Islam y democracia: el caso de Indonesia

Por Youssef Bouajaj

Una mujer sostiene un cartel frente a un Starbucks donde se produjo un atentado en Yakarta, Indonesia. Fuente: Associated Press Photo / Achmad Ibrahim

 

El islam suscita rechazo en sectores importantes de las sociedades occidentales. Según una encuesta de la organización norteamericana Pew Research Center, el nivel de rechazo del islam en países de Europa es de: España (50%), Italia (69%) Hungría (72%), Francia (29%), Reino Unido (28%) y Alemania (29%). Junto a lo anterior, en general no se cree en la posibilidad de un islam moderado compatible con la democracia.

Este artículo quiere demostrar que islam y democracia son compatibles, y que hay ciertos factores que dificultan el establecimiento de la democracia en los países musulmanes que no tienen que ver con el islam. El caso particular de Indonesia nos ayudará en esta tarea

 

Radiografía de los países musulmanes ¿cuáles son democráticos?

La principal institución encargada de clasificar que países son democráticos es Freedom House, una organización no gubernamental norteamericana financiada por el gobierno de los Estados Unidos. Freedom House utiliza dos criterios para considerar a los países democráticos: derechos políticos y libertades civiles. A cada criterio se le asigna una puntuación de 1 a 7, donde 1 es libre y 7 no libre. Con la suma de los valores en cada criterio se obtiene una cifra que se otorga a los países, donde 0 es nada libre y 100 libre.

Mapa 1: Libertad en el Mundo en el año 2017. Fuente: Freedom House

Si tenemos en cuenta las regiones con una presencia importante del islam, vemos que en el norte de África, destacan Marruecos (41 sobre 100) como parcialmente libre y la nueva democracia como tunecina (78), el único que país musulmán que ha llegado a la democracia plena después de la primavera árabe. En África subsahariana encontramos países parcialmente libres como Malí (45) y Nigeria (50) y países democráticos como Senegal (78). En Oriente Medio, únicamente encontramos a Kuwait (36) como país con cierta democracia. Por último, en Asia tenemos a Bangladesh (47) y Pakistán (43) como democracias no completas y la India, país con 200 millones de musulmanes que cuenta con una democracia consolidada (77). Estos datos demuestran que la democracia y el islam pueden ser compatibles, pero que el número de países musulmanes plenamente democráticos son pocos.

Una de las primeras cosas que hay que tener en cuenta sobre la falta de democracia en el mundo musulmán, es ver si las poblaciones están a favor de la democracia. Los datos del Arab Barometre, una iniciativa de académicos árabes y americanos para estudiar las conductas políticas de los árabes, ayudan en esta tarea. En el año 2016 se hicieron encuestas en Argelia, Marruecos, Jordania, Líbano, Túnez y Egipto, entre los resultados más destacados del Arab Barometre, en primer lugar nos encontramos que las sociedades árabes encuestadas creen que la democracia es el mejor sistema político, tal y como se observa en el gráfico 1.

Gráfico 1: Datos de encuesta de Arab Barometre.
Fuente: elaboración propia a partir de datos de Arab Barometre

Por otra parte, respecto si los clérigos han de influir al gobierno, los resultados incluidos en el gráfico 2, muestran la tendencia a la baja de la opinión a favor de que los religiosos influyan en el poder político.

Gráfico 2: Datos de encuesta de Arab Barometre.
Fuente: elaboración propia a partir de datos de Arab Barometre

 

 ¿Porque los países árabes no son democráticos?

Atendiendo a los datos anteriores queda claro que los musulmanes son favorables a la democracia, ahora toca ver cuáles son las razones que perjudican su establecimiento en los países musulmanes. Fareed Zakaria en su artículo,“islam, democracia y liberalismo constitucional, considera que un primer factor hace referencia a la política. Para Zakaria, los gobernantes de los países musulmanes han escogido malas ideas y las han implementado mal. El ejemplo que pone es el de Egipto que bajo Nasser abrazó el socialismo, que provocó burocratización y estancamiento. El autor lamenta que los países musulmanes estén peor que hace 50 años respecto a la democracia y el progreso.

El segundo motivo hace referencia a lo económico. Los países de la Península Arábiga tienen mucho capital gracias a la explotación de recursos minerales como el petróleo. Según Zakaria, los Estados que se enriquecen a base de sus recursos naturales, tienden a no desarrollarse, modernizarse o ganar legitimidad. Este fenómeno es conocido por “el mal del holandés”. Toda la actividad económica se encuentra en manos del Estado y los ciudadanos cuentan con pocos incentivos para crear empresas. Estos países no recaudan impuestos, provocando que los ciudadanos asuman una posición de sumisión, puesto que no tienen mecanismos para exigir responsabilidad en el Estado. El impuesto es una herramienta para exigir responsabilidad y transparencia al Gobierno.

