LAS PROTESTAS EN IRÁN (II):
El acuerdo nuclear y el tablero internacional

LAS PROTESTAS EN IRÁN (II):
El acuerdo nuclear y el tablero internacional

Por Airy Domínguez y Aitor Lekunberri

Edición y montaje de Airy Domínguez a partir de imágenes de El País y Univisión

 

El acuerdo nuclear: una victoria política para Irán

Como mencionábamos en el artículo LAS PROTESTAS EN IRÁN (I): factores internos y geopolítica , a comienzos de 2002, tras los atentados del 11 de septiembre, el presidente estadounidense George W.Bush acusó a Irán de apoyar el terrorismo internacional, incluyéndolo en el denominado “eje del mal”. Recurriendo a un lenguaje belicista, Bush aseguró que la “guerra no ha hecho más que empezar” y que “Estados Unidos no permitirá que los regímenes más peligrosos del mundo amenacen con las armas más destructivas del mundo” (González, E., 2002).

La invasión de Irak en 2003 hizo saltar por los aires los frágiles equilibrios de la región. Esta facilitó el ascenso al poder de las élites chiitas, aliadas de Irán, permitiendo por tanto el fortalecimiento del denominado eje chiita, lo que se tradujo en un nefasto resultado para los intereses norteamericanos. Por otra parte, la destrucción del aparato estatal iraquí y el vacío de poder resultante crearon el caldo de cultivo para el crecimiento de grupos armados como el Estado Islámico.

En este contexto, se inició una gran batalla diplomática entre Irán y una “coalición” compuesta por EEUU y la Unión Europea, en torno al programa nuclear iraní. Las tensiones por la reactivación de dicho programa se agravaron tras el ascenso a la presidencia iraní de Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) – quien sucedió al moderado Mohammad Jatami (1997-2005) –.

Sin embargo, tras la llegada en 2009 de Barack Obama a la Casa Blanca (2009-2017), las tensiones se recondujeron dando lugar a un acercamiento diplomático. Este se materializó en la firma, en 2015, del histórico acuerdo nuclear entre la República Islámica y un grupo de seis potencias occidentales (China, EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania).

En dicho pacto, oficialmente denominado Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), se acordó el levantamiento de las sanciones internacionales occidentales bajo el compromiso expreso de Irán de limitar el desarrollo de su programa nuclear. Entre los puntos clave del citado acuerdo cabe destacar:

    1. El compromiso de Irán de no producir uranio altamente enriquecido durante los próximos 15 años.
    2. El compromiso de Irán de deshacerse del 98% del material nuclear que posee, así como de eliminar 2/3 de las centrifugadoras que tiene instaladas.
    3. A cambio, Naciones Unidas se comprometió a levantar todas las sanciones que pesan sobre Irán vinculadas al programa nuclear.
  1.  

Fuente: BBC Mundo

Junto a lo anterior, el levantamiento de las sanciones permitió a Irán disponer de más de US$100.000 millones en activos congelados en el extranjero, así como vender con libertad su petróleo en el mercado internacional y recuperar el acceso a los instrumentos de comercio existentes en el sistema financiero global (BBC, 2016). De esta forma, se abría la puerta tanto a la entrada masiva de capitales e inversiones extranjeras, como al desarrollo de importantes flujos comerciales entre Irán y Occidente.

La firma del acuerdo nuclear supuso una importante derrota política y diplomática para Israel y Arabia Saudí, partidarios de la vía dura – incluso militar – para presionar a la República Islámica. En este sentido, ambos países se presentarán como fervientes defensores del mantenimiento y agravamiento del régimen de sanciones contra Teherán. Un contexto en el que la firma del PACC supuso el reconocimiento de Irán como potencia regional por parte de Occidente (Zamora, 2016:168).

Otra cuestión que despierta recelos e incluso atemoriza a los rivales regionales de Irán, – entre ellos Israel y Arabia Saudí –, es el hecho de que, a medio plazo, la política de apaciguamiento hacia Irán podría redundar en mayores niveles de desarrollo económico y social, dando mayor estabilidad y legitimidad a la élite política iraní. A ello hay que añadir la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y su reacia posición al mantenimiento del acuerdo nuclear.

 

El actual tablero internacional

La presente situación de confrontación diplomática entre EEUU e Irán, junto con las reacciones a las protestas protagonizadas en el país persa, han manifestado nuevamente la existencia de dos ejes, y por tanto, de sus intereses regionales e internacionales. Aquí, cabe aludir a la ausencia de bloques sólidos en Oriente Medio. En este sentido, Soler i Lecha señala que “ […] cuando se forja una alianza [esta] no se fundamenta en una identidad o proyecto común sino en el miedo. La percepción de qué o quién representa una amenaza cambia en función de acontecimientos puntuales y es así como proliferan alianzas que se circunscriben a un tema y suelen tener fecha de caducidad” (Soler i Lecha, E., 2016). El mencionado carácter líquido de los bloques queda igualmente plasmado las rivalidades, así, nos encontramos con actores tradicionalmente enemistados que hacen frente común en un tema concreto – sin que ello suponga su reconocimiento como aliados –. Un contexto en el que potencias como Arabia Saudí y, probablemente, Irán, continúan aspirando a liderar bloques sólidos (Ídem).

