AFGANISTÁN EN CLAVE SECURITARIA

EVOLUCIÓN POLÍTICA DE AFGANISTÁN: CONFLICTIVIDAD Y AUGE DEL MOVIMIENTO TALIBÁN

Por Aitor Lekunberri

Devastado por interminables guerras que asolan el país desde 1978, el futuro de Afganistán se presenta incierto, a tenor de las dificultades económicas, las luchas políticas y religiosas internas, así como las crecientes dificultades del gobierno de Kabul para contener el avance talibán.

Dejando de lado cuestiones históricas como la dominación británica sufrida por el país hasta el año 1919, puede decirse que en la actualidad este se debate entre la necesidad de impulsar la paz con el movimiento talibán y la de hacer frente a los retos de desarrollo. Todo en un escenario dominado por la pobreza, las crisis políticas y la intervención militar de la OTAN.

Fuente: Reuters

Ubicado en Asia Central, Afganistán cuenta con una superficie de más de 655.230 kilómetros cuadrados, y hace frontera con Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y China. Su población supera los 35 millones de habitantes, y el 99% profesa la religión musulmana, siendo en un 80% musulmanes sunnitas frente al 19% de chiitas[1]. Su composición étnica es muy diversa, destacando la presencia de pashtunes (42%), tadjikos (27%), hazaras (10%), uzbekos (9%), aimak (4%), turcomanos (3%) y baluchis (2%).

Se trata de uno de los países más empobrecidos del mundo[2], con una esperanza media de vida de 60 años y con más del 40% de la población viviendo bajo el umbral de la pobreza. A ello habría que añadir un gobierno incapaz de hacer frente a los graves problemas estructurales que afronta el país, como la persistencia de conflictos armados, desastres naturales o la limitada participación de la mujer en la vida política y económica.

Para algunos autores, uno de los principales factores de inestabilidad de Afganistán proviene del hecho de no haber sido un Estado construido en base a una lógica étnica o geográfica, sino en función de la política imperialista del siglo XIX. Esto es, el país apenas habría disfrutado de la unidad política necesaria para construir un Estado coherente y autónomo, siendo ante todo un “lugar intermedio, una franja fracturada y disputada, dominada por montañas y desiertos, y situada entre unos países vecinos más organizados”, hecho que habría propiciado que “durante gran parte de su historia, sus provincias [hayan] sido el terreno de batallas entre imperios rivales” (Dalrymple, 2017)

Desde el siglo XIX, la evolución política de Afganistán ha estado marcada por las persistentes guerras e intervenciones foráneas, como parte de un gran “juego de poder” desplegado por las grandes potencias para establecer su dominación sobre el país. Así, a lo largo del siglo XIX el país fue objeto de “disputas imperialistas y geopolíticas entre Rusia e Inglaterra”, siendo convertido en “zona divisoria de sus respectivas zonas de influencia” (Zamora, 2016: 260).

Fuente: El Periódico

Las disputas geopolíticas fueron el telón de fondo de las tres guerras entre Inglaterra y Afganistán que sacudieron el país entre 1839 y 1919. La primera guerra anglo-afgana (1839-1842) terminó con derrota inglesa, y estuvo originada en buena parte por el temor británico a que la esfera de influencia rusa se extendiera hasta las fronteras de India. Esta derrota supuso una auténtica humillación para la que entonces era la potencia militar más poderosa del mundo, y sigue siendo considerada como una de las mayores humillaciones militares sufridas por un ejército occidental en Asia, siendo el ejército inglés derrotado por guerrilleros afganos mal equipados pertenecientes a diversas tribus (Dalrymple, 2017).

Tras la segunda guerra anglo-afgana (1878-1880) -finalizada con victoria inglesa-, Afganistán pasó a ser un protectorado inglés, jugando desde entonces un papel de “estado tapón”[3] entre la Rusia zarista y la India. En 1919, una vez finalizada la tercera guerra anglo-afgana, el país se liberó del protectorado británico y alcanzó su independencia, iniciándose un período monárquico bajo el liderazgo del líder independentista Amanullah Kan, quien se propuso modernizar el país para sacarlo del atraso económico y social, hecho que provocó la reacción de los sectores más conservadores de la sociedad, que acabaron destronándolo.

La guerra de Afganistán (1978-1992): entre la ocupación soviética y el terrorismo muyahidín

A pesar de que durante los primeros años de la Guerra Fría el gobierno afgano buscó mantener una posición de equidistancia entre Estados Unidos y la URSS, buscando mantener buenas relaciones con los dos bloques del sistema bipolar, en la práctica tuvo una mayor sintonía diplomática con Moscú.