Un tercer factor es la religión. La escasa presencia de partidos políticos y la falta de libertad de expresión, favorecen que en las mezquitas sean los únicos lugares donde se puede hablar de política, así como la aparición de movimientos políticos basados en la religión. En este sentido, Zakaria pone la revolución iraní como la fecha de inicio de los movimientos radicales islamistas.

El último factor hace referencia a la geopolítica. Algunos países islámicos tienden a aprovechar los conflictos geopolíticos como cortina de humo para tapar los problemas internos. El ejemplo principal es al conflicto Palestina-Israel, utilizado para los gobernantes para que los ciudadanos tengan un enemigo externo (Israel), con quién descargar toda la rabia, y así se olviden de quiénes causan los problemas internos.

Indonesia, ejemplo de democracia en el Mundo Musulmán

Indonesia es el país musulmán más poblado del mundo con 260 millones de personas. Se configura como una República con un sistema presidencialista y organizado como un Estado unitario. A nivel confesional, una de las principales virtudes que se le atribuye a Indonesia, es la de tener una visión tolerante del islam que le permite adaptarse a la democracia. El propio presidente de los Estado Unidos en su visita a Indonesia destacó “que muchas naciones musulmanas tendrían que aprender del espíritu tolerante de Indonesia. Muzaffar K Awan afirma que hay dos elementos clave que permiten que el islam practicado en Indonesia sea tolerante. En primer lugar, los movimientos religiosos Nahdlatul Ulama y Muhammadiyah, son dos organizaciones de grandes dimensiones (con 40 y 30 millones de miembros respectivamente), que tuvieron un papel clave en el proceso de independencia. La filosofía de estas organizaciones considera que la vida bajo la explotación interna o externa no es una vida digna, por eso la libertad individual y colectiva es sagrada y cada ciudadano tiene que luchar por ella. Las organizaciones religiosas han decidido no actuar en el ámbito político y centrarse en llevar a cabo sus tareas sociales. El resultado es una sociedad civil musulmana muy activa que propaga valores tolerantes islámicos como la ayuda a los pobres y educar a los niños.

En segundo lugar hay que destacar la Pancasila, un principio filosófico incluido en la constitución, introducido por Sukarno (líder nacionalista y primer presidente de Indonesia) que tiene 5 principios: (1) creencia en un único Dios, (2) humanismo civilizado, (3) unidad de Indonesia, (4) democracia y (5) Justicia Social. La Pancasila consigue que haya un islam tolerante y respetuoso con las minorías étnicas y religiosas. Esta ideología es aceptada por todos partidos políticos, tanto seculares como islamistas.

Gráfico 3: evolución de los resultados electorales en Indonesia. Fuente: Wikipedia *En las elecciones de 1999 se escogían 500 diputados, de los cuales 38 eran asignados al ejército. En las elecciones de 2004, el número de escaños a repartir era 550. A partir de las elecciones de 2009, el parlamento conformado por 560 diputados.

En cuanto a la democracia, el camino se inició en 1998, cuando el régimen de Mohammad Suharto llega a su fin tras más de 30 años de vida. Puede decirse que la transición a la democracia ha sido exitosa con la celebración regular de comicios. Los partidos políticos se dividen entre seculares e islamistas. No hay un conflicto entre ambos tipos de partidos, ya que por ley solo los partidos o coaliciones que tengan un 20% de los escaños del parlamento o hayan obtenido un 25% de votos en las elecciones legislativas pueden presentarse a las elecciones presidenciales. Esto da lugar a la formación de coaliciones de partidos heterogéneas entre seculares e islamistas. Como se observa en el gráfico 3, en todas las elecciones legislativas celebradas, los partidos secularistas han sido mayoría.

La fuerza más votada en las elecciones de 1999 fue el Partido Democrático Indonesio de la Lucha (PDI-P), secularista de centro. Pese a ganar las elecciones el parlamento eligió a Abdurrahman Wahid del Partido Despertar Nacional (PKB), islamista moderado, como presidente (las primeras elecciones presidenciales se celebraron en 2004). En las elecciones legislativas de 2004, el ganador fue el partido secularista y neoliberal Golkar. Sin embargo en las primeras elecciones presidenciales celebradas en el mismo año, la victoria fue para Susilo Yudhoyono, del Partido Democratico, de carácter secular. En 2009 Yudhoyono consiguió el triunfo tanto en las legislativas como en las presidenciales. En 2014 el PDI-P vuelve a ser la primera fuerza en el parlamento y a ganar las presidenciales.

En resumen, tras 18 años de democracia en Indonesia, las principales tendencias son en primer lugar, la consolidación de la democracia, -se celebran elecciones de forma regular, partidos de diferentes ideologías llegan al poder, el ejército se ha mantenido al margen de la política. En segundo lugar, la presencia de un sistema de partidos fragmentado, hay muchos partidos en el parlamento y ninguno llega obtener la mayoría simple. En tercer lugar, la idea de que el electorado no solo vota para mejorar la situación económica, también vota en contra de la corrupción, síntoma de votantes maduros. En último lugar, los partidos islamistas pese a mejorar sus resultados en las últimas elecciones legislativas, siguen sin poder aspirar a llegar al gobierno.