 

Eje EEUU – Israel – Arabia Saudí

Israel, tradicional aliado de EEUU en la región, se presenta como el primer país que aplaude el cambio de actitud estadounidense. Entre las principales motivaciones de su posicionamiento se encuentran el tradicional apoyo de Irán a grupos militantes palestinos y libaneses contrarios a Israel[1], así como el temor a que el país chií aumente su influencia en la región. Junto a él se encuentra Arabia Saudí, tradicional rival de Irán en el Golfo Pérsico, que ve en Irán una amenaza – tanto por su carácter influyente como por su programa nuclear y su marcada ideología –.

Pese a la tradicional frialdad entre Arabia Saudí e Israel, los lazos entre ambos países se han ido estrechando tal y como pone de manifiesto la entrevista concedida el pasado mes de noviembre por el jefe militar de Israel, Gadi Eisenkot, al periódico saudita Elaph. Un llamamiento a la acción conjunta de ambos países contra Teherán, donde Eisenkot señalaba el modo en que ambos podrían unirse para contrarrestar la influencia iraní en la región. Además, el militar israelí aseguró que Irán constituía la «mayor amenaza para la región» y que estaban dispuestos a compartir información con estados árabes «moderados» como Arabia Saudita (Beaumont, P., 2017).

En cuanto a las relaciones entre Arabia Saudí y Estados Unidos, cabe destacar que si bien estas rompieron su acostumbrada trayectoria de amabilidad con los atentados del 11S, el programa nuclear de Irán y sus guerras proxy han contribuido, junto con la lucha contra Al-Qaeda, a la mejoría de las relaciones. Ello sin olvidar lo que esta relación supone en términos de venta armamentística y, por tanto, en beneficios económicos para EEUU (Cooper, H. Y Lander, M., 2012).

 

Eje Irán – Turquía – Rusia

Entre las causas que han aumentado la percepción de Irán como amenaza se encuentran, por un lado, el estrechamiento de las relaciones entre este país, Turquía y Rusia y, por otro, la posibilidad de creación de un nuevo eje geopolítico que socave la política estadounidense. Esta aproximación se plasma en la cumbre trilateral de Sochi, donde se reunieron los mandatarios de Rusia, Turquía e Irán para sentar las bases del posconflicto sirio, así como en la visita a Ankara del presidente ruso Vladímir Putin. En este contexto, el reciente reconocimiento de Jerusalén como capital histórica de Israel por parte del presidente Donald Trump ha jugado un papel importante, entre otras cosas incidiendo en este aparente nuevo eje, siendo Turquía el principal detractor (Mansilla, B., 2017).

En relación a la aparente constitución de un nuevo eje euroasiático, el transcurso de los recientes acontecimientos ha servido como oportunidad para mostrar unidad. En este sentido, Rusia – aliada de Irán en el apoyo a Bashar Al Assad – se ha posicionado en contra de la injerencia extranjera en los asuntos internos del país, así como de los planes de revisión del acuerdo nuclear. Asimismo, tanto Erdogán como Siria han condenado los intentos de injerencia de EEUU e Israel.

NOTAS AL PIE:

[1] Entre ellos se encuentran el apoyo al movimiento nacional de liberación en la ocupación israelí de Líbano (1982) que llevaría al nacimiento de Hezbolá. Por otro lado, el caso más significativo en Palestina es el de Hamás.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Zamora, A., (2016): “Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos”, Madrid: Ediciones Akal

 

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MENAnalisis © 2017

LAS PROTESTAS EN IRÁN (I): Factores internos y geopolítica

LAS PROTESTAS EN IRÁN (I): Factores internos y geopolítica

Por Airy Domínguez y Aitor Lekunberri

Edición y montaje de Airy Domínguez a partir de imágenes de El País y Univisión

Con más de 80 millones de habitantes, una enorme riqueza en recursos naturales y energéticos, y una envidiable posición geoestratégica – en pleno golfo Pérsico -, Irán enfrenta un momento de gran tensión e incertidumbre. Aquí, las recientes protestas antigubernamentales y la voluntad de la administración Trump de poner fin al acuerdo nuclear de 2015, se presentan como motores fundamentales.

La reciente ola de protestas en Irán debe ser analizada no sólo en el contexto de dificultades económicas a las que se enfrenta el país, sino también en el marco de la disputa geopolítica presente en la región entre un eje suní, liderado por Riad, y un eje chií, liderado por Teherán. En el marco de esta disputa, países como Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí estarían tratando de influir en la política interna de la República Islámica mediante la presión económica y el apoyo político brindado a las protestas.

Las protestas antigubernamentales (diciembre de 2017 – enero de 2018):

Desde finales de diciembre de 2017, Irán se ha visto sacudido por una importante ola de protestas de carácter esencialmente descentralizado y ausentes de un liderazgo claro. Estas se han llevado a cabo en diferentes capitales de provincias y ciudades del país como Mashad, Neyshabur, Kamshmar o Shahrud (Hurtado, L.M., 2018) dejando, al menos, 20 fallecidos.

