Por Aitor Lekunberri

LA REPÚBLICA HEREDITARIA SIRIA: EL FRACASO DE UNA TRANSICIÓN

ÁLVAREZ-OSSORIO, Ignacio y GUTIÉRREZ DE TERÁN, Ignacio (2009) “La república hereditaria siria: el fracaso de una transición”. En IZQUIERDO, F. (Ed.) Poder y regímenes en el mundo árabe actual. Barcelona, CIBOB/Bellaterra, pags 265-300.

CONTENIDO

Para más información sobre la familia Asad véase: ¿Es el sectarismo la base explicativa del conflicto sirio?

AUTORES

Ignacio Gutiérrez de Terán

Profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, y ha publicado diversas obras como “Yemen, la clave olvidada del mundo árabe” (2014), o el “Informe sobre las revueltas árabes” (2012), este último coordinado junto a Ignacio Álvarez-Ossorio.

Ignacio Álvarez Ossorio

Profesor titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Alicante e investigador del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado varios libros, como "Siria contemporánea" (2009); "¿Por qué ha fracasado la paz? Claves para entender el conflicto palestino-israelí" (2007); "Elecciones sin elección. Procesos electorales en Oriente Medio y el Magreb" (2009) y “Siria: revolución, sectarismo y yihad” (2016).

ANÁLISIS

Núcleo del artículo:

El artículo “La república hereditaria siria: el fracaso de una transición” aporta elementos muy valiosos para analizar y comprender la evolución política de la Siria actual, planteando un análisis certero de cuál es la aritmética de poder presente en el seno del régimen sirio. Fue publicado en el año 2009, es decir, dos años antes del inicio de la Primavera Árabe y de la Guerra Civil Siria, pero presenta una gran actualidad, en la medida en que ayuda a entender algunas de las principales razones que explican la prolongada supervivencia del régimen sirio tras más de 50 años en el poder.

Tal y como señalan Álvarez-Ossorio y Gutiérrez de Terán, la República Árabe Siria es un estado gobernado desde hace más de 50 años por una alianza establecida entre el Partido Árabe Socialista (Baaz) y las Fuerzas Armadas. Entre 1970 y 2000 el país fue gobernado por Hafez al-Asad, quien presidía de forma simultánea el país, el Baaz y las Fuerzas Armadas. De su gobierno destacaron, entre otros aspectos, la militarización de la vida política, su preocupación por controlar a los servicios de inteligencia, el predominio del control estatal sobre la economía y sobre la vida de la población, así como la adopción de una política exterior basada en el panarabismo y el secularismo.

“Hafez al-Asad asentó las bases del sistema en el interior, cimentado en el control del Estado sobre todos los aspectos de la vida pública y privada de la población, desde la férrea supervisión de la seguridad nacional por parte de los servicios de inteligencia hasta la llamada estatalización o predominio de las empresas e intereses públicos”

(pág. 266-267)

Como militar, Hafez ideó una “cadena de mando que empezaba y terminaba en su persona, esto es, que los máximos responsables del ejército y los diversos servicios de inteligencia dependían directamente de él”. Esta estrategia de control del poder habría tenido, en opinión de los autores, una enorme importancia para asegurar la perduración del régimen. Así, el monopolio de los recursos de poder habría sido un aspecto central del régimen sirio, de forma que los principales puestos de poder quedarían en manos de familiares directos del presidente, pudiéndose hablar de una “asadización de Siria”.

“La verdadera naturaleza del sistema de poder sirio no reposa tanto en factores confesionales, ideológicos o regionalistas como clánico-familiares, ya que es en la familia – nuclear y extendida - de los Asad y toda su red de alianzas estratégicas donde debe buscarse la esencia de aquella”

Tras su muerte en el 2000, Hafez fue sucedido por su hijo Bashar al-Asad (actual presidente), quien ha intentado modernizar las estructuras administrativas y gubernamentales, colocando en puestos de responsabilidad a una nueva guardia integrada por tecnócratas y economistas formados en el extranjero, afianzándose la figura del “consejero presidencial”. Pero, en opinión de los autores, pese a este ascenso de nuevas élites, el “núcleo duro del estamento militar permanece fiel a las directrices de su padre”.

Dentro del mandato de Bashar es destacable el proceso de liberalización económica impulsado por el presidente. Este cuenta con una serie de reformas orientadas hacia el establecimiento de una economía de mercado, a partir de un acuerdo tácito entre el régimen y las élites económicas por el que “el poder aporta cobertura legal y política a las oligarquías afines y estas aseguran un respaldo financiero y empresarial”. En general, los intentos de modernización se han topado con problemas estructurales de la economía siria, como el burocratismo, el desempleo o las regulaciones restrictivas al comercio.

