La comunidad negra en Marruecos a través de los Gnawa

Por Airy Domínguez

Comunidad gnawa en Khamlia// Fuente: viajandomarruecos

Tradicionalmente asociado con una identidad árabe, Marruecos se caracteriza por poseer una heterogeneidad étnica y lingüística. Sin embargo, la plurinacionalidad del Estado no fue oficialmente reconocida hasta 2011, con la reforma constitucional del 1 de julio que fue empujada por las turbulencias sociales que atravesaba el país. Este país es el que mayor número de amazigófonos (hablantes del tamazight) acoge en su seno. Más conocidos como bereberes, los imazighen (plural de amazigh) son los pobladores originales del norte de África y sus descendientes y su lengua es el tamazight.

Según el censo oficial de 2004, el 90% de la población habla árabe mientras que el 28% de la población marroquí es amazigófona, pero las estimaciones de aquellos que luchan a favor de este colectivo afirman que más del 50% de la población marroquí habla amazigh, una cifra que podría ser incluso superior. Junto a árabes y imazighen se encuentran otras minorías étnicas, unos 90.000 saharauis y los gnawa, entre otros.

Distribución de los principales grupos etnolingüísticos en Marruecos. Fuente Joshua Project

La etnia negra de los gnawa es mundialmente conocida por su protagonismo en el festival musical internacional de Essaouira. Sin embargo, si nos adentramos en esta peculiar comunidad vemos que su historia ha sido tradicionalmente marginalizada en Marruecos, probablemente debido a su estrecha relación con la esclavitud. A finales del siglo XVI, la compra de esclavos y cautivos de guerra de las áreas de Europa empezó a descender, de modo que los países musulmanes del norte de África decidieron girar la vista hacia el África subsahariana, provocando un aumento del flujo de tráfico de personas a través del Sahara, que ya se venía dando desde el siglo XI y que se extendió hasta el siglo XIX. Estos esclavos fueron designados como Abid o Sudan en el caso árabe y como Haratin, Ismgan y Gnawa, en tamazight.

Lingüísticamente, se cree que “gnawa” deriva de la palabra bereber “gnawi”, que está asociada al color de la piel y significa “hombre negro”. Sin embargo, hay quienes afirman que la palabra “gnawa” nace del bereber gnawen, agnaw en plural, que significa “mudo” y era el nombre con el que se designaba en Marruecos a los esclavos negros procedentes del áfrica subsahariana. Esto responde a que las lenguas que hablaban estos colectivos resultaban incomprensibles tanto para arabófonos como berberófonos. En el caso de España, la palabra gnawa quedó registrada ya en el siglo XII, en el Diean (Cancionero) del poeta andalusí Ibn Quzman.

Enmarcado en un periodo de luchas territoriales, uno de los aspectos más destacados de estas comunidades esclavas es su vinculación con las fuerzas armadas de los sultanes. Los almorávides fueron la primera dinastía gobernante en Marruecos que recurrió a la utilización de un gran número de esclavos para engrosar las filas de su ejército. Fue precisamente durante este periodo, cuando el gobernante Yusuf Ibn Tashfin compró un grupo de esclavos negros y los envió a al-Andalus. Estas tropas adicionales permitieron que los almorávides derrotaran a Alfonso VI de Castilla en la Batalla de Zallaqa (1086), donde participaron 4.000 soldados negros.

La siguiente dinastía en recurrir a ellos sería la de los almohades. Estos contaron con una guarnición privada de soldados negros – guardias reales fundamentalmente – cuyas filas llegaron a contar con 30.000 soldados durante el gobierno de Muhammad an-Nasir. Fue precisamente en este periodo cuando se institucionalizó el reclutamiento de esclavos negros en el gobierno. Entonces este grupo pasó a ser designado como ‘Abid al-Makhzen, es decir, “sirvientes del gobierno”. 

La dinastía Saadi fue la tercera en emplear un gran ejército de esclavos de etnia negra.  Mawlay al-Mansur ordenó la invasión del imperio Songhay, en el actual Mali, en el año 1591. Ello brindó a Marruecos la posibilidad de tener un acceso directo a la adquisición de esclavos en la zona, los cuales, una vez más, fueron utilizados fundamentalmente con fines militares.

