Las milicias en Libia, un obstáculo para la paz

Las milicias en Libia, un obstáculo para la paz

Por Youssef Bouajaj y Airy Domínguez

Milicianos que respaldan al gobierno de unidad en Sirte// © Reuters

Llegamos, vimos, él murió”. Así celebró la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, la muerte de Muammar Gadafi, quien durante cuarenta y dos años ejerció el control sobre Libia. Durante las Primaveras Árabes, este país vio levantarse en armas contra el régimen a una parte de la población. Aquí,  la respuesta de Gadafi llevaría a la OTAN a intervenir para hacer cumplir la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que instaba a tomar todas las medidas necesarias para proteger a la población civil de la posible represión de las fuerzas de Gadafi.

En este contexto, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, advirtió que la operación militar tenía que centrarse únicamente en proteger a la población, y de ninguna manera buscar un cambio de régimen. Con ello, el presidente norteamericano buscaba evitar los errores cometidos por Bush durante la invasión de Irak en 2003, donde el intento de establecer una democracia en el país costó la vida de miles de soldados americanos y supuso un enorme gasto económico. Sin embargo, la intervención internacional fue más allá de su misión de proteger a la población civil. Francia, Qatar, Estados Unidos y Emiratos Árabes transfirieron armas a los rebeldes libios, incumpliendo con ello la resolución 1970 del Consejo de Seguridad que imponía el embargo de armas a Libia. Las potencias internacionales consideraron que para proteger a la población civil era necesario armar a la oposición libia, un apoyo que resultó clave para la victoria de los rebeldes.

Siete años después de la caída de Gadafi, Libia es un Estado fallido que cuenta con tres Gobiernos distintos y vive una guerra civil, un contexto que ha favorecido la proliferación de grupos terroristas como el Estado Islámico que encuentran en el país el escenario propicio para su desarrollo. Con todo, puede decirse que, en la Libia post-Gadafi, la transición a la democracia ha fracasado. Una cuestión en la que el papel de las milicias y su capacidad de establecerse como actores dominantes ha sido crucial

¿Qué ha favorecido la consolidación de las Milicias?

Hoy día Libia se encuentra dividida bajo el control de una serie de milicias con intereses contrapuestos, que inmersas en su lucha por el poder han impedido la pacificación del país. Esta es una de las consecuencias más directas de la caída del régimen en 2011, y ha sido posible debido a la existencia de un escenario concreto durante la era Gadafi, así como a la tradición histórica y cultural de los libios.

Libia es el país con más reservas de petróleo en África. Este recurso fue descubierto en 1959, durante el mandato del rey Idris, y permitió que el país pasase de ser uno de los más pobres de África a ser el de mayor renta per cápita de la región. Sin embargo, lejos de recaer en manos libias, fueron las compañías extranjeras quienes dominaron el negocio del petróleo, de manera que sólo una pequeña parte de los beneficios procedentes de este recurso era ingresada en las arcas del tesoro libio. Lo anterior, enmarcado en un ambiente donde el panarabismo crecía y el descontento político y social se avivaba, permitiría el triunfo del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1969 que quitó el poder al rey Idris para dárselo al Coronel Muhamad Gadafi.

Distribución de las instalaciones de gas y petróleo en Libia//© AFP

Desde su llegada al poder, Gadafi haría del petróleo su principal herramienta. La renta petrolera pasó a ser la principal fuente de ingresos del Estado libio y fue utilizada para impulsar medidas redistributivas entre la población y generar un nuevo modelo económico social. Alrededor de este recurso, Gadafi desarrolló una política intervencionista y clientelar que, unida a una serie de programas sociales, se tradujo en una mejora de las condiciones de vida de los libios. Esto sin dejar de lado a las élites del país, que fueron quienes realmente se beneficiaron del recurso petrolífero.

La histórica falta de unidad entre la población libia se ha visto favorecida por el marcado carácter tribal de su sociedad. En Libia, la población se ha guiado por los códigos de lealtad, fidelidad y obediencia al líder de la tribu, hasta el punto de que podría decirse que se trata de una federación de comunidades tribales, con leyes consuetudinarias, es decir, normas establecidas a partir de las costumbres de la comunidad y de la cultura. En el país existen unas 140 tribus, diferentes entre sí y sin identidades compartidas, un contexto en el que el petróleo se ha constituido núcleo en torno al cual se han articulado y, por tanto, el interés común.

Gadafi consiguió que esta división de la sociedad en grupos tribales y regionales no hiciera saltar por los aires la paz del país. Para ello, durante su estancia en el poder, procuró que su círculo más cercano lo conformasen miembros de su tribu, Gaddafa. Aunque, para mantener la estabilidad, se vio obligado a establecer alianzas con otras tribus como Magarha, Warfalla y Al-Awagir. Sin embargo, como quedaría patente tras su muerte, esta “unión” escondía una división histórica a la que se uniría la situación de privilegio con la que contaban las tribus de Tripolitania en el periodo de Gadafi y, por tanto, la marginalización y recelo de las tribus del este y el sur.

Disposición de las principales tribus en Libia //© Fanak

Junto a estas características del país, otro de los factores que favoreció la dominación de las milicias tras la caída del coronel fue la situación en la que se encontraban las fuerzas de seguridad en el periodo de las revueltas. Éstas habían sido debilitadas por el régimen debido a que Gadafi temía que sus propios hombres le dieran un golpe de Estado, lo que fomentó que la seguridad quedase en manos de diversos actores en competición. Lo anterior quedó reflejado tanto en los levantamientos iniciados en 2011, pues cada ciudad se levantaría por su cuenta contra el régimen, como en el desenlace de los acontecimientos, pues tras la caída del coronel la división sería el patrón reinante que permitiría el inicio de una lucha sin fin entre diversas facciones por el control del país y sus recursos.

Las milicias se interponen en el camino de la política

Tras la caída de Gadafi, las fuerzas políticas se van a posicionar como las principales protagonistas del proceso de transición con la creación del llamado CNT o Consejo Nacional de Transición a finales de febrero de 2011, que actuará como un gobierno provisional y conseguirá, desde muy pronto, el apoyo de la comunidad internacional. Pasado este periodo, el protagonismo de los actores políticos quedó representado en las elecciones de julio de 2012. De estas nació el Congreso General de la Nación (CGN) donde, pese al triunfo de los liberales, con Zeidán a la cabeza, en la práctica fueron los islamistas quienes terminaron controlando el Congreso. Una situación que cambiaría en las elecciones de junio de 2014, cuando los liberales pasaron a hacerse con el control desfavoreciendo la posición de los islamistas.  

Pese a su empeño, la rama política no lograría imponerse a la fuerza de otros actores presentes en el caos del país. A la caída de Gadafi, entre 100 y 300 milicias habían pasado a dominar la escena, una situación que el CNT trató de resolver dando prioridad a su desarme. Sin embargo, esta estrategia supuso un fracaso que llevó al planteamiento de una nueva solución: la creación de la “Fuerza de Escudo Libio” y el “Comité Supremo de Seguridad”. Dos estructuras que nuevamente fallaron en la consecución de su objetivo, pues la integración de las milicias de manera grupal en estas estructuras favoreció el mantenimiento de su autonomía y agenda.

La importancia de estas milicias no hará desaparecer a las fuerzas políticas, sino que se irá generando una dinámica en la que ambos actores – políticos y milicias – se apoyarán dando lugar a alianzas que les permitan alcanzar más poder y fuerza. En este contexto, las milicias de Misrata – aliada con los islamistas – y Zintán – apoyada por los liberales – serán las de mayor importancia. Durante el gobierno de Zeidán, debido a su situación de marginalidad, las milicias de Misrata se vieron abocadas a aliarse con los Hermanos Musulmanes representados por el Partido Justicia y Construcción (PJC) en el CGN. Aquí, el control del Congreso por el PJC favoreció que Misrata adquiriese un mayor peso en la política y en la seguridad, hasta el punto de que se le otorgaron labores de seguridad que normalmente corresponden a órganos e instrumentos del Estado. Por su parte, las milicias Zintán – de carácter laico y liberal – contaron con una posición relevante desde los inicios, pues se encontraban ya presentes en el CNT, debido a su asociación con la Alianza de Fuerzas Nacionales de Mahmoud Jibril. Además, el CGN favoreció que estas consolidasen su poder.  

La relación entre las milicias de Misrata y Zintan será relativamente pacífica hasta las elecciones de 2014, cuando las fuerzas liberales se posicionaron por delante de las islamistas provocando que estos últimos rechazasen el parlamento y recurriesen a la fuerza militar para compensar la situación de desventaja. A partir de entonces, existirán dos gobiernos con sus respectivos apoyos de milicias, por un lado, el Gobierno de Salvación Nacional, con sede en Trípoli y apoyado por una alianza de milicias denominada Amanecer Libio y, por otro, la Cámara de Representantes en Tobruk, que contaba con el reconocimiento internacional y el apoyo del general Jalifa Haftar y el Ejército Nacional Libio (ELN).

