«Fragmentación de Estados, nuevos regímenes: violencia estatal militarizada y transición en Oriente Medio»

Por Airy Domínguez

Fragmentación de Estados, nuevos regímenes: violencia estatal militarizada y transición en Oriente Medio

Stacher, Joshua (2015). “Fragmenting states, new regimes: militarized state violence and transition in the Middle East”. Democratization, vol. 22, 2, pp. 259-275

CONTENIDO

Como punto de partida, Joshua Stacher se centra en la literatura existente sobre las Primaveras Árabes, señalando cómo ésta ha quedado impregnada por las teorías de la modernización y referencias a la “tercera ola de democratización”. Junto a lo anterior, el autor advierte una anomalía pues ha excepción del caso tunecino en el marco de las revueltas de 2011 no se han materializado la democratización y el proceso de transición alejado de la autocracia al que se creía conduciría la oposición de la clase media educada. Así, aprovechando el creciente interés académico por los procesos de transición tras la irrupción de las revueltas, Stacher defiende que la literatura tradicional es limitada e imposible de aplicar en el análisis de las Primaveras Árabes debido a que se focaliza únicamente en las transiciones pactadas, el poder de la movilización popular y el aumento de la democratización a través de elecciones. En este sentido, afirma que “one problematic aspect of a transitions lens is that it suggests a temporary phase that leads either to democracy or a return to a pre-transitory state. Yet, in the Arab case, there has been neither a democratic transition nor a simple return to authoritarian pre-transitory politics” (Stacher, J. 2015: 270).

 

"Un aspecto problemático de una lente de transición es que sugiere una fase temporal que conduce a la democracia o al retorno a un estado pretransitorio. Sin embargo, en el caso árabe, no ha habido ni una transición democrática ni un simple retorno a la política autoritaria previa a la transitoriedad ".

Joshua Stacher

En esta línea, el investigador ofrece una dinámica diferente y señala cómo la movilización popular ha supuesto la ruptura con las prácticas previas, por un lado, y la fragmentación del aparato del Estado, por otro, provocando que las élites militaricen la política y la sociedad empleando elevados niveles de violencia. De este modo, lo que ocurre es que se impide la transición, pues los agentes contra- revolucionarios actúan para bloquear el empoderamiento popular a través de la construcción de nuevos regímenes autoritarios. Así, el objetivo del texto es revisar las asumidas transiciones democráticas a partir de la violencia estatal resultante de estos levantamientos.

Joshua Stacher

Joshua Stacher estudió Políticas comparativas y Movimientos Islamistas en Oriente Medio en The American University en El Cairo, donde recibiría su Máster en Ciencias Políticas en 2002. Posteriormente, en 2007, Stacher fue doctorado por la University of St. Andrews (Escuela de Relaciones internacionales) con su tesis Adapting Authoritarianism: Institutions and Co- optation in Egypt and Syria. Tras ello daría el paso a la carrera docente ejerciendo en la Maxwell School of Citizenship and Public Affairs en Syracuse (Nueva York). Desde 2008 es profesor asociado en el departamento de Ciencias Políticas de la Kent State University, estando su beca focalizada en políticas, violencia estatal, protestas y movimientos sociales. Además, es miembro fundador de Noetheast Ohio Consortium on Middle East Studies (NOCMES), cuya actividad se centra en la educación pública en la región, y entre 2012 y 2013 fue miembro del Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson. Conocedor de la lengua árabe y los dialectos de Egipto y Siria, el autor ha plasmado en su literatura su interés por los partidos de oposición, el activismo de los Derechos Humanos, y el modo en que los regímenes estructuran la cultura política de la población. Así mismo, en sus últimos trabajos se ha centrado en la cuestión del autoritarismo y su adaptabilidad tal y como refleja su obra Adaptable Autocrats: Regime Power in Egypt and Syria

Para construir su argumento, el autor parte del análisis de las aproximaciones teóricas previas atendiendo a lo que él considera como carencias. Así, se centra en la aplicación de los estudios de transitología de Stepan y Linz, en la Tercera Ola de Democratización con O´Donnell y Schmitter y en las transición tras la caída de dictadores post-comunistas en EU con McFaul y Bunce. Todo para llegar a la conclusión de que ninguna de estas aproximaciones tiene en cuenta el papel de la violencia del Estado en la conformación de las tangentes tras la Primavera Árabe. Con ello destaca una falta de trabajo en la violencia política de las élites del Estado tras la ruptura del autoritarismo.

Para encaminar su construcción argumental emplea la teoría designada por Fein como More Murder in the Middle, en la que se afirma que muere más gente en los procesos entre autoritarismo y la democratización que en cualquiera de estos dos polos. Un aportación teórica que admira y problematiza debido a que, pese a ofrecer datos, no habla de las causas y los efectos, asumiendo que el resultado es una transición hacia la democracia. Otra autora sobre la que se apoya para conformar el texto es Laleh Khaliti, quien para el autor es de las pocas que hablan sobre violencia política en el Mundo Árabe. Sin embargo, el artículo es presentado por Stacher como complementario al trabajo de Charles Tilly centrado en cómo la violencia ayuda en el proceso de construcción del Estado, o como el autor prefiere conceptualizarlo, del regime- making.

A continuación, basándose en la existencia de una violencia comúnmente aceptada antes de las revueltas en los distintos espacios de la región, Stacher explica cómo las Primaveras dieron lugar al periodo más violento de la relación entre el Estado y la sociedad de la historia contemporánea de la zona. Así, señala cómo en unos casos se dio una militarización y reconfiguración de los regímenes de algunas partes de lo existente en el momento anterior por parte de las élites que sobrevivieron, mientras que en otros se asiste a un colapso de los regímenes que puso al Estado en riesgo y dejó un vacuum en el que la autoridad se volvió una competición. Cuestiones que afirma bloquearon cualquier proceso de democratización, sin que ello haya supuesto la vuelta al status de antes de las revueltas sino a un regime-making que necesitaba de violencia estatal como herramienta e ingeniería política.

Estos argumentos, señala el autor, suponen un giro en el paradigma de la transición pues “rather than regime softliners and opposition moderates winning the day, regime hardliners block, obfuscate, and delay democratization, often using violence against society” (Stacher, J. 2015: 264). En este punto dirá que la oposición tiende a dividirse en los moderados, que quedan desacreditados, y los radicales, que son empoderados y responden con violencia, lo que dará lugar a una espiral entre los extremos del Estado y los de la sociedad, con las consecuencias en términos de violencia y poder que ello supone. Así, el texto defiende que ello “leads to a militarization of states as armies and security forces re-enter the halls of governance. The return of military and security specialists to the centre of power leads to escalated levels of state violence – including both body counts and other types of violence like military courts for civilians, employing third-country mercenaries, and highly coercive crowd-control policing” (Stacher, J. 2015: 264).

Lleva a una militarización de los estados a medida que los ejércitos y las fuerzas de seguridad vuelven a entrar en los pasillos de la gobernanza. El regreso de especialistas militares y de seguridad al centro del poder lleva a niveles de violencia estatal en aumento, incluidos recuentos de cadáveres y otros tipos de violencia como tribunales militares para civiles, recurriendo a mercenarios de terceros países y una política de control de multitudes altamente coercitiva "

Joshua Stacher

Posteriormente, para desarrollar su hipótesis el analista escoge cinco países (Túnez, Egipto, Libia, Siria y Bahrein) ejemplificando cómo ha actuado la violencia en cada uno de ellos. Así, sitúa el caso de Túnez como el más optimista y el de Siria como el opuesto debido a la guerra civil resultante. Posteriormente se centra en Libia, la batalla por el poder y la consiguiente violencia y militarización como eje de lo que ocurre tras el asesinato de Gadafi. Por último, se centra en el caso de Egipto posicionándolo como el gran ejemplo en el que la violencia de Estado se ha empleado para la construcción de un nuevo régimen al ser empleada por las élites para formalizar una coalición de mando más estrecha, estructurar la arena política y regular las relaciones entre el Estado y la sociedad. Con todo, Stacher presenta la violencia del Estado como herramienta que se aplica en mayor o menor medida para permitir la re-acomodación de las élites, así afirma que “becomes a window onto the relative strength of the state. When a regime is in equilibrium with its society, violence is selective and deployed when politics fails. It is also limited. When the state apparatus has been rapidly weakened or under threat, state violence is deployed on a massive scale to smash resistance to the new regime in formation” (Stacher, J. 2015: 269).