Es precisamente la corrupción el principal condicionante de la economía y el factor que garantiza la estabilidad del sistema, basado en el intercambio de prebendas pero, a la par, entorpece cualquier proceso de reforma

Las élites primarias del régimen de Bashar, es decir aquellas que controlan los principales recursos de poder y pueden competir eficazmente por su control, son esencialmente familiares cercanos al presidente, y han tejido una red de alianzas con familias adineradas. Por su parte, las élites secundarias, es decir aquellas cuya acumulación del poder depende de las primarias y que se presentan en forma de secretarios, asesores, gobernadores, etc., son básicamente las que soportan y garantizan la continuidad del sistema, ya que su posición dentro del sistema depende de la pervivencia de las élites primarias en el poder. Para asegurar el predominio y la supervivencia de estas élites en el poder son muy importantes los mecanismos de cohesión, lealtad, la corrupción en el empleo de recursos como el petróleo o el turismo, etc.

Por debajo de estas élites primarias se halla un conglomerado de élites secundarias, representadas principalmente por secretarios y asesores de ministerios, oficiales de segundo grado, altos y medios dirigentes del Baaz, gobernadores y responsables regionales y locales de los servicios de inteligencia. Estos componen el grueso militante y más activo del sistema y son los que, en realidad, mantienen el control directo sobre la población

(Pág.272)

En opinión de Álvarez-Ossorio y Gutiérrez de Terán, las Fuerzas Armadas y, en especial, su cúpula militar, son el pilar central del régimen sirio, con un poder casi absoluto. Es destacable, sin embargo, que el verdadero peso no reside en el Estado Mayor o en el ministerio de Defensa, sino fundamentalmente en los servicios de inteligencia y la guardia pretoriana.

En el artículo se aprecia, asimismo, la importancia adquirida por los servicios de inteligencia (Mujabarat) en manos de allegados de la familia de los Asad y de militares de lealtad absoluta, que tienen la tarea principal de evitar la aparición de disidencias que puedan afectar el sistema de poder de los Asad. Los Mujabarat se dividen en cuatro secciones: Directorio de la Seguridad Pública, Directorio de la Seguridad General, Inteligencia Militar e Inteligencia de las Fuerzas Aéreas.

La guardia pretoriana, por su parte, es una especie de “ejército de élite autónomo dentro de las Fuerzas Armadas” y constituye el “verdadero garante de la estabilidad del sistema diseñado por Asad”. Su misión es ejercer un control sobre las Fuerzas Armadas y hacer frente a cualquier conato de rebelión interna. Está dividida en diversas unidades, entre las que destacan la Guardia Republicana, las Fuerzas Especiales o la Tercera y Cuarta División Armada.

En cuanto al Partido Baaz, gobernante en el país desde 1963, la Constitución le confiere un papel de “líder de la sociedad”, y pese a que sus máximos dirigentes no forman parte de la élite primaria, en esencia guían sus decisiones a partir de los intereses del círculo de poder cercano a la Presidencia.

El artículo resalta la idea de que, a pesar del mencionado control absoluto del poder por parte de los Asad, también ha existido movilización política en Siria protagonizada por diversos grupos. En primer lugar, los sectores islamistas – destacando el papel jugado por los Hermanos Musulmanes- si bien su desafío fue derrotado a principios de los años 80. En segundo lugar, el Frente de Salvación Nacional formado en 2006 a partir de una alianza entre los Hermanos Musulmanes y el exvicepresidente Jaddam. En tercer lugar, la sociedad civil siria, que demanda reformas económicas, políticas y sociales; como iniciativa de la sociedad civil destaca la Declaración de Damasco de 2005, que reclamaba un gobierno democrático, la igualdad entre ciudadanos, etc. Y en cuarto y último lugar, el pueblo kurdo, que representa en torno al 10 % de la población y que demanda una mayor autonomía y respeto a su identidad cultural.

Finalmente, el artículo resalta el papel geopolítico de Siria dentro del contexto de ofensiva estadounidense en Oriente Medio tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Así, destaca cómo la administración Bush tuvo una actitud de oposición al régimen sirio a quien acusó de ser aliado de Irán y de apoyar el terrorismo internacional (al dar apoyo a grupos como Hamás y Hezbolá). Además, para debilitarlo implementó un conjunto de leyes, como la Ley de Responsabilidad en Siria de 2003, y sanciones, como la prohibición de las exportaciones de productos estadounidenses a Siria.