Gobernantes marroquíes desde la dinastía Idris a la Alauita

El reclutamiento de regimientos de personas de etnia negra llegó a un punto álgido a finales del siglo XVII, cuando Mawlay Isma’il dio órdenes de esclavizar a todas las personas negras, incluso a las que gozaban de libertad, para crear su propio ejército. Aún así, el mayor número de hombres, mujeres y niños esclavizados data del siglo XIX, cuando se cree que entraron en Marruecos unos 20.000 esclavos del África Occidental anualmente.  

Además de la utilización de los esclavos negros como filas del ejército, a estos se les asignaron numerosas ocupaciones, incluidas tareas en las casas, granjas, minas, oasis y puertos. Aquí, había una distinción entre las tareas asignadas a mujeres y hombres. Las esclavas se encargaban de las tareas domésticas o eran concubinas de la clase acomodada, mientras que ellos eran principalmente hombres y trabajaban en la agricultura.

De manera progresiva la población negra de esclavos fue alcanzando la libertad, ya fuese debido a su emancipación, su huída, o porque sus amos se vieron obligados a otorgarles libertad bajo diferentes circunstancias. Tras muchas generaciones, estos esclavos fueron liberados eventualmente y crearon sus propias familias y comunidades, como las de la orden mística gnawa. Hoy encontramos concentraciones importantes de comunidad negra en ciudades como Marrakech y Essaouira, precisamente porque en su día fueron mercados de esclavos importantes que estaban conectados con la ruta trans-sahariana.

Sin embargo, no todos los negros en Marruecos fueron esclavos originarios de África occidental, pues algunos eran nativos del sur del país. Hay académicos que sugieren que los grupos de personas de etnia negra eran indígenas del valle de Draa, además de agricultores sedentarios. Según estos estudios, con el avance de los romanos hacia el interior de Marruecos  (siglo III a. C.), los bereberes, que habitaban en las zonas costeras del Magreb del norte de África, podrían haber sido obligados a ir hacia el sur y competir con la población negra que habitaba en los oasis de Draa, dando lugar a una relación interdependiente o clientelar con los negros, en la que los bereberes asumieron el papel de patrón.

El fin de la esclavitud llegó a Marruecos con la conquista francesa del África saheliana y el consiguiente cierre de las principales rutas del comercio de esclavos. El descenso de la esclavitud supuso la construcción de comunidades propias por parte de aquellos que habían sido esclavizados, es aquí donde podemos situar a los gnawa.  

Espiritualidad y vida religiosa

Históricamente los gnawa han sufrido discriminación por parte de la mayoría arabo-bereber en las regiones en las que habitan, fundamentalmente debido a que se trata de una orden espiritual dentro de la sociedad islámica marroquí. No obstante, a pesar de la extendida marginalización de sus inusuales ritos religiosos, ceremonias y prácticas musicales, los gnawa han encontrado legitimación de su identidad cultural en las regiones y sociedades que habitan. Así, hoy no resulta complicado encontrar relaciones de cordialidad entre las distintas etnias, que incluso se prestan a colaborar en pro de intereses comunes como es el caso del turismo en el pueblo de Khamlia.  

A nivel espiritual, los gnawa poseen una vida religiosa activa y para ellos resulta crucial la creencia en la posesión y el trance. Estas son tradiciones animistas que, a pesar de la adopción del islam por el grupo, no han sido abandonadas sino que han combinado las creencias de esta religión con las tradiciones africanas pre-islámicas. Este grupo lleva a cabo tanto ceremonias grupales iniciadoras como terapéuticas, donde la música se presenta como protagonista para alcanzar el estado de trance. Estas ceremonias o rituales reciben el nombre de Lila (noche en árabe) y, como su propio nombre indica, se llevan a cabo durante toda la noche.

