El islam, una parte importante de la historia de Estados Unidos

El islam, una parte importante de la historia de Estados Unidos

Por Youssef Bouajaj

Musulmanes americanos en un protesta contra Trump // Fuente: Kena Betancur/AFP/Getty Images

El islam es la segunda religión con más fieles por detrás del cristianismo, en el mundo hay alrededor de 1.800 millones de musulmanes. Dicha religión surgió y se expandió en sus inicios por el Mundo Árabe, sin embargo, en la actualidad en esta zona se concentra únicamente el 20% de la población mundial musulmana, mientras que el 62% de sus fieles viven en la región Asia-Pacífico. En el caso estudiado en este artículo, los Estados Unidos, existen más de tres millones de fieles del islam.

Los musulmanes han jugado un papel importante en la historia y el desarrollo de los Estados Unidos. La llegada a la Presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump ha traído consecuencias negativas para los intereses de los musulmanes norteamericanos. Trump ha manifestado públicamente que “el islam odia a América” y que los musulmanes no se integran en la cultura americana, además de su intención de evitar la llegada de inmigrantes musulmanes al país. Esta fue una de las primeras medidas que implementó tras llegar al poder, poniendo restricciones a la llegada de migrantes procedentes de países musulmanes como Yemen, Siria, Irán, Libia y Somalia.

Los primeros musulmanes en América: bajo el yugo del esclavismo

Una de las primeras personas de origen musulmán en pisar el continente americano fue Estevanico de Dorantes. Nacido en Azemmour —actual Marruecos— fue esclavizado por los portugueses y posteriormente adquirido por el español Andrés Dorantes de Carranza, a quien acompañó en su travesía por el suroeste de Norteamérica entre 1527-1536. El virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, fascinado por las historias que contaban los supervivientes y por la capacidad de Estevanico para comunicarse con los nativos americanos, le encomendó la tarea de buscar las fabulosas siete ciudades de oro. Fue en esta expedición donde se perdió el paradero de Estevanico, posiblemente asesinado por los nativos.

Entre finales del siglo XV y principios del XVI empezó la colonización del continente americano por parte de potencias europeas como España, Portugal, Francia o Reino Unido. Para desarrollar esta tarea una de las herramientas fundamentales fue la esclavización de más de 10 millones de personas procedentes de África entre los siglos XVI y XIX, de los cuales entre un 10% y un 30% eran musulmanes. El historiador Michael Gomez cifra en 200.000 la primera generación de africanos musulmanes que fueron llevados a la fuerza a las 13 colonias británicas en Norteamérica —actuales Estados Unidos—.

Colonias Europeas en América Siglo XVI-XVIII//Fuente: Wikimedia

Según apunta Kambiz Ghanea Bassiri en su libro Historia del islam en América, los esclavos africanos de religión musulmana se sentían superiores respecto a los otros esclavos debido a que algunos provenían de élites en sus países de origen y habían tenido esclavos no musulmanes. Esto hizo que los esclavistas percibieran a los musulmanes como personas más inteligentes y dignas. Sin embargo, las divisiones entre los esclavos duraron poco, pues los esclavistas usaron todo tipo de métodos represivos para evitar que los esclavizados pudieran seguir su fe religiosa y los forzaron a convertirse al cristianismo.

Fue así como buena parte de los hijos de la primera generación de musulmanes africanos ya no siguieron el islam. En este contexto, algunos esclavos africanos siguieron manteniendo su fe en secreto. Tal es el caso de Ayyuba Suleiman Diallo nacido en 1701, hijo de un famoso clérigo musulmán de Boundou —actual Senegal—, quien fue capturado y esclavizado en la colonia británica de Maryland en América del Norte. Tras un intento de fuga, las autoridades lo acabaron liberando a petición de la compañía privada de tráfico de esclavos, la Royal African Company, que quería usar sus conocimientos para incrementar las relaciones comerciales en el África Occidental. No obstante, Suleiman Diallo destacaba por tener conocimientos en materia religiosa. Aun así, pudo regresar a su tierra natal en 1734.  

Retrato de Ayyuba Suleiman Diallo//Fuente: National Portrait Gallery

El nacimiento de los Estados Unidos

En 1776, las 13 colonias norteamericanas se alzaron contra el Reino Unido y decidieron constituirse como Estados Independientes para formar una nueva nación: los Estados Unidos de América. La falta de autonomía política, la subida de impuestos y la poca representación de los colonos en el Parlamento Británico fueron algunos de los motivos detrás de la Declaración de Independencia. Durante la guerra de independencia de los Estados Unidos (1775-1783), que finalizó con la victoria del bando revolucionario, alrededor de 100.000 esclavos murieron o escaparon, y la mayoría de ellos luchó a favor del Reino Unido, quien prometió otorgarles la libertad. Esto no evitó que algunos de ellos con origen musulmán lucharan bajo las filas del ejército revolucionario como Bampett Muhammad, Yusuf ben Ali y Peter Salaam. Cabe destacar, que un país musulmán como Marruecos, fue uno de los primeros Estados en reconocer a los Estados Unidos como país independiente en 1786. Previamente en 1777, el país del norte del Magreb había abierto sus puertos a los barcos norteamericanos.

El nacimiento de los Estados Unidos de América  sentó las bases para el reconocimiento de las minorías religiosas. Thomas Jefferson, uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, quien redactó la Declaración de Independencia y fue presidente del país (1801-1809), impulsó el Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa en 1786, que reconocía el derecho de la población de Virginia a escoger su religión con total libertad y la separación del Estado-Iglesia. Según expresó Jefferson en su autobiografía, el propósito de esta ley era proteger a todas las religiones, la judía, la pagana, la cristiana, la mahometana (islam) y la hindú”. La Constitución Americana, que entró en vigor en 1789, fue enmendada en 1791 para garantizar la libertad religiosa y de expresión en todo el país gracias a la influencia del Estatuto de Virginia.

Ejemplar del Corán (libro sagrado del islam) que perteneció a Thomas Jefferson. En la actualidad, ha sido utilizado por congresistas musulmanes para jurar su cargo// Fuente: Library of Congress

En cuanto a la situación de la población esclava, su suerte no cambió. La Constitución   no acabó con esta práctica y se limitó a prohibir la importación de personas esclavas procedentes de otros países. Dentro de los Estados Unidos había enormes diferencias respecto al papel de la esclavitud. En los Estados del Sur había una economía agraria donde destacaba el sector algodonero, y por ello dependían de la mano de obra esclava que llegó a suponer un tercio de la población total del Sur. Por el contrario, el Norte estaba más industrializado y la población esclava era menor. Es por eso que a finales del XVIII y principios del XIX, los Estados del Norte legislaron para abolir la esclavitud. Estas visiones enfrentadas estallaron tras la victoria en las elecciones presidenciales de 1860 del candidato contrario al esclavismo, Abraham Lincoln. Ante eso los Estados del Sur se independizaron y formaron los Estados Confederados de América, que supuso el el estallido de una Guerra Civil (1861-1865). El conflicto finalizó con la victoria de las fuerzas del norte y la adopción de la decimotercera enmienda constitucional (1865) que abolía la esclavitud en todo el país.  

Pese a la abolición de la esclavitud, la población negra siguió siendo discriminada a causa de las leyes de Jim Crow que se implementaron mayormente en los Estados del Sur a partir de 1876. Estas leyes pusieron a la práctica un sistema de segregación racial donde la población negra recibía un peor trato en el espacio público, como por ejemplo en las escuelas, transportes públicos y en negocios privados.

El islam tras el esclavismo

La primera oleada de inmigrantes musulmanes libres data de finales del XIX y principios del XX cuando empezaron a llegar  miles procedentes de las actuales Siria, Jordania, Líbano, India y Pakistán. Eran principalmente hombres pobres y sin estudios, que buscaban unas mejores condiciones de vida. Por eso se instalaron en las principales áreas industriales del país como Massachusetts, Chicago y Ohio etc. Algunos de ellos ocultaron sus orígenes musulmanes para evitar ser estigmatizados o que fueran rechazados por las autoridades aduaneras. En 1924 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley para limitar la inmigración, excluyendo la llegada de migrantes procedentes de Asia, afectando a muchos de los musulmanes.  