Tanto Haftar como su Ejército Nacional Libio resultan fundamentales para entender no sólo el desarrollo, sino la actualidad a la que se enfrenta Libia. La aparición del general en escena de manera determinante se remonta a 2014, cuando anunció en televisión la disolución unilateral del parlamento de Trípoli, la creación de un «comité presidencial» y un gabinete que gobernaría hasta que se celebrasen nuevas elecciones. Desde entonces Haftar pasará a ser el principal actor del este, a ello se suma el poder que le otorga su control sobre los principales pozos de petróleo. Entre sus acciones más destacadas se encuentran el lanzamiento de la operación Dignidad para acabar con la presencia de grupos yihadistas en el este del país (2014) y la liberación de Bengasi -la segunda ciudad más importante de Libia- de las manos de grupos como Ansar Sharia y Estado Islámico (2017).

El peso de las fuerzas políticas volvería a destacar a finales de 2015, cuando por mediación de la ONU se creó un Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA). Sin embargo, las milicias continuarían jugando un papel importante, pues serían las encargadas de ayudar al GNA a desplazar al Ejecutivo que se resistía en Trípoli. Pese a ello, el GNA no conseguiría integrar al este, el cual se encuentra dominado por Haftar y su Ejército Nacional Libio (ELN).

Esquema de las instituciones libias según lo establecido en el Acuerdo Político Libio //© IEEE

Junto a las alianzas con las fuerzas políticas, el aumento de poder de las milicias se ha visto favorecido por el uso de la fuerza y su presencia en lugares estratégicos, donde los emplazamientos petrolíferos suponen un terreno crucial, ya que este recurso es el eje central de la economía libia. Dentro de la lucha por el control de los pozos petrolíferos destaca el papel de los Guardias de Defensa, bajo el mando del Comandante Ibrahim Jadhran, pues serán quienes se hagan con su control hasta septiembre de 2016, cuando el ENL se hizo con las cuatro principales terminales de exportación petrolífera del país.

La financiación ha sido otro de los factores que ha determinado la deriva de estos grupos. Entre 2012-2014 las milicias se financiaban a través de fondos del Ministerio Interior y Defensa, un escenario que sería aprovechado por muchos líderes de milicias, que con el fin de enriquecerse inflarían el número de combatientes y los gastos de las operaciones. Sin embargo, a partir de 2014, se redujo el presupuesto destinado al pago de los grupos armados, lo que obligó a las milicias a buscar nuevas formas de financiación, entre las que destacan el secuestro de personas, la extorsión de entidades bancarias y el tráfico ilegal. Solo el tráfico ilegal de personas a través de Libia  genera beneficios económicos cercanos a los 1.000 millones de dólares. El presidente de la Compañía Nacional de Petróleo -institución encargada de gestionar la producción y comercialización del crudo- denuncia que el país pierde 750 millones de dólares al año por culpa del contrabando de petróleo.   

Esquema explicativo de los tres gobiernos presentes en Libia

El repunte de la conflictividad entre milicias

Dos años después de su surgimiento, el GNA sigue sin tener legitimidad debido fundamentalmente a que carece del apoyo del Parlamento de Tobruk. A esta debilidad institucional se le suma su posición como rehén de las milicias, pues el GNA tuvo que recurrir a sus servicios para poder garantizar la seguridad de las instituciones, provocando que éstas se volvieran más poderosas y no tuvieran que rendir cuentas hacia el Gobierno. Esta situación ha desencadenado la existencia de cuatro grandes milicias que controlan Trípoli en la actualidad:

  • La Fuerza Especial de Disuasión: una milicia de ideología salafista liderada por Abdel Rauf Kara, que controla el único aeropuerto operativo en la capital y realiza funciones policiales y antiterroristas.
  • Las Brigadas Revolucionarias de Trípoli: controlada por Haitham Tajouri, es una de las milicias más fuertes de la capital en términos de armamento y personal. Ha perdido poder en detrimento de la Fuerza Especial de Disuasión.
  •  La Brigada Nawasi: es una milicia islamista que se encuentra bajo control de la família Qaddur. En el pasado había apoyado al Gobierno de Salvación Nacional, pero en la actualidad apoya al GNA.
  • La Brigada Abu Salim: dirigida por Abdel Ghani al Kikli, también realiza funciones policiales. Se ha enfrentado militarmente con la Brigada Nawasi.

Mapa de los grupos armados presentes en Trípoli en junio de 2018 // © Small Arms Survey

Inmersas en un escenario de caos, estas cuatro milicias se han convertido en mafias que utilizan el monopolio de la violencia para influir en las decisiones políticas y garantizar grandes ganancias económicas extorsionando al Gobierno y a los bancos. A este desorden se suma la existencia de otras milicias que se oponen al enorme poder acumulado por este cártel, tal es el caso de la Séptima Brigada de Tarhuna-ciudad cercana a la capital, que lanzó una operación militar en septiembre de 2018 junto a una milicia de Misrata liderada por Salah Badi. Ante ello, para parar la ofensiva, el presidente del GNA, Fayez Al Serraj, se vio obligado a pedir ayuda a las milicias de Zintan y Misrata, quienes pese a haber contado con una presencia destacada en la capital, la habían perdido los últimos años. Aquí, el caso de Misrata resulta destacable, pues fue la que más rápidamente perdió poder, entre otras cosas debido a que su alianza con Amanecer Libio (2014) perjudicó su imagen a ojos de la comunidad internacional. Ello llevó a Misrata a liderar la ofensiva que expulsó al Estado Islámico de la ciudad costera de Sirte (2016), donde contaría con la ayuda del Reino Unido y Estados Unidos.

En los últimos tiempos, Misrata y Zintan han dado un paso muy importante, pues han dejado atrás las diferencias que les llevaron a enfrentarse militarmente en 2014, con el fin de sellar un acuerdo de paz. La mencionada reconciliación abre la posibilidad una alianza en el futuro que les permita recuperar protagonismo y romper el equilibrio de poder en Trípoli.

El actual retorno del conflicto a Trípoli parece beneficiar al Ejército Nacional Libio (ELN), que apoya militarmente al Gobierno de Tobruk y es el principal foco de poder que cuestiona el GNA. El ELN, compuesto por un conjunto de unidades militares como las fuerzas especiales Saiqa y milicias tribales de la región de Cirenaica, cuenta hoy con el apoyo militar de Egipto y Emiratos Árabes, sin embargo no ha estado exento de problemas.

Pese a expandir su control sobre la región, los últimos años Haftar ha tenido que hacer frente a una serie de dificultades. En el pasado mes de abril, su estado de salud empeoró y tuvo que ser tratado en un hospital militar en París. Esta situación permitió el surgimiento de voces críticas dentro del seno del ELN y hizo aflorar dudas sobre quién sucedería a Haftar en caso de que falleciese. Junto a lo anterior, se encuentran otras cuestiones como las críticas de los Awaquir, una de las principales tribus de la Región de Cirenaica, que acusan a Haftar y a gente de su entorno de matar y encarcelar líderes tribales. Aquí, las victorias militares han permitido a Haftar acallar a la oposición interna y consolidar su poder. Por eso, con el fin de mostrarse fuerte ante sus enemigo de Trípoli y sus rivales internos, tras volver de Francia, Haftar emprendió una ofensiva militar contra la ciudad de Derna -bajo el control de las fuerzas islamistas-.

Por otro lado, Haftar ha tenido que hacer frente a la crisis de los pozos de petróleo. En junio de 2018 las fuerzas de Jadhran le arrebataron el control de los principales pozos de petróleo. Tras recuperarlos, Haftar puso la gestión de la exportación petrolífera en manos de una empresa paralela no reconocida internacionalmente, provocando que nadie comprara el petróleo que esta vendía. Una presión que forzó a Haftar a ceder nuevamente el control de los pozos a la Compañía Nacional de Petróleo. Esta crisis puso de manifiesto, una vez más, el conflicto sobre la repartición  de los beneficios de la exportación de este recurso en el país.

Dentro del caos presente en Libia, el sur se presenta como la zona más preocupante, pues cuenta con una mínima presencia del Estado, y constituye una ruta de paso para los migrantes que buscan llegar a Europa. Aquí, aparte de los árabes, residen otras etnias como los Tuaregs y Tubu, que siempre han sufrido discriminación y falta de oportunidades. Tras la caída de Gadafi, las principales tribus presentes en la zona se han enfrentado entre sí por el control de las principales redes de tráfico ilegal, las fronteras y control de los pozos de petróleo como el de Sharara, el yacimiento petrolero más grande de Libia. A ello se suma el incremento del conflicto en el sur debido a la intervención de las milicias del norte del país. En este sentido, las milicias de Misrata han apoyado militarmente a los Tuareg, mientras que el ELN a los Tebu. Por su parte, el GNA ejerce poca influencia en el sur de Libia y cuenta con pocos apoyos locales, a diferencia de las fuerzas de Haftar.