En definitiva, se trata de un artículo riguroso, que aporta elementos muy valiosos para entender cómo, en un escenario como el actual, marcado por un creciente desafío a la autoridad central, las élites del régimen siguen confiando en la permanencia de Bashar en el poder, corroborando la idea de la robustez de la red de alianzas estratégicas tejidas por éste en torno a su persona. Así, las élites primarias y secundarias podrían haber llegado a la conclusión de que su supervivencia como élites está muy ligada a la permanencia del presidente en el poder, la cual se ha visto favorecida por la intervención en el conflicto de países como Rusia e Irán, y de actores no estatales como Hezbolá.

Hipótesis:

A partir de un marco teórico: 

El marco teórico del artículo es la sociología del poder[1], que básicamente plantea la presencia de una permanente competición por la acumulación de poder entre las élites. Así, el objetivo prioritario de una élite va a ser siempre la acumulación diferencial de poder, es decir, adquirir más poder que los otros individuos de las élites, estableciendo una relación de tipo circular, que nunca termina. Es decir, según esta perspectiva, en cualquier sistema jerarquizado el poder es el factor analítico fundamental, y para maximizar dicho poder las élites cuentan con una serie de recursos, como el Estado, el petróleo, la ideología, su capacidad de coacción, o su reconocimiento internacional. A diferencia de las élites, cuando la población de una determinada sociedad buscar conseguir un objetivo concreto, establece relaciones de poder lineales, que tienen un principio y un fin, ya que cuando se ha conseguido el objetivo concreto la relación termina.

El marco teórico de la sociología del poder se inscribe y recoge aportes de diversas disciplinas de las Relaciones Internacionales: en primer lugar, tiene un importante componente de realismo, en la medida en que el análisis del poder y la búsqueda de la maximización del mismo juegan un papel central; pero, a diferencia del realismo, no incide en el estado como actor central (no es una aproximación estatocéntrica), si no en las élites, las cuales pueden usar el estado como un recurso para alcanzar sus ganancias en términos de poder.

En segundo lugar, la sociología del poder presenta elementos de teoría crítica, al analizar la posición de poder de una determinada élite desde una perspectiva histórica, entendiendo la realidad como un hecho “histórico” que puede ser modificado por la acción humana. Dentro de la teoría crítica, se relaciona fundamentalmente con la corriente neogramsciana de Cox, la cual a su vez “bebe” de las teorías de Gramsci sobre el poder, la hegemonía como construcción del “sentido común”, la relación entre poder económico, ideas, valores, etc. Esta vinculación con la teoría crítica se aprecia en el reconocimiento del papel que pueden jugar los movimientos sociales y la sociedad civil organizada de cara al establecimiento de un orden social basado en la emancipación.

Basándose en una serie de autores:

 

Haizam Amirah, investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, especialista en islam político y transiciones a la democracia en el mundo árabe, ha publicado libros como El Magreb: Realidades nacionales y dinámicas regionales(Madrid: Síntesis, 2008)

El alemán Volker Perthes, fue desde 2005 director del instituto alemán de Relaciones Internacionales y Seguridad.

El autor iraní Amir Taheri, de corte conservador, tiene diversos trabajos sobre Oriente Medio y sobre temas de terrorismo internacional.

El estadounidense Flynt Leverett es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Pennsylvania, y es un experto en Oriente Próximo, en temas energéticos, y en las dimensiones económicas de la seguridad internacional.

Stephen Zunes, investigador estadounidense en Relaciones Internacionales, especialista en políticas de Oriente Medio, política exterior norteamericana, y estrategias de acción no violenta.

Steven Heydemann, estadounidense especialista en Oriente Medio, particularmente en Siria, autor de libros como “Autoritarismo en Siria: instituciones y conflicto social” (1999).

NOTAS AL PIE:

[1] Ver IZQUIERDO, FerrAn (2007). “Poder y felicidad: Una propuesta de sociología del poder”. Madrid: La Catarata.

BIBLIOGRAFÍA:

ÁLVAREZ-OSSORIO, Ignacio y GUTIÉRREZ DE TERÁN, Ignacio (2009). “La república hereditaria siria: el fracaso de una transición”. En IZQUIERDO, F. (Ed.) Poder y regímenes en el mundo árabe actual. Barcelona, CIBOB/Bellaterra, pags 265-300.

DEL ARENAL, Celestino y SANAHUJA, José Antonio (2015). “Teorías de las Relaciones Internacionales”. Madrid, Editorial Tecnos.

IZQUIERDO, Ferrán (2007). “Poder y felicidad: Una propuesta de sociología del poder”. Madrid: La Catarata.

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