Estas primeras comunidades de musulmanes empezaron a crear asociaciones islamicas y a construir mezquitas para poder practicar su fe. Esto fue posible gracias al empeño de hombres como Satti Majid, un misionero sudanés que llegó a los Estados Unidos en 1904. Esta figura destaca por haber sido el creador de las primeras asociaciones caritativas islamicas como la Media Luna Roja o la Sociedad Misionaria islamica, así como por comprar parcelas en cementerios para poder enterrar a los musulmanes de acuerdo a sus ritos. Junto a ello llevó a cabo políticas proselitistas con las que consiguió que personas de la comunidad afroamericana se convirtieran al islam.

La inmigración musulmana provocó el aumento de la visibilización del islam y que este ganara más adeptos, principalmente entre los afroamericanos, debido a que muchos de ellos se sentían desarraigados tras verse forzados a migrar desde los Estados del Sur hacia las grandes urbes industriales del Norte (Detroit, Chicago y Nueva York).  

Posteriormente, empezaron a aparecer organizaciones afroamericanas vinculadas al islam que buscaban dar una identidad a los afroamericanos, combatir el racismo presente en el país por culpa de las leyes de Jim Crow y la violencia de grupos supremacistas blancos como el Ku Klux Klan. En este contexto surgieron dos organizaciones alejadas del islam ortodoxo —el practicado por la mayoría de los musulmanes— donde los líderes eran idolatrados como profetas y propagaban ideas contrarias a la igualdad racial. Por un lado, Noble Drew Ali creó en 1919 la Moorish Science Temple of America (MSTA), una institución que afirmaba que los afroamericanos eran descendientes de esclavos procedentes del actual Marruecos, y buscaba la conversión de los afroamericanos al islam. Por otro, tras la muerte de Drew Ali, en 1930 un seguidor de la MSTA, Wallace Fard Muhammad, fundaba la Nación del islam (NOI), que se posicionaba a favor del separatismo negro y rechazaba el contacto político, social o religioso con las personas blancas. A partir de 1934, el NOI fué dirigido por Elijah Muhammad quien propagó su mensaje por las cárceles y barriadas marginales.

Los años sesenta están marcados por la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles y poner fin a la segregación racial. Aquí, los afroamericanos musulmanes tuvieron un papel destacado, principalmente la Nación del islam a través de Malcolm X, un miembro destacado de la NOI que se convirtió en una figura mediática gracias a su oratoria y a sus polémicos discursos, y logrando que la organización pasara de 500 miembros a 40.000. En 1964, abandonaría la NOI y las tesis racistas que la acompañaban y abrazaría al islam sunnita. Sin embargo, su asesinato en 1965 por miembros de la NOI, fue una gran pérdida  para la comunidad musulmana. En esa década, el islam cobra importancia mediática debido a la conversión a esta religión de dos iconos del deporte americano: Muhammad Alí, campeón de los pesos pesados de boxeo y Kareem Abdul Jabbar, estrella de la liga de baloncesto americano.

Malcolm X en un mitin en el Barrio de Harlem, Nueva York, en 1963//Fuente: AP

Tras la aprobación por el Congreso de los Estados Unidos en 1965 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que puso fin a la restricción migratoria, la llegada de migrantes musulmanes se disparó. A diferencia de la ola migratoria de principios del siglo XX, donde la mayoría eran migrantes sin estudios, en esta época empezaron a llegar migrantes que iban a estudiar, académicos, doctores y refugiados. A partir de este momento la comunidad musulmana va a experimentar un progreso en su estatus a través de una mayor integración en la sociedad y de la consecución de una mayor visibilidad en la esfera pública. A nivel institucional el crecimiento también fue importante. El número de mezquitas llegó a las 600, las escuelas musulmanas a las 400, los centros islamicos a 1.200 y más de 80.000 americanos blancos se convierten al islam.  

El 11-S, un antes y un después

Los atentados perpetrados por el grupo terrorista  Al Qaeda el 11 de setiembre de 2001 en las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, fueron el peor ataque en territorio continental sufrido por los Estados Unidos y un golpe para la comunidad musulmana en el país. El gobierno de Bush respondió al ataque de dos formas. Por un lado, a nivel exterior, declarando la guerra a los talibanes afganos y posteriormente invadiendo Irak. Por otro lado, a nivel interno, aprobó la Patriot Act, una ley que otorgó grandes poderes al Gobierno Federal y a las agencias de inteligencia para espiar a los ciudadanos y detener indefinidamente a los inmigrantes con el fin de garantizar la seguridad y luchar contra el terrorismo. La asociación de abogados Muslim Advocates denuncia que la Patriot Act ha supuesto una violación de libertades fundamentales hacia los americanos musulmanes a través de la vigilancia y la recopilación de datos por parte de los organismos gubernamentales a personas inocentes por el simple hecho de ser musulmanas.

Por lo tanto, la aparición de grupos terroristas que han atentado en nombre del islam y la propagación de estereotipos negativos hacia los musulmanes ha provocado que se asocie islam con terrorismo y que aumente la islamofobia. El término islamofobia hace referencia cualquier acción de discriminación hacia los musulmanes (o aquellos percibidos como musulmanes) que tiene el objetivo de anular el reconocimiento y el ejercicio, en pie de igualdad, de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en el ámbito político, económico, social, cultural. Esta discriminación se ha manifestado en Estados Unidos con un aumento considerable de los delitos de odio contra los musulmanes americanos tras el 11-S, pasando de 28 en el año 2000 a 481 en el 2001. El número de ataques contra los musulmanes ha rondado el centenar anualmente en la última década. Además, según una encuesta de Pew Research Center el 43% de los estadounidenses cree que el islam fomenta la violencia, frente a un 49% que opina lo contrario. Entre aquellos que dicen que conocen alguna persona que sea musulmana, el 60% cree que los fieles al islam no apoyan la violencia. En contraste, aquellos que no tienen contacto con personas musulmanas, el 40% relacionan islam con violencia. Esto invita a pensar que son la desinformación sobre qué es el islam y el escaso contacto con la comunidad musulmana los factores que explican el rechazo.

La organización Southern Poverty Law Center cifra en 114 las organizaciones que fomentan discursos de odio contra los musulmanes americanos. Estos grupos consideran que el islam es una religión violenta que no se ajusta a los valores de la sociedad americana y que los musulmanes son una especie de quintacolumnistas que buscan imponer un régimen islamico en el país. Entre 2008-2013 estas organizaciones han gastado más de 200 millones de dólares en propagar discursos de odio contra la población musulmana.  Así mismo, el mundo audiovisual, que tiene una gran influencia en la sociedad, ha jugado un papel destacado en perpetuar una imagen estereotipada de los musulmanes. La mayoría de personajes árabes que salen en películas y series americanas actúan como terroristas que buscan destruir la civilización Occidental.

Radiografía de la comunidad Musulmana

La comunidad musulmana en Estados Unidos destaca por su diversidad,  producto de la mezcla entre aquellos musulmanes que han nacido en el país y por la llegada de miles de inmigrantes procedentes de países musulmanes. A nivel ideológico, se sienten más identificados con el Partido Demócrata que con el Republicano. Cabe destacar, que las mujeres americanas musulmanas perciben más discriminación que los hombres.

El aumento de la islamofobia ha provocado que los americanos musulmanes se impliquen más en política. En el año 2018, alrededor de 100 candidatos musulmanes se presentaron en las elecciones locales y nacionales. En ellas fueron elegidas las primeras congresistas musulmanas, Rashida Tlaib y Ilhan Omar. Previamente, Keith Ellison fue el primer congresista musulmán. La presencia de políticos musulmanes ayudará  a visibilizar más a la comunidad musulmana y a combatir prejuicios contra  ellos. Es muy probable que en el año 2040, los musulmanes serán  el segundo  grupo religioso  más numeroso tras  los cristianos, y por lo tanto su papel en la política americana será mayor.