En opinión de la politóloga exiliada kurdo-iraní Nazanín Armanian, las recientes protestas han de entenderse en el contexto de una profunda crisis política, económica y social que azota al país. A lo anterior, habría que añadir la presencia de una lucha de poder entre dos facciones en el interior de la República Islámica: por un lado, un sector conservador liderado por una alianza entre el ayatolá Ali Jamenei y los jefes militares de los Guardianes de la Revolución Islámica; por otro, un sector “moderado” cuyo principal exponente es Hasan Rohaní, actual presidente del país (Armanian, N., 2017).

En cuanto la crisis socioeconómica, entre los principales problemas presentes en el país destacan el elevado índice de desempleo, el elevado coste de la vida, la corrupción, y las dificultades de ascenso social para una juventud[1]. Todo ello en un contexto de dificultades financieras fruto de la brusca caída de los precios de los hidrocarburos a partir de 2014.

Por lo que respecta a la lucha interna de poder, el sector conservador estaría tratando de instrumentalizar el descontento social para tratar de debilitar la posición del presidente Rohaní, bajo el entendimiento de que las políticas moderadas de este estarían socavando el liderazgo religioso y la autoridad de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (Kozhanov, N. 2018). Dicho sector conservador, ha utilizado una retórica antiimperialista, denunciando las injerencias exteriores que estaría sufriendo la República Islámica, en particular de EEUU e Israel, a quienes se apunta como responsables principales de alentar la ola de protestas. Así, el ayatolá Jamenei ha denunciado a “los enemigos de Irán que con diferentes herramientas como dinero, armas, política y servicios secretos se han aliado para crear problemas al sistema islámico” (Falahi, A., 2018). En esta línea, el embajador de Irán en la ONU, Gholamali Khoshroo, argumentó en el Consejo de Seguridad que su gobierno tenía «pruebas contundentes» de que las recientes protestas fueron «muy claramente dirigidas desde el exterior». La injerencia estadounidense en el país, de momento, sólo ha sido demostrada en lo retórico. En este sentido, en sus declaraciones, Trump manifiesta su apoyo a las protestas contra lo que considera un régimen corrupto, garantizando que recibirán un “gran apoyo de Estados Unidos en el momento apropiado”.

 

La relación entre EEUU e Irán

Fuente: whitehouse.gov

Más de dos años después del histórico acercamiento entre EEUU e Irán, la escalada de tensión entre ambos países es un hecho. Junto a la oleada de insultos hacia los líderes del país persa, la llegada de Donald Trump a la presidencia se ha manifestado en un giro diplomático en el que se encuentran acciones como el veto migratorio, la decisión de crear la designada ‘fuerza de seguridad’ en el noreste de Siria[2], o la pretensión de endurecer el acuerdo nuclear[3], entre otros.

Si bien la hostilidad de EEUU hacia Irán ha sido una constante, con la administración Obama daba la sensación de que las relaciones diplomáticas entre ambos países asistían a un cambio de rumbo. Los movimientos de Donald Trump se muestran encaminados a una dinámica del enfrentamiento, donde los aparentes deseos de viraje de la política internacional estadounidense y su distanciamiento de la región se desvanecen, siendo Irán el país en el punto de mira. Una política que lleva a EEUU a incumplir nuevamente Los Acuerdos de Argel de 1981[4], recurriendo, una vez más, al irónico discurso de actuar en nombre de los derechos humanos[5]. Pero, ¿por qué Irán?

 

Irán en clave geopolítica regional e internacional

El hasta 1935 reconocido por Occidente como Persia, es un país de historia milenaria que goza de una importante pluralidad étnica – persas, azeríes, kurdos, árabes, etc. –. A nivel religioso, el Islam se presenta como la corriente más extendida, siendo el islam chií predominante – religión oficial del Estado profesada por un 89% de la población – . En cuanto a su extensión, Irán cuenta con una superficie de 1.648.000 kilómetros cuadrados – más de tres veces la superficie de España –, poblada por más más de 80 millones de habitantes.

La importancia estratégica del país viene marcada por una serie de características políticas, económicas y religiosas, entre las que se encuentran su riqueza en recursos naturales, su carácter islamista, y el negocio de las armas. En lo que a los recursos naturales y energéticos se refiere, es el país del mundo con mayores reservas de gas y el cuarto en reservas de petróleo, cuestión que le ha llevado a ser codiciado por las grandes potencias internacionales. Así, a lo largo del siglo XX, “[…] Inglaterra primero, EEUU e Israel después, maniobraron para controlar Irán, para convertirlo en uno de los principales «Estados gendarmes» de Occidente en Oriente Medio” (Zamora, 2016: 163).