Liberado de la dominación británica en 1919, Afganistán se convirtió en el primer Estado del mundo en establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, abriendo una relación de cercanía que se prolongó durante décadas. La influencia soviética en el país se fue incrementando de forma paralela a la penetración y el desarrollo de las ideas marxistas. La fundación en 1965 del denominado Partido Democrático del Pueblo Afgano (PDPA en adelante), de carácter marxista y antimonárquico, se inscribe en este proceso de acercamiento al bloque soviético, desempeñando este un importante papel en el derrocamiento de la monarquía y en la proclamación de la república en 1973.

Mujeres afganas en el Afganistán socialista

(1981)

Mujeres en clase

(Kabul, 1981)

En 1978 tuvo lugar la denominada revolución de Saur o revolución de abril, de carácter comunista, pasando el país a denominarse República Democrática de Afganistán, denominación que mantendría hasta el año 1992. El nuevo gobierno comunista impulsó importantes reformas económicas y sociales, como el fuerte impulso a la alfabetización y al acceso a la sanidad, la distribución de tierra entre los campesinos pobres, o las políticas de promoción de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

La toma del poder por parte del PDPA fue vista como una amenaza por parte de las potencias capitalistas occidentales, algunas de las cuales vieron con buenos ojos la entrada en escena de los muyahidines – combatientes fundamentalistas islámicos-, fervientemente anticomunistas, liderados entre otros por el saudí Osama bin Laden. Los muyahidines formaron un ejército irregular compuesto tanto por militantes afganos como por voluntarios llegados desde otros países islámicos ante la llamada a la “guerra santa” contra el gobierno prosoviético. Recibieron financiación, armamento y recursos por parte de Estados Unidos, Arabia Saudí, Pakistán e Irán, y fueron bautizados por el presidente de EEUU Ronald Reagan como “luchadores por la libertad”, recibiendo a su vez entrenamiento e información por parte de los servicios secretos de la OTAN, Israel, Pakistán y Arabia Saudí (Amirian y Zein, 2007: 102).

Fuente: The Independent

Los muyahidines desplegaron una táctica de guerra de guerrillas, recurriendo a la práctica sistemática de atentados terroristas con el objetivo de desgastar y poner en jaque al gobierno comunista de Kabul. En 1979, en este contexto de asedio al gobierno central, se produjo la ocupación soviética del país, que se prolongaría hasta 1989.

‘A pesar de que los medios de comunicación occidental insisten en que “los muyahidines lucharon para expulsar al ejército invasor soviético de Afganistán”, Zbigniew Brzezinski, el asesor de seguridad del presidente Carter, declaró abiertamente que el apoyo directo de EEUU a este grupo terrorista y criminal liderado por Osama bin Laden comenzó seis meses antes de que los soviéticos entraran en Afganistán con el fin de debilitar al régimen de Kabul’ (Amirian y Zein, 2007: 102)[4].

La intervención soviética en Afganistán se insertaba en un contexto de guerra fría (1947-1991), es decir, en un período de las Relaciones Internacionales caracterizado por la división del mundo en dos bloques de poder antagónicos: un bloque capitalista, liderado por Estados Unidos; y otro comunista, liderado por la URSS, estableciéndose un clima de tensión permanente y de pugnas entre ambos bloques por aumentar sus respectivas áreas de influencia.

Tal y como señala Brzezinski, la operación secreta de ayuda a los opositores al gobierno prosoviético de Kabul tenía como finalidad atraer a los rusos a caer en la trampa afgana: «ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su guerra de Vietnam» fueron las palabras dirigidas por Brzezinski al entonces presidente James Carter. En efecto, Moscú se vio forzado a “librar durante casi 10 años una guerra insoportable para el régimen, un conflicto que provocó la desmoralización y finalmente el estallido del imperio soviético” (Brzezinski,1998).

La guerra contra la ocupación soviética de Afganistán propició la expansión de la ideología integrista islámica, que propugna el retorno a una estricta observancia coránica tanto en el ámbito político como social. La imposibilidad de acabar con los muyahidines, así como la creciente impopularidad de la guerra -ante la creciente sangría de recursos humanos y económicos-, propiciaron la retirada soviética en el año 1989. Esta se produjo en un contexto de debilitamiento interno del régimen soviético[5], que acabaría implosionando en 1991 con la desintegración de la URSS y el surgimiento de un espacio postsoviético formado por 15 nuevas repúblicas de corte capitalista.

La retirada de la URSS abrió en Afganistán un período histórico marcado por las continuas disputas internas por el control territorial, quedando el país a merced de los “señores de la guerra” quienes, tras combatir a los soviéticos, pasaron a reclamar y ejercer su autoridad sobre los territorios bajo su control (Zamora, 2016: 261 y 262). La década de guerra había dejado un país asolado, en situación de caos y pobreza generalizada, generándose el caldo de cultivo que propició el posterior ascenso de los talibanes.