Esta zona del país ha sido asimismo aprovechada por grupos armados como es el caso del Estado Islámico, que ha aprovechado la debilidad institucional y la falta de control policial para establecerse en el sur.

Con todo, la realidad es que Libia se encuentra bajo el yugo de centenares de milicias que actúan como organizaciones criminales que anteponen sus intereses personales al bienestar del pueblo. La falta de instituciones fuertes que controlen a las milicias les ha otorgado impunidad para cometer violaciones de derechos humanos. En este sentido, el Ministro de Exteriores del GNA, Mohamed Tahar Siala, reconoce publicamente que las milicias son el mayor obstáculo que ha de hacer frente el Gobierno, pero las necesitan para proteger a las administraciones. Así, las milicias se presentan como un obstáculo para la pacificación del país, fundamentalmente debido a que sedientas de poder y con intereses contrapuestos, se oponen a apoyar una solución que suponga su desaparición.

Mapa de la distribución del control territorial en Libia // © Sada

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MENAnalisis © 2017

El pueblo milenario que ha sobrevivido al genocidio del Estado Islámico, los yazidíes

El pueblo milenario que ha sobrevivido al genocidio del Estado Islámico, los yazidíes

Por Xavier Mojal

Yazidíes celebrando su año nuevo en Lalish, abril de 2018// Foto de AFP

El pasado 5 de octubre fueron anunciados los ganadores del Premio Nobel de la Paz 2018, Nadia Murad y Denis Mukwege. El anuncio ha suscitado una buena acogida entre el público general y la comunidad de profesionales y activistas en el ámbito de la paz y los derechos humanos, ya que los escogidos para el prestigioso premio de este año son un reflejo de la lucha contra la violencia sexual como arma de guerra, una lacra infinitamente lejana en el tiempo, pero poco visibilizada hasta nuestros días. Por ello en este artículo vamos a centrarnos en la comunidad a la que Nadia Murad representa, los yazidíes.

Nadia es una de las supervivientes que han pasado por el infierno al que el autodenominado Estado Islámico (EI) las ha sometido por el hecho de ser mujeres yazidíes. En el tórrido agosto de 2014, ella y miles de mujeres yazidíes (además de niñas y adolescentes) fueron secuestradas por los hombres del EI en su tierra natal Sinjar –noroeste iraquí− para convertirse en sus esposas forzadas o esclavas sexuales. El resto de la comunidad yazidí capturada fue ejecutada o sometida a otras barbaries que explicaremos más adelante. 

Nadia Murad En el Parlamento Europeo en 2016 tras recibir el premio Sakharov// European Parliament News

Tras escapar de su captor y del EI gracias, en parte, a la ayuda de una familia musulmana,  Nadia acumuló el coraje suficiente para relatar al mundo este calvario y convertirse en una activista para el reconocimiento del genocidio practicado por el EI sobre su pueblo, con las consecuencias penales que esto implica para los líderes e integrantes del grupo terrorista.  

La sociedad yazidí y su identidad

Los yazidíes representan una minoría étnico-religiosa en Irak que, a falta de datos rigurosos y previamente a la invasión por  el EI de la región de Sinjar en agosto de 2014, se estimaba en una población de entre 300.000 y 700.000 personas en este país. Esto, en un país de cerca de 40 millones de personas supone una proporción menor al 2%. Repartidos entre las provincias norteñas de Nínive y Duhok (esta última bajo el control del Gobierno Regional del Kurdistán), la gran mayoría se concentraba en la región de Sinjar, limítrofe con Siria al oeste y norte. Además, una minoría de los yazidíes puebla la región nororiental de Siria, Jazira, aunque también tienen una presencia minoritaria en la provincia de Alepo, Armenia, Georgia, y en la Europa Occidental –sobre todo en Alemania, la mayoría de los cuales emigraron de Turquía.

La región de Sinjar se encuentra en el noroeste de Irak, al oeste de Mosul y cerca de la frontera con Siria. La ciudad homónima se encuentra en la parte sur del distintivo monte de Sinjar// Mapa de Toronto Star Graphic

La organización social de los yazidíes es tribal y fuertemente jerarquizada. En la región de Sinjar, la economía (de subsistencia) había estado siempre ligada a la producción agrícola y ganadera. Con la política de arabización de los 70 de Saddam Hussein, poblados yazidíes fueron destruidos y sus habitantes forzosamente desplazados a complejos urbanos en las llanuras, uno de ellos la ciudad de Sinjar. Con esta política se controlaba a la minoría yazidí −que en ocasiones apoyaba a los militantes kurdos conocidos como peshmerga y su lucha de liberación nacional respecto a Irak− se garantizaba la provisión de recursos públicos, pero también se facilitaba el establecimiento de relaciones clientelares y se generaban relaciones de dependencia con Bagdad para el racionamiento de alimentos y la provisión de empleo público. 

Después de la intervención americana en el 91 con razón de la (segunda) Guerra del Golfo, el Partido Democrático del Kurdistán (KDP) – histórico partido nacionalista kurdo liderado por la familia Barzani− establecería también relaciones de patronazgo y ofrecería empleo burocrático. Desde entonces la región ha supuesto un punto de confrontación entre Erbil (la capital kurda) y Bagdad para la cooptación de los yazidíes, algo que como veremos sigue en la actualidad aunque en distintos términos. Tras la caída del régimen de Saddam, Sinjar ha sido controlado de facto por el Gobierno Regional del Kurdistán. Antes de los ataques genocidas del EI en 2014, la región había experimentado algunas mejoras materiales gracias, entre otras cosas, a las remesas de los yazidíes emigrados (muchos de ellos en la región del Kurdistán), y la provisión de servicios públicos básicos como la educación también había mejorado. No obstante, y en general, los yazidíes han arrastrado décadas de marginación económica y represión, algo que explica los bajos niveles de educación, alfabetismo, empleo y provisión de recursos públicos que además afectan negativamente de una manera desproporcionada a niñas y mujeres.

Étnicamente, a la comunidad yazidí se le considera a menudo como una minoría kurda, pues su lengua es el kurmanji – la lengua mayoritaria de los kurdos y uno de los elementos más importantes que determinan su identidad -. No obstante, su religión es diferente de la de la mayoría de kurdos, el islam suní. La identidad étnica o nacional de los yazidíes supone un tema complicado y no exento de controversia. Mientras que en tiempos del Imperio Otomano la religión era la base de la identidad comunal, y por tanto yazidíes y kurdos (musulmanes) se consideraban comunidades distintas, no fue hasta la emergencia y popularización del nacionalismo kurdo a lo largo del siglo anterior –en el momento de la explosión de los nacionalismos en Oriente Medio, entre los que destacan el árabe o el turco− que los yazidíes empezarían a estar presentes en los discursos sobre la identidad nacional kurda. Como prueba de ello encontramos en estos el reconocimiento recurrente del yazidismo como la forma moderna de la religión original de los kurdos, el Zoroastrismo. 

La kurdicidad de los yazidíes es, como se ha dicho, complicada, y ha dependido de factores como la exposición al discurso nacionalista kurdo –que ha afectado más a yazidíes residentes en el Kurdistán iraquí que no en Sinjar−, los intentos de arabización por el régimen de Saddam, o la clase social –donde las nuevas clases medias han adoptado un discurso más pro-kurdo debido a las redes clientelares establecidas por el Partido Democrático Kurdo de Barzani. Aunque hoy en día la mayoría de yazidíes se identifiquen, al menos en parte, como kurdos, existe un creciente número de los que se niegan a hacerlo. Esto tiene que ver más bien con las dinámicas políticas que se han dado desde el ascenso del EI, que involucran a distintos actores políticos y militares kurdos –el Gobierno Regional del Kurdistán y su ejército regular de los peshmerga, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y su homólogo sirio, las milicias del YPG.  Unas dinámicas que, como veremos, han provocado divisiones entre los yazidíes, y que se pudo comprobar con una cuestión política tan relevante como lo fue el referéndum de independencia del Kurdistán –celebrado en la región kurda de Irak en septiembre del 2017. De todos modos, el factor primordial en cuanto a la identidad de los yazidíes, sin ignorar la relevancia del sentimiento de opresión histórica –por los otomanos, kurdos musulmanes, el régimen árabe nacionalista de Saddam Hussein, y más recientemente por los yihadistas−, es sin duda su religión y las prácticas culturales en las que ha derivado.