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Turquía en los Balcanes occidentales: del Imperio otomano a Erdogan

Turquía en los Balcanes occidentales: del Imperio otomano a Erdogan

Por Martín Madridejos

Durante más de quinientos años el Imperio otomano dominó los Balcanes. Tras su descomposición y la posterior conversión en una república parlamentaria, Turquía mantuvo durante décadas una política exterior poco activa en la región. Sin embargo, el final de la Unión Soviética, los sangrientos conflictos armados y la desintegración de la antigua Yugoslavia derivaron en un nuevo contexto regional e internacional en el que el país quiere volver a ser protagonista. Las nuevas condiciones internas de Turquía recondujeron su política exterior hacia la región balcánica y ahora aspira a reforzar los antiguos lazos culturales, sociales y, por supuesto, económicos.

El Imperio otomano en los Balcanes occidentales

En uno de los puntos álgidos de Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, se encuentra el barrio de Bascarsija, conocido por haber sido el bazar en la época otomana. Hoy en día es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, y por él se puede pasear tranquilamente y disfrutar de la artesanía de origen turco que venden los locales y de los deliciosos cevapcis, un plato de carne picada y condimentada en forma de salchicha, también originarios del periodo otomano. Si uno pide un café le pondrán uno al estilo turco servido en un cezve, caracterizado por su espesor y por su fondo terroso.

Unos cuantos kilómetros más al sur del país podemos llegar a Mostar y encontrar el enorme puente que atraviesa el río Neretva, símbolo también del Imperio otomano.  La construcción fue encargada por Solimán el Magnífico en 1557 con el objetivo de convertir la ciudad en el nexo entre el mar Adriático, en esos momentos dominado por la República de Ragusa, y el interior de la península balcánica, dominada por los otomanos.

Entre los siglos XV y XX, los Balcanes occidentales formaron parte del Imperio otomano, lo que se tradujo en un proceso de asimilación cultural, en diferentes grados, de las poblaciones que habitaban en la región. Fruto de aquella permanencia secular no solo sobrevive el Islam, religión mayoritaria en Bosnia y Herzegovina, Albania y Kosovo, sino que son claramente perceptibles los préstamos lingüísticos como la mismísima palabra Balcanes (Balkan significa «montaña arbolada» en turco) y las costumbres de origen inconfundiblemente otomano, como buena parte de la gastronomía y la música popular. Los turcos siempre tuvieron en cuenta la región como un territorio estratégico: el puente hacia Europa.

La expansión del Imperio Otomano//Fuente: University of Illinois at Urbana-Champaign

El nacimiento del nacionalismo moderno turco

A finales del siglo XIX, el poderío del Imperio comenzaba a tambalearse. Problemas económicos cada vez más pronunciados, derivados de una creciente deuda y constantes guerras, contribuyeron al auge de los nacionalismos de la región. Con cada vez más frecuencia estallaban revueltas contra la administración turca que acabaron concluyendo con la independencia de los territorios del Imperio.

El Congreso de Berlín (1878), celebrado tras la derrota del Imperio otomano contra la Rusia zarista, determinó las nuevas fronteras territoriales en los Balcanes incluyendo, entre otras, la independencia de Serbia y la absorción de Bosnia y Herzegovina por el Imperio austrohúngaro.

El Imperio otomano siguió perdiendo territorios, como en las dos guerras de los Balcanes que acontecieron entre 1912 y 1913, luchando contra la Liga Balcánica y Rumanía. Tan solo un año más tarde estallaba la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la que Turquía participó en el bando del eje. La Gran Guerra, que enfrentaba a los imperios modernos, además de situar los engranajes para el nuevo orden mundial, supuso la pérdida definitiva de la administración territorial y la culminación del proceso de descomposición del antiguo Imperio otomano. Además, Turquía perdió territorios a manos de Grecia y Armenia, entre otros países. 

A la vez que el Imperio se iba descomponiendo, el nacionalismo moderno turco se hacía más poderoso. En 1906 se creó el movimiento de los Jóvenes Turcos, un partido reformista y nacionalista que en 1908 encabezó una revolución con el objetivo de modernizar el país. Poco después, un joven llamado Mustafá Kemal Ataturk (1881-1938) emergía como líder de un movimiento nacional que propugnaba la creación de un estado nación moderno.

Tras la Gran Guerra, Ataturk encabezó la Guerra por la Independencia Turca (1919-1923), que terminó con la expulsión de las potencias ocupantes. Posteriormente, amparada en el Tratado de Lausana en 1923, se proclamó la República de Turquía con sus límites territoriales actuales. El Imperio pasó de la autocracia a la república  y del carácter multiétnico y multirreligioso a la unificación cultural.  El sultán Mehmet VI había abdicado el año anterior.

Ataturk, junto a las ideas de los Jóvenes Turcos, sentó las bases ideológicas de la Turquía contemporánea. El pensamiento resultante, el llamado kemalismo, se fundamentaba en seis pilares: republicanismo, populismo, secularismo, reformismo, nacionalismo y estatismo. Las reformas acaecidas tenían como fin un acercamiento a los sistemas sociales y políticos occidentales, incluyendo desde la laicización del Estado o el traslado de la capital hasta Ankara hasta la adopción del calendario gregoriano o un cambio de gran calado en la lengua turca, que desde 1929 pasó a escribirse en caracteres latinos.

Una política exterior poco activa en la región

El proceso de descomposición hizo que la influencia otomana en los Balcanes occidentales se diluyera. Sin embargo, a partir de 1923, la nueva Turquía comenzó de nuevo a tejer lazos políticos y militares con la región. De esta manera se firmaron varios tratados que concluyeron con la Entente de los Balcanes en 1934, que creó una alianza militar entre Turquía y el Reino de Yugoslavia, acompañado de otros países de la región como Hungría, Rumanía y Grecia.

Entente de los Balcanes 1934//Fuente: Wikipedia

La Segunda Guerra Mundial puso en jaque la seguridad de la región. El país mantuvo una posición neutral hasta los últimos años de la contienda, en la que finalmente decidió unirse al bando de los aliados. Por otro lado, en la recién nacida república socialista yugoslava tras la victoria de los partisanos, se estaba produciendo un terremoto político debido a la ruptura de mariscal Josif Broz Tito con Stalin en 1948. Yugoslavia fue alejándose parcialmente del socialismo ortodoxo y acercándose a las doctrinas del llamado “socialismo autogestionado” y erigiéndose como uno de los portavoces del Movimiento de Países No Alineados. 

Turquía en esos momentos se estaba convirtiendo en uno de los principales aliados de Occidente en la región.  Fue acercándose paulatinamente a las visiones estadounidenses y adquiriendo un carácter anticomunista. En 1952 ingresó en la OTAN junto a Grecia. Un año más tarde, Ankara, Atenas y Belgrado firmaron el Pacto de los Balcanes, finalmente ratificado en 1954, un tratado de amistad y cooperación basado en la integración de Yugoslavia en el sistema de defensa europeo y en un alejamiento del Pacto de Varsovia.

En líneas generales, la política exterior turca tras la Segunda Guerra Mundial estuvo muy marcada por la Alianza atlántica y las lógicas del bipolarismo internacional entre la URSS y Estados Unidos. En los Balcanes occidentales, Turquía desempeñó un papel poco activo muy marcado por el Telón de Acero que la separó de la región durante prácticamente cincuenta años.

El resurgimiento de Turquía en la década de los 2000

El fin de la Guerra Fría tuvo importantes consecuencias geopolíticas en los Balcanes occidentales. A la estela de la caída del muro de Berlín y del hundimiento de la Unión Soviética resurgieron conflictos sociales, étnicos y religiosos que acabaron desembocando en la independencia de las antiguas repúblicas yugoslavas y en la disolución del país.