Políticamente hablando, la historia contemporánea del país está profundamente marcada por el impacto de la Revolución Islámica de 1979. Un levantamiento de carácter popular, antiimperialista y antioccidental que derribó a la dictadura del Shah – Mohammed Reza Pahlevi – y sacudió los cimientos geopolíticos de la región, al tiempo que propició la animadversión de países como Estados Unidos, Europa, Israel y Arabia Saudí, quienes no cesaron en su intento por debilitar a la naciente República Islámica[6]. Una implicación de las potencias occidentales que ha sido referida por Nazanín Armanian:

“Ya en 1980, y tras la caída inesperada del Sha, Henry Kissinger elaboró la ‘Doctrina de Doble Contención’ de impedir el desarrollo de Irak e Irán a beneficio de la hegemonía de Israel, como el único garante estable de sus intereses en la región. EEUU provocó la guerra entre Irak e Irán y después sometió a Irak a una continua destrucción que aun hoy continua. Y ha pretendido contener a Irán con sanciones económica, amenazas militares, incluso creando monstruos como el Estado Islámico (sunnita y wahabí), para arrastrar a la teocracia chiita de Irán a una guerra religiosa” (Anmanian, N., 2018).

A nivel económico, Irán se presenta como un territorio clave para el negocio armamentístico. En este sentido, las preocupaciones sobre la creciente amenaza estratégica de Irán, que continúan presentes en el siglo XXI, se han convertido en la base principal de las compras avanzadas de armas de los estados del miembros del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCG). Las principales compras de nuevo armamento realizadas en los últimos 20 años en el Cercano Oriente, tienen como cardinal catalizador la crisis del Golfo Pérsico. Dicha crisis culminará en la guerra del Golfo, donde EEUU, a la cabeza de la coalición que buscaba expulsar a Iraq de Kuwait, ocupará una posición de peso. De este conflicto derivarán consecuencias sustanciales para el negocio de las armas, a saber, el establecimiento de la potencia estadounidense como garante de la seguridad del Golfo, y la creación de nuevas demandas de compradores clave como Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y otros miembros de CCG[7] (Richard Grimmett and Paul Kerr, 2012), entre otras[8].

A nivel religioso, hay que tener presente que desde los años 80 del pasado siglo, la política de Oriente Medio ha estado marcada por la división geoestratégica de la región en dos bloques de poder que, aparentemente, responden a una cuestión religiosa. En este sentido, por un lado, estaría el bloque sunnita liderado por Arabia Saudí, con el que estarían países como Estados Unidos y el cada vez más cercano Israel. Por otro, el bloque chiita liderado por Irán, de marcado carácter antiimperialista y que cuenta en sus filas con aliados como Siria, Rusia y organizaciones político-militares como el Hezbolah libanés[9].

 

Las injerencias de EEUU en Irán

El enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán requiere de una regresión a las injerencias estadounidenses en el país persa. En este sentido, en la esfera política destaca la participación norteamericana en el golpe que culminó con el derrocamiento de Mohammed Mosaddeq[10]. Así, tal y como refieren informes de la CIA, este acontecimiento fue orquestado por las agencias estadounidenses y británicas, siendo el resultado el establecimiento de un hombre de confianza en el poder, el Shah (1953). Un logro que se vería truncado con la ya mencionada revolución iraní del 79, que dará el poder al Ayatollah Jomeini. Desde entonces el enfrentamiento es la dinámica recurrente en las relaciones entre ambos países, por lo menos hasta la llamada de Obama al presidente Rohuani.

En el campo militar, la carrera iraní se remonta a la década de los 50 cuando se proyectó, con la colaboración de EEUU, la apertura de varias centrales nucleares. Sin embargo, será un año después de la llegada de Jomeini al poder cuando, ante un ataque a la embajada americana en Irán por parte de seguidores del Ayatollah, el presidente estadounidense Jimmy Carter decida romper las relaciones con Irán. Desde ese momento se iniciará una escalada de tensión que culminará en septiembre de 1980 con la declaración de la guerra entre Irán e Irak – donde EEUU jugará un papel importante –. En este contexto, la administración Reagan impondrá las primeras sanciones y embargos a Teherán (1987). El siguiente gran desencuentro lo encontramos en 2002, cuando George W. Bush se decide incluir a Irán, Irak y Corea del Norte en el llamado «eje del mal». Junto a lo anterior, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) denunció el incumplimiento sistemático del tratado de No proliferación Nuclear por parte de Teherán, cuestión que, acompañada de una serie de reacciones y movimientos, generará inquietud en Occidente, siendo su respuesta la imposición de más sanciones y embargos[11]. No será hasta julio de 2015 cuando, tras tres años de negociaciones iniciadas, se firme el histórico pacto nuclear[12] con el que fuera el nuevo presidente – Rouhani – (La Información, 2016).

Más allá de su intervención en la esfera de las sanciones económicas y de su injerencia en asuntos políticos, se encuentra el apoyo a disidentes y grupos armados insurgentes por parte del país americano. Entre ellos se encuentran la «Asociación de Docentes de Irán»; la Fundación para la Democracia en Irán (FDI), y Consejo Nacional Iraní Americano (NIAC). Junto a lo anterior, en septiembre de 2000, quedo abiertamente expresado el apoyo de los senadores al grupo MEK Mojaheddin-e-khalgh. Además, de acuerdo con la Inteligencia pakistaní, los Estados Unidos usaron secretamente a otro grupo terrorista, Jundallah[13] (Sepahpour- Ulrich, S., 2018).