El Yazidismo, la religión del pueblo yazidí

Según el historiador kurdólogo David McDowall en  A Modern History of Kurds, el Yazidismo es una religión que nace de la síntesis de antiguos elementos paganos, zoroastrianos y maníqueos –del Zoroastrismo y Maniqueísmo, ambas religiones persas preislámicas−, superpuestos con elementos judíos, cristianos y islámicos. El Yazidismo se define, por tanto, por su sincretismo, es decir, por la combinación de elementos culturales y doctrinas filosóficas y religiosas. Lo que ha provocado que desde el islam más ortodoxo sea considerado como una religión herética.

El nombre de la religión proviene probablemente de la palabra Dios en kurdo −Yezdan−, aunque existen otras explicaciones como la supuesta descendencia del pueblo yazidí de los seguidores del Califa Omeya Yazid I. Entre sus características principales destacan la creencia en el monoteísmo, la no-dualidad (refiriéndose a la inexistencia del mal, y por tanto del Diablo y el infierno), la reencarnación y una preocupación por la pureza religiosa.  Para ser más específicos con la naturaleza monoteísta de esta religión, según la tradición yazidí Dios creó el universo y lo confió a siete ángeles que son a su vez emanaciones del mismo, y que en consonancia con la creencia de los yazidíes en la metempsicosis, vienen reencarnándose periódicamente en cuerpos humanos. 

El primer ángel, el que cubrió el mundo de flora y fauna, es también la figura más importante y venerada del Yazidismo. Lo llaman Melek Taus, lo representan como a un pavo real, y es reconocido por muchos musulmanes como Satán, motivo por el cual consideran a los yazidíes herejes. A pesar de las coincidencias con el demonio de las religiones abrahámicas, los yazidíes, que no creen en el maligno y tienen prohibido pronunciar su nombre, defienden un relato muy diferente respecto a este personaje. Según algunos relatos (contradictorios, debido a la preeminencia de la tradición oral yazidí), Melek Taus fue el ángel rebelde que se negó a postrarse ante la creación de Dios, Adán, y que por este motivo fue expulsado al infierno, pero que logró apagar con sus lágrimas y así reconciliarse con Diosꓼ otros explican que Melek Taus se negó a postrarse ante Adán ya que sólo podía hacerlo ante Dios, superando así la prueba del creador y convirtiéndose en el ángel supremo.

El ángel y figura principal que los yazidíes veneran, se le representa como a un pavo real.

Otra figura importante que demuestra la conexión con elementos islámicos, es la del Jeque sufí Adi ibn Musafir (muerto en el siglo XII). Este es considerado como una especie de profeta y reformador de la religión, e incluso como la propia reencarnación de Melek Taus. Su tumba se encuentra en Lalish (al norte de Mosul) y representa un punto de peregrinación yazidí.  Por último, la preocupación por la pureza religiosa se expresa en la rigidez de ciertas prácticas socialesꓼ un sistema de castas –en la cúspide de la pirámide se encuentra el Príncipe Tahseen Said, reglas y prohibiciones respecto al consumo de alimentos,  la endogamia y la existencia de múltiples tabús.

Tahseen Said. Príncipe de los yazidíes, un puesto hereditario, en una entrevista// VOA news

El genocidio yazidí

El 3 de agosto de 2014 el autoproclamado Estado Islámico consumó el ataque planificado a la región de Sinjar, y como resume el informe de la Oficina para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (OHCHR), «vinieron a destruir». Usaron una de sus técnicas recurrentes, movilizar a un gran número de militantes para atacar desde varios frentes –desde Mosul y Tal Afar al este, y desde Al-Shaddadi al suroeste y Tel Hamis al noreste en Siria. En aquel momento el control territorial y la protección del lugar recaían sobre los peshmerga leales al KDP de Barzani, el presidente del Gobierno Regional del Kurdistán. Pero huyeron de sus puestos sin previo aviso, sin resistencia y llevándose sus armas consigo, abandonando a los yazidís a su propia suerte, según confirman testimonios supervivientes.

Los yazidíes improvisaron como pudieron,  se organizaron para conformar pequeños grupos de resistencia y dar así más tiempo para que aquellos que pudieran escaparan. Mientras que alrededor de 400.000 personas, la mayoría yazidíes, escaparon a la región del Kurdistán u otros territorios de Iraq, de los que entre 40.000 y 50.000 sólo pudieron refugiarse en la montaña de Sinjar. Los que no pudieron escapar acabaron capturados por el EI, y su porvenir dependió según su sexo y edad, aunque muchos fueron ejecutados indiscriminadamente. En líneas generales, las mujeres y niñas fueron tomadas como esclavas sexuales, los hombres (y ancianas) que no se convirtieron al Islam fueron ejecutados, y quienes lo hicieron, fueron obligados a trabajos forzados. Los niños fueron secuestrados para ser adoctrinados y convertidos en  soldados del pseudo-califato. Ante la incomprensión y perplejidad del mundo frente a estas atrocidades, el EI las justificaba basándose en sus interpretaciones totalitarias y pervertidas de los escritos sagrados del Islam, tal como se puede comprobar en su revista propagandística Dabiq. Según ellos, los yazidíes son adoradores del diablo que no forman parte de ninguna de las religiones que el Corán manda tolerar.

Ante los ataques del EI al norte y sur del monte de Sinjar, los yazidíes que pudieron escaparon a la región del Kurdistán, a otras zonas de Irak al norte, y al propio monte// Mapa elaborado por OCHA el 4 de agosto de 2014.

La respuesta internacional no se hizo esperar, a pesar de que la comunidad internacional no hubiese hecho prácticamente nada para prevenir este ataque anunciado. Fuerzas aéreas occidentales lideradas por EEUU lanzaron agua, comida y demás provisiones de primera necesidad a los yazidíes refugiados en la montaña de Sinjar. EEUU inició también bombardeos contra posiciones del EI alrededor de la montaña así como de Erbil para frenar el avance de los yihadistas. Los que escaparon a la montaña y sobrevivieron  al asedio del EI, al hambre, deshidratación y un calor inhumano durante semanas, fueron rescatados por las milicias kurdas del PKK y las YPG –la guerrilla kurda siria emparentada  con el PKK− que abrieron un corredor humanitario para liberarlos. Muchos acabaron refugiándose al otro lado de la frontera siria y turca o fueron escoltados de nuevo hacia zonas más seguras en Irak. A finales de 2014, militantes kurdos afiliados al PKK o alguna de sus ‘franquicias territoriales’, algunos de ellos yazidíes entrenados por los primeros y organizados bajo el nombre de las Fuerzas de Resistencia de Sinjar (YBŞ), así como también efectivos de los peshmerga, y ayudados por los bombardeos de la coalición internacional liderada por los EEUU, lograron liberar la zona norte de Sinjar. Un año más tarde (finales del 2015) los mismos grupos consiguieron retomar la zona sur de Sinjar  incluyendo la ciudad homónima y forzar la retirada de los yihadistas hacia posiciones más al sur.

La cuantificación del horror provocado por el EI según estimaciones conservadoras, ya que aún no se han podido identificar todas las víctimas ni descubrir todas las fosas comunes, se resume en más de 3.000 víctimas mortales (al menos la mitad de los cuales ejecutadas) y alrededor de 7.000 personas secuestradas, de las que aproximadamente un tercio, sobre todo mujeres, siguen aún presas. Según el informe de este año sobre el estado de Sinjar realizado por la fundación de Nadia Murad, sólo 70.000 personas han vuelto a su tierra, mientras que la mayoría, unos 300.000, se encuentran en campos de refugiados en la región del Kurdistán.

Militantes de las YBŞ, o Unidades de Resistencia de Sinjar, la facción yazidí del PKK//ANF News

La gestión post-EI del conflicto

Las razones por las que la mayoría de yazidíes han optado por no volver a Sinjar son básicamente dos. Por un lado, el estado de destrucción generalizado en el que se encuentran las poblaciones de Sinjar y, por tanto, la imposibilidad de ofrecer servicios y recursos básicos a todas las personas con derecho al retorno. Por otro, la inseguridad generada por los conflictos posteriores a la expulsión del EI.

Sinjar después de la expulsión del EI//Imagen de Al Jazeera

Las tensiones étnicas y políticas entre los habitantes se suman a la lucha por el poder que han librado las distintas facciones militares en el terreno. A nivel político, primero tuvo lugar el enfrentamiento intra-kurdo entre los peshmerga del Gobierno Regional del Kurdistán y el PKK incluyendo su facción yazidí. Después llegaron desde el sur y del recién liberado Mosul, eliminando las últimas bolsas de resistencia del EI, las Unidades de Movilización Popular (PMUs). Estas son grupos paramilitares pro-Bagdad mayoritariamente chiíes, que expulsaron a los peshmerga de la zona  bajo órdenes del presidente iraquí tan sólo algunas semanas después del referéndum independentista del gobierno kurdo en setiembre de 2017. Finalmente, la presencia del PKK ‘provocó’ las amenazas y una intervención limitada por parte de Turquía, que acabarían forzando al PKK a abandonar la región, aunque las milicias afiliadas yazidíes (YBŞ) permanecerían. Los conflictos librados entre éstas élites han fragmentado y militarizado a la población retornada, politizando y complicando los esfuerzos por la reconstrucción de la zona.