La descomposición de Yugoslavia// Fuente: Xunta de Galicia

En líneas generales, Turquía mantuvo una postura favorable a la paz, la estabilidad y la seguridad de la región, un talante que desarrolló tanto en acciones unilaterales como participando activamente en los grandes foros multilaterales de la OTAN, la Unión Europa y otras organizaciones internacionales, siempre del lado de Occidente. Turquía tuvo una posición muy cercana a Bosnia y Herzegovina y Kosovo en sus respectivos conflictos, en los que ejercía de salvaguarda de un mundo musulmán amenazado por los serbios.

La desintegración de Yugoslavia dejó un gran vacío de poder y un nuevo escenario geopolítico en la región. Las guerras fueron un gran motivo de preocupación para Turquía, puesto que amenazaban la seguridad de la región, pero al mismo tiempo Ankara era consciente de las futuras alianzas que se podrían tejer una vez concluyeran los conflictos bélicos: nuevos estados significaban nuevas relaciones. 

Muchas de las acciones llevadas a cabo por Turquía en los años noventa fueron el germen de lo que en la década siguiente se consolidaría como una política exterior muy activa en los Balcanes occidentales.

A nivel interno, Turquía estaba cambiando profundamente. En primer lugar, el crecimiento económico era acelerado, pasando de los 220.000 millones de su PIB en 2001 a los 521.000 en 2008, creciendo al 9% en algunos años.

Evolución del GDP de Turquía en millones de dólares // Fuente: Trading Economics

En segundo lugar, los cambios políticos eran también intensos, un verdadero terremoto, debido a la irrupción del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y la llegada al poder de su presidente, Recep Tayyip Erdoğan, en 2002. La llegada del AKP suponía un énfasis en un islamismo moderado y un creciente conservadurismo social, acompañado de una profunda reforma económica de corte muy liberal.

Estas nuevas condiciones, sumadas al desencanto de las negociaciones para la incorporación a Europa, llevaron hacia un giro en la política exterior turca. Ankara puso mayor atención en regiones como el Cáucaso, Próximo Oriente o los Balcanes, y dejó de lado tanto el proceso de integración europea como las ideas occidentales. Turquía se estaba alejando del kemalismo de Ataturk y algunos expertos comenzaron a hablar del término «neootomanismo«, que hacía referencia al resurgir de Turquía como potencia histórica.

El nuevo contexto fue interpretado por Ahmet Davutoglu, por aquel entonces un reputado profesor universitario, quien a través de la publicación de su libro Stratejik Derinlik (Profundidad estratégica) en 2001, sentó las bases de la doctrina geopolítica de Turquía. Davutoglu abogaba por un mayor fortalecimiento de las relaciones con los países con un legado más cercano al Imperio otomano y al mundo musulmán en general; por la consolidación geoestratégica de su posición como puente entre Europa y Oriente Medio; y, en último lugar, por unas mejores relaciones con las potencias con intereses en sus esferas de influencia. El académico desarrolló iniciativas como la “cero problemas con nuestros vecinos”, basada en evitar confrontaciones y apostar por el pragmatismo en las relaciones internacionales.

 

Turquía y el mundo musulmán en los Balcanes occidentales

La década de los 2000 fue esencial para el reforzamiento de las relaciones con los Balcanes occidentales. Mientras que las guerras de la década de la guerra anterior habían marcado una agenda basada en el  fortalecimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad política, posteriormente empezaron a primar las relaciones económicas y la recuperación de los lazos históricos y culturales.

Turquía comenzó a desarrollar un todo tipo de iniciativas y proyectos, desde pactos bilaterales y multilaterales en aspectos comerciales y militares, hasta inversión extranjera directa y ayuda al desarrollo. Algunos ejemplos destacables son la Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación (TIKA), La Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), el Instituo Yunus Emre, el canal TRT Avaz o las telenovelas turcas.

En primer lugar, la Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación (TIKA), que se ha encargado de la restauración de edificios históricos como mezquitas, puentes y madrazas, así como de diferentes proyectos en materias de educación, institucionalización y salud. En 2015, la TIKA destinó a los Balcanes un total de 154 millones de dólares.

 

Seguidamente, la Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), una organización que se encarga de cuestiones sobre la religión sunita a lo largo del mundo, ha servido de proveedor de servicios religiosos en los Balcanes occidentales, como cursos de preparación para ser Imán o grados universitarios en teología.  Diyanet ha financiado más de 100 mezquitas y mantiene vínculos con 2000 fuera de Turquía.

Religión en los Balcanes//Fuente: Wikipedia

En tercer lugar, el Instituto Yunus Emre, que tiene la labor de promover la cultura turca a través del mundo y que promueve cursos de lengua turca. Además, se han ido desarrollando paulatinamente consorcios entre universidades de Turquía y los Balcanes, e incluso creando universidades propias. El instituto cuenta con sedes en Albania, Bosnia y Kosovo.

El multicanal TRT creó en 2009 su versión balcánica llamada AVAZ, que proporciona temas de interés de la región en idiomas como el bosnio o el albanés. Por último, cabe destacar el impacto notable de las telenovelas turcas, las llamadas televizyon dizileri, que gozan de mucha audiencia en los Balcanes occidentales y en el mundo árabe e incluso en LatinoaméricaEl Sultán (Muhteşem Yüzyıl), es ampliamente exitoso a lo largo del mundo y ha llegado a más de cincuenta países.  Hoy en día Turquía es el segundo mayor exportador de series del mundo.

La política exterior en Bosnia, Kosovo, Albania y Macedonia

La política exterior de Turquía en los Balcanes occidentales está centrada principalmente en los países con los que comparte lazos históricos y culturales,  entre ellos Bosnia, Kosovo, Albania y Macedonia.

 

Bosnia y Herzegovina ha estado muy presente en la política exterior de Turquía, tanto en el periodo bélico como en la década de los 2000. Los bosníacos (bosnios musulmanes, una de las tres comunidades del país)  mantienen muchas costumbres de la época otomana y muestran interés en la actualidad turca. En aspectos de seguridad, hoy en día Turquía cuenta con 250 militares en la Operación Althea –una misión de seguridad en Bosnia- y ejerce un papel activo en la pacificación del país.

Otro de los países importantes es Albania, un país con un notable legado otomano y con una mayoría musulmana. Turquía financia proyectos como la gran mezquita de Tirana, que va camino de ser una de las mayores de Europa, y una aerolínea llamada Air Albania, de la cual Turkish Airlines controla el 49,12%. Además, también tiene desplegados militares y ambos son aliados debido a su pertenencia a la OTAN.

Turquía también despliega una política exterior considerable en Kosovo, un país con una mayoría albanesa y musulmana. Apoyó a Kosovo durante la guerra –de un modo más liviano que en Bosnia- y unos años más tarde, en 2008, fue uno de los primeros países en reconocer su independencia. En la actualidad, Turquía sigue destinando 400 soldados en Kosovo en misiones de la OTAN.

La República de Macedonia,  país cuya independencia fue reconocida por Turquía  internacionalmente al país en 1991, cuenta con una notable comunidad de albaneses musulmanes, principalmente en el norte, así como prácticamente 80.000 ciudadanos de origen turco. En las disputas entre Grecia y Macedonia acerca del nombre de la ex república yugoslava, un contencioso no resuelto hasta junio de 2018, Turquía siempre se posicionó a su favor. Macedonia fue, entre otras cosas,  el lugar donde vivió y estudió Ataturk durante su etapa juvenil.

Despliegue militar de Turquía en la región// Fuente: El País

La consolidación

En general, Turquía ha logrado mejorar las relaciones con estos países y su imagen exterior. Al mismo tiempo, ha empezado a tejer relaciones con otros países con menor presencia musulmana como Serbia, Croacia y Montenegro, especialmente en aspectos económicos.