En la segunda parte del presente artículo, LAS PROTESTAS EN IRÁN: sinergias internacionales, se tratarán el acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015 y las repercusiones internacionales de la situación presente, así como su reflejo en dos bloques claramente definidos.

NOTAS AL PIE

[1] Para más información véase el artículo Six charts that explain the Iran protests

[2] EEUU y las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), alianza encabezada por milicias kurdas, pretenden crear un cuerpo de 30.000 combatientes que será desplegado en áreas fronterizas de la autoproclamada administración autónoma kurdosiria. Para más información véase el artículo Irán denuncia una “conspiración” estadounidense contra la integridad de Siria.

[3] El viernes 12 de enero, Donald Trump lanzó a los europeos un ultimátum para que le ayuden a endurecer el acuerdo en los próximos meses, amenazando con su retirada.

[4] El primer punto recogía la promesa de los Estados Unidos de no intervenir en los asuntos internos de Irán de todos modos.

[5] El pasado 2 de enero la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, afirmó que Trump apoyaba al pueblo iraní y aseguró que el «juego final definitivo de la Casa Blanca sería que los ciudadanos y el pueblo de Irán reciban realmente los derechos humanos básicos» y que el régimen «deje de ser un estado patrocinador del terror» (NBC News).

[6] Con este objetivo, armaron y financiaron al gobierno iraquí de Sadam Hussein en su guerra contra Irán (1980-1988), también conocida como la Primera Guerra del Golfo (Zamora, 2016: 163).

[7] Estados Unidos ocupó el primer lugar en los acuerdos de transferencia de armas con el Cercano Oriente durante el período 2004-2007 con el 30,3% de su valor total (casi $ 20 mil millones en dólares corrientes). El Reino Unido fue el segundo en estos años con el 26.5% ($ 17.5 mil millones en dólares corrientes). Recientemente, de 2008 a 2011, los Estados Unidos dominaron los acuerdos de armamento con esta región con casi $ 92 mil millones (en dólares corrientes), un 78.9% de participación (Richard Grimmett y Paul Kerr, 2012)

[8] En el campo del negocio armamentístico no se puede olvidar la existencia de un eje ruso-iraní, donde Rusia destacaría entre los vendedores de armas a Irán. Para más información véanse los artículos Russia-Iran Arms Trade y

Rusia expande su influencia en Medio Oriente con la venta de armas e inversiones petroleras

[9] Para una mejor comprensión de las diferencias doctrinales entre sunnitas y chiitas consultar el artículo “El islam y sus dos escuelas mayoritarias: el sunismo y el chiismo” disponible en: http://www.menanalisis.com/?p=568

[10] Elegido en 1951 rápidamente optaría por renacionalizar la producción de petróleo iraní – bajo control británico a través de la Compañía Petrolera Anglo Persa, futura British Petroleum (BP) –. Dicha medida preocupó tanto a Estados Unidos como a Reino Unido, para este último el petróleo de Irán era clave para su reconstrucción económica tras la guerra. Para una información más detallada véase el artículo La CIA admite su intervención en golpe de Estado en Irán en 1953. Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2013/08/130820_ultnot_cia_iran_am

[11] Para una información más detallada sobre las sanciones y embargos por parte de EEUU véase https://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/Programs/pages/iran.aspx . Para el caso de la UE véase: http://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions/iran/

[12] Acuerdo alcanzado por Irán y el Grupo 5+1 (China, Francia, Gran Bretaña, EEUU, Rusia y Alemania).

[13] Organización con base en Balochistan en lucha por los derechos de los musulmanes sunitas en Irán (TRAC, 2018).

 

BIBLIOGRAFÍA

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Zamora, A., (2016): “Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos”, Madrid: Ediciones Akal

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¿Es el sectarismo la base del conflicto sirio?

¿Es el sectarismo la base explicativa del conflicto sirio?

Por Airy Domínguez

(Aleppo 20/Septiembre/2012)
Fotografía de Airy Domínguez en la exposición Un día cualquiera de Manu Brabo

Las tendencias sectarias e identitarias predominantes en la historia de Oriente Medio han quedado impresas en el tablero sirio y, pese a no ser la causa única de la situación actual del país, resulta imposible entender lo que está sucediendo sin referirse a la minoría alauí ostentadora del poder en la actualidad. Como afirma Aslam Farouk en Sectarianism in Alawi Syria: Exploring the Paradoxes of Politics and Religion, antes de la división del mundo islámico en estados-nación la identidad se construía en base a la creencia religiosa, quedando los sujetos de los distintos imperios agrupados en función a sus afiliaciones religiosas. Dicha cuestión permitía, incluso antes de la llegada de los otomanos, diferenciar a los alauíes de otros grupos confesionales. Hasta su llegada al poder, el patrón histórico de esta comunidad se movía entre su tolerancia, rechazo o persecución. Opresión y marginación exterior que irán acompañadas de la presencia de divisiones internas más o menos acentuadas. Dicha tendencia, encuentra su punto de inflexión en la conquista de la Gran Siria por Egipto (1834), que resultará en la integración de los alauíes tanto en los aparatos institucionales del Estado como en el tejido social sirio [1].