[Mapa de la región de Sinjar en enero de 2018 con los movimientos de los principales grupos armados//Mapa de International Crisis Group

Por último, a parte de las tensiones sociales por motivos políticos, también se encuentran a flor de piel los recelos por motivos étnicos y religiosos. En este caso son muchos los árabes sunníes que se han negado a volver para evitar la hostilidad de algunos yazidíes con sed de venganza por el apoyo de algunos líderes tribales al EI. La reconciliación parece, de este modo, lejos de materializarse, más cuando aún no se ha presenciado un atisbo de justicia y reparaciones que el pueblo yazidí exige.

En definitiva, debido al cóctel de conflictos sociales y políticos, a la ausencia de instituciones, y a la destrucción generalizada, el retorno completo de los yazidíes a su hogar es de momento imposible. El futuro de los yazidíes y de su tierra debe volver, si alguna vez lo estuvo, a sus manos. Si no, Sinjar, no será. Si no, el Estado Islámico, habrá ganado.

 

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La intervención internacional en Libia desde 2011 hasta la actualidad​

La intervención internacional en Libia desde 2011 hasta la actualidad

Por Airy Domínguez 

Fotografía: Tiago Petinga - EPA // Fuente: The Guardian

La oleada de movimientos populares surgida en la región MENA en el 2011 y conocida como “Primaveras árabes”, dio lugar en el caso de Libia al fin del régimen de Gadafi y a una interminable guerra que siete años después continúa haciendo mella en el país. Un escenario en el que resulta fundamental el papel de la comunidad internacional y su determinante intervención armada.

Tras la movilización popular del 17 de febrero en Bengasi y la consiguiente respuesta de Gadafi, el día 26 de ese mismo mes el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobaba la Resolución 1970. Esta entendía que los ataques perpetrados por el régimen contra la población civil podían ser considerados como crímenes de lesa humanidad, de modo que actuando bajo el capítulo VII de la Carta exigía el fin de la violencia, así como el respeto de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Junto a lo anterior, remitía la situación a la Corte Penal Internacional, decretaba el embargo de armas, imponía prohibiciones para viajar, congelaba los activos a algunos nacionales del país, y creaba un Comité de Sanciones.

El fallido resultado de dicha resolución, fundamentado tanto en la fuerte concentración del poder en manos de Gadafi como en el apoyo de otros países – Chad y Sudan fundamentalmente –, daría lugar el 17 de marzo a la Resolución 1973. Esta autorizaba a los Estados miembros a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles de Bengasi que se habían levantado contra el régimen, al tiempo que permitía a Europa mostrar una imagen distanciada de la intervención en Irak en 2003, pues contaba con el apoyo de la Liga Árabe.

Pese al aparente carácter humanitario de la acción, los acontecimientos sucesivos evidenciarían que el objetivo de las potencias era más ambicioso, al expandirse más allá de la protección de civiles favoreciendo el cambio de régimen en el país. En línea con lo anterior, resulta interesante acudir a las polémicas declaraciones de Hillary Clinton quien afirmó “Llegamos, vimos y el murió”.

 

Europa como eje central de la intervención en Libia

En el caso libio el papel de Europa resulta fundamental, pues fueron precisamente Francia y Reino Unido quienes lideraron la intervención que daría lugar a la caída de Gadafi y al consiguiente enfrentamiento en el país. Aquí, pese a que el detonante del mencionado cambio puede fundamentarse en la intervención occidental ante los crímenes cometidos por el régimen de Gadafi contra la población movilizada, lo cierto es que la actuación de los distintos actores – tanto regionales como internacionales – responde funamentalmente a intereses económicos y geopolíticos. En este sentido, el experto en Libia Alfred Hackensberger afirma que la implicación de los países miembros de la OTAN en la intervención militar no buscaba el establecimiento de la democracia en Libia sino que “[…]allí se juegan intereses, recursos energéticos, influencia y poderío […]”.

Lo anterior se manifiesta de manera clara en el papel jugado por Francia, principal motor de la intervención. Su liderazgo debe entenderse en un contexto de invisibilización del país ante su primera respuesta a las movilizaciones de Túnez y Egipto. A ello, habría que añadir la necesidad del entonces presidente Nicolas Sarkozy de mejorar su valoración de cara a unas cercanas elecciones, esfera en la que cabe señalar la detención de Sarkozy en marzo de 2018 tras ser acusado de financiar ilegalmente su campaña presidencial de 2007 con dinero procedente del régimen de Gadafi, lo que aumenta las sospechas respecto a la intervención francesa.

Por otra parte, en el caso francés no hay que olvidar la pretensión del país galo de recuperar su liderazgo dentro de la región mediterránea, así como la existencia de intereses económicos en el sector de los hidrocarburos y de armamento, aunque esta última no parece haber sido una motivación tan determinante como en el caso de otros países.  

En cuanto a Reino Unido, principal apoyo del gobierno francés para la aprobación de la resolución del Consejo de Seguridad y primer país en proponer la posibilidad de una zona de exclusión aérea, el contexto político era similar. El ejecutivo británico sufría un creciente clima de desprestigio debido, por un lado, a su falta de actuación frente a las “Primaveras Árabes” y, por otro, a su acostumbrada aceptación de las dictaduras de la región.

A nivel económico, tanto su interés en la región como el papel de las compañías petroleras, especialmente la British Petroleum (BP), resultan fundamentales. Prueba de ello es la firma en 2007, por ambos países, de un acuerdo que buscaba extraer recursos por el valor de 1000 millones de dólares, negociación que se vio truncada debido a las reclamaciones libias de liberar al responsable de la bomba de Lockerbie. Un enfrentamiento que se zanjaría con la liberación del preso atendiendo a razones humanitarias, poniendo de manifiesto una vez más la importancia del sector energético en la relación entre Libia y Reino Unido, tal y como defendieron diversas voces. Si a lo anterior le añadimos el accidente de la BP en el Golfo de México y sus consecuencias económicas, la preocupación por el futuro de la BP en EEUU podría presentarse como una coyuntura que haría más urgente el desarrollo de su plan de negocios en Libia.

Así, lo desarrollado en los párrafos anteriores ayuda a explicar, por un lado, los movimientos iniciales del Reino Unido con respecto a la intervención y el apoyo a los rebeldes – incluso al Libya Islámic Fighting Group (LIFG), un grupo que acabaría por jurar lealtad a Al-Qaeda y que ya había intentado matar a Gadafi en los 90, exiliándose parte a Reino Unido –. Por otro, permite entender la actual inclinación del país por ciertos actores que podrían mostrarse agradecidos por el apoyo recibido facilitando así las inversiones y negocios de Reino Unido en la región.

Junto a estas potencias, en el desarrollo del conflicto libio han sido fundamentales otros países europeos entre los que destaca el caso de Italia– principal competidor de Francia por liderar la influencia en el país-. El papel de mencionado país viene condicionado por la ocupación y dominación colonial de Libia hasta 1943, una cicatriz que ha marcado la característica relación de tensión entre ambos países. Esta fluctuante tirantez se suavizaría en 2008 con la firma del “Acuerdo de Amistad, Partnership and Cooperatioon” entre el entonces presidente italiano Silvio Berlusconi y Gadafi, por el que Italia se comprometía a pagar 5000 millones de dólares como compensación por la ocupación. Sin embargo, dicho trato se vería suspendido al inicio de las revueltas.

Al mencionado condicionante histórico hay que añadir otros dos aspectos fundamentales sin los cuales resulta complicado entender la relación entre ambos países, a saber, los flujos migratorios y la dependencia energética. En cuanto a la inmigración, esta se ha presentado como uno de los puntos de interés que ha hecho de Libia una cuestión prioritaria para los políticos italianos. Desde principios de los 90, la zona occidental de Libia ha emergido como uno de los puntos clave en la salida de barcos de migrantes y refugiados que intentan llegar a Italia y el resto de Europa. Aquí, si bien Gadafi actuaba como un guarda fronterizo a cambio de la concesión de ciertos privilegios por parte de occidente, tras su caída, tal y como advirtió él mismo, el caos ha llegado también a este campo, convirtiendo la reducción de las llegadas en una prioridad para el país. Así, Italia entiende la estabilización de Libia un requisito fundamental, tal y como demuestran sus esfuerzos por alcanzar una solución basada en una aproximación multi-track.

