Energía y Geoestrategia 2018

Energía y Geoestrategia 2018

Por Airy Domínguez Teruel

#ENERGEO18

Basándose en el sabido peso de la energía en la esfera de la política internacional, así como en la importancia del binomio Energía/Geoestrategia, el pasado día 29 de mayo el Instituto Español de Estudios Estratégicos, el Comité Español del Consejo Mundial de la Energía y el Club Español de la Energía presentaban en el campus de Repsol (Madrid) Energía y geoestrategia 2018. Un informe que en palabras del General Miguel Ángel Ballesteros “favorece el conocimiento y la concienciación ciudadana tanto a nivel energético como en temas de geopolítica”.

La quinta edición de Energía y geoestrategia pone el foco sobre cuatro áreas geográficas, a saber, Rusia, Turquía, India y Sahel. Estas son analizadas por una serie de expertos de carácter multidisciplinar entre los que se encuentran Beatriz Mesa, Lara Lázaro, Melike Janine Sökmen, Eduard Soler i Lecha, José Pardo de Santayana, Sunjoy Joshi y Lydia Powell. Todos ellos coordinados por el Ex Ministro de Industria y Energía Claudio Aranzadi. Junto a lo anterior, este libro incluye una entrevista con el responsable de la política energética en la Unión Europea, el comisario de Medio Ambiente y Energía Arias Cañete.

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El transcurso del evento estuvo marcado por dos cuestiones fundamentales: el incremento de la incertidumbre y el aumento riesgo geopolítico en el campo energético dictados por la actualidad. Así, la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y la consiguiente salida del país de dos acuerdos internacionales estratégicos, el acuerdo nuclear con Irán y el Acuerdo de París, se hicieron con el protagonismo del encuentro. Lo anterior debido a que ambas iniciativas del ejecutivo norteamericano aumentan el riesgo en el escenario estratégico, refutando su papel de primera potencia mundial. Al mismo tiempo, estas acciones han permitido el traslado de la incertidumbre ante la elección del nuevo presidente y el cumplimento de sus promesas electorales, a la incertidumbre respecto a las consecuencias de sus acciones.

Junto a este eje central se tratarán otras cuestiones como el acelerado crecimiento chino – especialmente en el campo tecnológico – sus consecuencias y su posicionamiento como líder mundial en tecnologías bajas en carbono ; el papel de Rusia como potencia; la situación de inseguridad el Sahel; y el papel de India y Turquía en el tablero de la geopolítica. Todo ello con la energía en Europa, especialmente España, como punto de referencia para el análisis.

Tras las presentaciones y el análisis ofrecido por Antonio Brufau Niubó, Íñigo Díaz de Espada, Miguel Antoñanzas Alvear y Arturi Romani, el coordinador de Energía y Geoestratégia, Claudio Aranzadi, dio paso a las intervenciones de los autores del libro. De este modo, los expertos presentarían brevemente el contenido de sus respectivos capítulos, incitando a las más de cuatrocientas personas presentes en la sala a leer el informe. Posteriormente, se daría paso a un turno de preguntas que permitía la participación de los asistentes.

La intervención de los expertos empezaba con la investigadora del Real Instituto El Cano Lara Lázaro, quien durante su exposición transmitió la importancia de la cuestión climática. En este sentido, incidía en la preocupación que suscita el cambio climático en los ciudadanos europeos, así como su demanda de acción climática. Al mismo tiempo apuntaba que, pese a las notables diferencias entre países, el cambio climático se presenta como el tercer problema más grave a nivel mundial tras el terrorismo internacional, la pobreza, el hambre y la falta de acceso al agua potable. Asimismo, recordaba que constituye la principal preocupación de seguridad internacional según el Real Instituto El Cano.

Junto a lo anterior, la investigadora alertaba de la gravedad de alejarse del cumplimiento de los compromisos climáticos del nuevo modelo de desarrollo, al tiempo que denunciaba la falta de interés de las potencias por la reducción de la temperatura media. Sin embargo, no todo eran malas noticias, pues mostraba cierto optimismo al referirse a acciones importantes como el planteamiento de crear una sociedad ecológica nacido en China el pasado 2013.

Refiriéndose al abandono del Tratado de París por parte de EEUU, afirmaba que es la segunda vez que el país lleva a un default climático – refiriéndose con ello al Protocolo de Kioto -. Pese a ello, Lázaro volvía a mostrar optimismo al referirse, entre otras cuestiones, al hecho de que la decisión de EEUU se anunciase en 2016 y no en 2009 así como a la disminución del coste de las renovables y la consiguiente minimización del “daño” de la decisión. 

Por su parte, el coronel José Pardo de Santayana se centraba en el papel de la diplomacia rusa dentro del panorama geoestratégico. Aquí, destacó el control estatal sobre las empresas energéticas del país y su utilización para favorecer sus intereses geoestratégicos en Oriente Medio. Así, recurría a explicar la relación de Rusia con Irán, y su aparentemente incongruente relación paralela con Israel y Arabia Saudí.

Respecto a las motivaciones tras la política seguida por el país, Pardo señalaba que Rusia persigue reivindicar y asentar su papel de potencia, así como la implantación de un modelo multipolar en el que se vería favorecido. En este sentido, minutos más tarde el coronel se referirá a la intervención rusa en Siria asegurando que ha sido determinante para otorgar a Rusia -con Alepo y lo que le sucede- la categoría de héroe, de garante del orden en la región.

Por otra parte, relacionaba el país con Europa apuntando que debido a que en torno a 2/3 del mercado energético ruso depende de las exportaciones a Europa, esta se presenta como una región de gran importancia. Según Pardo de Santayana, Rusia estaría focalizada en Oriente Medio, buscando no sólo financiación, sino una vía para evitar las sanciones tecnológicas. Así, perseguiría evitar que Oriente Medio se presente como alternativa al gas ruso que llega a Europa. Por último, estarían los intereses económicos. Con todo, el autor recalcaba que el objetivo último del país no es sino la defensa de su rango de potencia y la alteración del orden hegemónico.

La cuestión de Turquía era tratada por Eduard Soler i Lecha, investigador del CIDOB. Éste explicó cómo las sanciones a Irán suponen una mala noticia para el país debido a una serie de cuestiones fundamentales, a saber, por hacerlo más dependiente de Rusia; por las posibles tensiones con EEUU fruto fundamentalmente de la imposición o no de sanciones a Irán; el aumento de la factura energética y el riesgo político-económico de cara a las próximas elecciones del día 24 de junio. Con todo el investigador defiende que la sensación del país es la de estar aproximándose a una situación crítica. En este sentido, advertía que la retirada de EEUU desde una perspectiva histórica perjudica política y económicamente al dar fuerza a sus aliados en la región, es decir, alimenta la valentía de Arabia Saudí, Emiratos Árabes e Israel.