La violencia del Estado "[...] se convierte en una ventana a la fuerza relativa del [este]. Cuando un régimen está en equilibrio con su sociedad, la violencia es selectiva y se despliega cuando la política fracasa. También es limitado. Cuando el aparato estatal se ha debilitado rápidamente o está bajo amenaza, la violencia del estado se despliega en una escala masiva para aplastar la resistencia al nuevo régimen en formación ".

Joshua Stacher

Stacher concluye alegando que ha habido cambios políticos en la región, una fragmentación del orden político anterior y un advenimiento en la mayoría de los casos de una aumento de la violencia que ha militarizado el aparato de gobierno. Igualmente señala cómo la ingeniería política de las élites se manifiesta contra los ciudadanos en forma de violencia con el fin de mantener parte del régimen anterior o de construir uno nuevo a partir de sus cenizas. En definitiva, llega a la conclusión de que las movilizaciones por el momento no han llevado a la democratización, al tiempo que presenta la violencia contra-revolucionaria como una nueva forma de reconstitución del régimen al afirmar que “[…] in not sourcing the expansion of counter-revolutionary violence they are prevented from understanding its role, as a new form of regime re-formation” (Stacher, J. 2015: 270) .

"[...] al no obtener la expansión de la violencia contrarrevolucionaria, se les impide comprender su papel, como una nueva forma de reforma del régimen".

ANÁLISIS

Stacher construye su propuesta sobre los cimientos de las Ciencias Políticas, así parte del análisis de las premisas básicas de la transitología, tal y como ha sido planteada hasta el momento, para llevarla al marco de las Primaveras Árabes y problematizarla. De este modo, se centra una serie de aproximaciones teóricas y en sus carencias, entre estas se encuentran la aplicación de estudios de transitología de Stepan y Linz, la aproximación teórica de la tercera ola de democratización con las aportaciones de O´Donnel y Schmitter, y el trabajo de McFaul y Bunce en la transición tras la caída de dictadores post-comunistas en la UE. Será el análisis de estos últimos el más aplaudido por el autor debido a que dan importancia a la agencia y la estructura, y al análisis tanto de los pactos de las élites como de la movilización de las masas. Pese a ello, rechaza la idea de que se espere una transición, parcial o completa, hacia la democracia, así como su incapacidad para explicar las ingentes movilizaciones en el caso árabe y las escasas ganancias democráticas.

Como vemos, el autor forma parte del debate existente en torno a los procesos de transición, donde los aparentemente exitosos planteamientos de los 90s se demostraron fallidos al estar en la tradición liberal de la transitología demasiado centrada en el sistema político y en los cambios en las instituciones, lo que limitaba su análisis y lo hacía insuficiente (Feliu y Brichs, 216:198). Este tropiezo provocó la búsqueda de nuevos enfoques que pretendían explicar por qué pervivían las estructuras autoritarias y cuáles eran los mecanismos que posibilitaban la aparición de regímenes autoritarios modernizados que habían perfeccionado sus mecanismos de control sobre la población (Feliu e Izquierdo, 216:198). Con las Primaveras Árabes, tal y como señala Stacher en el texto, el debate se ha abierto de nuevo dando lugar al cuestionamiento de los paradigmas de la democratización. Como resultado asistimos a modificaciones de la literatura anterior, a una autocrítica y la aparición de nuevas agendas de investigación en las que Stacher, junto a otros, ofrecen visiones distintas. Así, frente al excesivo énfasis en el Estado, los actores políticos y sociales más formales y la estabilidad de las instituciones, afloran nuevos focos de análisis con formas más horizontales de movilización, atentos a los efectos de estos procesos sobre la población y a las relaciones entre civiles y militares. Dentro de este resurgimiento del debate, para la construcción de su argumentación, Stacher va a usar como cimiento la teoría denominada por Helen Fein como “More Murder in the Middle” cuyos datos revelan que hay más movilización de conflicto e incentivos para la represión cuando se camina hacia una democracia que no está completamente institucionalizada (Fein, 1995: 170 – 191) y cuyo fallo reside en que da por hecho que habrá democratización.

Pese a lo anterior, Stacher se va a basar fundamentalmente en Charles Tilly, quien reconociendo las vías estructuralistas de la aproximación del proceso político ofrece una visión más dinámica de las protestas, poniendo el foco en los mecanismos sociales que intervienen entre las causas y los efectos. Aquí, junto a otros, Tilly propone la reformulación de la perspectiva de la transitología teniendo en cuenta el papel de la política contenciosa (Della Porta 2014: 10), trabajo que Stacher pretende complementar. Igualmente, resulta interesante detenerse en la presencia de tintes realistas en el texto, pues Stacher centra las acciones en el poder. Sin embargo, no habla de Estados sino de élites, del interés de estas por el poder y del uso de la violencia como herramienta para garantizarlo, lo que lleva a pensar en una proximidad al marco de la Sociología del Poder. Esta distingue entre las relaciones circulares que se dan entre las élites para mejorar su posición relativa en el sistema y las relaciones lineales que caracterizan a los movimientos populares armados que acaban alcanzando alianzas con sectores de la élite (Izquierdo 2008). Aquí, el autor conecta de nuevo con Tilly, quien en el debate sobre el impacto de los movimientos sociales en la democracia defiende una aproximación elitista en la que la democratización se entiende como un proceso esencialmente top-down, frente a las aproximaciones populistas que enfatizan la participación desde abajo.

A partir de este marco y del apoyo en ciertos autores el núcleo del artículo es el siguiente:

 

Así, el autor plantea que “this research joins Charles Tilly’s work about how violence aids the process of state-building. Yet, rather than state-building, it might be better conceptualized as regime-making – how elites and society struggle over the everyday practices and patterns whereby regimes establish the ability to govern. Thus, delving deeper into increased levels of violence and into who is perpetrating the violence is instructive for explaining what is politically occurring in the Arab world” (Stacher, J. 2015: 263).

Esta investigación se une al trabajo de Charles Tilly sobre cómo la violencia ayuda al proceso de construcción del estado. Sin embargo, en lugar de la construcción del estado, podría conceptualizarse mejor como la creación de un régimen: cómo las élites y la sociedad luchan por las prácticas y patrones cotidianos por los cuales los regímenes establecen la capacidad de gobernar. Por lo tanto, ahondar en el aumento de los niveles de violencia y en quién está perpetrando la violencia es instructivo para explicar lo que ocurre políticamente en el mundo árabe ".

John Doe

A partir del estudio de una serie de casos

Con el fin de demostrar verdadera una Hipótesis:

El autor plantea que la ruptura del autoritarismo no siempre desemboca en la democratización o la vuelta al régimen tras un periodo de incertidumbre tal y como afirma la transitología, sino que da lugar a otras formas como la militarización del aparato del Estado por las élites y el aumento de la violencia estatal contra los ciudadanos en un proceso de “regime re-making”. Basándose en esta carencia y en el marco de las Primaveras Árabes, a través del estudio de cinco casos, Stacher llega a la conclusión la expansión de la violencia contra-revolucionaria como una forma de refundación del régimen. En cuanto a la selección de casos, se observa que todos los países, con características distintas, han sufrido las Primaveras Árabes con resultados parecidos en términos de militarización y violencia estatal, a excepción de Turquía, por lo que esta podría justificarse atendiendo al marco de Most Similar System Desing, pese a la excepción del caso turco.

Para la construcción de su argumento se basa en un conjunto de autores y marcos teóricos

Charles Tilly

Joshua Stacher presenta su aportación como una continuación del trabajo de Charles Tilly sobre cómo ayuda la violencia en el proceso de construcción de Estado, sirviendo esta de base para edificar sus ideas. Charles Tilly (Chicago, 27 de mayo de 1929 – Nueva York, 29 de abril de 2008) era un sociólogo, politólogo e historiador norteamericano, formado en la Universidad de Harvard y en Oxford, que desarrolló su carrera académica como profesor de Ciencias Sociales en diversas instituciones (Harvard, Universidad de Delaware, Universidad de Toronto, Universidad de Míchigan, Universidad Columbia). Su obra European Revolutions, 1942-1992, le llevó a ganar el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales en 1994, mientras que su trayectoria le llevó a ser calificado por muchos como el fundador de la sociología del siglo XXI (Celis, 2008). En su fructífera obra nos encontramos con más de 600 artículos, y 51 libros y monografías (Calleja, 2011: 1), obras centradas en la inmigración y el fenómeno urbano en Estados Unidos, así como en las relaciones entre política, economía y sociedad. En esta línea, Tilly se ha hecho famoso por sus fuertes polémicas con el individualismo metodológico, la microsociología y la teoría de la elección racional, a las que critica duramente desde la perspectiva de la sociología del conflicto, lo que deja huella en el texto de Stacher. Asimismo, el trabajo de Tilly ha tenido una influencia notable en el estudio de los movimientos sociales.