Además, Italia ha protagonizado toda una serie de movimientos como la reapertura de su embajada en Trípoli en enero de 2017, y la firma de un acuerdo migratorio en febrero por el entonces Primer Ministro italiano – Gentiloni- y el Primer Ministro libio reconocido por por la ONU – Sarraj-, para frenar el paso de inmigrantes irregulares desde Libia a Europa. Un acuerdo que según afirma la directora de la oficina de Amnistía Internacional ante las Instituciones Europeas, Iverna McGowan, “[…] ha dejado a miles de personas atrapadas en condiciones de miseria. Esas personas tienen que soportar tortura, detención arbitraria, extorsión y unas condiciones de vida inimaginables en los centros de detención dirigidos por el gobierno libio”.

Respecto a la cuestión energética, Italia es un país extremadamente dependiente de la importación de energía, presentándose como líder en cuanto a receptor de energía libia – el 25 % del petróleo y 10% gas -. Una cuestión que queda reflejada en el gigante energético ENI, y la posesión de en torno al 30% de la participación de las reservas de oro de la compañía por parte del gobierno italiano (a través del Ministerio de Economía y la Cassa Depositi e Prestiti), siendo una pieza clave de la política exterior y de inteligencia italianas. Tanto es así que el ENI ha sido etiquetado como un «estado paralelo».

Petróleo e imperialismo

Con todo, si bien las motivaciones que llevaron a la caída de Gadafi son de carácter multifactorial, el petróleo parece presentarse como el denominador común que ha determinado el interés de las diversas potencias por Libia. En este sentido, cabe señalar que en 2011 el petróleo constituía cerca del 65% de su PIB, el 96% de sus exportaciones y el 98% de ingresos del gobierno, siendo Europa el principal destino de las exportaciones debido, entre otras cuestiones, a la proximidad geográfica de Libia y a la calidad de su petróleo. Durante el período de las sanciones, el país sería el centro operativo de numerosas empresas europeas, surgiendo tras la suspensión y el levantamiento progresivo de las mismas, una feroz competencia entre las compañías petroleras occidentales por el control de los recursos libios. Además, tras el 11S y el intento de acercamiento de Libia a EEUU, dicha competición dejaría la puerta abierta a las compañías petroleras estadounidenses. El mencionado escenario resultaba incompatible, bajo una mirada imperialista, con la falta de alineación del país con los intereses del imperialismo occidental. Así, si bien Libia protagonizó una liberalización económica moderada en la década previa a las revueltas, para los líderes occidentales la rama neoliberal del liderazgo libio era considerada demasiado débil, mientras que Gadafi era visto como un obstáculo para las reformas económicas deseadas. Entre las motivaciones de dicha postura se encuentran por ejemplo la obligación a renegociar los contratos impuesta por Gadafi a las principales empresas de petróleo y gas durante 2007 y 2008, así como la amenaza de nacionalizar la industria energética en enero de 2009. En esta línea, el distanciamiento de las grandes petroleras occidentales ya se venía produciendo desde hacía un tiempo debido a las fuertes cargas fiscales y a las deficiencias institucionales y administrativas. Dicha incompatibilidad de fuerzas queda reflejada en los cables de WikiLeaks, donde se demuestra que al tiempo que los estados y las compañías occidentales colaboraban con Gadafi, estos trabajaban en la obtención de información y recursos para eliminarlo. Otra fuente de tensión con Europa sería la red económica y política de Libia en África, pues Gadafi venía prestando una atención cada vez más importante a la diversificación económica, y había empezado a mirar hacia el sur en busca de mercados y alianzas políticas, siendo uno de sus objetivos alcanzar la auto-suficiencia de agua y comida.

Así, si bien el contexto previo a la intervención viene marcado por una aparente mejora de las relaciones de Libia con Occidente, las revueltas se presentarían como el punto de inflexión que ofrecería a Europa la coyuntura perfecta para alejar al país de su creciente participación en los principales organismos regionales e internacionales, así como del cordial trato recibido por las potencias. Es por lo anterior que existen voces expertas que ven el conflicto como una oportunidad para el aumento de poder de Europa tanto sobre los recursos que importa como sobre la región -ya sea mediante influencia o dominación-.

Rusia y EE.UU no quedan al margen

Junto a las potencias europeas y su papel de liderazgo en el escenario libio, resulta determinante la actuación de Rusia y EEUU. Por su parte, Rusia – quien se abstuvo en la votación de la resolución 1973 – cuenta con sus propios intereses militares y geopolíticos en el país, tal y como demuestra su denotado interés por establecer una base naval en Libia en el 2008.

A nivel económico, el país estaría buscando salvaguardar los contratos firmados con Gadafi en materia de energía, construcción, mercado de armas e infraestructura. En este sentido, el actual papel del gigante energético Rosneft y el trato firmado con la compañía estatal del petróleo pone de manifiesto cómo ésta podría emplearse como herramienta de política exterior en la zona sur del mediterráneo. Por otra parte, Libia se plantea como el escenario idóneo para intervenir en búsqueda de una solución ante una Europa bloqueada, lo que le haría aumentar su poder de liderazgo.

En cuanto a Estados Unidos, si bien este fue uno de los tres países que encabezaron la intervención con la llamada «Operación Odisea al Amanecer», resulta interesante su aparente alejamiento de la región debido a la Doctrina Obama y al llamado síndrome Irak que ha dado paso a la justificación moral del uso de la fuerza haciendo que las intervenciones sean vistas como acciones humanitarias. Así, como explica David García, el caso libio se presenta como la quinta esencia de la Doctrina Obama, pues se consiguieron diversos objetivos entre los que se encuentran la imposición de sanciones; una zona de exclusión aérea; una coalición internacional; intervención, etc., sin utilizar fuerzas norteamericanas sobre el terreno, y traspasando las responsabilidades a la OTAN. Con todo, y pese a los intereses económicos, la principal preocupación norteamericana ha sido su interés por continuar liderando la guerra contra el terrorismo.

Dinámicas regionales

A nivel regional, la operación de la OTAN tras la resolución 1973 fue avalada por la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo, al tiempo que contó con la implicación de Qatar, Jordania y Emiratos Árabes Unidos. En línea con lo anterior, Libia ha sido entendida como una guerra proxy (a través de terceros) regional pues tras el colapso del país diversos Estados entraron a formar parte del conflicto con el objetivo de alcanzar un destino que les resultase favorable. Pasó así a ser parte de una tendencia superior entre los Estados del Golfo por el aumento de su musculatura en el campo internacional.

Si extrapolamos lo anterior al terreno libio vemos, tal como afirma Frederic Wehrey en The burning shores, que en el caso de Qatar su apoyo a los rebeldes ha sido claro desde los inicios mediante el suministro de armas y entrenamiento – incluso a las facciones islamistas -, lo que provocaría la reacción de su rival en la región, Emiratos Árabes Unidos, quien actuaría movido por el miedo frente a cualquier forma de participación islamista en política. Así, atendiendo a sus intereses geopolíticos, Qatar se inclinaría por el apoyo a los islamistas, mientras que Emiratos empezaría a apoyar a la facción compuesta por exoficiales y tecnócratas ligados con el bando contrario. Junto a lo anterior, en el caso de EAU cabría destacar su papel en el desarrollo de la guerra como aliado de EEUU y de sus objetivos en el terreno.

Por último, en el caso de Argelia, Túnez y Egipto cabría basar sus acciones en una cuestión de seguridad nacional, debido a la existencia de fronteras compartidas con Libia.

La inmigración y el terrorismo como eje de la actuación occidental en Libia hoy

En la actualidad, tras más de siete años de conflicto, la misión de la Unión Europea en Libia ha pasado a centrarse en frenar la llegada de migrantes a Europa, ya que este se presenta como el principal país de partida . En este sentido, según afirma el investigador experto en migración Stefano Torelli, “[l]as políticas europeas se han centrado en asegurar las fronteras, dar apoyo a la Guardia Costera libia —íntimamente ligada a las milicias responsables del tráfico de personas— y bloquear los flujos. La UE protege sus propios intereses y no los de Libia; a largo plazo, puede ir en detrimento de la situación de seguridad en el país y de los migrantes”.

Junto a lo anterior, resulta destacable el enfrentamiento entre Italia y Francia por la influencia en el país, y cómo esto no está sino entorpeciendo un futuro escenario de paz.

Por su parte, Rusia se muestra inclinada por Haftar, postura con la que estaría buscando consolidar el poder de un hombre fuerte pro-Rusia en la región, lo que le permitiría aumentar su influencia en Oriente Medio. Mencionado apoyo se hace manifiesto en acciones como la visita de Haftar a Moscú como líder extranjero y el acuerdo de otros encuentros con entidades importantes de dicha facción; así como la impresión de 3.000 millones de dólares en dinares libios de parte del el Banco Central de Libia – aliado de Haftar – ; y el envío de técnicos para ayudar a la mejora de las capacidades militares del ANL Ejército Nacional de Liberación, comandado por Haftar.. Con todo, Rusia estaría buscando tres objetivos fundamentales, a saber, un futuro trato preferente en acuerdos comerciales; consolidar su posición militar en el Mar Mediterráneo con lo que el país estaría proyectando poder cerca de las costas europeas; así como los dividendos políticos de poder resolver crisis regionales.