Respecto a la colaboración entre la Unión Europea y Turquía en el sector energético, el experto aseguraba que se trata de uno de los ámbitos menos complicados. Así, defendía que la posibilidad de colaborar existe incluso ante los baches políticos. En este sentido apuntaba que para Turquía la relación con la UE es necesaria, pero que está la cuestión del interés europeo respecto a las sanciones a Irán.

Por último, destacaba que la voluntad turca de ser líder regional palpable en la retórica de 2012-2013 se vio disminuida ya en 2013, dándose un reajuste de la opinión regional respecto a ella.

Por su parte, la Doctora Beatriz Mesa García nos trasladaba al terreno de la (in)seguridad en la región del Sahel, entendiéndola como una cuestión clave dentro de la esfera del binomio energía/geoestrategia. En este sentido, abría su intervención afirmando la imposibilidad de un desarrollo energético sin un contexto de seguridad estable. En este sentido, se refería al significativo empeoramiento de la situación en la región del Sahel a pesar de la presencia de las tropas francesas, de los cascos azules de la MINUSMA, anterior al conflicto de 2013, y de los Estados Unidos a través de diferentes programas militares en el contexto de prevención del terrorismo. Alertaba así de que cinco años después nos encontramos con más tensión, más crisis, más inseguridad.

"No puede haber desarrollo energético sin un contexto de seguridad estable"

En línea con lo anterior, la experta apuntaba a la imposibilidad de una solución centrada únicamente en la vía militar, debido fundamentalmente a la capacidad que han tenido los actores no estatales de armase económicamente y militarmente consiguiendo incluso una cierta legitimidad popular, y convirtiéndose en rivales de los Estados del Sahel – débiles, con instituciones frágiles, absorbidas por la corrupción, con cuerpos y fuerzas de la seguridad limitados, etc. –

Si bien el yihadismo era clave en su exposición, la académica se esforzaba en resaltar la existencia de otras inseguridades en la región, como puede ser la alimentaria, y el levantamiento – por medio de la fuerza- de ciertos grupos como nuevo motor económico que funciona como alternativa: la economía criminal.

Basándose en lo anterior concluía que el problema no se reduce a la cuestión del yihadismo o secesionismo, ni a la literatura de una radicalización de las poblaciones sahelianas. Definía así el “problema” como violencia radical – separándola de la connotación religiosa – y destacaba el carácter multifactorial de la inestabilidad existente en la región.

Por otra parte, Mesa denunciaba la visión extremadamente occidental del análisis hegemónico, y en un esfuerzo basado en su andadura por el terreno nos invitaba a ponernos las lentes de aquellos que se encuentran a la otra orilla y a ver el carácter multidimensional de lo que ocurre en la región. A comprender la situación que vive el Sahel como batalla; guerra de grupos tribales; grupos armados, actores internacionales; regionales; etc. Destacando asimismo la importancia del papel jugado por Turquía, Rusia y Arabia Saudí.

Respecto a las relaciones de Europa con la región invitaba a valorar la idea de Marruecos como amigo de España y conductor hacia esta zona. Asimismo, apuntaba al miedo de Europa frente al continente africano como uno de los principales impedimentos para su aproximación al Sahel y, por consiguiente, para su competencia frente al gigante chino – cuya relación con las regiones del Sahel se está estrechando-. Así, para garantizar avances proponía disminuir el miedo y superar la barrera de inseguridad jurídica.

Junto a estas exposiciones Lidia Powell se refería al caso de India, su acusada dependencia del carbón y su iniciada transición de una política enfocada a aumentar la calidad de recursos energéticos, a su intento por mejorar la calidad de los mismos. Una cuestión que sin embargo no se muestra como prioritaria frente a otras como el progreso económico o la justicia social. De igual modo, la experta atendía a otros temas como el enorme reto económico que supone para la India la persecución del bajo carbono en el contexto de la viabilidad comercial del sector eléctrico indio.

Finalmente, tras las intervenciones, el General de la Brigada de Artillería y director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Miguel Ángel Ballesteros y Claudio Aranzadi ofrecerían un balance final, dando paso a la entrega de un ejemplar de la obra del que vosotros podéis disfrutar en el siguiente enlace:

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/cuadernos/Energia_y_geoestrategia_2018_.pdf 

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Elisabet Saffouri: El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad»

Elisabet Saffouri sobre Shatila: "El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele"

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El próximo día 15 de mayo se cumplirán 70 años de la Nakba, en MENAnalisis entrevistamos a Elisabet Saffouri, abogada y economista especializada en el ámbito internacional, con experiencia de campo y vinculación personal con el campamento de refugiados palestinos de Shatila. Además, junto con Firas Safieddine, Saffouri ha elaborado el proyecto HOME destinado a preservar la identidad de los refugiados palestinos a través del arte y la cultura. En la entrevista, Saffouri nos hablará sobre el proyecto y trataremos otros temas que nos ayudarán a acercarnos a la realidad a la que han de enfrentarse los refugiados palestinos cada día desde hace más de 60 años, y al porqué de esta situación.

¿Qué es HOME y cuál es su objetivo?

HOME es un proyecto benéfico enfocado a los refugiados palestinos del campamento de Shatila y a través de una organización concreta del campamento (Majd del Korom). Lo enfocamos bajo lema “Hogar” y cómo éste influye, perfila y afianza la identidad.

Nuestros objetivos con Home han sido discretos. En lo posible, crear consciencia y dar a conocer las terribles condiciones de vida dentro del campamento de Shatila, al mismo tiempo que acercarnos a los más jóvenes del campamento a través de un proyecto cultural y de creatividad artística.

Debe de haber sido complicado organizarlo todo. ¿Cuánta gente ha participado en el proyecto y qué dificultades, así como facilidades, te has encontrado?

Ha sido muy emocionante organizar el proyecto para los que hemos participado (todos voluntarios). Aunque a lo largo del camino también se presentaron dudas y complicaciones. Pero una vez finalizado, la verdad que nos parece más fácil de lo que realmente ha sido. 

¿Qué te llevó a emprender este proyecto?

Con Shatila tengo un vínculo personal y emocional. Mi padre nació allí y aunque la familia pudo abandonar el campamento a finales de los años sesenta, otros palestinos no pudieron hacerlo nunca. Creo que es importante manifestar quiénes somos y de dónde venimos. Hoy, en Shatila ya vive la tercera o cuarta generación de refugiados y es necesario que esto se sepa.

¿Por qué Shatila? ¿Has estado allí?

La primera vez estuve de muy pequeña por lo que mis primeros recuerdos son a través de las fotografías que conservo y que he mirado muchísimas veces. Después volví con los años. El impacto fue enorme.

¿Qué puedes contarnos sobre él?