Helen Fein

En la construcción de su argumento, Stacher también hace referencia a otros autores. Así, para reforzar la idea de que muere menos gente en regímenes autoritarios consolidados y en democracias en funcionamiento que en los procesos a caballo entre uno y otro, el autor se apoya en la teoría que Helen Fein define como “More Murder in the Middle”. Helen Fein (Nueva York 1934) es una socióloga, doctorada el Filosofía por la Universidad de Columbia, especializada en genocidio, derechos humanos y violencia colectiva, entre otros. Autora de 12 libros y monografías, asociada del International Security Program de la Universidad de Harvard, y fundadora y presidenta primera de la International Association of Genocide Scholars. Además, ostenta el cargo de directora ejecutiva del Institute for the Study of Genocide en la Ciudad Universitaria de Nueva York.

Laleh Khalili

La irano-americana Laleh Laleh Khalili nacida en 1940, es representada en el texto como una de las escasas académicas que tratan la violencia política en el Mundo Árabe. Ella es profesora de Políticas en Oriente Medio en la School of Oriental and African Studies de la University of London. Doctorada por la Universidad de Columbia, centró sus primeras investigaciones en logística y comercio, infraestructura, policía y encarcelamiento, género, nacionalismo, movimientos políticos y sociales, refugiados y diásporas en el Medio Oriente. Además, la autora es parte de la coalición antirracista que hizo caer al periodista Kamel Daoud por su artículo sobre la violencia contra las mujeres en Colonia.

A partir de las aportaciones de estos autores y en base a la literatura existente sobre transitología, el autor advierte la necesidad de replantear la teoría en torno a los procesos de transición por ser esta incapaz de explicar los procesos que han seguido a las Primaveras Árabes. Dice que el fallo reside fundamentalmente en no entrar las razones por las que aumenta la violencia de Estado, en no ver el origen de la expansión de la violencia contra-revolucionaria, lo que hace que los distintos expertos pasen por alto su papel como una nueva forma de reformulación del régimen.

Transitología, otros autores

BIBLIOGRAFÍA

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El Estado Islámico, más allá de la violencia

El Estado Islámico, más allá de la violencia

Por Airy Domínguez 

El Estado Islámico fue proclamado el 15 de octubre de 2006, ocho días después de la muerte del líder de Al-Qaeda en Irak, Abu Musab al-Zarqawi, tras un ataque aéreo conjunto de las fuerzas estadounidenses e iraquíes a ocho kilómetros de Baquba – ciudad situada a unos 65 kilómetros al norte de Bagdad -. El último deseo del líder era la implantación del Estado del Islam y su muerte sería decisiva para la puesta en marcha de lo que se convertiría, por un corto periodo de tiempo, en una especie de Estado.

Baquba//Fuente: BBC

Tras la muerte de Zarqawi, el adjunto de Osama bin Laden, Al Zawahiri, envió a Irak a un comisario político de nacionalidad egipcia, Abu Hamza al Muhayer. Una imposición de la dirección central que sería rechazada por la rama iraquí de Al Qaeda. Meses después se acordaría una dirección bicéfala donde Abu Hamza al Muhayer sería el jefe de un Estado Islámico, mientras que Abu Omar al-Baghdadi sería proclamado califa. A su muerte, Abu Omar sería sucedido por Abu Bakar al-Baghdadi, quien iría distanciándose progresivamente de Al Qaeda hasta conseguir su autonomía con respecto a la dirección central. En este sentido, tras el asesinato de Bin Laden en 2011 y la ocupación del cargo por al-Zawahiri, al-Baghdadi se negó a jurar lealtad al nuevo “emir” de Al Qaeda porque, como defiende Jean Pierre Filiu, “[…] pretendía convertir su “Estado islámico en Irak” en el eje central del movimiento yihadista mundial”. Todo dentro de un idílico contexto marcado por la impopularidad del Gobierno chií del primer ministro Maliki y de Al Qaeda entre los suníes.

Portada primera entrega de Dabiq: "El regreso del Califato"

En verano de 2014, al-Baghdadi reorganizaría el ejército del Estado Islámico de Irak logrando la incorporación del cinturón de Bagdad a un nuevo Estado. La llamada «operación cinturón de Bagdad» fue ideada por Zarqawi y perseguía la conquista de Bagdad mediante el aislamiento de la capital a través de la conquista de ciudades circundantes. Así, como explica Loretta Napoleoni en El Fénix Islamista, desde los inicios el EI buscará la vuelta al califato de Bagdad por medio de una guerra de conquista contra quienes considera sus enemigos cercanos, es decir, las élites chiíes de Siria e Iraq. Siendo esta una de la principales diferencias con Al Qaeda, cuyo enemigo fundamental es EEUU.

Con todo el 29 de junio de 2014 el grupo proclamaba el Califato islámico, declarando su soberanía en los territorios de Siria e Iraq entonces bajo su control. A partir de ese momento se pondría en marcha toda una maquinaria que permitiría que el grupo funcionase de manera similar a un estado constituyéndose, tal y como señala Napoleoni, como un «Estado caparazón» – por carecer de autodeterminación -. Esto demuestra que no nos encontramos sólo ante un grupo violento, sino que su brutalidad ha ido acompañada de una serie de rasgos y herramientas que lo definen perdurando incluso en un momento en el que parece derrotado.

Recientemente la periodista Rukmini Callimachi, junto con un grupo de expertos, ha publicado The ISIS Files un artículo en el que se muestran los resultados del análisis de más de 15.000 páginas de documentos pertenecientes al Estado Islámico, a partir de los que queda patente el carácter estatal que lo caracterizó. Así, Callimachi apunta que los documentos muestran que

[...] el grupo, aunque por un periodo de tiempo concreto, cumplió su sueño: el establecimiento de su propio Estado, una teocracia que ellos consideraron un califato, el cual funcionaba de acuerdo con su estricta interpretación del islam”.

Su carácter estatal ha sido así mismo reconocido por representantes internacionales como Douglas A. Ollivant, ex director del Consejo de Seguridad de la ONU en Irak, y Brian Fishman, ex director del departamento de investigación del CTC de West Point. Estos se han referido al grupo como Estado  en el artículo State of Jihad: The Reality of the Islamic State in Iraq and Syria, una pieza que será empleada por el propio EI para refutar sus argumentos, tal y como se muestra en la primera entrega de Dabiq – principal revista en inglés del grupo-. Otras voces han llegado incluso a definirlo como un nuevo estado revolucionario.

La puesta en marcha del nuevo “Estado” fue posible gracias a una calculadora maquinaria ideológica motorizada por sus élites, siendo el recurso a la violencia, a la propaganda y a la colaboración de civiles militantes herramientas fundamentales. Aquí, cabe señalar la presencia de una impuesta encrucijada en la que muchos habrían de decidir ente la colaboración, la vida o la muerte. Asimismo, resulta necesario distinguir entre militantes civiles – que realizaban el trabajo social- y combatientes donde, en palabras de Abdel Bari Atwan, los primeros se encontraban inclinados hacia la protección de la población, mientras que los segundos respondían a otro tipo de intereses que les permitían expoliar a la población cuando lo considerasen oportuno.

