979. Entre 1980 y 2010 dirigió el Centro de Estudios Árabes Contemporáneos en la Escuela del Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown. Es especialista en diversos temas como la política exterior de Estados Unidos, las políticas del Medio Oriente, los conflictos sectarios, o el conflicto árabe-israelí.

[2] Para Hudson, la Segunda Guerra Mundial representó un punto de inflexión entre la tradicional posición estadounidense de evitar asumir una responsabilidad política en Oriente Medio y la aceptación en la posguerra de la responsabilidad de desplegar una base de poder global (Hudson, 2005: 285).

[3] La Revolución Islámica de Irán fue liderada por el ayatolá Jomeini y supuso el derrocamiento del sha Reza Pahleví – uno de los más importantes aliados de Estados Unidos y Reino Unido en la región.

[4] La intervención soviética en Afganistán se produjo entre 1979 y 1989, en apoyo del gobierno de la República Democrática de Afganistán.

[5] Sadam Hussein gobernó Iraq entre 1979 y 2003, año en el que fue derrocado por una intervención militar occidental liderada por Estados Unidos.

[6] Término inglés que hace referencia al proceso de elaboración y creación de políticas.

[7] Los lobbies son grupos de interés que presionan a las administraciones públicas para que estas tomen medidas que favorezcan sus intereses. Entre los principales lobbies estadounidenses destaca el poderoso lobby israelí, formado por organizaciones como el Consejo Americano Israelí o el Comité de Asuntos Públicos Israel-Estados Unidos.

[8] Término inglés que hace referencia a aquellas personas responsables de diseñar y elaborar políticas.

[9] La OPEP es la Organización de Países Exportadores de Petróleo, que agrupa actualmente a 14 países: Angola, Arabia Saudí, Argelia, Catar, Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Gabón, Guinea Ecuatorial, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria y Venezuela. Fue creada en el año 1960 con el objetivo de coordinar y unificar las políticas petroleras entre sus estados miembros, con el fin de garantizar unos precios justos y estables.

[10] Dicho Acuerdo fue firmado por el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin, con la mediación del presidente estadounidense Jimmy Carter, y supuso el inicio de un período de paz en las relaciones entre Egipto e Israel.

[11] Hay que tener presente que, si bien términos generales el concepto muyahidin hace referencia a las personas que hacen la yihad, también se suele emplear como sinónimo de combatiente fundamentalista islámico. Los muyahidines fueron protagonistas, con ayuda occidental, en la lucha contra la ocupación soviética de Afganistán, pero tras la expulsión soviética en 1989 muchos volvieron a sus países y llevaron a cabo acciones terroristas contra Estados Unidos y las fuerzas occidentales.

[12] Organización chií libanesa, fundada en 1982, cuyo nombre puede traducirse como “Partido de Dios”.

[13] Subsecretario de Defensa de Estados Unidos entre 2001 y 2005.

BIBLIOGRAFÍA:

HUDSON, M. C., 2005. “The United States in the Middle East” en L. Fawcett, International Relations of the Middle East. Nueva York: Oxford University Press, pp. 283-305.

MARTIN J., 2015. Estado Islámico: geopolítica del caos. Madrid: La Catarata.

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