Sin embargo, esta no es su única postura en la región, pues también se ha comprometido con el Gobierno de Acuerdo Nacional respaldado por la ONU, con lo que continúa apoyando de manera formal los esfuerzos de pacificación de la comunidad internacional. Con ello, Putin conseguiría ser visto como algo más que un actor militar, haciendo gala de sus credenciales diplomáticos.

Este interés de Rusia en la región y su expresado deseo por una solución que pase por la comunidad internacional, ha sido visto con recelo por EEUU, quien cambiando el rumbo de su política en Oriente Medio ha basado su papel en Libia en la lucha contra el terrorismo. Así, el ejército de los Estados Unidos ha llevado a cabo diversos ataques aéreos contra militantes del autoproclamado  Estado Islámico, ocho desde enero de 2017. Un repunte que hace ver la consideración de Libia como una amenaza por parte de la administración Trump. Sin embargo, el foco de la lucha contra norteamericana contra el EI no se ha centrado en Libia sino en Siria e Irak, difundido logros de seguridad nacional más importantes de su gobierno.

Con todo, los apoyos internacionales en el tablero libio permiten reflejar una vez más la complejidad de la situación, estando muchos de ellos vagamente definidos.

En definitiva, como apuntan Lucia Pradella y Sahar Taghdisi Rad, hasta 2011 el avance del imperialismo entendido como sistema de acumulación que opera a nivel internacional en Libia era escaso. Un contexto en el que la guerra libia ha servido a los objetivos económicos y geopolíticos de las potencias, al tiempo que ha puesto de manifiesto, por un lado, las divisiones entre el imperialismo estadounidense y el europeo y, por otro, aquellas existentes entre las propias potencias europeas. Asimismo, ha evidenciado una intervención basada en intereses neocoloniales. Todo en un escenario de crisis económica donde el control de la región MENA por parte de las potencias occidentales adquiere mayor importancia y donde las revueltas se presentan como una amenaza.

Pese a los intereses y expectativas iniciales, la  actualidad del país demuestra la ausencia de un plan post-intervención por parte de Occidente, así como la pérdida de control sobre un país en el que únicamente se han conseguido aumentar las divisiones sociales, provocando una situación de caos, abusos, e inseguridad extrema que hace que miles de personas se vean obligadas a abandonar su tierra hacia unos países que cierran sus fronteras. Al mismo tiempo, la situación presente no hace sino amenazar los intereses de aquellos que veían en Libia una oportunidad para el capitalismo europeo.

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LA PROYECCIÓN DE LOS RECURSOS DE PODER DEL EI EN OCCIDENTE: VIOLENCIA

LA PROYECCIÓN DE LOS RECURSOS DE PODER DEL EI EN OCCIDENTE: VIOLENCIA

Por Airy Domínguez

Imagen extraída de la séptima entrega de Dabiq

El presente texto se presenta como la última entrega de la trilogía de artículos La proyección de los recursos de poder del EI en Occidente, que nace del análisis del estudio de Dabiq, la revista del grupo más importante en lengua inglesa. Si bien en las entregas anteriores se analizaba el modo en que los recursos de la ideología y el territorio han sido tratados por el grupo en su comunicación, en esta se trata el recurso de la violencia. Una idea que se desarrolla de manera más profunda en la Tesis de Máster La estrategia de comunicación de Estado Islámico en Occidente: un recurso para mostrar y ganar poder

Así, basándose en el marco teórico de la sociología del poder, este análisis entiende la violencia como un recurso a manos del grupo que le permite acumular poder. Este se muestra en Dabiq fundamentalmente a través de tres ejes, a saber, como una consecuencia de las acciones del enemigo, un signo de superioridad con respecto a algunos opositores, una herramienta para instaurar el terror. Junto a lo anterior, se presenta como la materialización de la ideología del EI. En este sentido, ellos mismos afirman que harán al mundo entender el terrorismo, y que “[…] las botas pisotearán el ídolo del nacionalismo, destruirán el ídolo de la democracia y descubrirán su naturaleza desviada” (Dabiq 1, 2014: 8), con lo que vemos que ideología y violencia están vinculadas.

Violencia como respuesta

Ante sus acciones violentas, en su comunicación el EI recurre a la culpabilización de los policymakers enemigos – fundamentalmente occidentales –, incluso de los ciudadanos de esos países (Domínguez, 2017: 30-31). Una posición que le permite hacer frente al carácter criminal, violento e irracional que le es adjudicado en la mainstream de los medios de comunicación.

Esta culpabilización del otro se expresa fundamentalmente a partir de los secuestros y las ejecuciones de occidentales, así como en la perpetración de atentados. En lo que se refiere a los secuestros, en el caso de James Foley aseguran que pidieron la puesta en libertad de prisioneros retenidos por EEUU a cambio de su liberación, pero que la oferta fue ignorada (Dabiq 3: 3). Asimismo, defienden que tras el inicio de los ataques por parte de EEUU, se envió un mensaje en el que se alertaba de que Foley sería ejecutado, lo que aseguran fue nuevamente ignorado (Dabiq 3: 4). Lo anterior, queda plasmado en el especial La sangre de Foley está en las manos de Obama, donde además se defiende el intento de los medios de comunicación occidentales por maquillar la verdadera causa de su muerte ante la opinión pública.

Por otra parte, aprovechan la ejecución del periodista americano para asegurar que los americanos han pasado a ser víctimas de la política exterior de su gobierno. Así, junto al mencionado artículo, Dabiq publica una carta supuestamente escrita por Foley en la que afirma que el motivo de su captura y la de sus compañeros no es asesinarlos de modo irracional, sino que, al igual que ocurre con muchos musulmanes de diversas zonas, son prisioneros de los EEUU.

Posteriormente, enumera las diversas intromisiones americanas en Oriente Medio, y asegura que “[t]hey have killed in the name of ‘preserving life,’ tortured and raped in the name of ‘humanity,’ destroyed in the name of ‘rebuilding,’ and ruined the lives of millions of people. They have incurred a great debt of blood and wealth and it will be you and me, the average citizens, who will inevitably pay the price of their crimes” (Dabiq 3: 39). Aquí, junto a la justificación de la violencia se intenta minar la relación entre los ciudadanos americanos y su gobierno. En esta línea, las palabras del supuesto Foley se dirigen a los policymakers americanos asegurando que se trata de la gente “[…] who effectively hit the last nail into my coffin with their recent aerial campaign in Iraq” (Dabiq 3: 40). A continuación, el secuestrado muestra el rechazo hacia su país afirmando que “[…] all I can say is that I wish I were from some other country whose government actually cares about its citizens. I guess all in all, I just wish I wasn’t American” (Dabiq 3: 40).

Imagen extraída de Dabiq 15

Algo similar ocurre con el caso del piloto jordano Al-Kasasbeh secuestrado el 31 de diciembre de 2014. Tras su captura, el EI no muestra acciones violentas, sino que recurre a la amenaza y entrevista al rehén, quien ofrecerá información acerca de los enemigos (Dabiq 6: 34-36). En la siguiente entrega proceden a mostrar las ejecuciones del piloto jordano y de Kenji Goto, afirmando que “[t]he relatives of Kenji Goto Jogo and the murtadd pilot have no one to blame but the political leaders of their lands who strive to appease and serve the American crusaders” (Dabiq 7: 4). Además, afirman que antes del declarado soporte de Abe Shinzo a los cruzados, Japón se encontraba fuera de los objetivos del grupo, con lo que ponen de nuevo a los policymakers en el punto de mira.

Igualmente, tras exponer el caso de Steven Sotloff, se muestran una serie de imágenes en las que se pueden observar masacres a familias musulmanas ejecutadas por EEUU los días 14 y 15 de septiembre de 2014 (Dabiq 4: 51). Una acción que señalan responde a la preservación de los intereses americanos, y que sostienen por medio de la muestra de un pantallazo de un artículo del Departamento de Defensa de EEUU que soporta los hechos (Dabiq 4: 51). Un acto que de algún modo les permite legitimar su acusado rechazo a Occidente ante sus lectores.

Siguiendo la línea de la justificación de la violencia hacia los occidentales, encontramos otro destacado ejemplo en el artículo La sangre de la Vergüenza del periodista secuestrado John Cantlie. En él, el autor insiste en culpar a los Estados de la ejecución de sus ciudadanos, afirmando que estas no fueron sino el resultado de las acciones de los políticos británicos y americanos (Dabiq 14: 54).