Administración del territorio

Más allá del ya conocido carácter violento del grupo, resulta interesante atender al proyecto político que este supone, así como a la voluntad de permanencia del mismo. En este sentido, Xavier Servitja advierte que deberíamos aproximarnos a este proyecto no como un intento de crear un Estado-nación, sino a través de la asimilación del concepto de Califato con el de Imperio, pues el objetivo del grupo era y es edificar un Califato global que, como ellos mismos defienden, ha venido para quedarse. Lo anterior motivaría la construcción de una organización administrativa con una estructura central, provincial, sectorial y local. Esta le permitió ejercer la soberanía sobre la población del territorio controlado, poseer el monopolio de la violencia y de la administración de justicia, así como presentarse ante sus ciudadanos como proveedor de bienes y servicios. Todo enmarcado en un contexto de caos, decepción y conflicto.

En definitiva, puede decirse que una vez se hizo con el control territorial el EI ofrecía un contrato social con el que, como señalaba Servitja, buscaba ofrecer a la población servicios, orden y estabilidad a cambio de que esta se sometiese a su autoridad e ideario. Una lección aprendida de su desplome entre 2007-2011, cuando el grupo logró ser penetrado y debilitado por sus enemigos americanos e iraquíes fundamentalmente, que sin duda ha dejado huella.

Imagen extraída de Dabiq (revista del EI)

El EI se encontraba dividido en provincias (wilayat), cada una de las cuales estaba dirigida por un gobernador (wali), lo que se replicaba a nivel sectorial (distritos), en las provincias de mayor tamaño como Raqqa, y a nivel local. Bajo el califa al-Baghdadi había consejos asesores y varios departamentos, dirigidos por comités, que supervisaban diversos aspectos del estado, formando el líder de cada departamento parte del “gabinete” del califa. Aquí, el cuerpo asesor de mayor peso sería el Consejo de la Shura, encargado de notificar las directrices de al-Baghdadi a través de la cadena de mando. Junto a éste estaba el Consejo de la Sharia, encargado tanto de la elección del Califa como de la implementación de las juzgados de la Sharia. Aquí, las Cortes de la Sharia se presentaron como la herramienta a través de la cual el EI buscaba ejercer el monopolio de la administración de justicia basado en las escuelas del Islam clásico como fuente del derecho.

Por otra parte, existían toda una serie de “ministerios” como el Consejo de Seguridad e Inteligencia; el Consejo Militar; el Consejo de Educación; el Consejo de Servicios; y la Institución del Estado Islámico para la Información Pública, entre otros. 

Financiación

Desde sus inicios, el petróleo se ha presentado como una de las principales fuentes de ingresos del Estado Islámico, junto a ésta estaría la financiación proveniente del exterior; saqueos; ventas de obras de arte y patrimonio cultural; tráfico de drogas y tráfico de personas, entre otros. Aquí cabría mencionar el apoyo por parte de Arabia Saudí a corrientes religiosas radicales que comparten ideología con el EI. Pese a lo anterior, la autofinanciación del califato se ha ido apoyando en otro pilares que parecen haber sido desatendidos donde la recaudación de impuestos y la agricultura se presentan como centrales.

Fuente: elPeriodico

Entre 2013 y 2014 el EI se apoderó de territorios importantes de la región de Jazira en Siria y la provincia de Nínive en Irak, dos importantes graneros. Al igual que ocurría con el petróleo, el grupo decidió aprovechar las infraestructuras alimentarias, entendiendo la agricultura como una herramienta para garantizar el suministro de alimentos y como una fuente de ingresos tributarios. Así, tras la disminución de otros ingresos como los del petróleo, los saqueos y los rescates, y ante la supuesta reducción de las donaciones extranjeras, los beneficios económicos procedentes de la agricultura irían adquiriendo más importancia.

En este sentido, los documentos analizados por Callimachi ponen de manifiesto cómo lograron monetizar cada metro del territorio conquistado y gravar cada producto vendido en los mercados bajo su control. La investigadora defiende que “[e]ran el comercio diario y la agricultura – no el petróleo – lo que motorizó la economía del califato”, una idea fruto de la estratégica conquista de zonas cultivables que hicieron que en junio de 2015 el 15% de las tierras de cultivo de Irak y el 34% de las tierras de cultivo de Siria se encontraran dentro de las zonas bajo mandato del grupo.

Las tierras de aquellos grupos religiosos que fueron expulsados del “Califato” se presentarían como el capital inicial. Es decir, los terrenos pertenecientes a chiíes cristianos, nusairies, yazidíes y “apóstatas”, pasarían a ser del Estado, para posteriormente alquilarse a los granjeros. Aquí, por ejemplo, los suníes que eran demasiado pobres para pagar la renta podrían quedarse en la tierra a cambio de dar un tercio de la futura cosecha.

Sin embargo, los impuestos no quedarían reducidos a este campo, sino que dentro de los territorios del grupo estos se extenderían a otros ámbitos como la recogida de basura, electricidad, agua y licencias de matrimonio, entre otros. Por ejemplo, a modo de IVA, en 2015 los comercios de las ciudades se veían obligados a guardar un porcentaje de sus ventas (del 2% al 5%) para entregárselo al Estado Islámico. Junto a ello, estaban los ingresos derivados de las tasas de actividad, es decir, los impuestos que debían abonar ciertos colectivos profesionales. Ello unido a un tipo medio del 10% en el Impuesto sobre la Renta, del 15% en el Impuesto de Sociedades y las tasas de aduanas en las carreteras. Aquí el zakat – parte de la riqueza personal destinada a los pobres que ha de pagarse anualmente – se presentó como uno de los impuestos más lucrativos, así, como afirma Callimachi el Ministerio del Zakat “[…] actuaba más como una versión de Servicio de Impuestos Internos”.

Ingresos EI//Fuente: CNN en Español

Educación, sanidad y servicios públicos

Los territorios bajo dominio del EI han contado con una serie de servicios que han facilitado su funcionamiento así como la aceptación, por un sector de la población, del pacto ofrecido por el grupo. Por ejemplo, en el campo educativo, ofertaban estudios que iban desde la guardería hasta la educación universitaria, todos ellos bajo el control del Departamento de Educación del Califato. Aquí, en primaria y secundaria destacan materias como educación islámica, lengua árabe, matemáticas, biología, historia, inglés, francés, ciencias sociales, ciencias de la salud, física y química, geografía o economía.

Algunas asignaturas y grados universitarios fueron suspendidos debido a que se consideraban contrarios a la interpretación del Islam del grupo, entre ellos aquellos relacionados con democracia, cultura y derechos civiles, religión cristiana, entre otras. De igual modo, se cerraron los departamentos de ciencias políticas, traducción, bellas artes, arqueología, filosofía, psicología, educación física y gestión de turismo y hoteles.

 

Fuente: Dabiq (revista EI)

Resulta destacable la existencia de escuelas de acogida con enseñanza en inglés-árabe y francés-árabe para los hijos de personas que emigraban al Califato desde Estados occidentales y no tuvieran nociones previas de árabe. Por otra parte, estarían las escuelas militares y los campos de entrenamiento.

 

En el campo de la salud,  contaban con hospitales y los Centros de Atención Primaria (CAP), así como sus plantillas de trabajadores. Aunque los recursos eran escasos tal y como ellos mismos afirman en su comunicación, donde anuncian la necesidad de personal cualificado. Finalmente cabría mencionar la existencia de toda una serie de servicios públicos, entre los que se encontrarían la limpieza, electricidad, agua, etc.

Monopolio de la violencia

El funcionamiento del Estado queda asimismo expresado en su promoción como un territorio de ley y orden, con castigos para aquellos que no lo cumplan. Así, junto a todo lo anterior, la clave se encuentra en el monopolio de la violencia. Este queda expresado en un conjunto de fuerzas, mecanismos e instituciones que fueron desarrolladas para garantizar el cumplimiento de su ley, su interpretación de la sharía. Aquí destacan la hisba o policía religiosa – relacionada con el Departamento de las Cortes de la Sharia – cuya función consistía en supervisar y asegurar el estricto cumplimiento de la Sharia. Dentro estaba la Oficina de inspección y control, centrada en los procesos productivos y en la calidad del producto en los sectores industrial, agrícola y ganadero, así como de los puntos de venta final, balanzas de pesos y el precio del producto en algunos sectores.

Por otra parte, destaca el departamento de Policía que se encargaría de la seguridad pública de las provincias. En este sentido, realizarían patrullas diurnas y nocturnas, así como controles de carretera para mantener el orden y la seguridad. Junto a lo anterior, tenían potestad para detener a personas no relacionadas con delitos competencia de la Hisbah.