La década de los 2000 fue muy exitosa para las aspiraciones del proyecto de Turquía en los Balcanes occidentales, siguiendo las directrices de Erdogan y Davutoglu. Pese a que la Unión Europea es el gran objetivo de los países de  la región –Serbia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Albania y Kosovo son candidatos al ingreso- Turquía ha aumentado notablemente su influencia.

La crisis económica que estalló en 2008 y que azotó a Europa con intensidad, permitió a Turquía -que se vio menos afectada-  reforzar su presencia en la región. Los factores geopolíticos no se pueden obviar, por lo que las iniciativas de Turquía empezadas en las guerras en materia de estabilidad y seguridad siguen estando muy presentes.

El giro de la política exterior turca avanzó bajo los dictados cada vez más presentes de Davutoglu, que dejó su labor de académico y entró en el Gobierno como ministro de Exteriores (2009-2014) y luego como primer ministro (2014-2016), hasta que fue destituido por sus reticencias hacia el presidencialismo propuesto por Erdogan.

En la actualidad existen muchas incógnitas derivadas del golpe de estado de 2016, de las disputas religiosas y del alejamiento de Davutoglu de las esferas de poder, así como del surgimiento de otras potencias como China, que ha comenzado a realizar proyectos a raíz de su Nueva Ruta de la Seda, de las tensiones aún existentes entre Serbia y Kosovo y entre las comunidades étnicas en Bosnia y de la reciente extradición de kosovares.

Para saber más

MEHMET UĞUR EKİNCİ (2014): “A Golden Age of Relations: Turkey and the Western Balkans During the AK Party Period” en Insight Turkey, Vol. 16, No. 1, pp. 103-125; ALIDA VRAČIĆ (2016): “Turkey’s Role in the Western Balkans” en German Institute for International and Security Affairs; BIRGÜL DEMİRTAŞ (2013): “Turkey and the Balkans: Overcoming Prejudices, Building Bridges and Constructing a Common Future” en PERCEPTIONS, Vol 18, No. 2, pp. 163-184; DIMITAR BECHEV (2012): “Turkey in the Balkans: Taking a Broader View” en Insight Turkey, Vol. 14, No. 1, pp. 131-146.

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La comunidad negra en Marruecos a través de los Gnawa

La comunidad negra en Marruecos a través de los Gnawa

Por Airy Domínguez

Comunidad gnawa en Khamlia// Fuente: viajandomarruecos

Tradicionalmente asociado con una identidad árabe, Marruecos se caracteriza por poseer una heterogeneidad étnica y lingüística. Sin embargo, la plurinacionalidad del Estado no fue oficialmente reconocida hasta 2011, con la reforma constitucional del 1 de julio que fue empujada por las turbulencias sociales que atravesaba el país. Este país es el que mayor número de amazigófonos (hablantes del tamazight) acoge en su seno. Más conocidos como bereberes, los imazighen (plural de amazigh) son los pobladores originales del norte de África y sus descendientes y su lengua es el tamazight.

Según el censo oficial de 2004, el 90% de la población habla árabe mientras que el 28% de la población marroquí es amazigófona, pero las estimaciones de aquellos que luchan a favor de este colectivo afirman que más del 50% de la población marroquí habla amazigh, una cifra que podría ser incluso superior. Junto a árabes y imazighen se encuentran otras minorías étnicas, unos 90.000 saharauis y los gnawa, entre otros.

Distribución de los principales grupos etnolingüísticos en Marruecos. Fuente Joshua Project

La etnia negra de los gnawa es mundialmente conocida por su protagonismo en el festival musical internacional de Essaouira. Sin embargo, si nos adentramos en esta peculiar comunidad vemos que su historia ha sido tradicionalmente marginalizada en Marruecos, probablemente debido a su estrecha relación con la esclavitud. A finales del siglo XVI, la compra de esclavos y cautivos de guerra de las áreas de Europa empezó a descender, de modo que los países musulmanes del norte de África decidieron girar la vista hacia el África subsahariana, provocando un aumento del flujo de tráfico de personas a través del Sahara, que ya se venía dando desde el siglo XI y que se extendió hasta el siglo XIX. Estos esclavos fueron designados como Abid o Sudan en el caso árabe y como Haratin, Ismgan y Gnawa, en tamazight.

Lingüísticamente, se cree que “gnawa” deriva de la palabra bereber “gnawi”, que está asociada al color de la piel y significa “hombre negro”. Sin embargo, hay quienes afirman que la palabra “gnawa” nace del bereber gnawen, agnaw en plural, que significa “mudo” y era el nombre con el que se designaba en Marruecos a los esclavos negros procedentes del áfrica subsahariana. Esto responde a que las lenguas que hablaban estos colectivos resultaban incomprensibles tanto para arabófonos como berberófonos. En el caso de España, la palabra gnawa quedó registrada ya en el siglo XII, en el Diean (Cancionero) del poeta andalusí Ibn Quzman.

Enmarcado en un periodo de luchas territoriales, uno de los aspectos más destacados de estas comunidades esclavas es su vinculación con las fuerzas armadas de los sultanes. Los almorávides fueron la primera dinastía gobernante en Marruecos que recurrió a la utilización de un gran número de esclavos para engrosar las filas de su ejército. Fue precisamente durante este periodo, cuando el gobernante Yusuf Ibn Tashfin compró un grupo de esclavos negros y los envió a al-Andalus. Estas tropas adicionales permitieron que los almorávides derrotaran a Alfonso VI de Castilla en la Batalla de Zallaqa (1086), donde participaron 4.000 soldados negros.

La siguiente dinastía en recurrir a ellos sería la de los almohades. Estos contaron con una guarnición privada de soldados negros – guardias reales fundamentalmente – cuyas filas llegaron a contar con 30.000 soldados durante el gobierno de Muhammad an-Nasir. Fue precisamente en este periodo cuando se institucionalizó el reclutamiento de esclavos negros en el gobierno. Entonces este grupo pasó a ser designado como ‘Abid al-Makhzen, es decir, “sirvientes del gobierno”. 

La dinastía Saadi fue la tercera en emplear un gran ejército de esclavos de etnia negra.  Mawlay al-Mansur ordenó la invasión del imperio Songhay, en el actual Mali, en el año 1591. Ello brindó a Marruecos la posibilidad de tener un acceso directo a la adquisición de esclavos en la zona, los cuales, una vez más, fueron utilizados fundamentalmente con fines militares.

Gobernantes marroquíes desde la dinastía Idris a la Alauita

El reclutamiento de regimientos de personas de etnia negra llegó a un punto álgido a finales del siglo XVII, cuando Mawlay Isma’il dio órdenes de esclavizar a todas las personas negras, incluso a las que gozaban de libertad, para crear su propio ejército. Aún así, el mayor número de hombres, mujeres y niños esclavizados data del siglo XIX, cuando se cree que entraron en Marruecos unos 20.000 esclavos del África Occidental anualmente.  

Además de la utilización de los esclavos negros como filas del ejército, a estos se les asignaron numerosas ocupaciones, incluidas tareas en las casas, granjas, minas, oasis y puertos. Aquí, había una distinción entre las tareas asignadas a mujeres y hombres. Las esclavas se encargaban de las tareas domésticas o eran concubinas de la clase acomodada, mientras que ellos eran principalmente hombres y trabajaban en la agricultura.

De manera progresiva la población negra de esclavos fue alcanzando la libertad, ya fuese debido a su emancipación, su huída, o porque sus amos se vieron obligados a otorgarles libertad bajo diferentes circunstancias. Tras muchas generaciones, estos esclavos fueron liberados eventualmente y crearon sus propias familias y comunidades, como las de la orden mística gnawa. Hoy encontramos concentraciones importantes de comunidad negra en ciudades como Marrakech y Essaouira, precisamente porque en su día fueron mercados de esclavos importantes que estaban conectados con la ruta trans-sahariana.