Cualquier persona que llegue a Shatila recibirá un gran impacto. El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad; un espacio tan concentrado, con callejones como laberintos, edificios apretados entre sí del color más crudo del cemento y tan deteriorados… aunque el bullicio constante producido por personas que van y vienen por las calles más amplias le llena de presencia viva, de fuerza, de colorido.

Sin embargo la clave, la pregunta inmediata que debemos hacernos sobre Shatila es: ¿Por qué sigue existiendo un campamento de refugiados desde el año 1948?      

Cualquier persona que llegue a Shatila recibirá un gran impacto. El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad

El enfoque hacia los refugiados desde occidente suele ser el de su caracterización como amenaza o problema ¿Cuál es tu opinión?

En Occidente hemos destruido o banalizado el sentido de la palabra “refugiados”. ¿Realmente somos el refugio para personas que lo necesitan? El refugiado lo es por necesidad, por obligación se lanza a la incertidumbre de lo desconocido; la mayoría de las veces para sobrevivir con dignidad o salvar su vida.

Y ¿cómo los vemos en el Occidente “culto” y “humanitario”? Desde las Administraciones globales con poder de decisión, como amenaza, estorbo incómodo y carga económica, todo a la vez. En cuanto a la ciudadanía… ahí cada cual debería despojarse del matiz que considere políticamente correcto y alzar su voz. Porque “los otros”, los refugiados, somos todos.  

¿Qué factores consideras como los más perjudiciales para la situación que sufren los refugiados palestinos?

El enorme desconocimiento sobre ellos y el abandono. A la palabra palestino se le ha añadido la de “refugiado” y se repite mecánicamente sin que se cuestione lo trascendental: ¿por qué son refugiados?, ¿por qué no pueden dejar de serlo si ellos lo ansían por encima de todo, y si la legislación internacional reiteradamente lo ha exigido? Los refugiados palestinos del Líbano siguen reclamando el derecho de retorno reconocido por las Naciones Unidas. La cuestión, entonces, está en por qué no se aplica.

A la palabra palestino se le ha añadido la de “refugiado” y se repite mecánicamente sin que se cuestione lo trascendental: ¿por qué son refugiados?

Hoy los refugiados palestinos no parecen estar en el foco mediático, ¿a qué crees que se debe?

Los medios convencionales van creando presencias y ausencias. Los palestinos, salvo sucesos puntuales siempre dramáticos, están desaparecidos. En estos momentos es más mediático e interesado mostrar las desgracias de Siria.

 

¿Cómo crees que se puede contribuir a la mejora de la situación de los refugiados?

Yo no me considero capacitada para responder… pero, ¿humanidad, justicia?

¿Podrías hablarnos de ejemplos que hayan contribuido positivamente a la mejora de las condiciones de vida de los refugiados?

Tampoco responderé… Pero conozco iniciativas individuales como, por ejemplo, la de la organización Majd del Korom de Shatila que de verdad ayudan a las personas más necesitadas del campamento de Chatila.

¿Después de que el evento HOME tuviera lugar el pasado 20 de abril, estás contenta con el resultado? ¿Se cumplieron tus expectativas?

Sí, estamos contentos. Aunque, sin duda, podría mejorarse. A posteriori es fácil percibir también algunos fallos o falta de previsión, pero en un futuro, en el próximo, estamos dispuestos a corregirlos. 

¿Qué opiniones recibiste por parte de las personas que asistieron?

Todo el mundo fue muy, muy amable. Tanto, que por momentos nos emocionamos.

¿Con el dinero recaudado, qué significará HOME para los refugiados de Shatila? ¿En qué se materializará?

Con el dinero recaudado no significa que vayamos a cambiar nada concreto, desgraciadamente.

Todo lo recogido está detallado en nuestra página web, con los gastos del evento incluidos. Por supuesto las personas que hemos trabajado en él lo hicimos de manera voluntaria y altruista. Y quiero agradecer especialmente el apoyo desinteresado y entusiasta de los artistas, de la imprenta B[…]Gràfic  y de Nau Bostik. Y por supuesto a todos los donantes.

El dinero recogido ya ha sido enviado por transferencia a la organización Majd del Korom, que muy pronto nos concretará cómo se ha empleado exactamente. Aparecerá detallado en la página web de HOME.

Por último, ¿crees que hacen falta más iniciativas como éstas? ¿En qué medida nuestra sociedad puede influir para lograr cambios en pro de los derechos humanos de las personas refugiadas?

Mil veces SÍ. Animo a cada uno a implicarse en una causa por la justicia y seguir hacia adelante. Solamente el no hacer nada lleva al fracaso.

Solamente el no hacer nada lleva al fracaso.

Para terminar ¿podrías hablarnos sobre el papel del arte en el campamento de Shatila?

¡En Shatila hay necesidades tan primarias e inmediatas!

No obstante, pensando en los niños del campamento y su gran curiosidad optamos por acercarlos a actividades más lúdicas o “artísticas” a través de la pintura y creaciones manuales; de manera similar a cómo se ha hecho con el deporte o la enseñanza, por ejemplo, de ajedrez, que ya están muy desarrolladas en el campamento. Evidentemente la aportación económica del evento HOME será mínima, pero es el primer paso.   

 

Buena suerte y muchas gracias

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Los refugiados palestinos: El campamento de Shatila, más de 60 años de injusticia

Los refugiados palestinos: el campamento de Shatila, más de 60 años de injusticia

Por Airy Domínguez y Xavier Mojal

Mujeres en el campamento de Shatila 1987//© gettyimages

El campamento de Shatila se encuentra situado en el sur de Beirut y fue establecido en 1949 por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Su finalidad era acoger a los refugiados que llegaron desde Amka, Majed al-Kroum y al-Yajour en el norte de Palestina después de 1948, cuando entró en vigor el Estado de Israel. En la actualidad, más de 60 años después de su creación, el campamento acoge a unas 28,000 personas en un área de menos de un kilómetro cuadrados. Presentándose, según la UNRWA, como uno de los campamentos de refugiados palestinos con las peores condiciones sanitarias en la región. A lo anterior se suman los altos niveles de inseguridad y la ausencia de los servicios más básicos. En este sentido, la UNRWA denuncia que “las condiciones de salud ambiental en Shatila son extremadamente malas. Los refugios están húmedos y abarrotados, y muchos tienen desagües abiertos. El sistema de alcantarillado necesita una expansión considerable. Actualmente se está implementando un proyecto de infraestructura en el campamento para mejorar el alcantarillado, el sistema de aguas pluviales y la red de agua”.