A la izquierda se ejecuta el castigo a un ladrón y a la derecha la destrucción de artículos prohibidos //Fuente: Dabiq

Conclusiones:

Con todo, durante su apogeo el Estado Islámico mostró una capacidad administrativa similar a la de otros Estados, lo que le permitió presentarse como un actor con territorio propio capaz de ofrecer servicios; administrar justicia y orden; proveer seguridad; autofinanciarse y ejercer el monopolio de la violencia. Una cuestión peligrosa si tenemos en cuenta, por un lado, lo que esto supone en términos de orden dentro del contexto de caos y conflicto en el que se ha enmarcado la estrategia del grupo y, por otro, su alcance global gracias a la propia estrategia de comunicación del grupo que, además, ha servido como una prueba imborrable de lo que desde el EI consideran que fueron.

Quizá el peligro de la organización no esté tanto en su carácter violento y sus combatientes, sino en su capacidad para gobernar y en las huellas que dejó su periodo de esplendor. Una cuestión que difícilmente ha podido ser resuelta mediante el exclusivo recurso a la violencia que ha caracterizado la lucha internacional contra el EI y su aparente retirada.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

Bari Atwan, A., 2015. Islamic State. The Digital Caliphate. Londres: Saqi Books.

Callimachi, R., 2018. The ISIS Files. The New York Times, 2 abril. Disponible en: https://www.nytimes.com/interactive/2018/04/04/world/middleeast/isis-documents-mosul-iraq.html (Consultado: 10 abril 2018)

Domínguez, A., 2017. La estrategia de comunicación de Estado Islámico en Occidente [Tesis inédita]. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona.

Ollivant, D.A., y Fishman, B.,  2014. STATE OF JIHAD: THE REALITY OF THE ISLAMIC STATE IN IRAQ AND SYRIA. War on the rocks, 21 mayo. Disponible en: https://warontherocks.com/2014/05/state-of-jihad-the-reality-of-the-islamic-state-in-iraq-and-syria/  (Consultado: 12 abril 2018)

Filiu, J.P., 2014. En nombre de un ‘islam verdadero’ con vocación totalitaria, Al Bagdadi ha implantado en la frontera sirio-iraquí un ‘Yihadistán’ bien dotado de armas, petróleo y fondos. Afkar/ideas. Disponible en: http://www.iemed.org/observatori/arees-danalisi/arxius-adjunts/afkar/afkar-ideas-43/Califato_terror_JeanPierreFiliu.pdf (Consultado: 12 abril 2018)

McCants, W., 2015. ISIS The Apocalypse. The history, strategy, and doomsday vision of the Islamic State. Nueva York: Picador.

Napoleoni, L., 2015. El Fénix Islamista. Barcelona: Paidós

Sánchez, D., 2017. No, no es Arabia Saudí: ISIS se financia con impuestos, petróleo y saqueos. Libre Mercado, 28 agosto. Disponible en: https://www.libremercado.com/2017-08-29/no-no-es-arabia-saudi-isis-se-financia-con-impuestos-petroleo-y-saqueos-1276604955/

Servitja, X., 2015. EL ESTADO ISLÁMICO Y LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA DEL CALIFATO A NIVEL PROVINCIAL. GESI, 8 septiembre. Disponible en: http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-estado-isl%C3%A1mico-y-la-organizaci%C3%B3n-administrativa-del-califato-nivel-provincial (Consultado: 12 abril 2018)

Woertz, E., 2016. La financiación no solo proviene del petróleo y el saqueo. Cómo el Estado Islámico utiliza la agricultura. CIBOB opinión, 436. Disponible en: https://www.cidob.org/es/publicaciones/serie_de_publicacion/opinion/seguridad_y_politica_mundial/la_financiacion_no_solo_proviene_del_petroleo_y_el_saqueo_como_el_estado_islamico_utiliza_la_agricultura (Consultado: 10 abril 2018)

 

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AFGANISTÁN EN CLAVE SECURITARIA (II)

AFGANISTÁN EN CLAVE SECURITARIA​

LA GUERRA DE AFGANISTÁN (2001-2018) Y LA REACTIVACIÓN DEL MOVIMIENTO TALIBÁN

Por Aitor Lekunberri

La guerra de Afganistán (2001-2018)

Los atentados del 11 de septiembre de 2001, cometidos por 19 miembros de la red Al Qaeda, dejaron un saldo de 3016 muertos y 6000 heridos. Estos marcaron un punto de inflexión en la política estadounidense hacia Oriente Próximo que se materializó en la denominada “guerra contra el terrorismo”[1]. Asimismo, los ataques proporcionaron a la administración Bush (2001-2009) una coartada para impulsar nuevas guerras en la región, materializadas en las invasiones de Afganistán (2001) e Irak (2003).

Invasión Afganistán//Fuente: Telesur

En el caso de Afganistán, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la creación de una coalición internacional para atacar el país, con el objetivo de derrotar al Emirato Islámico de Afganistán, gobernado por el emir mulá Omar, bajo el pretexto de que dicho gobierno – en manos de los talibanes –  daba cobijo a Osama bin Laden y otros líderes de Al Qaeda. La denominada “Operación Libertad Duradera” contó con el apoyo de países como Australia y Canadá, así como de países de la Unión Europea y de la OTAN, estableciéndose asimismo una Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF).

Tras el derrocamiento de los talibanes la presidencia del país quedó en manos de Hamiz Karzai, quien en el pasado había sido consultor del holding petrolero Unocal, compañero de trabajo de Condoleeza Rice en Asia central, amigo personal de la familia Bush, ex agente de la CIA, e incluso había llegado a ser candidato de los talibanes para ocupar un sillón en la ONU (Amirian y Zein, 2007: 123). De esta forma, el país quedaba bajo la influencia y el control occidentales.

Karzai gobernó durante 13 años (2001-2014), y su gobierno tomó medidas como la imposición de la sharía, a pesar de que la intervención occidental de 2001 se había vendido ante la opinión pública como necesaria para liberar a las mujeres del burka (Amirian y Zein, 2007). Su gobierno estuvo salpicado por casos de corrupción, como el envío desde 2001 por parte de la CIA de decenas de millones de dólares a su oficina presidencial en Kabul. Gran parte de estos fondos fueron a parar a manos de jefes militares y líderes políticos, muchos de ellos vinculados con el tráfico de drogas e incluso con grupos talibanes, reforzando de esta forma a las mismas redes delictivas y terroristas contra las que teóricamente luchaban las fuerzas estadounidenses (Público, 2013)

A partir de 2003, la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) pasó a estar bajo mando directo de la OTAN, y para el año 2009 contaba con más de 64.000 efectivos en el país. Con el paso de los años, se intensificó su presencia en la parte sur del país – en provincias como Kandahar, Nimruz, Helmand o Zabul-, ante la importante presencia talibán en la zona.

Las elecciones de 2014 pusieron fin a la etapa de Karzai, siendo sustituido por el actual presidente Ashraf Ghani, antiguo analista del Banco Mundial así como ex ministro de Finanzas de Karzai. Pese a su fama de tecnócrata y buen gestor y sus propuestas para impulsar una triple lucha contra la corrupción, la pobreza y la inseguridad, Ghani no ha podido evitar que Afganistán continúe siendo una nación arruinada y sin tejido productivo, totalmente dependiente de la ayuda exterior y extenuada por una sucesión de conflictos bélicos que no ha cesado desde el lejano año de 1978 (CIDOB, s.f.).

Control gubernamental en Afganistán

Claves sociales del Afganistán post-2001:

La invasión de 2001 marcó a sangre y fuego el devenir del país, abriéndose un período marcado por la inestabilidad, las luchas por el control territorial, y la violencia. La guerra se ha convertido en un fenómeno persistente que está desangrando al país, poniéndolo al borde del colapso.

Entre los principales factores de inestabilidad a los que tiene que hacer frente Afganistán destacan la pobreza – la población afgana es la más pobre y analfabeta de Asia-, la presencia de una economía tambaleante y cada vez más dependiente de las ayudas externas y del dinero proveniente de las drogas, así como la elevada y persistente corrupción gubernamental; pero por encima de todo destacan las viejas divisiones entre pashtunes y tayikos, que constituyen la principal brecha étnica del Afganistán moderno (Dalrymple, 2017).