Años más tarde, en 1916, el acuerdo Sykes-Picot dejaba a Siria bajo un mandato francés que promovió divisiones y construcciones geográficas artificiales. Este se apoyará en las minorías para su propio beneficio y edificará la política, al igual que hicieron los otomanos, en base a lo que Albert Hourani describe como “política de notables”, es decir, sobre una dependencia de las élites locales predominantemente sunnís que recuerda al sistema tribal de Libia, al menos hasta la caída de Gadafi (2011). La ocupación y el dominio francés provocarán la Gran Revuelta Siria (1925), el primer movimiento masivo contra el gobierno colonial en Oriente Medio; este deja ver la existencia de una identidad árabe al tiempo que vaticina la ruptura de la “política de notables”. Por otra parte, la firma del tratado franco-sirio de independencia (1936) pavimentará la vuelta de los apátridas alauíes a Siria, con su consiguiente integración social y religiosa, siendo el fallo del nuevo régimen continuar privilegiando políticamente a una minoría. Pese a ello, Siria asistirá a un pluralismo que permitirá la entrada de partidos como el de los Hermanos Musulmanes de Siria y el Partido Ba´th – este y la armada resultarán fundamentales para el aumento de poder de los alauíes  –.

De la crisis política que sigue a la independencia nace la Revolución Ba´th (1963), un golpe de Estado que permitió el ascenso de dicho partido al poder y de miembros del Comité Militar, un pequeño colectivo de la armada formado por minorías religiosas entre las que se encontraba Hafiz al-Asad. Aquí, los enfrentamientos políticos entre ba‘tíes y naseríes pronto se transformarán en luchas sectarias, especialmente a raíz de la presencia y participación más directa de los Hermanos Musulmanes, mientras que la lucha sunní contra los alauíes, drusos e ismaelíes[2] se intensificará dentro del Comité Militar, siendo tras el golpe de Estado de 1966 cuando los oficiales del ejército y los líderes del partido pasen a ser mayoritariamente alauíes (Marín Guzman, R., 2001). Además, surgirán disputas internas por el liderazgo que terminarán con la victoria de Hafiz al Asad.

Fuente: elaboración propia

De este modo, los centros de poder quedan en manos de esta minoría alauí, siendo la solidaridad sectaria y la represión las piedras angulares que permitirán no sólo que Asad se consolide en el poder, sino que tras su muerte este pase a manos de su hijo Bashar. Este seguirá los pasos autoritarios de su padre bajo una aparente identidad nacionalista árabe que, como apunta Yasin al-Haj Saleh, uno de los principales intelectuales del levantamiento sirio, responde a una táctica para “mantenerse en el poder hasta que muera y dejar su puesto a su hijo” (Postel y Hashemi, 2014). Serán este recurso al nacionalismo, la aparente política dura hacia Israel, y su “oposición” al imperialismo americano, lo que le permitirá mantener una cohesión hasta las revueltas árabes.

Pese al indudable sectarismo existente en la región, resulta difícil creer que este constituya la base explicativa del conflicto pues, como señala Aslam Farouk, hoy nos encontramos ante una sociedad donde la identidad no queda determinada únicamente por las ambiciones religiosas, pues las comunidades de fe han sido sustituidas por naciones-estado, y la nacionalidad se presenta como la base identitaria. En dicho escenario, los alauíes, afiliados a la rama chií del Islam, parecen haber quedado políticamente asociados con el clan Asad, con el que no necesariamente se identifican pero que ha explotado un discurso sectario para ejercer poder político[3]. Una perorata basada en la política de divide y vencerás de la que se hace eco en occidente. Todo ello enmarcado bajo un régimen coercitivo y autoritario cuya respuesta a las revueltas de 2011 ha supuesto la muerte de cientos de miles de personas, y un escenario ideal para la aparición de grupos armados que permiten al régimen vender la idea de la «guerra contra el terrorismo”, garantizar su interacción con las grandes potencias, adquirir legitimidad internacional, y perpetuarse en el poder.

(Aleppo-Siria el 2/octubre/ 2012)
Fotografía realizada por Airy Domínguez en la exposición Un día cualquiera de Manu Brabo

En esta línea, intelectuales como Yassin al-Haj Saleh rechazan la base sectaria del conflicto defendiendo que “cuando una estructura armada utiliza el ejército, los medios de comunicación y los recursos supuestamente nacionales para matar a su propio pueblo porque se opone a un gobierno tiránico no podemos hablar de sectarismo” sino del “aparato represor del Estado” (Postel,D., y Hashemi,N., 2014), y es que secta y Estado son cosas diferentes pese a que puedan coincidir. En definitiva, a pesar de la innegable existencia de factores relacionados con la identidad o la ideología, las acciones de los Estados actúan de acuerdo con la preservación o expansión del poder y sus intereses (Ghotme, R. A., Garzón, I. y Cifuentes, P., 2015).