Historia de la creación de los campos de refugiados y asentamientos informales en Líbano// Fuente: The Entangled History of a Refugee Camp. Actors, programs and urban spaces in Nahr el Bared 1949-2016, p. 154

En línea con lo anterior, la abogada y economista Elisabet Saffouri de ascendencia palestina y con experiencia de campo en campamentos de refugiados apunta que “cualquier persona que llegue a Shatila recibirá un gran impacto. El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad; un espacio tan concentrado, con callejones como laberintos, edificios apretados entre sí del color más crudo del cemento y tan deteriorados… aunque el bullicio constante producido por personas que van y vienen por las calles más amplias le llena de presencia viva, de fuerza, de colorido”

Un recorrido histórico por el campamento

Desde su nacimiento hasta pasados 20 años, los refugiados de Shatila vivieron en tiendas de campaña pasando posteriormente a alojarse en pequeñas construcciones de hormigón. Aunque  las condiciones de vida seguirían siendo malas, poco a poco se fue construyendo  el campamento, dando paso a la aparición de edificios de 1 o 2 pisos. Durante la guerra civil iniciada en 1975, en medio del caos generalizado, todo el mundo empezaría a construir de manera ilegal sus propias casas. Desde entonces las construcciones continuarían, siendo la década de 1980 el periodo en el que se edificarían la mayoría de las viviendas ilegales, una construcción caótica que dependía de las habilidades de los refugiados. Por su parte, la UNRWA se encargaría de la construcción de casas para los casos especialmente complicados.

En la década de 1990 comenzó la integración de otras comunidades en Shatila, dándose en 1995 el principal proceso urbanístico. La llegada de nuevas comunidades serviría inicialmente de ayuda a los palestinos que construyeron nuevas casas y techos vendidos a quienes llegaban. Sin embargo, la mezcla de personas y nacionalidades también tenía su lado negativo. Se crearían cuatro barrios distintos, a saber, el mercado ocupado en su mayoría por comerciantes sirios migrantes; los barrios palestinos; los barrios chiítas y el de asentamientos ilegales de Sabra.

© Wojtek Arciszewski/Al-Jazeera

Entre los acontecimientos históricos a los que Shatila se vería obligada a hacer frente,  destaca la masacre de Shatila. Esta encuentra sus raíces en la atribución por parte de los servicios secretos israelíes del intento de asesinato de Shlomo Argov – entonces embajador israelí en el Reino Unido- el 4 de junio de 1982 a una organización disidente palestina respaldada por el gobierno iraquí. Basándose en lo anterior, el 6 de junio el ejército israelí invadió Líbano bajo la llamada «Operación Paz para Galilea». El contexto que precedió a esta decisión estaba marcado por una tensión creciente, en la frontera con Líbano, entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP); esta última captaba militantes y organizaba campañas violentas contra objetivos israelíes -incluyendo civiles- desde el sur del Líbano. Sus pretensiones iniciales se verían superadas, pasando del interés por adentrarse 40 kilómetros en Líbano a avanzar hasta Beirut una vez fue ocupado el sur del país y destruida toda resistencia palestina y libanesa en la zona. Así, el 18 de junio consiguieron rodear a las fuerzas armadas de la OLP en la parte oeste de la capital.

Tras dos meses de enfrentamientos en los que perdieron la vida unas 18.000 personas según fuentes libanesas, empezaría la negociación de un alto el fuego con Philip Habib, enviado especial del presidente estadounidense Ronald Reagan, como mediador. En Agosto EEUU, para proteger a Israel, llegó a un acuerdo con el expresidente de la OLP, Yaser Arafat, para que la organización abandonase Beirut. De los Acuerdos Habib nacería el compromiso de la OLP de desalojar Beirut-Oeste a cambio de garantizar la protección internacional de la población palestina emplazada en los campos de refugiados. Los combatientes palestinos abandonan la capital libanesa el 1 de septiembre, y el 10 de septiembre lo hace la fuerza exterior desplegada. Así, la evacuación de la OLP finalizaría el 1 de septiembre de 1982, mientras que el día 10 las fuerzas externas abandonaron Beirut. Al día siguiente Sharon anunciaba que «2.000 terroristas» se habían quedado en los campos de refugiados palestinos que rodean la capital.

En este contexto, el día 14 el líder maronita (cristiano) Bashir Gemayel -elegido presidente hacía un mes- fue asesinado junto con 40 personas más, en un ataque que se cree fue perpetrado por un agente de los servicios secretos sirios. Gemayel pertenecía al Partido de la Falange Libanesa, y era aliado de Israel. Ello llevó a que dos divisiones del Ejército israelí – bajo el mando de Ariel Sharon- ocupasen Beirut, todo con el objetivo de preservar su estrategia en el conflicto. Así, el 15 de septiembre, en contra de lo pactado con EEUU,  el ejército israelí ocupó Beirut este, «rodeo y selló» los campos de Sabra y Chatila en los que habitaban civiles palestinos y libaneses. Desde la mañana, Sharon estaba presente para dirigir la penetración israelí, produciéndose horas más tarde los bombardeos de los campos.

El jueves 16 de septiembre de 1982 el ejército israelí controlaba Beirut este. El portavoz militar israelí declaró: «el Tsahal controla todos los puntos estratégicos en Beirut. Los campos de refugiados, en cuyo interior se concentran terroristas, están rodeados y sellados». Esa mañana, el alto mando del ejército ordenó que «los Falangistas y el ejército libanés llevarán a cabo la búsqueda y limpieza dentro de los campos». Se procedió al lanzamiento de bombas contra los campos, mientras que francotiradores israelíes disparaban contra quienes se encontraban en las calles. En torno al mediodía el mando israelí dio luz verde a la milicia Falangista para entrar en los campos de refugiados. Así, entre los días 16 y el 18 de septiembre las milicias de la Falange -maronitas de extrema derecha- irrumpieron en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, «donde torturaron, violaron y mataron entre 800 y 3.500 palestinos y libaneses, según las diversas fuentes». Lo anterior con el consentimiento del Ejército israelí que controlaba entonces los campos.

Motivado por las presiones internacionales, Israel crearía una comisión de investigación sobre los acontecimientos narrados, la Comisión Kahan. En el informe resultante Sharon, quien sería el futuro primer ministro israelí, fue señalado como responsable indirecto lo que derivaría en su dimisión, sin embargo, nunca sería procesado.

A día de hoy no se sabe cuáles fueron las consecuencias reales de la masacre, pues la cifra de fallecidos varía entre 400 según fuentes libanesas y 4.000 según los palestinos. Esta es una brecha que no fue ni ha sido sanada, pues como defiende Mikel Ayestaran en lugar de recordar y buscar el perdón entre comunidades, en Líbano se limitaron a dedicar un parque a los fallecidos “[…] como si nada hubiera ocurrido en este suceso que Naciones Unidas reconoce como ‘genocidio’”.

Tras la destrucción del campamento en 1982, este fue reconstruido por los palestinos. Sin embargo, Shatila sufriría un nuevo golpe en 1985 con los enfrentamientos palestino-chiíes.  Aquí Beatrice Benatti y Sarah Rita Kattan defienden que “ […] el asentamiento masivo de chiitas desplazados y trabajadores sirios dentro del campo después de la guerra civil, no sólo es atribuible a alquileres baratos, sino también a la aprobación tácita del estado libanés, que condujo a un fuerte aumento en el precio de los alquileres”.  Así, la presión sobre los palestinos para que abandonaran Shatila había ido en aumento, lo que se transformaría en un fuerte descontento entre los residentes palestinos.