Sin embargo, no todos los negros en Marruecos fueron esclavos originarios de África occidental, pues algunos eran nativos del sur del país. Hay académicos que sugieren que los grupos de personas de etnia negra eran indígenas del valle de Draa, además de agricultores sedentarios. Según estos estudios, con el avance de los romanos hacia el interior de Marruecos  (siglo III a. C.), los bereberes, que habitaban en las zonas costeras del Magreb del norte de África, podrían haber sido obligados a ir hacia el sur y competir con la población negra que habitaba en los oasis de Draa, dando lugar a una relación interdependiente o clientelar con los negros, en la que los bereberes asumieron el papel de patrón.

El fin de la esclavitud llegó a Marruecos con la conquista francesa del África saheliana y el consiguiente cierre de las principales rutas del comercio de esclavos. El descenso de la esclavitud supuso la construcción de comunidades propias por parte de aquellos que habían sido esclavizados, es aquí donde podemos situar a los gnawa.  

Espiritualidad y vida religiosa

Históricamente los gnawa han sufrido discriminación por parte de la mayoría arabo-bereber en las regiones en las que habitan, fundamentalmente debido a que se trata de una orden espiritual dentro de la sociedad islámica marroquí. No obstante, a pesar de la extendida marginalización de sus inusuales ritos religiosos, ceremonias y prácticas musicales, los gnawa han encontrado legitimación de su identidad cultural en las regiones y sociedades que habitan. Así, hoy no resulta complicado encontrar relaciones de cordialidad entre las distintas etnias, que incluso se prestan a colaborar en pro de intereses comunes como es el caso del turismo en el pueblo de Khamlia.  

A nivel espiritual, los gnawa poseen una vida religiosa activa y para ellos resulta crucial la creencia en la posesión y el trance. Estas son tradiciones animistas que, a pesar de la adopción del islam por el grupo, no han sido abandonadas sino que han combinado las creencias de esta religión con las tradiciones africanas pre-islámicas. Este grupo lleva a cabo tanto ceremonias grupales iniciadoras como terapéuticas, donde la música se presenta como protagonista para alcanzar el estado de trance. Estas ceremonias o rituales reciben el nombre de Lila (noche en árabe) y, como su propio nombre indica, se llevan a cabo durante toda la noche.

LA CEREMONIA

Suele tener lugar en el interior de una casa, santuario o centro de una familia o grupo gnawa. La primera parte de la lila se llama al-‘ada y es una especie de calentamiento que se acompaña con dátiles, leche, velas e incienso y está normalmente reservada para mujeres. Luego sigue lo que se conoce como Kuyu o Awlad Bambara, que empieza con la invocación de bendiciones sobre el Profeta Mahoma. Después viene ftuh ar-rahba, un ritual crucial que prepara el escenario para el mluk o entidades supranaturales. La ceremonia gnawa tradicional cuenta con siete secciones, cada una de las cuales representa a siete santos o espíritus ancestrales. Además, cada sección es asociada con un color particular, cada uno de los cuales simboliza una función determinada en la naturaleza y el mundo espiritual.

Para más información véase CONSTRUCTING A DIASPORIC IDENTITY: TRACING THE ORIGINS OF THE GNAWA SPIRITUAL GROUP IN MOROCCO y Hunters, Sufis, soldiers, and minstrels: The diaspora aesthetics of the Moroccan Gnawa

Otra de las creencias de este grupo étnico es que las desgracias raramente son accidentales, por lo que se inclinan a pensar que son causadas por espíritus malignos. Aquí, a través de sus ceremonias musicales y del estado de trance, buscan curar la locura y liberar a sus víctimas de las malas influencias. Es por ello que mucha gente busca la intercesión de los gnawa para solucionar diversos problemas (depresión, infertilidad, enfermedades, etc.) e incluso para preservar su buena suerte.

Con sus prácticas, la comunidad gnawa ofrece un ejemplo de cómo la gente reconstruye su identidad contra la ruptura de la continuidad cultural. Estas ceremonias les permiten, en cierto modo, escaparse de las identidades socialmente construidas, resultado de siglos de aculturación en la sociedad marroquí a la que llegaron como migrantes forzados, para personarse de nuevo como gente espiritualmente construida, independientemente de su identidad social en el mundo. Aún así, este carácter místico-espiritual de la comunidad gnawa no queda aislado del islam, pues esta religión ha penetrado en ellos al igual que en el resto de comunidades de la región.

Tras convertirse al islam, los gnawa adoptaron a Bilal como su predecesor y santo patrón. Esta fue la primera persona negra en convertirse al islam y en ser compañero del Profeta. Originario de Etiopía, nació en la esclavitud y se convirtió al islam cuando aún estaba en cautividad, llegando a ser torturado por su maestro debido a su conversión. Cuando un amigo cercano del Profeta, Abu Bakr as-Siddiq, escuchó del valor de Bilal, lo compró para liberarlo en nombre del Islam, y este pasó a convertirse en el asistente personal de Mahoma. Fue el primer muezzin (almuédano) de la comunidad islámica establecida en Medina. Una relación con el profeta que le dio a Bilal Bakara

Entendidos como una cultura de la diáspora existen paralelos artísticos y espirituales entre los gnawa y otros grupos negros espirituales en África como los stambouli en Túnez, los sambani en Libia, los bilali en Argelia, el culto Zar en Sudán y Bori entre los Hausa del norte de Nigeria y Níger. Hoy gran parte de esta comunidad parece estar perfectamente asentada en Marruecos, como muestra su falta de deseo de volver a su tierra ancestral y podría decirse que su diáspora está construida positivamente en torno al derecho de pertenencia a la cultura del islam. En esta línea, la posesión del espíritu Gnawa se basa y crea un parentesco con el sufismo. Este movimiento espiritual, que se encuentra muy implantado en Marruecos, supone una manifestación del islam caracterizada por su interpretación mística de la fe y un marcado carácter individualista. Se trata de una corriente que se encuentra muy apegada a las tradiciones populares, y que choca con el salafismo.  

Es precisamente la popularidad de estas cofradías sufíes la que ha permitido que las prácticas de los gnawa, con elementos un tanto alejados del islam, no sean perseguidas. Ambas corrientes comparten elementos de las prácticas de adoración Sufi en la utilización de la música y el movimiento. Por ejemplo, tienen características afines con órdenes sufíes marroquíes populares como Hamadsha, Aissaoua y Jilala, cuyas ceremonias también usan música para inducir a la posesión por parte de los espíritus e incluyen actos propios de las ceremonias de los Gnawa, como cortarse con un cuchillo pero no perforar la piel. Sin embargo, esto no significa que no haya diferencias. Por ejemplo, mientras que los grupos sufíes se reúnen para alabar a Dios y al profeta, aspirando al tawhid, o unidad con la divinidad, los gnawa y sus seguidores se reúnen para propiciar a los espíritus y sanar a los poseídos, mientras que alaban a Dios y su Mensajero, el profeta Mahoma. Además, los espíritus Gnawa no solo tienen su origen en el África subsahariana, sino que también están inspirados en el sufismo marroquí.

La música gnawa

La música gnawa ha cumplido y cumple una función importante en el campo espiritual, pues se encuentra muy vinculada a sus rituales religiosos, así como a sus recuerdos históricos y culturales. Ella encarna estos recuerdos, que son celebrados e invocados en canciones, bailes y cantos musicales, con el fin de emplearlos como el medio para acceder al reino espiritual.

Al igual que en la forma de vida y en la cultura de este grupo, su música deja ver la evidente conexión entre elementos propios de la música árabe del Norte y aquellos pertenecientes a la herencia subsahariana. En este sentido, sus ceremonias adquieren una especificidad musical en la que el misticismo sufí se fusiona con los ritmos del África Occidental pre-islámica. Además, aunque las lenguas vehiculares de los músicos gnawa de hoy día son el árabe y el bereber, en sus letras todavía sobreviven algunas palabras y frases religiosas de África occidental.

Este no es un estilo monolítico y uniforme. Dentro de ella destacan fundamentalmente dos estilos, por un lado, aquellos localizados en los centros de poder, por otro, los de los ámbitos rurales, que cuentan con una mayor influencia del folklore bereber. Diversos estilos como el Marsaui (en referencia al puerto de Essaouira), Shalhaui (Bereber) o Shamali (del Norte) se diferencian de acuerdo a las tradiciones locales, los dialectos o la composición musical.