El sectarismo no es más que una parte de un conflicto de carácter multidimensional, marcado por un legado colonial, donde participan una gran diversidad de actores. Junto al sectarismo, una guerra por el poder de Al-Assad frente a una población que reclama democracia, una pugna por la supremacía regional entre Arabia Saudí e Irán, un espacio en el que Turquía, Qatar y EAU ven una oportunidad para aumentar su influencia, un escenario de la lucha de las fuerzas kurdas para establecer su propia ‘revolución’, y una oportunidad para el EI, es, a grandes rasgos, lo que tenemos en la región.

NOTAS AL PIE

[1] En octubre de 1831, el ejército egipcio comenzó su campaña para conquistar la Gran Siria (entonces parte del Imperio Otomano). Su superioridad militar y la firma de un tratado de paz en mayo de 1833, harán que Egipto pase a considerar a la Gran Siria – junto con Creta y Adana – parte de su dominio. En lo sucesivo, los otomanos buscarán recuperar estos territorios, mientras que los egipcios comenzarán a reclutar sirios en su ejército. En respuesta a la intrusión, en septiembre de 1834 estallará el primer levantamiento Nusayri (Alawi), donde los rebeldes alauitas serán apoyados por los otomanos. En 1841 los otomanos recuperarán Siria reclutando, al igual que hicieron los egipcios, sirios en su ejército – alauíes entre ellos – . Aquí, pese a que el servicio militar obligatorio siguió siendo motivo de rebelión, este se presentó como “ […] en el primer paso hacia la transformación social y la integración de los alauíes en los aparatos institucionales del Estado y, como tal, en el tejido social más amplio de la sociedad siria” (Farouk, A., 2017: 212).

[2] Para más información sobre las diversas escuelas del islam véase nuestro artículo ¿Oriente Medio, MENA, Mundo Árabe? La diversidad terminológica de la región

[3] Como afirma el académico sirio Yasser Munif en el régimen de Assad priman dos discursos, el que le lleva a presentarse en público como un sistema laico, y uno paralelo de carácter sectario. En este sentido, Munif afirma que para consolidar su poder Assad construyó un “sutil” equilibrio entre sunitas y alauitas, así como entre el partido y el ejército, consiguiendo el imprescindible apoyo sunita mediante la otorgación de “[…] algunas posiciones a ciertos generales y comerciantes etc., pero cada vez que había confrontaciones, y en cada purga, los alauitas ganaban y conseguían más posiciones estratégicas dentro del ejército, el aparato de seguridad y dentro del partido. El régimen de Assad jugaba con estas contradicciones, instigando la oposición entre la clase sunita urbana y la clase sunita rural y sunitas de diversas regiones, aprovechando estas contradicciones y diferencias para consolidar su poder”. Junto a lo anterior, el experto retrocede a la década de los 80 para explicar cómo el régimen sirio aplastó la rebelión de la Hermandad matando entre veinte y cuarenta mil personas en Hama, y cómo recurrió a los saudíes para abrir escuelas religiosas y propagar el wahabismo – todo con la aprobación de Arabia Saudí quien se comprometía a no apoyar a la Hermandad– . Con ello Munif pretende señalar que esta dinámica en la que se pronunciaban discursos sectarios entre ciertos segmentos de la población mientras el régimen se presentaba como laico y moderno se repite en la actualidad. Finalmente señala que el régimen emplea “ […] el sectarismo no como un aparato ideológico, sino […] como una herramienta pragmática: abatir a una parte de la población contra la otra para consolidar su poder, en lugar de usar el sectarismo como lo hace ISIS, como fundamento de su Estado” (Khalil., 2017).

BIBLIOGRAFÍA

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Farouk –Alli, A., 2014. Sectarianism in Alawi Syria: Exploring the Paradoxes of Politics and Religion. Journal of Muslim Minority Affairs, 34: 3, pp. 207-226.

Ghotme, Rafat Ahmed; Garzón, Ingrid y Cifuentes, Paola., 2015. Las relaciones internacionales de la guerra civil siria a partir de un Enfoque regional: hegemonía y equilibrio en Medio Oriente. Estudios Políticos, 46, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp. 13-32.