Campamento de Shatila // © BBC

En la historia más reciente, destaca el incremento de la diversidad en el campamento a raíz del conflicto sirio (2011-actualidad). Este ha llevado a que los nacionales del país huyan hacia zonas en las que los refugiados palestinos se encontraban instalados desde hacía décadas, siendo Shatila una de ellas. Lo anterior ha contribuido al empeoramiento de las condiciones de vida; en este sentido en febrero de 2016 la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja afirmaba que la población del campo había aumentado entre 10,000 y 16,000 personas desde el comienzo de la guerra civil siria en 2011, unas cifras que parecen ser muy superiores según informan desde el interior del campamento. Con todo, como apunta Elisabet Saffouri “la clave, la pregunta inmediata que debemos hacernos sobre Shatila es: ¿Por qué sigue existiendo un campamento de refugiados desde el año 1948?”

La precaria situación de los Palestinos en Líbano no se reduce a Shatila

En Líbano están registrados más de 500.000 refugiados, representando los refugiados de Palestina cerca del 10% de la población de Líbano. Según el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados de 2016, en general la calidad de vida de los palestinos en Líbano, al igual que ocurre con los sirios, es mala.  Ello, como apunta Youssef Bouajaj, responde a toda una serie de cuestiones entre las que se encuentran la negación del país a otorgar terreno para la ampliación de los campos de refugiados superpoblados; la imposibilidad de los refugiados de tener propiedades, acceder a servicios públicos y dedicarse a trabajos liberales en campos como la educación, medicina o el derecho , así como la ausencia de  derechos laborales. En este sentido  La UNRWA denuncia que los refugiados palestinos tienen dificultades para trabajar, que el 90% están bajo el umbral de la pobreza y un 95% tienen dificultades para acceder a la alimentación.

En este sentido, uno de los principales problemas que impiden que la situación a la que se enfrentan los palestinos cambie es el desconocimiento y banalización de esta realidad en el resto del mundo. Como afirma Elisabet Saffouri, “a la palabra palestino se le ha añadido la de “refugiado” y se repite mecánicamente sin que se cuestione lo trascendental: ¿por qué son refugiados?, ¿por qué no pueden dejar de serlo si ellos lo ansían por encima de todo, y si la legislación internacional reiteradamente lo ha exigido? Los refugiados palestinos del Líbano siguen reclamando el derecho de retorno reconocido por las Naciones Unidas. La cuestión, entonces, está en por qué no se aplica”.

Junto a lo anterior se encuentra su catalogación como amenaza. En esta línea, Saffouri denuncia que desde las Administraciones globales con poder de decisión, los refugiados son vistos “como amenaza, estorbo incómodo y carga económica, todo a la vez”. “En cuanto a la ciudadanía… ahí cada cual debería despojarse del matiz que considere políticamente correcto y alzar su voz. Porque “los otros”, los refugiados, somos todos”, apunta. 

El arte como vía para la preservación de la identidad palestina

En los campos de refugiados el arte urbano se ha convertido en la vía para mantener la identidad y ejercer la resistencia. En este sentido, Mohammad Daher afirma que “No hay muchas maneras de resistir, por lo que los murales crean conciencia y son nuestra forma de resistencia”. En este campamento las paredes acogen símbolos nacionales palestinos como la mezquita Al-Aqsa en Jerusalén, mapas y banderas de Palestina y retratos de Yasser Arafat, entre otros.

En Shatila, Abu Marwan, ha realizado varios murales y pinturas que reproducen monumentos en Jerusalén y conmemoran la intifada palestina en Shatila. En este sentido, afirma que «[p]ersonalmente no tengo esperanza, pero [pinto] porque quiero que nuestros hijos sepan cuánto sufrimos y que recordemos nuestros pueblos y nuestra tierra». 

El arte como denuncia ha pasado las fronteras de los campos de refugiados llegando a ciudades europeas que hacen de este una vía para la causa palestina, que no deja de ser una de las muchas causas que unen a los defensores de los derechos humanos. En España destaca en la actualidad HOME, un proyecto que busca preservar la identidad de los refugiados palestinos a través del arte y la cultura, y que organizó un evento en la Nau Bostik (Barcelona) el pasado 20 de abril de 2018 donde MENAnalisis tuvo la oportunidad de estar presente.

Una ciudad palestina en os muros de Shatila. Un grupo de artistas palestinos e internacionales realizaron varios murales para conmemorar la masacre de Sabra y Shatila de 1982 (MEE / Marta Vidal)
Una representación de las tradiciones y pueblos palestinos en un muro de Shatila (MEE / Marta Vidal)

Sobre HOME

“¿Qué es el hogar (home)? El hogar es la tierra, la familia, la religión, el género, la comunidad nacional imaginada… El hogar puede estar en todas partes porque lo conforman todos los elementos que definen la identidad del individuo y la comunidad. El hogar es, pues, un concepto subjetivo, ya que la identidad depende de la perspectiva que se tome”.

Con esta premisa, en su evento del 20 de abril de 2018, el proyecto Home nos incitaba a reflexionar sobre el hogar, la identidad, y su realidad flexible y mutable, mediante la exposición de diversas piezas artísticas y actividades culturales. Todo a partir de los refugiados palestinos, un colectivo que entre otras cuestiones ha de enfrentarse a la lucha por la preservación de su identidad, su hogar.

Desde HOME se definen como “ un proyecto benéfico enfocado a los refugiados palestinos del campamento de Shatila y a través de una organización concreta del campamento (Majd del Korom)”. Afirman que sus objetivos “[…]han sido discretos. En lo posible, crear consciencia y dar a conocer las terribles condiciones de vida dentro de Shatila, al mismo tiempo que acercarnos a los más jóvenes del campamento a través de un proyecto cultural y de creatividad artística”.

En cuanto a la cantidad recaudada servirá, como ellos mismos explican en su web, para que la ONG Majd del Korom, que organiza actividades culturales, talleres y espacios de creación artística y libre en el campo de refugiados de Shatila, desarrolle un nuevo proyecto con el fin de reivindicar y seguir modelando la identidad de las personas palestinas.