La desaparición del “enemigo soviético” propició el retorno de miles de “muyahidines” como Osama bin Laden a sus países de origen, iniciándose el proceso de expansión internacional de la organización armada Al Qaeda, convirtiéndose esta en una red con ramificaciones en los cinco continentes.

El movimiento talibán: claves de una irrupción fulgurante

En 1994 se produjo la entrada en escena del movimiento talibán en el sur del país. Los talibanes procedían de los pashtunes, grupo étnico mayoritario en Afganistán que había gobernado el país durante tres siglos, pero que había sido relegado por otros grupos étnicos (Rashid, 2002: 32). Los talibanes tenían como objetivo crear un gobierno islámico unido en Afganistán, defendiendo la aplicación estricta de la sharía o ley islámica. Cabe señalar que estos habían sido reclutados, armados, entrenados y financiados en territorio paquistaní por la CIA, Arabia Saudí y los servicios secretos de Pakistán (Zamora, 2016: 262).

Tras su toma de Kabul en el año 1996 el mulá Mohammed Omar fue elegido “comandante de los creyentes” en los territorios bajo su control, imponiendo una interpretación extrema de la sharía, apartando a las mujeres de la esfera pública y expulsándolas del sistema educativo, prohibiendo todo tipo de diversiones, música, televisión, así como la mayor parte de deportes y juegos (Rashid, 2002: 32). Los talibanes fueron consolidando su poder, pasando en 1997 a controlar el 90% del territorio, si bien su gobierno sólo recibió el reconocimiento internacional de Arabia Saudita, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos (Escola de Cultura de Pau, sf).

En opinión de Ahmed Rashid, autor de la influyente obra “Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo <> en Asia Central” y uno de los pocos periodistas internacionales que ha entrevistado a dirigentes talibán, la comprensión del fenómeno talibán se ve dificultada por la “excesiva reserva que rodea a sus estructuras políticas, sus dirigentes y el sistema de toma de decisiones en el interior del movimiento”. Este secretismo del movimiento se constata, entre otros aspectos, en su decisión de no emitir comunicados de prensa, y en la prohibición de las fotografías y la televisión, siendo desconocido incluso el rostro de sus mandos (Rashid, 2002: 38).

El movimiento talibán pronto pasó a adquirir una importante dimensión geopolítica. Así, en el verano de 1998, el creciente avance talibán en el norte de Afganistán, y su control de más del 80 por ciento del país, puso en movimiento un conflicto interregional por el control de las inmensas riquezas de petróleo y gas que contiene Asia central, en una competencia entre los estados y las compañías petroleras occidentales por la construcción de oleoductos y gasoductos (Rashid, 2002: 38-39). Dicha competencia llegaría a su apogeo tras la invasión occidental de 2001, efectuada con el pretexto de detener a Osama bin Laden y otros líderes de Al Qaeda. Esta organización había sido autora de los atentados del 11 de septiembre de 2001 efectuados en Estados Unidos, dejando un saldo de más de 3000 muertos y 6000 heridos. Los atentados proporcionaron a la administración Bush (2001-2009) una coartada para impulsar nuevas guerras en la región, materializadas en la invasión de Afganistán (2001), en la que tomaron parte países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia.

Deja un comentario

NOTAS:

[1] Para un acercamiento a las diferencias doctrinales entre sunnitas y chiitas véase el artículo “El islam y sus dos escuelas mayoritarias: el sunismo y el chiismo”, de Airy Dominguez, disponible en http://www.menanalisis.com/el-islam-y-sus-dos-escuelas-mayoritarias-el-sunismo-y-el-chiismo/

[2] Según un ranking de los 25 países más pobres del mundo, elaborado por la revista Global Finance, Afganistán se encuentra en el puesto número 10, siendo el país no africano más pobre de la lista. Véase: http://www.businessinsider.com/the-23-poorest-countries-in-the-world-2015-7 (consulta: 15 de marzo de 2018).

[3] En geopolítica se entiende por “estado tapón” a un país situado entre dos grandes potencias, que puede jugar un papel amortiguador de posibles tensiones, previniendo el conflicto entre ambas potencias.

[4] Tal y como señala Brzezinski, “fue el 3 de julio de 1979 cuando el presidente Carter firmó la primera directiva sobre la asistencia clandestina para los opositores al régimen prosoviético de Kabul. Y ese día yo escribí una nota al presidente donde le explicaba que en mi opinión esa ayuda provocaría una intervención militar de los soviéticos”. Véase la entrevista a Brzezinski, publicada en el portal Voltairenet, disponible en http://www.voltairenet.org/article185558.html .