Postel, D. y Hashemi, N. (18-03-2014). “La conciencia de Siria”. Rebelion. Disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=182153 (Consultado el 12/12/2017)

Grimal, H., 1989. Historia de las colonizaciones del siglo XX. Madrid: Iepala

Khalil, Y., 2017. Entrevista a Yasser Munif: la tragedia siria es hoy una cuestión moral y política clave. Vientosur. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12118 [Consultado: 17/01/2018]

Maiquez, M., 2015. Acuerdo Sykes-Picot (1916). Recortes de Oriente Medio [Blog]. Disponible en: https://recortesdeorientemedio.com/the-sykes-picot-agreement-1916-2/ [Consultado: 19/01/2018]

Marín Guzmán, R., 2013. Origen y desarrollo del fundamentalismo islámico en Siria: lucha de clases y enfrentamiento sunní-ʿalawí. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos., Norteamérica, 50. Disponible en: http://www.meaharabe.com/index.php/meaharabe/article/view/229/226. [Consultado: 19/01/2018]

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¿Oriente Medio, MENA, Mundo Árabe? La diversidad terminológica de la región

¿Oriente Medio, MENA, Mundo Árabe? La diversidad terminológica de la región

Por Youssef Bouajaj y Airy Domínguez

Actualmente existe una falta de unanimidad respecto a la terminología a emplear para referirse al grupo de países que abarcan desde el norte de África hasta el Golfo Pérsico, siendo Oriente Medio, Mundo Árabe y región MENA, los términos más empleados.

Gráfico 1: Países que conforman Oriente Medio. Fuente: Elaboración propia a partir de los mapas de amcharts

El concepto de Oriente Medio nos lleva a hablar del concepto de Cercano Oriente, que tiene su origen el siglo XIX, siendo los británicos quienes recurren a él para designar Egipto, las costas del Levante, el Imperio Otomano y los territorios de la Península Arábiga, es el conocido como Oriente Próximo. Junto a él nos encontramos con el término Oriente Medio o Middle East, recogido por los ingleses a partir de la Segunda Guerra Mundial. Este nace de la pretensión de diferenciar el Oriente Próximo – que incluía a los Balcanes bajo el dominio del Imperio Otomano [1] – y el Extremo Oriente – formado por China, Japón y Corea – de la India, entonces bajo control británico.

En lo que a las connotaciones del término se refiere, es importante señalar que tiene una fuerte carga eurocéntrica, ya que viene dado por su emplazamiento respecto a Europa. Además, parte importante de las informaciones ofrecidas en los medios de comunicación han contribuido significativamente a su carga, haciendo que en el imaginario colectivo este quede asociado a situaciones de guerra y terrorismo, fundamentalmente.

En cuanto a la expresión Mundo Árabe, esta se emplea para designar un área que engloba una serie de Estados con una herencia cultural y política árabe común[2]. Sin embargo, al igual que ocurre con Middle East, este concepto cuenta con una serie de limitaciones. En primer lugar, no engloba a potencias como Irán, Turquía, o Israel, las cuales tienen una gran influencia en el Mundo Árabe. En segundo lugar, no tiene en cuenta a minorías nacionales no árabes como pueden ser los bereberes o los kurdos.

Gráfico 2: Países que conforman el Mundo Árabe. Fuente: elaboración propia a partir de los mapas de amcharts

Junto a lo anterior, cabe señalar que cuando se habla de Mundo Árabe se esta haciendo referencia a un área geográfica que está dividida en dos zonas claramente diferenciadas, a saber, el Magreb – en árabe significa poniente y es la parte occidental del mundo árabe – , y el Máshreq – en árabe significa levante y es la parte más oriental del mundo árabe – .

Gráfico 3: Los países en verde pertenecen al Magreb, los resaltados en azul al Mashreq. Fuente: Pew Research

Por último, nos encontramos con la expresión Middle East and North Africa, MENA por sus siglas en inglés. Esta da nombre a nuestra web, y es cada vez más recurrente en los ámbitos académicos y de la cooperación, pues tiene un carácter más neutral y fiel tanto a nivel étnico como geográfico. Así, incluye tanto a los países que forman parte del Mundo Árabe y Oriente Medio, como a las minorías nacionales no árabes.

Gráfico 4: Los países que conforman la región MENA. Fuente: elaboración propia a partir de los mapas de amcharts
Gráfico 5: Distribución de la población musulmana en el mundo. Fuente: Pew Research

Finalmente, por aludir a un término más amplio, cabría mencionar el concepto Mundo Islámico. En este sentido, destacar que pese a la patente tendencia a pensar que los musulmanes viven únicamente en el Norte de África y Oriente Medio, la realidad es que casi 1.000 millones de musulmanes viven en la región de Asia-Pacifico (62% del total). Así, países como Indonesia, India o Pakistán alcanzan los 200 millones de fieles.

De este modo, el término Mundo Islámico se emplea para referirse a todos los países cuya religión mayoritaria es el islam. En el mundo hay en torno 1.600 millones de fieles al islam. En ellos está comprendida gran parte del Asia Central, Oriente Próximo, Oriente Medio y Extremo Oriente, todo el mundo árabe y gran parte de los países del África subsahariana. 

Gráfico 6: Los países musulmanes más poblados del mundo en la actualidad y las tendencias del futuro. Fuente: Pew Research

NOTAS AL PIE: 

[1] Tras la desaparición del Imperio Otomano, Oriente próximo se usa como sinónimo de Oriente Medio

[2] La Liga Árabe se presenta como el ejemplo más significativo del término. Esta se trata de una institución internacional que engloba a los 22 países árabes.

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