Como hemos mencionado, MENAnalisis tuvo el placer de asistir al evento, formando parte del proceso de reflexión sobre aquello que llamamos hogar. La primera obra en la que fijamos nuestra mirada fueron las instantáneas del fotógrafo Agostino Amato sobre la vida en Kobane, la población kurda situada en el lado sirio de la frontera con Turquía después de la expulsión del autodenominado Estado Islámico. Llama la atención observar cómo la destrucción presente en los edificios y calles, y que esta no suponga un freno para todos aquellos residentes que se habían quedado o que deciden volver a su hogar, para reconstruirlo, vivir y educar a las nuevas generaciones [imágenes 1 y 2]. Justo al lado nos encontramos con la obra de Mira Chelala, harapos reciclados y diseñados que recrean las texturas y los colores de los muros de Beirut, en los que la guerra –las balas, el fuego, la artillería− dejó su huella [imágenes 3 y 4]. La artista consigue transportarnos a aquella época oscura del Líbano, en la que la guerra indudablemente marcó y reformuló el hogar y por tanto la identidad de los que la sufrieron.

FOTOGRAFÍA 1
FOTOGRAFÍA 2

En otro espacio de la Nau Bostik, una combinación de esculturas de arcilla y fotografía de la artista Melle Skärfstad consiguen evocarnos la fragilidad del cuerpo humano, y sus infinitas interpretaciones –especialmente sobre el cuerpo femenino –  [imágenes 5 y 6]. A la derecha, una muestra de la serie fotográfica –que incluye un foto-film que se proyectó al final del evento− “I am 14” de la fotógrafa Benedicte  Vanderreydt, nos muestra las semejanzas y diferencias de la vida adolescente de tres chicas de origen distinto –Bélgica, Congo y Palestina− que miran directo a la cámara, como si de un espejo se tratara [imágenes 7, 8 y 9]. Y justo al lado de esta última pieza, nos espera la actividad más aclamada. Se trata de una propuesta de realidad virtual interactiva en la que nos adentramos en una parte, por desgracia habitual, de la vida del percibido como inmigrante: el racismo de aquellos que se consideran los autóctonos, que se transforma en prejuicios, discriminación laboral o agresiones.

Por último, no podemos ignorar la música, otro de los aspectos fundamentales que crean y transforman nuestra identidad. En este caso, en el evento nos acompañaron el fantástico grupo de instrumentistas de cuerda Cordaire Ensemble [imagen 11], el DJ Nabil Saffouri, y los cantautores y guitarristas Davy Lyons [imagen 12] y Rasha Nahas [imagen 13].

No nos queda si no dar la enhorabuena a Elisabet Saffouri y Firas Safieddine por haber elaborado el proyecto HOME, y haber organizado el evento con el mismo nombre. Una muy buena experiencia que invita a reflexionar sobre los distintos factores que juegan en el proceso de construcción de identidades, un trabajo que  ha dado sus frutos, y contribuirá en la tan necesaria reivindicación de la identidad de los refugiados palestinos. Como la propia Elisabet Saffouri apunta “solamente el no hacer nada lleva al fracaso”.

Bibliografía esencial:

Ayestaran,M., 2008. Sabra y Shatila, mikelayestaran.com, 16 septiembre. Disponible en: http://www.mikelayestaran.com/sabra-y-shatila/ [Consultado 5 mayo 2018].

Benatti, B., y  Kattan, S.R., 2017. The Entangled History of a Refugee Camp. Actors, programs and urban spaces in Nahr el Bared 1949-2016 [Tesis Doctoral].  Milán: Politecnico di Milano. Disponible en: https://www.politesi.polimi.it/handle/10589/134250 [Consultado 3 mayo 2018].

Cohen, S., 2010. Israel’s Assymmetric Wars, New York: Palgrave MacMillan

Shahid, L., 2002. The Sabra and Shatila Massacres: Eye-Witness Reports, Journal of Palestine Studies, Vol. 32, Núm. 1 (Otoño 2002), pp. 36-58, DOI: 10.1525/jps.2002.32.1.36

UNRWA, s.f. Shatila camp, UNRWA. Disponible en: https://www.unrwa.org/where-we-work/lebanon/shatila-camp [Consultado 3 mayo 2018]

Vidal, M., 2017. Palestinian refugees use street art to keep hope alive, Middle East Eye, 14 septiembre. Disponible en: http://www.middleeasteye.net/in-depth/features/palestinian-artists-fight-against-effacement-refugee-camps-lebanon-1853516309 [Consultado 5 mayo 2018].

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La cuestión kurda en Turquía: Un conflicto interminable

La cuestión kurda en Turquía: Un conflicto interminable

PARTE I: ORÍGENES DEL CONFLICTO Y EVOLUCIÓN HASTA EL NACIMIENTO DEL PKK

Por Xavier Mojal

El presente texto forma parte de una serie de tres artículos sobre la cuestión kurda en Turquía con la que intentaremos comprender las razones por las que el conflicto se ha alargado hasta nuestros días, volviéndose cada vez más complejo al tiempo que los agravios se acumulan, y sin la esperanza de una solución pacífica y efectiva a medio plazo.

En esta primera parte iremos a los orígenes del conflicto turco-kurdo, y repasaremos su evolución hasta el surgimiento del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, más conocido por su acrónimo en kurdo PKK. Una mirada histórica que pone el foco sobre la evolución de la identidad y el nacionalismo en un período tan convulso como fueron las últimas décadas del Imperio Otomano y las primeras de la República de Turquía.

Los kurdos de Siria, la última ramificación del conflicto

Durante los últimos años, en Siria hemos sido testigos de la lucha de un grupo armado, predominantemente kurdo, para expulsar del norte del país al autodenominado “Estado Islámico” (EI). Las Fuerzas de Protección Popular (YPG), apoyadas por los EEUU en especial desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, consiguieron expulsar a los “yihadistas” de Al Raqa, su feudo, el pasado verano.

La mayor parte del territorio bajo las YPG ha demostrado gozar de una cierta paz y estabilidad, un oasis dentro del caos sirio. No obstante, asistimos en el mes de marzo a la derrota de estas milicias en Afrín, el cantón kurdo noroccidental de Siria, ante el avance del poderoso ejército turco y de las milicias sirias predominantemente árabes del Ejército Libre de Siria apoyadas por Turquía. Pero bastante antes de esta ofensiva militar turca, irónicamente apodada como Operación Rama de Olivo, Turquía ya había lanzado otra operación militar para frenar la expansión de las milicias kurdas a lo largo del norte de Siria. Esto sucedía el verano de 2016, cuando este país inició su Operación Escudo del Éufrates en Yarablús –entre Afrin y el resto de territorio kurdo−, justificándola por la presencia del EI que sin embargo hasta entonces había tolerado en cierta forma.

El territorio marcado en verde oscuro en la parte superior de la imagen corresponde con el territorio tomado por Turquía a raíz de la operación Escudo del Éufrates. En amarillo vemos a los territorios bajo control kurdo.

Fuente: https://syria.liveuamap.com/

En esta imagen se puede observar el control territorial turco, marcado en verde oscuro, después de la toma de la mayor parte de la región de Afrín. Comparado con la imagen de la izquierda, vemos como el control kurdo (amarillo) pasa a limitarse a una menor bolsa de resistencia al este de la ciudad de Afrin norte de Alepo, y al vasto territorio al oeste de Yarablús.