[5] En aquellos momentos, la superpotencia soviética estaba inmersa en la perestroika, es decir, en el proceso de apertura y reforma (Glasnost) impulsado por su presidente Gorbachov.

BIBLIOGRAFÍA:

Amirian, Nazanín y Zein, Martha (2007): Irak, Afganistán e Irán. 40 respuestas al conflicto en Oriente Próximo. Ediciones Lengua de Trapo. Madrid.

Armanian, Nazanín (2017): 16 motivos del acercamiento de Rusia al Talibán, Público, 6 de abril de 2017, disponible en http://blogs.publico.es/puntoyseguido/3848/16-motivos-del-acercamiento-de-rusia-al-taliban/ (consultado: 13 de febrero de 2018).

Armanian, Nazanín (2018): Afganistán: la ola de atentados y la estrategia de Trump para Asia Central, Público, 1 de febrero de 2018, disponible en http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4631/afganistan-la-ola-de-atentados-y-la-estrategia-de-trump-para-asia-central/ (consultado: 8 de febrero de 2018)

Brzezinski, Zbigniew (1998): «Sí, la CIA entró en Afganistán antes que los rusos…», Voltairenet, disponible en http://www.voltairenet.org/article185558.html (consultado: 6 de marzo de 2018).

Castro, Ana María (2018): Afganistán ofrece amnistía a los talibanes para poner fin a la guerra, Mercado Militar, 1 de marzo de 2018, disponible en https://www.mercadomilitar.com/afganistan-ofrece-amnistia-a-los-talibanes-para-poner-fin-a-la-guerra-15053/ (consultado: 6 de marzo de 2018).

CIDOB (s.f): Biografia de Ashraf Ghani, disponible en https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/asia/afganistan/ashraf_ghani (consultado: 24 de febrero de 2018)

Dalrymple, William (2017): Afganistán, la guerra que nadie ha podido ganar, El País, 20 de agosto de 2017, disponible en https://elpais.com/internacional/2017/08/18/actualidad/1503067055_730227.html (consultado: 17 de febrero de 2018).

Dinucci, Manlio (2016): Afganistán, ocupación duradera, Voltairenet, 12 de octubre de 2016, disponible en http://www.voltairenet.org/article193677.html (consultado: 14 de marzo de 2018).

Escola de Cultura de Pau (s.f.): Afganistán, disponible en http://escolapau.uab.es/conflictosypaz/ficha.php?paramidioma=0&idfichasubzona=38 (consultado: 12 de marzo de 2018).

Flores, Félix (2018): A los talibanes les sale la peor competencia, La Vanguardia, 30 de enero de 2018, disponible en http://www.lavanguardia.com/internacional/20180130/44406280575/afganistan-talibanes-estado-islamico-isis-irak-siria.html (consultado: 7 de febrero de 2018).

Guallar, Amador (2018): La CPI recoge 1.17 millones de denuncias por crímenes de guerra en Afganistán, El Mundo, 19 de febrero de 2018, disponible en http://www.elmundo.es/internacional/2018/02/19/5a8adcc2468aebe0328b46d7.html (consultado: 25 de febrero de 2018).

Khan Sahel, Baber (2018): La ambigüedad de los talibanes alienta la esperanza en Afganistán, La Vanguardia, 16 de marzo de 2018, disponible en http://www.lavanguardia.com/politica/20180316/441560701607/la-ambiguedad-de-los-talibanes-alienta-la-esperanza-en-afganistan.html (consultado: 16 de marzo de 2018).

Lobo, Ramón (2009): Afganistán se olvida de las mujeres, El País, 24 de agosto de 2009, disponible en https://elpais.com/diario/2009/08/24/internacional/1251064801_850215.html (consultado: 13 de marzo de 2018).

Oxfam (s.f.): Crisis en Afganistán, disponible en https://www.oxfamintermon.org/es/accion-humanitaria/emergencia/crisis-en-afganistan (consultado: 5 de marzo de 2018).

Público (2013): La CIA envió decenas de millones de dólares a las oficinas del presidente de Afganistán después del 11-S, 29 de abril de 2013, disponible en http://www.publico.es/internacional/cia-envio-decenas-millones-dolares.html (consultado: 26 de febrero de 2018).

Rashid, Ahmed (2002): Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo <> en Asia Central. Ediciones Península, S.A. Barcelona.

RAWA (2007): Declaración por el día internacional de la mujer, disponible en     http://www.rawa.org/events/march8-07_sp.htm (consultado: 10 de marzo de 2018).

Serrano, Pascual (2008): Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, Ediciones Península, Barcelona.

Zamora, Augusto (2016): Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos. Ediciones Akal. Madrid.

Deja un comentario

AGRADECIMIENTOS

SUSCRÍBETE

MENAnalisis © 2017