Pasados casi 17 años desde el inicio de la invasión liderada por Estados Unidos – que se trazó como objetivos centrales destruir a Al Qaeda y expulsar a los talibanes del poder- la realidad es que los talibanes controlan el 80% del sur de Afganistán y el 43% del conjunto del país, lo cual significa que el gobierno de Kabul únicamente controla el 57% del territorio – cifra que se ha venido reduciendo-. Por su parte, Al Qaeda está presente en el territorio fronterizo con Paquistán (Dalrymple, 2017). A todo ello hay que añadir el aumento de la presencia del Estado Islámico en el país, protagonista de una mortífera ola de atentados, como el ejecutado contra un centro cultural chií en Kabul, el atentado contra el hotel Intercontinental de Kabul, la explosión de una ambulancia cargada de explosivos en el centro de la capital, o el asalto suicida a la sede de la ONG Save the Children en Jalalabad.

Fuente: Insider Pro
Fuente: El Orden Mundial

Junto a lo anterior, han aumentado las actividades ilegales. Entre ellas, la producción de drogas – especialmente de opio- se ha incrementado notablemente, y en este sentido, en el año 2006 Afganistán produjo el 92 % del opio y la heroína del mundo, convirtiéndose en el principal narcoestado de la escena internacional (Amirian y Zein, 2007: 127).

En cuanto a la situación de la mujer, si bien la invasión promovida por Estados Unidos enarbolaba como una de sus banderas principales la defensa de sus derechos – pisoteados bajo el régimen talibán (1996-2001)-, en realidad poco ha mejorado su situación (Serrano, 2008: 472). Según datos de Naciones Unidas y de la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán (RAWA, por sus siglas en inglés), ocho de cada diez mujeres sufren violencia doméstica, y un 60 por ciento se ve obligada a contraer matrimonio antes de los 18 años (Lobo, 2009).

“El mundo se puso en marcha en nombre de la «liberación de la mujer afgana» y se invadió nuestro país. Sin embargo, el sufrimiento y las privaciones de la mujer afgana no sólo no se han reducido sino que realmente se ha incrementado día a día el nivel de opresión y brutalidad en la población más arruinada de nuestra sociedad”

(RAWA, 2007)

El dilema de la OTAN: entre la retirada y el envío de nuevas tropas

Si bien en 2014 la OTAN puso formalmente fin a sus operaciones militares en Afganistán – transfiriendo la seguridad al nuevo gobierno afgano del presidente Ghani-, en la práctica ha continuado la presencia 13.000 soldados en el país en la forma de una misión de asistencia y capacitación del ejército afgano. En noviembre de 2017, y contradiciendo la estrategia de retirada paulatina planteada por Obama, la administración Trump anunció el envío de 3000 nuevos soldados, poniendo de relieve el deterioro de la situación de seguridad del país ante el creciente avance talibán.  

A la hora de analizar este incremento militar -que eleva a 16.000 el número total de efectivos desplegados-, hay que tener presente cuáles son los objetivos fundamentales que persigue Estados Unidos en el país centroasiático. A juicio de Armanian, estos objetivos podrían resumirse en, por un lado, tratar de impedir que el país se convierta en un aliado de China; y, por otro, en hacer fracasar las negociaciones rusas con los talibanes. El posicionamiento estadounidense partiría, desde esta perspectiva, de la constatación de que pese a su contundente presencia militar y a tener al gobierno de Kabul de su lado, Estados Unidos ha sido incapaz de contener la creciente influencia de China, Rusia, Irán, Pakistán e India en el país (Armanian, 2018).

“Afganistán es el país más estratégico del mundo para la OTAN: le ofrece una ventaja geopolítica única sobre China, Rusia, India e Irán, siendo la plataforma para aplicar la doctrina Wolfowitz, que propone prevenir el surgimiento de un poder regional o global que pueda cuestionar la hegemonía de EEUU”

Las implicaciones geopolíticas de esta presencia también son planteadas por Dinucci, para quien Estados Unidos estaría tratando de ocupar el vacío de poder que el derrumbe de la URSS dejó en Asia Central, siendo esta un área de importancia primordial tanto por su posición geoestratégica en relación con Rusia y China como por sus reservas de petróleo y gas natural en los límites del Mar Caspio. Desde esta perspectiva, Afganistán sería una posición clave para el control del área, hecho que explicaría el enorme despliegue de fuerzas de Estados Unidos y la OTAN (Dinucci, 2016).

Cada vez son más las voces que claman por un acuerdo de paz que ponga fin a la guerra. Los crímenes de guerra y las violaciones a los derechos humanos, la muerte de más de 100.000 personas durante la ocupación del país, y las más de 1,17 millones de denuncias de crímenes de guerra recogidos por la Corte Penal Internacional (Guallar, 2017), reflejan la magnitud de la catástrofe humanitaria que asola al país.

Fuente: El Periódico

En este contexto hay que ubicar la propuesta de conversaciones de paz “sin precondiciones ni restricciones” que el pasado 28 de febrero el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, ofreció a los talibanes, manifestando de esta forma su disposición al reconocimiento político de los insurgentes, la puesta en libertad de prisioneros y la retirada de sanciones, entre otras medidas (Khan Sahel, 2018). Este acercamiento se produce en un momento en el que los talibanes se enfrentan a la ausencia de un liderazgo claro: a la muerte en 2015 de su histórico líder, el mulá Mohammad Omar, le siguió en 2016 la muerte de su sucesor, el mulá Akthar Mansour, asesinado en un ataque con aviones no tripulados en los EE. UU. a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán (Castro, 2018). Tras la muerte de Mansour, el liderazgo talibán quedó en manos de Haibatulá Ajundzada.

Pero la búsqueda de la paz con los talibanes podría llevar a poner encima de la mesa la necesidad de acabar con la ocupación militar de la OTAN, hecho que permitiría la recuperación de una soberanía nacional pisoteada por décadas de injerencias extranjeras de un pueblo que no se resigna frente a los intentos de asimilación e imposición.

Notas:

[1] Para entender los efectos de la “revolución conservadora” en la región véase el artículo “Estados Unidos en Medio Oriente”, disponible en http://www.menanalisis.com/estados-unidos-en-oriente-medio/

Bibliografía:

Amirian, Nazanín y Zein, Martha (2007): Irak, Afganistán e Irán. 40 respuestas al conflicto en Oriente Próximo. Ediciones Lengua de Trapo. Madrid.

Armanian, Nazanín (2017): 16 motivos del acercamiento de Rusia al Talibán, Público, 6 de abril de 2017, disponible en http://blogs.publico.es/puntoyseguido/3848/16-motivos-del-acercamiento-de-rusia-al-taliban/ (consultado: 13 de febrero de 2018).

Armanian, Nazanín (2018): Afganistán: la ola de atentados y la estrategia de Trump para Asia Central, Público, 1 de febrero de 2018,  disponible en http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4631/afganistan-la-ola-de-atentados-y-la-estrategia-de-trump-para-asia-central/ (consultado: 8 de febrero de 2018)

Brzezinski, Zbigniew (1998): «Sí, la CIA entró en Afganistán antes que los rusos…», Voltairenet, disponible en http://www.voltairenet.org/article185558.html (consultado: 6 de marzo de 2018).

Castro, Ana María (2018): Afganistán ofrece amnistía a los talibanes para poner fin a la guerra, Mercado Militar, 1 de marzo de 2018, disponible en https://www.mercadomilitar.com/afganistan-ofrece-amnistia-a-los-talibanes-para-poner-fin-a-la-guerra-15053/ (consultado: 6 de marzo de 2018).

CIDOB (s.f): Biografia de Ashraf Ghani, disponible en  https://www.cidob.org/biografias_lideres_politicos/asia/afganistan/ashraf_ghani (consultado: 24 de febrero de 2018)

Dalrymple, William (2017): Afganistán, la guerra que nadie ha podido ganar, El País, 20 de agosto de 2017, disponible en https://elpais.com/internacional/2017/08/18/actualidad/1503067055_730227.html (consultado: 17 de febrero de 2018).

Dinucci, Manlio (2016): Afganistán, ocupación duradera, Voltairenet, 12 de octubre de 2016, disponible en http://www.voltairenet.org/article193677.html (consultado: 14 de marzo de 2018).