Fuente: https://syria.liveuamap.com/

Pero, ¿de dónde viene esta obsesión, por parte del gobierno y también buena parte de la sociedad turca, por acabar con este “autogobierno” kurdo? La justificación oficial de Turquía pasa por equiparar a las YPG con el PKK, la guerrilla más numerosa de Oriente Medio, enfrentada al Estado turco prácticamente desde su fundación en los años ochenta. Los vínculos de las YPG con el PKK son claros, no sólo por la defensa de un mismo ideario político –el llamado confederalismo democrático del líder encarcelado del PKK Öcalan−, sino también por los lazos existentes entre los cuadros militares de ambos. También es cierto que las YPG han hecho un gran esfuerzo para tratar de desvincularse del PKK, así como mantener su lucha y programa político en Siria separado de aquel del PKK en Turquía. A partir de aquí, el gobierno y la mayoría de medios turcos han generado un discurso en el que se ha tratado a las YPG y a su extenso control territorial y militar en el norte de Siria como una amenaza a la seguridad de Turquía. Para corroborar esta idea se ha recurrido, en buena parte, a hechos distorsionados o no confirmados. Si bien existen correas de transmisión de un conflicto a otro (del kurdo-sirio hacia el kurdo-turco), como quedó demostrado en 2015 tras el fracaso del proceso de paz entre el Estado turco y el PKK, es probable que la invasión de Afrín y las posibles operaciones militares que están por venir al resto de territorio sirio bajo control kurdo no hagan más que generar un recrudecimiento mayor del conflicto en tierras turcas, aunque de momento no haya sido así por, entre otras cosas, la estrategia del PKK de separar su lucha de la de las YPG. Y es que, sin ir más lejos, la retórica nacionalista turca y la represión contra los kurdos siempre han sido recetas efectivas para movilizar a una gran parte del electorado turco. Como muestra de ello, la diferencia de votos para el partido islamonacionalista turco AKP –cuyo líder es el actual presidente de Turquía Recep Tayyip Erdoğan− de casi 9 puntos porcentuales entre las elecciones legislativas de junio de 2015 (40,9%) y la repetición de éstas en noviembre de 2015 (49,5%), dos momentos separados por el fracaso definitivo del proceso de paz entre el estado turco y el PKK y la reanudación de las hostilidades.

De todos modos, para entender la compleja actualidad del conflicto, es imprescindible remontarse al pasado, y entender así que la semilla del mismo se encuentra en el modelo ideológico que Turquía adoptó en su fundación como república moderna, secular y nacionalista.

Orígenes de la cuestión kurda en Turquía: el período otomano

Los kurdos conforman un grupo étnico de 36 a 45 millones de personas repartidos principalmente entre los estados turco, iraquí, sirio e iraní, de los cuales Turquía alberga hasta 20 millones. Siguiendo la definición de Michael E. Brown, por grupo étnico entendemos una comunidad de personas vinculadas por una cultura –una combinación flexible de lengua, religión, costumbres, instituciones, leyes, entre otras−, pasado histórico –real o mitificado− y ascendencia comunes, un sentimiento de pertenencia a un territorio concreto –poblado o no− y la concienciación de su propia existencia como comunidad diferenciada. Así, los kurdos comparten unos hechos culturales diferenciales –el uso de la lengua kurda, la religión islámica (la mayoría), costumbres determinadas, la creación (o la pretensión de hacerlo) de instituciones propias en diversos momentos de la historia −, un sentimiento de pertenencia a un territorio predominantemente kurdo al que llaman Kurdistán, la propia afirmación de conformar un pueblo distinto (al turco, árabe, iraní) y una historia y ascendencia común de orígenes inciertos pero cuyo comienzo se suele situar a partir de la conquista árabe de la histórica Mesopotamia en el año 637. 

La historia de los kurdos, desde entonces caracterizada por episodios de desigual rebelión, sumisión o cooperación de sus distintos núcleos tribales respecto a los gobiernos centrales (árabes, persas o turcos) no adquiere importancia para nuestro objeto de estudio hasta las postrimerías del Imperio Otomano. Es entonces cuando la identidad nacional kurda se conforma como tal al mismo tiempo que las identidades nacionales árabe y turca –en el contexto otomano- pasan por el mismo proceso; es el momento histórico marcado por el auge de los nacionalismos.

Mapa que muestra la distribución de la población kurda en Turquía, Siria, Irak e Irán        Fuente: mapa interactivo de Council on Foreign Relations el mayo de 2018, https://www.cfr.org/interactives/time-kurds#!/#multinational-heritage

Antes de intentar comprender por qué los árabes, turcos y kurdos adoptaron una identidad basada en la etnicidad, es necesario entender que el factor principal de identidad en la sociedad otomana era la religión. De hecho, la división de la sociedad en distintos grupos según el eje religioso era el fundamento básico del sistema de los millet del Imperio Otomano. Dicho sistema garantizaba la autonomía de las comunidades no musulmanas a la vez que aseguraba un control indirecto del Imperio sobre éstas a través de líderes religiosos que actuaban como intermediarios, a cambio de la imposición de impuestos adicionales y obediencia administrativa. En este contexto, la identidad de los kurdos, a pesar de conformar un grupo étnico-lingüístico propio, estaba marcada por la religión, así como también por los vínculos familiares y tribales. Los kurdos, al ser mayoritariamente musulmanes sunníes, formaban parte de la umma o sociedad islámica del Imperio Otomano junto con árabes, turcos y otras minorías. A pesar de esto, la compleja estructura administrativa otomana no se basaba únicamente en el sistema de los millet; en el caso concreto de los territorios predominantemente kurdos –hoy, el este de Turquía y norte de Irak−, éstos tomaron forma de principados o jefaturas con distintos grados de autonomía y privilegios especiales, a partir de su anexión por parte de los otomanos del control del Irán Safavid en el siglo XVI. Ésta fue la manera de premiar a los kurdos por haberse alineado con el Sultán, considerado menos centralista que el Shah persa del momento, pero también de asegurar la protección de la frontera oriental.