LA CEREMONIA

Suele tener lugar en el interior de una casa, santuario o centro de una familia o grupo gnawa. La primera parte de la lila se llama al-‘ada y es una especie de calentamiento que se acompaña con dátiles, leche, velas e incienso y está normalmente reservada para mujeres. Luego sigue lo que se conoce como Kuyu o Awlad Bambara, que empieza con la invocación de bendiciones sobre el Profeta Mahoma. Después viene ftuh ar-rahba, un ritual crucial que prepara el escenario para el mluk o entidades supranaturales. La ceremonia gnawa tradicional cuenta con siete secciones, cada una de las cuales representa a siete santos o espíritus ancestrales. Además, cada sección es asociada con un color particular, cada uno de los cuales simboliza una función determinada en la naturaleza y el mundo espiritual.

Para más información véase CONSTRUCTING A DIASPORIC IDENTITY: TRACING THE ORIGINS OF THE GNAWA SPIRITUAL GROUP IN MOROCCO y Hunters, Sufis, soldiers, and minstrels: The diaspora aesthetics of the Moroccan Gnawa

Otra de las creencias de este grupo étnico es que las desgracias raramente son accidentales, por lo que se inclinan a pensar que son causadas por espíritus malignos. Aquí, a través de sus ceremonias musicales y del estado de trance, buscan curar la locura y liberar a sus víctimas de las malas influencias. Es por ello que mucha gente busca la intercesión de los gnawa para solucionar diversos problemas (depresión, infertilidad, enfermedades, etc.) e incluso para preservar su buena suerte.

Con sus prácticas, la comunidad gnawa ofrece un ejemplo de cómo la gente reconstruye su identidad contra la ruptura de la continuidad cultural. Estas ceremonias les permiten, en cierto modo, escaparse de las identidades socialmente construidas, resultado de siglos de aculturación en la sociedad marroquí a la que llegaron como migrantes forzados, para personarse de nuevo como gente espiritualmente construida, independientemente de su identidad social en el mundo. Aún así, este carácter místico-espiritual de la comunidad gnawa no queda aislado del islam, pues esta religión ha penetrado en ellos al igual que en el resto de comunidades de la región.

Tras convertirse al islam, los gnawa adoptaron a Bilal como su predecesor y santo patrón. Esta fue la primera persona negra en convertirse al islam y en ser compañero del Profeta. Originario de Etiopía, nació en la esclavitud y se convirtió al islam cuando aún estaba en cautividad, llegando a ser torturado por su maestro debido a su conversión. Cuando un amigo cercano del Profeta, Abu Bakr as-Siddiq, escuchó del valor de Bilal, lo compró para liberarlo en nombre del Islam, y este pasó a convertirse en el asistente personal de Mahoma. Fue el primer muezzin (almuédano) de la comunidad islámica establecida en Medina. Una relación con el profeta que le dio a Bilal Bakara

Entendidos como una cultura de la diáspora existen paralelos artísticos y espirituales entre los gnawa y otros grupos negros espirituales en África como los stambouli en Túnez, los sambani en Libia, los bilali en Argelia, el culto Zar en Sudán y Bori entre los Hausa del norte de Nigeria y Níger. Hoy gran parte de esta comunidad parece estar perfectamente asentada en Marruecos, como muestra su falta de deseo de volver a su tierra ancestral y podría decirse que su diáspora está construida positivamente en torno al derecho de pertenencia a la cultura del islam. En esta línea, la posesión del espíritu Gnawa se basa y crea un parentesco con el sufismo. Este movimiento espiritual, que se encuentra muy implantado en Marruecos, supone una manifestación del islam caracterizada por su interpretación mística de la fe y un marcado carácter individualista. Se trata de una corriente que se encuentra muy apegada a las tradiciones populares, y que choca con el salafismo.  

Es precisamente la popularidad de estas cofradías sufíes la que ha permitido que las prácticas de los gnawa, con elementos un tanto alejados del islam, no sean perseguidas. Ambas corrientes comparten elementos de las prácticas de adoración Sufi en la utilización de la música y el movimiento. Por ejemplo, tienen características afines con órdenes sufíes marroquíes populares como Hamadsha, Aissaoua y Jilala, cuyas ceremonias también usan música para inducir a la posesión por parte de los espíritus e incluyen actos propios de las ceremonias de los Gnawa, como cortarse con un cuchillo pero no perforar la piel. Sin embargo, esto no significa que no haya diferencias. Por ejemplo, mientras que los grupos sufíes se reúnen para alabar a Dios y al profeta, aspirando al tawhid, o unidad con la divinidad, los gnawa y sus seguidores se reúnen para propiciar a los espíritus y sanar a los poseídos, mientras que alaban a Dios y su Mensajero, el profeta Mahoma. Además, los espíritus Gnawa no solo tienen su origen en el África subsahariana, sino que también están inspirados en el sufismo marroquí.