Escola de Cultura de Pau (s.f.): Afganistán, disponible en http://escolapau.uab.es/conflictosypaz/ficha.php?paramidioma=0&idfichasubzona=38 (consultado: 12 de marzo de 2018).

Flores, Félix (2018): A los talibanes les sale la peor competencia, La Vanguardia, 30 de enero de 2018, disponible en http://www.lavanguardia.com/internacional/20180130/44406280575/afganistan-talibanes-estado-islamico-isis-irak-siria.html (consultado: 7 de febrero de 2018).

Guallar, Amador (2018): La CPI recoge 1.17 millones de denuncias por crímenes de guerra en Afganistán, El Mundo, 19 de febrero de 2018, disponible en  http://www.elmundo.es/internacional/2018/02/19/5a8adcc2468aebe0328b46d7.html (consultado: 25 de febrero de 2018).

Khan Sahel, Baber (2018): La ambigüedad de los talibanes alienta la esperanza en Afganistán, La Vanguardia, 16 de marzo de 2018, disponible en http://www.lavanguardia.com/politica/20180316/441560701607/la-ambiguedad-de-los-talibanes-alienta-la-esperanza-en-afganistan.html (consultado: 16 de marzo de 2018).

Lobo, Ramón (2009): Afganistán se olvida de las mujeres, El País, 24 de agosto de 2009, disponible en https://elpais.com/diario/2009/08/24/internacional/1251064801_850215.html (consultado: 13 de marzo de 2018).

Oxfam (s.f.): Crisis en Afganistán, disponible en https://www.oxfamintermon.org/es/accion-humanitaria/emergencia/crisis-en-afganistan (consultado: 5 de marzo de 2018).

Público (2013): La CIA envió decenas de millones de dólares a las oficinas del presidente de Afganistán después del 11-S, 29 de abril de 2013, disponible en http://www.publico.es/internacional/cia-envio-decenas-millones-dolares.html (consultado: 26 de febrero de 2018).

Rashid, Ahmed (2002): Los talibán. El Islam, el petróleo y el nuevo <> en Asia Central. Ediciones Península, S.A. Barcelona.

RAWA (2007): Declaración por el día internacional de la mujer, disponible en     http://www.rawa.org/events/march8-07_sp.htm (consultado: 10 de marzo de 2018).

Serrano, Pascual (2008): Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, Ediciones Península, Barcelona.

Zamora, Augusto (2016): Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos. Ediciones Akal. Madrid.

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El liderazgo femenino en el islam: las imanes​

El liderazgo de la mujer en el islam: las imanes

Por Airy Domínguez

Imam Amina Wadud// © Imagen: Don Emmert/AFP/Getty Images

Según apunta Sayyid Mujtaba Musawi Lari en El Imamato, “el término Imam hace referencia, en relación con la comunidad, a un dirigente que supera a quienes conduce por lo que ha recibido de capacidad intelectual e ideológica, lo que lleva a la sociedad a remitirse a él en cuanto a sus métodos y forma de vida, obedeciendo sus órdenes”. La imamah – liderazgo- posee en el Islam un sentido amplio, abarcando tanto el liderazgo intelectual como la autoridad política, y “el Imam debe ser alguien capaz de enseñar a la gente la cultura coránica, las verdades religiosas y las disposiciones sociales, alguien digno de ser seguido (e imitado) en todos los aspectos, métodos y dimensiones”.

El término imamah también se ha empleado en un sentido más limitado, entendiendo al Imam como el líder que cuida del rumbo de de los asuntos sociales y políticos. Pero como señala Sayyid Mujtaba «cuando la predisposición humana esencial se amalgama con el mensaje religioso, entonces confluyen la autoridad intelectual y el poder político en una sola persona».

Así, como guía espiritual, el imam es un modelo y maestro de la comunidad. En cuanto al plano litúrgico, se trata de quien dirige la oración comunitaria (salat).

En palabras del jurista al-Mawardi el imamato supone “un principio sobre el que reposan las bases de la religión y gracias al cual los asuntos del pueblo son solucionados correcta y ventajosamente; por él se asegura la estabilidad de las cuestiones de interés general y de él emanan las funciones particulares”.

El imamato femenino

Pese a su dilatada trayectoria, puede decirse que el debate en torno a si una mujer puede o no ser imamah estalló de manera clara en el 2005, a raíz de la gran repercusión mediática de la oración dirigida por Amina Wadud en  Nueva York. Esta reivindicación se engloba dentro de un movimiento más amplio conocido como “feminismo islámico”, que encuentra sus raíces en la década de los 70 y se desarrolla de forma paralela al discurso del islam como respuesta a los problemas de la región.

La cuestión del liderazgo femenino no se ausenta de la historia del Islam. En este sentido, una de las esposas del Profeta Muhammad, Aisha, y su hija Fátima son a menudo mencionadas, junto con otras esposas y compañeras de Muhammad, como muhaddithat – mujeres que enseñaban los hadices –. Asimismo, existen historias religiosas donde se menciona a famosas mujeres eruditas y maestras. En este sentido, diversos expertos defienden la existencia de una larga tradición de imamas, así mencionan que el profeta visitaba frecuentemente a Umm Waraqa que incluso le pidió que cogiera a un muezzin – responsable de llamar a la oración – y dirigiera la oración en su casa delante de las mujeres y de los hombres de su familia. Por otra parte, alegan que Muhammad pidió a Aisha y Umm Salama que lideraran el rezo en la mezquita.

A lo largo de la historia toda una serie de pensadores musulmanes han defendido como lícito el hecho de que una mujer dirija las oraciones. Asimismo, destacados expertos en jurisprudencia islámica (alfaquíes) han defendido el imamato de la mujer , a saber, Abu Thawr – de la escuela del Imam Shafi’i -;  Abu Dawud – fundador de la escuela Zahirí- y  Tabari – comentarista coránico y creador de una escuela de jurisprudencia desaparecida- .  Junto a ellos estaría el maestro sufí ibn al-‘Arabi. Recientemente, personalidades como el académico islámico Hamza Yusuf han reconocido la posiblididad del imamato femenino. 

En línea con lo anterior, la imamah y teóloga Sherin Khankan, apunta que el relego de la mujer no data de los inicios del islam, sino que vendría con el califa Omar, quien ordenó a las mujeres que rezaran en casa y no en la mezquita. Así, asegura que en la Edad Media el Corán se posicionaba por delante del cristianismo en lo que a cuestiones éticas y feministas se refiere, lo que motivó un adelantamiento en el campo científico tecnológico que encontraría su punto de inflexión en el Renacimiento.

 

La imam Sherin Khankan
La imam Sherin Khanan// Fuente: The New Arab

Respecto al porqué del imamato femenino, la profesora Ingrid Mattson defiende que un verdadero líder de la comunidad musulmana es aquel que toma en cuenta las opiniones minoritarias y divergentes para crear unidad entre los musulmanes. Así, su enfoque del liderazgo femenino en las comunidades musulmanas se basa en el principio de inclusión, al entender que las mujeres solo se convierten en «miembros plenos de su comunidad » cuando participan en todos los niveles de discusión y tienen el potencial para el liderazgo. Aquí, mientras que Mattson reconoce la necesidad del liderazgo como expresión de la autoridad religiosa y la participación de las mujeres en sus comunidades de manera plena, para ella esto no incluye el liderazgo del salat mixto. Sin embargo, para la profesora Amina Wadud, el tema en juego en la defensa del imamato femenino es el pleno reconocimiento de la humanidad de la mujer y su agencia espiritual y moral. Lo anterior pone de manifiesto una vez más las divergencias entre los colectivos que luchan por la igualdad de género, esta vez a través de la cuestión del imamato. 

Por su parte, en una entrevista realizada por la doctora Sirin Adlbi, Natalia Andújar  defiende que para ella el imamato significa “ser coherente con una concepción igualitaria del islam”. Así, entiende que quien debe presidir la oración es quien mejor conozca el Corán y sea una persona respetada por la comunidad. “El hecho de que sea un hombre o una mujer debería ser irrelevante”, apunta. En este sentido, repara en la inexistencia de textos que prohíban explícitamente que una mujer dirija la oración mixta, aunque recuerda que “la mayoría de los juristas de las cuatro escuelas de jurisprudencia han establecido que todo lo concerniente a las muamalat está permitido menos lo que está prohibido, y todo lo concerniente a la ibada está prohibido menos lo que está permitido”. Siendo esta una elaboración posterior al texto coránico, que podría enmarcarse dentro de las estructuras patriarcales que se han adueñado de la religión.