Las reformas centralizadoras y modernizadoras en el seno del Imperio Otomano a partir del siglo XIX, planteadas con el objetivo de garantizar la supervivencia de un Estado en retroceso, no sólo en cuanto a dominio militar y territorial −a destacar las derrotas del Imperio Otomano ante Rusia el siglo XVIII, culminando en la pérdida de Crimea, y ya en el siglo XIX la consecución de las independencias de los países cristianos Grecia, Serbia, Rumanía y Bulgaria− sino también en lo económico y comercial, acabaron con el sistema de emiratos feudales instaurado en los territorios kurdos. No obstante, y a pesar del conjunto de revueltas que acaecieron de forma descoordinada e irregular a lo largo del siglo lideradas por jefes tribales kurdos, el vacío de poder tras la abolición de los emiratos favoreció el ascenso de los jeques o líderes de las cofradías religiosas kurdas, mientras que los jefes tribales mantuvieron parte de sus poderes locales. El caso es que, incluso bajo la imposición de las reformas conocidas como Tanzimat en la segunda mitad del siglo XIX, y a pesar de las constantes luchas y encuentros con el poder establecido otomano, el sistema sociopolítico kurdo de características tribales y con privilegios especiales se mantuvo en menor o mayor grado hasta bien entrado el siglo XX. Durante los años de la primera guerra mundial una parte importante de los kurdos participaron activamente en el Genocidio Armenio y en las campañas militares lideradas por el posterior padre de la nación turca, Mustafa Kemal, en la conocida como Guerra de la Independencia turca, para expulsar las tropas de los países occidentales ocupantes después de la firma del tratado de Sèvres. Los kurdos, junto con otras minorías musulmanas, se alinearon con los nacionalistas turcos ya que éstos fueron muy hábiles en el uso de un discurso islámico que movilizaba a una población étnicamente diversa contra los países ocupantes cristianos. También influyeron otros factores, como la presencia de tropas extranjeras y la adjudicación de tierras al futuro estado de Armenia según el tratado de Sèvres.

La transición a la República de Turquía: asimilación, rebelión y represión

La realidad se presentó distinta una vez que las fuerzas occidentales fueron expulsadas del país, el sultanato abolido, y los nacionalistas turcos tomasen el poder para fundar una república basada en los principios kemalistas: republicanismo, populismo, laicismo, revolucionismo (reformismo), nacionalismo y estatismo. Y es que como explicaba Andrew Mango, Mustafa Kemal, durante los años anteriores a la creación de la República turca (1923) reconocía la kurdicidad en las regiones orientales, incluso usando el término Kurdistán (posteriormente proscrito), y abogaba por la creación de gobiernos autónomos con los que los kurdos se sintiesen cómodos dentro del nuevo estado. No obstante, una vez la nueva república fue formada, bajo las ventajosas condiciones del tratado de Lausanne, el presidente Mustafa Kemal entendió que para lograr construir una república moderna y secular necesitaba acaparar el poder absoluto, y en consecuencia la concesión de cualquier tipo de autonomía a los kurdos, considerados como atrasados, sería un obstáculo para dicho objetivo.

 

El nacionalismo turco que se impuso en la ideología oficial del estado, aparentemente cívico −en el que todos los ciudadanos de Turquía se reconocían como iguales−, era en realidad fuertemente etnicista. Turquía se constituía como un estado-nación en el que, para mantenerse unido e inquebrantable, la identidad de la etnia mayoritaria –la turquicidad− se debía imponer a las minorías, forzadas a ser asimiladas. En la práctica esto se tradujo, a partir de 1924, en la prohibición de la lengua kurda, las escuelas, asociaciones y publicaciones kurdas, así como las cofradías religiosas, que suponían verdaderos ejes vertebradores de la sociedad kurda. Es en este contexto de revolución cultural y políticas asimilacionistas del estado turco cuando, paradójicamente, el sentimiento nacional kurdo se unificó gradualmente pasando la etnia a ser el factor principal de movilización. Junto a este proceso, el nacionalismo kurdo se transformó y expandió: el nacionalismo kurdo original, más bien un movimiento cultural de élites intelectuales urbanas, adoptó reivindicaciones políticas radicales y se expandió hacia las clases sociales inferiores del Kurdistán.

Fotografía de Mustafa Kemal Atatürk, tomada en Ankara el 1931. Obtenida del archivo fotográfico de la página oficial de la Presidencia de Turquía

El nacionalismo kurdo de los años 20 y 30, cada vez más etnicizado, se caracterizaba también por sus reivindicaciones islamistas ante las draconianas medidas secularizantes de la nueva república. Distintos líderes nacionalistas kurdos se sucedieron en la apuesta por rebeliones violentas que pudieran subvertir el orden establecido y expulsar a las autoridades turcas de territorio kurdo. Entre ellas, las más conocidas fueron la revuelta del jeque Saïd (1925), la revuelta del monte Ararat (1927-31) y la de Dersim (1936-38). La respuesta militarizada del gobierno turco fue en cada una de ellas más brutal e implacable. Además de la militarización de las regiones orientales, desde el gobierno se pretendió también modificar su realidad demográfica –y diluir las ‘fronteras étnicas’ del Kurdistán− a través de deportaciones de kurdos y repoblación con turcos. En Dersim, el último lugar en Turquía donde el poder central no había conseguido establecer su control, el gobierno ejecutó una política de tierra quemada que significó el punto y final de un período de resistencias tribales infructuosas.

Habría que esperar hasta la década de los 70 para que el nacionalismo kurdo en Turquía resurgiera, con una nueva generación de jóvenes influenciados por los sucesos acaecidos en el vecino Kurdistán iraquí –las revueltas kurdas lideradas por el guerrillero Mustafa Barzani− y por las ideas marxistas revolucionarias. Una nueva fase del nacionalismo kurdo que se asentaría con la fundación del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en 1978.

EN LA PRÓXIMA ENTREGA

Repasaremos el período desde la fundación del PKK hasta 2013, fijándonos en el contexto histórico y social en el que surgió, su evolución tanto a nivel ideológico como organizativo, así como la respuesta del estado turco.

BIBLIOGRAFÍA:

Barkey, K. & Gavrilis, G., 2016. The Ottoman Millet System: Non-Territorial Autonomy and its Contemporary Legacy, Ethnopolitics, 15:1, 24-42, DOI: 10.1080/17449057.2015.1101845

Bozarslan, H., 2009. Conflit kurde: le brasier oublié du Moyen-Orient. Paris : Editions Autrement.

E. Brown, M., 1993. Causes and Implications of Ethnic Conflict. en E. Brown, M. (ed.): Ethnic Conflict and International Security, New Jersey, Princeton University Press, pp. 3-26

Eppel, M., 2008. The Demise of the Kurdish Emirates: The Impact of Ottoman Reforms and International Relations on Kurdistan during the First Half of the Nineteenth Century, Middle Eastern Studies, 44:2, 237-258, DOI: 10.1080/00263200701874883

Feroz, A., 1993. The Making of Modern Turkey. Londres: Routledge

Mango, A., 1999. Atatürk and the Kurds. Middle Eastern Studies, 35, 4

McDowall, D., 2004. A Modern History of the Kurds. Nueva York: I.B. Tauris, 3ª edición

Mongay, A. & Tejel, J., 2002. Kurdistan, el complot del silenci. Barcelona: Edicions de 1984

Natali, D., 2005. The Kurds and the State. Syracuse, Nueva York: Syracuse University Press

 

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