Gráfico 4: presidentes de Indonesia desde la llegada de la democracia. Fuente: CIDOB

 

Elementos para democratizar a los países musulmanes

Es el momento de preguntarse qué serie de reformas, tienen que tomar las sociedades musulmanas para poder vivir en democracia. Aquí, el elemento vital para la democracia, más allá de las instituciones democráticas es que haya una constitución. La constitución tiene que formar como contrapeso de poderes y además funcionar como garantía de derechos y principios. Es importante que una constitución se haga con un gran consenso, para garantizar que sea respetada y que en caso de desacuerdo pueda ser reformada. Marcus Mietzener considera que Indonesia es un país donde el proceso constituyente ha sido un éxito. Las razones hay que encontrarlas en los malos recuerdos del fracaso en el proceso constituyente de los años 50, marcado por la violencia y fragmentación política que abrió las puertas a la dictadura militar.

Muchos intelectuales occidentales consideran que las sociedades musulmanas tienen que acercarse al secularismo para poder aspirar a ser democracias. El secularismo no es garantía de democracia, puesto que Egipto con Nasser, Irak con Saddam y Libia con Gadafi eran regímenes seculares que gobernaban con autoridad. Según Anwar Ibrahim, hay una de serie elementos vitales por la democracia: (1) gobierno elegido en elecciones libres, 2) partidos de oposición tienen que poder ejercer la libertad de expresión y de reunión para poder criticar al gobierno, 3) la justicia tiene que ser pública y explícita y no secreta y arbitraria. Para Ibrahim, Indonesia es un claro ejemplo de país que ha conseguido llegar a la democracia, puesto que cuenta con elecciones libres, una constitución que reconoce muchas libertades fundamentales y respetadas por todos los poderes, prensa libre y los ciudadanos pueden protestar sin miedo a ser represaliados.

Alfred Stepan y Juan J. Liz proponen que haya una diferenciación institucional entre religión y Estado, donde haya una doble tolerancia. Esta doble tolerancia supone que las autoridades religiosas no interferirán en la política, mientras que el Gobierno no controlará a las instituciones religiosas siempre y cuándo respeten los derechos de los ciudadanos. Los dos autores destacan una política pública llevada a cabo en Indonesia que ha favorecido el respeto entre religión y democracia: aparte de tener días para celebrar festividades musulmanas, también tienen fiesta para las diferentes confesiones religiosas presentes en el país como el budismo, cristianismo, hinduismo y confucianismo.

A pesar de querer separar religión y Estado, es inevitable que partidos islamistas quieran llegar a gobernar. El hecho de que partidos con una base religiosa quieran gobernar, no tiene que ser un problema. En Europa hay partidos cristiano-demócratas y en ningún momento se cuestiona su existencia. El problema viene si los partidos islamistas se presentan con el objetivo de instaurar regímenes teocráticos, o instaurar políticas centradas únicamente en el colectivo musulmán. Reza Nasr considera que cada vez más están surgiendo partidos musulmanes demócratas como contraposición a los partidos islamistas radicales. Los partidos musulmanes demócratas se caracterizan por no querer consagrar el islam en la política, a pesar de que a veces lo utilicen para ganar votos. Estos partidos son resultado de integrar valores musulmanes sobre ética, moral, familia y derechos para convertir en plataformas políticas para ganar elecciones, se mueven más por la lógica de estar en el poder y para hacerlo tomarán decisiones pragmáticas para maximizar poder, siempre cumpliendo las reglas del sistema democrático. Si los partidos musulmanes demócratas se consolidan, ello supondría un gran adelanto para conseguir que islam y democracia fuesen compatibles. Para Nasr, Indonesia es un país musulmán dónde han surgido partidos musulmanes demócratas, puesto estas formaciones no quieren instaurar un Estado islámico y respetan la constitución.

Retos de la democracia en Indonesia

A pesar de que Indonesia sea una democracia, no queda exenta de tener problemas que a la larga puedan poner en peligro la democracia. En primer lugar, a pesar de tener un crecimiento económico de más de 4% desde el año 2000, 28 millones de personas viven en la absoluta pobreza, y una 40% de la población tiene el riesgo de caer en la pobreza extrema. En segundo lugar, la intolerancia hacia las minorías religiosas y miembros del colectivo LGTBI, está poniendo en peligro la tolerancia que hacía gala. La discriminación a la comunidad LGTBI es presente principalmente en la provincia Autonoma de Aceh, la única zona del país donde se aplica la sharia. En tercer lugar, el principal factor que está poniendo en riesgo la democracia es la corrupción. El Observatorio de la Corrupción de Indonesia, cifra en 414 millones de dólares el coste de la corrupción en el país. En definitiva, pese a que Indonesia ha consolidado un sistema democrático, ha de dar pasos para respetar más a las minorías y reducir la desigualdad económica.

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