Los gnawa han creado un género musical en Marruecos que les permite hacer frente a su tradicional lugar en el país. Si bien originariamente estos recurrían a la música y al baile para expresarse y curar el dolor, hoy esto parece haberse convertido en un género propio que ha entrado en el mercado internacional. A partir de la década de los 60, la música gnawa empezó a cambiar de contexto, transitando de su tradicional carácter ritual a los escenarios. Poco a poco su marca aumentó visibilidad hasta el punto de que en 1998 recibió el mayor reconocimiento con la creación del Festival de Essaouira donde se encontrarán todo tipo de variaciones, desde la más pura a la más híbrida. Allí, músicos de Estados Unidos, Europa, Brasil, India, Mali y Senegal, entre otros, actúan junto con los gnawa. Sin embargo, hoy las letras continúan teniendo en muchas ocasiones vinculación con las carencias propias del exilio y de la esclavitud. Un aspecto que hace que la música gnawa y el blues y la música espiritual con raíces en las canciones de los esclavos negros americanos, guarden una estrecha conexión.

Si hubiese que elegir un grupo pionero en la internacionalización de la música gnawa, este sería el grupo marroquí Nass el Ghiwane que llegó a incluir su producción en la gran pantalla a partir de la inclusión de la canción “Ya sahh” en la peícula La última tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese.

Este paso de la reducción de las ceremonias gnawas al ámbito privado a su inclusión en conciertos públicos turísticos ha generado controversia entre sus defensores y sus detractores. Por un lado están aquellos que defienden la degradación de la autenticidad de estas prácticas comunitarias debido a su comercialización y exposición, así como que las actuaciones gnawa en espacios europeos canadienses y americanos han alterado el significado de las ceremonias locales dando como resultado su desacralización. Por otro, hay quienes creen que se trata de una continuidad entre lo local y lo global, y no de una ruptura.

A pesar de ser un grupo marginal, los Gnawa han ejercido una influencia importante en la religión, los rituales y la música de la cultura arabo-bereber . Y es que constituyen una diáspora cultural formada por cazadores, sufíes, soldados y juglares, que durante siglos han estado vinculados a las dinámicas de viajes, intercambios, y negociaciones que comenzaron con la esclavitud y continúa en el presente esta vez, quizá, en forma de música.

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El islamismo en Marruecos: la llegada al poder del PJD

El islamismo en Marruecos: la llegada al poder del PJD

Por Youssef Bouajaj

El ex primer ministro, Abdelilah Benkirane, junto al rey de Marruecos, Mohamed VI. Fuente: Maroc.ma

“Nosotros no somos favorables a una monarquía parlamentaria porque consideramos que no es conveniente para nuestro país. El rey es la persona que ha de tener el poder suficiente para intervenir y equilibrar”. Con estas palabras se refería a su relación con la monarquía el político del partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD) Abdelilah Benkirane, Primer ministro de Marruecos entre 2011-2017.  

El islam político o islamismo es un conjunto de movimientos que tienen el islam como ideología política y que intentan aplicarla en la sociedad. Todos los grupos islamistas reivindican la centralidad de la sharia para regular la vida social y cuestionan la hegemonía religiosa por parte del clero cercano al poder, es decir, de los ulemas e imanes. Siguiendo al pensador francés François Burgat, se puede hablar de la existencia de tres etapas históricas del movimiento islamista. La primera, a finales del siglo XIX, se caracteriza por su oposición a la colonización europea del mundo árabe/musulmán y por un intento de reivindicación de lo islámico. La segunda etapa, iniciada tras las independencias de los países árabes en los años cincuenta, viene marcada por las tensiones entre los islamistas y los nuevos regímenes de ideología nacionalista y laica. Los gobernantes árabes recurrieron a la represión contra los islamistas, lo que dio lugar a una nueva contestación por parte de estos grupos. Por un lado, hubo movimientos islamistas que moderaron su discurso para evitar la represión de las élites en el poder. Por otro, estaban aquellos que optaron por no renunciar a sus objetivos políticos y que trataron de imponerlos a través del uso de la fuerza, los yihadistas. La tercera etapa tiene su inicio en los años noventa, cuando se empiezan a consolidar formaciones islamistas en los gobiernos, como en el caso de Kuwait o Jordania. En este periodo también aparece un movimiento yihadista transnacional que tuvo su origen en Afganistán y que después se desarrolló con el ascenso del Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria.

En la actualidad, buena parte de los movimientos que se engloban dentro del islam político han moderado su discurso, y optan por la vía democrática para llegar al poder. La idea de establecer un Estado islámico basado en el gobierno de la sharia ha sido rechazada y sustituida por la pretensión de islamizar algunas leyes. Aquí, partidos políticos como el AKP (Turquía), PJD (Marruecos) o Ennahda (Túnez) son un claro ejemplo.      

La situación de los partidos islamistas en la región MENA (Oriente Medio y Mundo Árabe)// Fuente: The Economist

El largo camino hacia la normalización

En Marruecos, la monarquía es el actor político más importante ya que controla las fuerzas de seguridad, la administración, el poder judicial, el Gobierno y fija las reglas del campo económico. La legitimidad de la figura del rey proviene de su dominio sobre los asuntos religiosos, éste es entendido como Comendador de los creyentes, una figura que queda incluida por primera vez en la constitución de 1962. Justificado por su origen jerife (descendiente del profeta Muhammad), este título le atribuye al rey ser el jefe supremo de la nación y de la comunidad musulmana. Sin embargo, la hegemonía de la monarquía en el terreno religioso no es aceptada por todo el mundo, como quedó demostrado tras los atentados yihadistas del 16 de mayo de 2003 en Casablanca. Ante esta situación, la monarquía entendió la necesidad de llegar acuerdos con los movimientos islamistas, tal como lo hizo con el PJD a finales de los 90.

En los años setenta, el Palacio utilizó a los grupos islamistas para combatir el auge de los grupos de izquierda, pero en la década siguiente, la radicalización de algunos movimientos islamistas hizo que el Estado respondiera con la represión. Es en este contexto donde algunos militantes de la Juventud Islámica renuncian a la violencia y muestran su voluntad de participación en la vida política. Tras años de negociaciones, el Palacio permitió que estos grupos pasasen a formar parte del sistema político, siempre y cuando reconocieran al rey como Comendador de los creyentes, defendieran la integridad territorial de Marruecos y aceptaran el orden político vigente.

En 1996 este grupo de islamistas se integró en el partido político Movimiento Popular Constitucional y Democrático, donde se unieron a otras organizaciones islamistas como el Movimiento Unicidad y Reforma y formaron el Partido Justicia y Desarrollo. Con su legalización, el PJD tenía la oportunidad de participar en el sistema proponiendo reformas sin cuestionarlo. Por su parte, la monarquía conseguía cooptar a una parte del movimiento islamista marroquí e intentaba debilitar a otras formaciones como la ilegalizada Justicia y Espiritualidad. Fundado en 1981 por Abdelsalam Yasín, este grupo islamista no reconoce al rey como Comendador de creyentes.

El discurso político del PJD ha ido evolucionando desde posiciones más ideológicas hacía otras de carácter más pragmático. Entre los años 1997-2002, el partido se centraba en cuestiones religiosas como la regulación del consumo de alcohol, abogar por una banca islámica, reformar la industria del cine para que se adecuase a los principios islámicos y en denunciar las prácticas inmorales vinculadas al turismo. Sin embargo, a partir de 2002 el discurso del PJD comienza a moderarse, abandona el interés exclusivo en asuntos religiosos y pasa a tratar asuntos económicos y sociales. En este escenario, los atentados de Casablanca (2003) supusieron el giro definitivo al pragmatismo, pues la formación islamista recibió fuertes críticas de buena parte de sus oponentes políticos, quienes los acusaban de ser los responsables morales de los atentados.