Además, la experta señala que “las reacciones por parte de las comunidades musulmanas ante este hecho son cada vez menos virulentas ya que no se puede aislar de la labor que llevamos a cabo desde hace muchos años por deconstruir estereotipos, por la defensa de los derechos de los musulmanes en general, etc”. 

Frente a esta postura nos encontramos con la de aquellos que rechazan la posibilidad de imamato femenino. Así, como resume Jordi Moreras en su tesis doctoral, el debate del imamato femenino cuenta con dos posturas claramente enfrentadas cada una de las cuales se basa en tres argumentos principales. Por un lado, sus partidarios se apoyan en la decisión de Muhammad de que una mujer ocupase esta función en su mezquita; la inexistencia tanto en los textos sagrados como en la sunnah de indicaciones que se opongan a ello y la opinión de juristas como al-Tabari, alMuzani o Dawud adh-Dhahiri. Por su parte, los detractores se apoyan en la interpretación de algunos hadices, el consenso doctrinal establecido entre juristas y musulmanes respecto a este principio y la ausencia de evidencias históricas de la práctica del imamato femenino. 

Aquí cabe señalar que pese a la aparente novedad del liderazgo de la mujer dentro del islam, la doctora Mattson apunta que hay varias mujeres que lideran las comunidades musulmanas pero que desean permanecer sin ser reconocidasAsí, defiende que «hay eruditas profundamente conocedoras y líderes espirituales veneradas en todas las sociedades musulmanas. La mayoría no son ampliamente conocidas, pero muchas tienen una influencia significativa sobre un gran número de mujeres e incluso hombres «. En este sentido, señala que a excepción de las recitadoras indonesias las recitadoras musulmanas del Corán no publican sus recitaciones por modestia.

Mujeres imanes en China (Ah-hung):

China cuenta con unos 21 millones de musulmanes, los cuales han desarrollado sus propias prácticas islámicas con características propias del país. Aquí, la mayor diferencia es el desarrollo de mezquitas femeninas independientes con imanes femeninas. En este sentido, la China comunista ha sido durante mucho tiempo el único país del mundo donde las mujeres musulmanas tenían sus propias mezquitas, llamadas Nusi. Así, como apunta Nazanín Armanian, desde el siglo XVI las mujeres pueden ser Ah-hung (sacerdote) y hacer de imam dirigiendo el rezo de las mujeres en la mezquita.

En la ciudad de Kaifeng – provincia de Henan – hay 16 mezquitas de mujeres, un tercio del número de mezquitas para hombres. En el callejón Wangjia hutong, de la ciudad las mujeres van a su propia mezquita donde la imamah Yao Baoxia dirige las oraciones. Desde hace 14 años, Yao ha sido una mujer ahong – imam – y afirma que allí el estatus respecto de los hombres es el mismo pues «hombres y mujeres son iguales aquí, tal vez porque somos un país socialista«.

La mezquita  Wangjia Hutong, al igual que otras mezquitas femeninas, comenzó como una escuela coránica para niñas. Estas surgieron a fines del siglo XVII en el centro de China, incluidas las provincias de Shanxi y Shandong y se transformaron en mezquitas femeninas hace unos 100 años, comenzando en la provincia de Henan.

Fuente: Henan University

Pese a que China se presenta como el único país que tiene una larga historia de imanes femeninos hay cosas que, de acuerdo con las prácticas tradicionales de los musulmanes chinos, las mujeres no pueden hacer entre ellas dirigir rituales funerarios o lavar cadáveres masculinos.

La Mezquita Mariam: la primera liderada por una mujer en Escandinavia

En febrero de 2016 se inauguraba la Mezquita Mariam, la primera dirigida por mujeres de toda Escandinavia, cuyo primer rezo tendría lugar seis meses después. Desde entonces, junto a las oraciones, en la mezquita se han realizado bodas interreligiosas – desaprobadas en otras mezquitas –  y divorcios. En este sentido, la Mezquita Mariam posee su propio estatuto del matrimonio, el cual cuenta con cuatro ejes fundamentales, a saber, el rechazo de la poligamia; el derecho de las mujeres al divorcio, la anulación del matrimonio ante violencia psicológica o física; y la igualdad de derechos sobre los hijos por parte de las mujeres ante el divorcio.

Así, según señala su fundadora Sherin Khankan, esta nace en un intento por desafiar las «estructuras patriarcales» y crear debate y diálogo, entendiendo como estructuras patriarcales el carácter que ha quedado impregnado en el islam donde los hombres gozan de una posición preferente fruto de una lectura subjetiva del libro sagrado por los propios varones. La intención de Khankan sería desafiarlas permitiendo la igualdad entre ambos géneros. 

Pese a la controversia sobre la compatibilidad entre la igualdad y el islam, expertas como Dolors Bramon, islamóloga no musulmana, afirman que no son ideas enfrentadas. En este sentido, asegura no sólo su compatibilidad sino que en su libro Ser mujer y musulmana afirma  que “las primeras normativas favorables a la mujer nacen en el libro básico del islam”. Así, Bramon considera que el islam establece una igualdad absoluta desde el punto de vista religioso: la mujer tiene derecho a la vida -antes no lo tenía-, la mujer hereda -antes era heredada-, la mujer tiene derecho a una dote y sin ella no hay matrimonio, se anula prácticamente la costumbre de la poligamia, porque el Corán habla de poligamia pero luego dice que es imposible cumplir con los requisitos…”. 

Mezquita Mariam// Fuente: Maryam Islamic Centre

En línea con lo anterior la danesa Khankan señalaba el pasado marzo, en el Seminari interdisciplinari de recerca del Aula Mediterránea, que siendo hija de padre sirio y madre finlandesa, él musulmán de carácter feminista y ella católica, la religión había permanecido en el seno de la familia sin ser motivo de disputas. Una situación familiar que influiría en el progresivo desarrollo de la idea de crear un espacio en el que, respetando las bases del Islam, todos los imanes serían femeninos y donde, a excepción de los viernes, tanto hombres como mujeres serían recibidos en las oraciones.

Poco después, en una entrevista realizada por La Vanguardia Khankan buscaría romper con distintos mitos que considera creados en el islam. En este sentido, rechazaba la idea de que el feminismo islámico sea un oxímoron para lo que recurre a la persona de su padre, quien afirma desde siempre ha dicho que “el hombre perfecto es una mujer”,  una creencia en la que ella ha sido educada. Asimismo, entre otras cuestiones, mencionaba la cuestión de la yihad afirmando que esta se trata de una lectura interesada posterior realizada por “ciertos caudillos”, mientras que defendía que “en realidad, el Profeta sólo está llamando a una guerra interior contra tu ego”.

Otras imanes

Junto a la Mezquita Mariam existen toda una serie de proyectos similares que han sido realizados por mujeres musulmanas en otros países, incluidos los EE. UU., Canadá y Alemania.

En cuanto a las imanes femeninas, otra de las figuras destacadas dentro de esta corriente en Occidente es la ya mencionada Amina Wadud. Su defensa del imamato femenino le llevaría a dirigir la oración en dos ocasiones, a saber, en 2005 en Nueva York y en 2008 en Barcelona. En ninguna de las ciudades consiguió permiso para hacerlo en una mezquita, lo que le llevaría a que en el caso de Nueva York  sus fieles fueran reunidos en la iglesia presbiteriana de San Juan, mientras que en Barcelona la oración tendría lugar en un salón del hotel en el que se celebraba el congreso al que había sido invitada. Ello daría lugar a una gran polémica y provocaría el rechazo y denuncia por parte de los sectores más conservadores.

Por su parte, Asma Bhol también se considera una «imamah lo que ella misma entiende como la versión femenina del imán. En este sentido, dirige las oraciones del viernes en la Iniciativa de la Mezquita Inclusiva en Londres, que admite a personas de cualquier género, sexualidad o minoría en condiciones de igualdad. Cuentan con  alrededor de 20 a 50 personas en un viernes típico.

Junto a las anteriores existen otras como la Imamah Pamela Taylor y Jamila Ezzani dirigió a un grupo de hombres y mujeres en sus oraciones de Eid en 2012.

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