La música gnawa

La música gnawa ha cumplido y cumple una función importante en el campo espiritual, pues se encuentra muy vinculada a sus rituales religiosos, así como a sus recuerdos históricos y culturales. Ella encarna estos recuerdos, que son celebrados e invocados en canciones, bailes y cantos musicales, con el fin de emplearlos como el medio para acceder al reino espiritual.

Al igual que en la forma de vida y en la cultura de este grupo, su música deja ver la evidente conexión entre elementos propios de la música árabe del Norte y aquellos pertenecientes a la herencia subsahariana. En este sentido, sus ceremonias adquieren una especificidad musical en la que el misticismo sufí se fusiona con los ritmos del África Occidental pre-islámica. Además, aunque las lenguas vehiculares de los músicos gnawa de hoy día son el árabe y el bereber, en sus letras todavía sobreviven algunas palabras y frases religiosas de África occidental.

Este no es un estilo monolítico y uniforme. Dentro de ella destacan fundamentalmente dos estilos, por un lado, aquellos localizados en los centros de poder, por otro, los de los ámbitos rurales, que cuentan con una mayor influencia del folklore bereber. Diversos estilos como el Marsaui (en referencia al puerto de Essaouira), Shalhaui (Bereber) o Shamali (del Norte) se diferencian de acuerdo a las tradiciones locales, los dialectos o la composición musical.

Los gnawa han creado un género musical en Marruecos que les permite hacer frente a su tradicional lugar en el país. Si bien originariamente estos recurrían a la música y al baile para expresarse y curar el dolor, hoy esto parece haberse convertido en un género propio que ha entrado en el mercado internacional. A partir de la década de los 60, la música gnawa empezó a cambiar de contexto, transitando de su tradicional carácter ritual a los escenarios. Poco a poco su marca aumentó visibilidad hasta el punto de que en 1998 recibió el mayor reconocimiento con la creación del Festival de Essaouira donde se encontrarán todo tipo de variaciones, desde la más pura a la más híbrida. Allí, músicos de Estados Unidos, Europa, Brasil, India, Mali y Senegal, entre otros, actúan junto con los gnawa. Sin embargo, hoy las letras continúan teniendo en muchas ocasiones vinculación con las carencias propias del exilio y de la esclavitud. Un aspecto que hace que la música gnawa y el blues y la música espiritual con raíces en las canciones de los esclavos negros americanos, guarden una estrecha conexión.

Si hubiese que elegir un grupo pionero en la internacionalización de la música gnawa, este sería el grupo marroquí Nass el Ghiwane que llegó a incluir su producción en la gran pantalla a partir de la inclusión de la canción “Ya sahh” en la peícula La última tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese.

Este paso de la reducción de las ceremonias gnawas al ámbito privado a su inclusión en conciertos públicos turísticos ha generado controversia entre sus defensores y sus detractores. Por un lado están aquellos que defienden la degradación de la autenticidad de estas prácticas comunitarias debido a su comercialización y exposición, así como que las actuaciones gnawa en espacios europeos canadienses y americanos han alterado el significado de las ceremonias locales dando como resultado su desacralización. Por otro, hay quienes creen que se trata de una continuidad entre lo local y lo global, y no de una ruptura.

A pesar de ser un grupo marginal, los Gnawa han ejercido una influencia importante en la religión, los rituales y la música de la cultura arabo-bereber . Y es que constituyen una diáspora cultural formada por cazadores, sufíes, soldados y juglares, que durante siglos han estado vinculados a las dinámicas de viajes, intercambios, y negociaciones que comenzaron con la esclavitud y continúa en el presente esta vez, quizá, en forma de música.

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