La moderación del discurso unido al logro del PJD de no ser percibido como un partido cercano al Palacio, le proporcionó unos resultados electorales positivos elección tras elección. Sin embargo, debido al alto grado de institucionalización y de acercamiento al sistema, cada vez le resulta más complicado ser visto como un partido de oposición . 

Según Beatriz Tomé, el PJD tiene que jugar un doble juego. En primer lugar, al juego del régimen, lo que supondría asumir las reglas del sistema, aceptar la integridad territorial y reconocer al rey como Comendador de los creyentes. En segundo lugar, al juego electoral, donde el objetivo sería presentarse como un actor ciertamente alejado del sistema y diferenciarse de los otros partidos de la oposición. El peligro de llevar a cabo este doble juego, es ser percibido como un “partido islamista de palacio”. Pese a ello, el partido ha conseguido hacer frente a la mencionada situación gracias a una defensa de los valores musulmanes asociados a la nación marroquí y a presentarse como una alternativa política no asociada a la corrupción.

Esquema sobre el Sistema político marroquí//Fuente: Le Desk y Reporteros sin Fronteras

La llegada al Gobierno

Tras el estallido de las protestas en Túnez y Egipto en enero de 2011, en el marco de la denominada Primavera Árabe, Marruecos fue el siguiente país donde se produjeron las manifestaciones bajo el nombre del Movimiento 20 de Febrero (M20F). En un primer momento, los manifestantes demandaban reformas del sistema, entre ellas el establecimiento de una monarquía parlamentaria, pero a medida que pasaba el tiempo los protestantes radicalizaron su discurso pidiendo la derogación de la Constitución y la disolución del Gobierno y del Parlamento. 

El discurso del rey anunciando una reforma constitucional – que fue aprobada con el 98% vía referéndum- desinfló las movilizaciones del Movimiento 20 de febrero. En este contexto, el PJD decidió no apoyar las protestas y mantenerse fiel al sistema siempre que la monarquía aceptara ciertas reformas, y no pusiera trabas a su acceso al gobierno. En las anteriores elecciones, el PJD se había autolimitado no presentando candidatos en todas las circunscripciones, para remarcar su carácter moderado y no preocupar a la monarquía. En términos generales, hubo pocos cambios significativos en la reforma constitucional. Entre ellos destacaron la creación de la figura del Primer Ministro, elegido de la fuerza más votada en las elecciones teniendo el poder para disolver el parlamento. El PJD consiguió que se eliminaran las referencias de la libertad de conciencia en el borrador de la Constitución. El Secretario General del PJD, Benkirane, llegó a decir que la libertad de conciencia tendría efectos negativos por la identidad islámica del país y amenazó de votar en contra de la Constitución si se incluía.

El ser visto como un partido alejado de la monarquía, favoreció que el PJD no se convirtiese en el blanco de las protestas del M20F y, además, favoreció su posicionamiento como fuerza más votada en las elecciones legislativas de noviembre de 2011, lo que le convirtió en el primer partido islamista en lograrlo. El PJD logró superar al Partido Autenticidad y Modernidad, fundado en 2008 por un consejero del rey, Fouad Ali al-Himma, con el objetivo de contrarrestar el ascenso de los islamistas. Pese a la victoria, la ausencia de una mayoría absoluta obligó a Benkirane a formar un gobierno de coalición con partidos de otras ideologías, donde controlaba un tercio de los 31 ministerios. El sistema electoral marroquí está diseñado de forma que dificulta que un único partido obtenga la mayoría absoluta, forzando a los partidos a formar alianzas de Gobierno. Por su parte, el monarca reforzó su Gabinete Real con el objetivo de controlar al naciente Gobierno islamista.

Resultado de las elecciones legislativas en Marruecos en el 2016. Fuente: El País

El contexto de la región, donde las fuerzas islamistas estaban en retroceso, afectó negativamente al primer Gobierno de coalición, que duró hasta julio de 2013, cuando el partido Istiqlal lo abandonó. La formación de un segundo Gobierno de coalición perjudicó a los intereses del PJD que perdió el control de ministerios como el de Exteriores, mientras que personas cercanas al Palacio ocupaban cargos de relevancia. Esta debilidad para mantener la coalición, unida a la falta de experiencia en el gobierno, provocó impidió que el gobierno llevase a cabo su ambicioso plan de reformas, siendo la lucha contra la corrupción una de las principales promesas electorales que el PJD no logró materializar. Respecto a la política económica, una de sus principales tareas era reducir el gasto público por presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), abriendo las puertas a un parón en las subvenciones de productos básicos como los hidrocarburos, el azúcar y la harina. Esta impopular medida causó protestas que llevaron al gobierno a modificar su política y optar por subir sólo el precio del petróleo, aprovechando el bajo precio en el mercado internacional.

En materia religiosa, el Gobierno de Benkirane ha legislado para conseguir algunas de sus demandas, sobre la cuestión del alcohol. La postura del PJD ha evolucionado de abogar por la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas a musulmanes cuando estaba en la oposición, a decidir aumentar notablemente el precio de los productos alcohólicos una vez en el gobierno. Esto sumado a que la cadena de supermercados Marjane (controlada por el holding financiero de la monarquía) decidió dejar de vender alcohol, ha provocado que su consumo baje durante el mandato del PJD. En el mundo del cine, el PJD ha prohibido la película Much Loved de Nabil Ayouch- que trata el tema de la prostitución en el país- por considerar que la película «comporta un grave ultraje a los valores morales y a la mujer marroquí, además de un atentado flagrante contra la imagen de Marruecos”. La prohibición de la película junto con la presión social obligaron a Lubna Abidar, actriz principal de la película, a marcharse de Marruecos. Respecto a la banca islámica, el partido islamista fue quien impulsó su creación con el apoyo unánime del parlamento en 2014. Los bancos islámicos se caracterizan por no especular, no invierten en sectores haram (alcohol, drogas) y comparten riesgos y beneficios con los clientes. Un foco de tensión entre el PJD y la monarquía fue la propuesta del ministro de Comunicaciones, Mustafa el Khalfi, de reformar la televisión pública para obligar a retransmitir las cinco plegarias al día, reducir la programación en francés, ampliar la programación religiosa y prohibir los anuncios de lotería. Por presiones de la monarquía, la reforma no salió adelante.

La caída de Benkirane

Pese a las dificultades para llevar a cabo su programa de Gobierno a causa de compartir coalición con partidos de diferente ideología y tener la necesidad de ir con cuidado para evitar en todo momento entrar en conflicto con la monarquía, el PJD revalidó victoria electoral en las elecciones legislativas de 2016. Esto se explica por la gran popularidad de Benkirane, fundamentada en su claridad discursiva y su cercanía al hablar en dialecto, y sus enfrentamientos con la gente del entorno del rey, que le creó una imagen de contrapoder del sistema que contaba con el apoyo amplio de la población. Sin embargo, su estilo de hacer política era incómodo para la monarquía y para sus rivales políticos. Esta vez, tal y como ocurrió en 2011, Benkirane tuvo la tarea de formar un nuevo Gobierno de coalición, aunque sin la misma suerte. Los partidos políticos impusieron condiciones que no estaba dispuesto a aceptar, provocando que el rey lo destituyera como Primer ministro por otro político del PJD, Saadedin el Otmani, que sí que aceptó las demandas de los partidos para formar una nueva alianza.

El nuevo Primer ministro marroquí a diferencia de su predecesor, tiene un perfil más discreto y prefiere tener un tono más conciliador con el Palacio. En el nuevo Gobierno de Marruecos, el PJD no controla ningún ministerio importante, pese a ser el vencedor de las elecciones.  A ojos de los votantes la caída de Benkirane debilita al PJD, porque renuncia a ser un partido de oposición crítico con ciertos aspectos del sistema, lo que podría tener consecuencias negativas para el partido de cara a las próximas contiendas electorales

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