Del mismo modo que ocurre con la violencia empleada contra los ciudadanos occidentales, la matanza de las tribus de Oriente Medio queda justificada. Esta es presentada como la única opción viable para la defensa del Islam. En este sentido, existen reportajes como uno en el que se explica cómo la tribu al-Shuaytat, de Deiz al-Zour (Siria) fue exterminada tras haberse retractado de su juramento de lealtad al grupo (Dabiq 3: 11).

Asimismo, exponen el recurso a la violencia contra quienes actúan como fieles servidores de los cruzados. Así, se dirigen hacia los que definen como “proxies de América” mostrando escenas violentas, como una en la que son asesinados miembros del PKK (Dabiq 4:25)[1]. En esta línea, el EI informa acerca del  ejecutado contra los Houthis en Wilayat Sanaa por cuatro soldados, y una operación en Sa’dah detonando explosivos en un edificio del gobierno de Houthi. Dichos acontecimientos son relacionados con el hecho de que “[…] days after the operations, the Americans announced that they had pulled the last of their special forces out of Yemen” (Dabiq 8: 19), asociando de este modo sus acciones en la región a las decisiones de otros países externos a ella.

En relación a las acciones violentas contra quienes consideran ayudantes de los cruzados, otro ejemplo podemos encontrarlo en las venganzas contra quienes afirman decidieron ayudarles, incluidos aquellos que enviaron información sobre la localización de los “mujahidin” tras el anunciado ataque de la coalición sobre las “tierras de los musulmanes”[2].

Violencia como signo de superioridad y poder

Es importante tener en cuenta que el EI no pretende emplear la violencia sólo contra quienes consideran cruzados, sino contra todo aquel que se oponga a su proyecto e intente impedir sus objetivos[3].

Enseñar al mundo su fuerza militar es una de las vías recurridas por el EI para mostrar su poder. Para ello, recurre a situaciones en las que se presenta como superior a sus enemigos. En este sentido, en el artículo La guerra por ‘Ayn al-Islam, el grupo manifiesta su superioridad con respecto a los “proxies americanos” defendiendo, entre otras cuestiones, la debilidad de los Peshmerga y el FSA. Señalan que estos se mostraron incapaces de hacerles frente y que tuvieron que ser apoyados por una coalición que los armó, reforzó y suplió, incluso con apoyo aéreo, fracasando igualmente en su intento por derrotarles y evitar su avance (Dabiq 5: 15-16). Ello les permite mostrar su fuerza y la inferioridad del oponente pese a estar equipado con armamento y respaldados. Lo mismo ocurre cuando retratan su fortaleza frente al PKK y el soporte estadounidense afirmando que “[d]espite the obvious incompetence of the PKK in facing the Islamic State, the crusader coalition continued to provide them with close air cover in their clashes against the mujāhidīn” (Dabiq 10: 31). Una cuestión ya tratada, en  la segunda entrega, El diluvio, donde el EI hace especial hincapié en los ataques contra el PKK, en cómo estos son derrotados y en lo que ello significa en términos de avances para el grupo (Dabiq 2: 12-13).  

Asimismo, destacan el lanzamiento de la campaña Taking Revenge for the Chaste Sisters, una ofensiva lanzada en el norte de Halab, que estaba dirigida a los sahwat murtaddin quienes el grupo entiende que “ […] prostituted themselves to America and its regional puppets, stabbing the mujāhidīn in the back and subsequently imprisoning and even raping many of the muhājirāt” (Dabiq 3:15)[4].

Al igual que ocurría con el recurso territorial, la importancia de la violencia en Dabiq queda expresada en la sección Una selección de operaciones militares a través del Estado Islámico. Esta se centra en exponer la fuerza militar del grupo, sus victorias y la consecución de material militar. Así, desde el EI relatan distintos ataques en los que han conseguido acabar con las vidas de sus adversarios. Entre ellos se encuentran la destrucción de un barco de la marina Egipcia (Wilayat Sayna’), la explosión de un vehículo (Wilayat Dayala), el ataque en la base Abul-‘Abbas en la ciudad de Mari’ (Wilayat Halab), el coche bomba en Sadr City (Wilayat Baghdad), la vuelta a la ciudad de Darnah (Wilayat Barqah) y el coche bomba que explotaron en el corazón del Cairo (Egipto) (Dabiq 11: 28-30).

Por su parte, en el número 12 hacen referencia a numerosos ataques violentos en distintas zonas del mundo. Entre ellos al asalto a Mahin al norte de la ciudad de al-Qaryatayn (Wilayat Dimashq), el asesinato del italiano Cesare Tavella en la ciudad de Dhaka, del japonés Kunio Hoshi, y la detonación de explosivos en el templo de Dalan en Dhaka (Bengal)[5].

 

Dabiq 11
Dabiq 13

Junto a su superioridad militar, el EI busca presentarse como un grupo organizado. En este sentido, crearán contenidos dirigidos a distintos rangos. Dicha cuestión queda demostrada, por ejemplo, mediante el ofrecimiento de consejos para los líderes del EI (Dabiq 7: 9-16) y los luchadores (Dabiq 6) por separado. Con ello corroborar la existencia de una organización en el campo de batalla, de una jerarquía, y hace pensar en el brazo armado del grupo como en un ejército.

Violencia, terror y extensión global

Una de las herramientas más empleadas por el EI para exponer la fuerza de este recurso, es mostrar el carácter global de su ejército. En este sentido,  afirman que su esfera de influencia “[…] se ha expandido hasta tal punto que ahora pueden ordenar ataques en suelo estadounidense por completos extraños únicamente a través de la palabra” (Dabiq 5, 2014: 39). Una idea en la que los atentados se presentarán como el argumento central.

En este sentido, a partir de la sexta entrega el papel de los atentados adquiere especial protagonismo –concretamente aquellos perpetrados en terreno occidental – (Domínguez, 2017: 31). Esta entrega abre informando sobre el ataque cometido en Sidney y ofreciendo datos sobre su autoría. Esta es atribuida a Man Haron Monis, “[a] Muslim who resolved to join the mujāhidīn of the Islamic State in their war against the crusader coalition” (Dabiq 6: 3). Asimismo, explican cómo Haron Monis juró lealtad al Califa Ibrahim al-Qurashi para luego dirigirse contra los kuffar y traer la victoria a la religión de Alá. Además, se alaba el ataque y se presenta como el camino a seguir (Dabiq 6: 3), lo que se convertirá en una dinámica en números sucesivos [6].

Otro de los atentados publicitados será el perpetrado en el Museo Nacional del Bardo de Túnez contra los que refieren como turistas kafir  (Dabiq 8: 18). Aquí, afirman haber derramado el terror matando a más de veinte personas e hiriendo a una docena (Dabiq 8: 18) y recurren a retrasmitir el efecto de la acción señalando que “[…] succeeded in bringing anguish to a number of the nations involved in the crusader coalition (Italy, France, Britain, Japan, Poland, Australia, Spain, and Belgium), after some of their own citizens became prey for the soldiers of the Islamic State” (Dabiq 8: 18). Cuestión que les sirve no sólo para publicitar sus actos y su causa, sino para mostrar cómo el poder del EI traspasa fronteras mientras que sus acciones provocan respuestas internacionales.

Al ataque anterior se unirán otros como el tiroteo perpetrado por “dos leones del Califato” en un concurso de caricaturas de Mahoma en el Curtis Culwell Center de Garland (Texas)[7]; el asalto de una fábrica en Lyon y la decapitación de un “kafir” francés; la explosión de un templo “Rafidi” en Kuwait; y la masacre en un hotel balneario de la ciudad de Sousse en Túnez, donde murieron decenas de ciudadanos europeos pertenecientes a “[…] European crusader states also involved in the coalition waging war against the Islamic State” (Dabiq 10: 3). Además del atentado perpetrado en San Bernardino (California)[8].

 

Con la publicitación de estos actos y bajo la presentación de sus víctimas como enemigos fundamentada en su maniquea visión del mundo, refutan que la llamada a la defensa del EI continúa siendo respondida (Dabiq 10: 4). Asimismo, consiguen sembrar el miedo y demostrar tanto su fuerza como su penetración de fronteras.

Si bien la violencia está muy presente a lo largo de las diversas entregas, en el caso del número 12 se presenta como una cuestión central. Esta entrega recibe el nombre de Just terror, y comienza informando sobre los últimos atentados cometidos y las motivaciones tras ellos. Entre ellos destacan, por un lado, la explosión de una bomba en un avión ruso provocando la muerte de 219 personas de nacionalidad rusa y 5 de otros países. Dicha acción queda justificada defendiendo que se trata de una respuesta a la decisión tomada por Rusia, el 30 de septiembre de 2015, de participar vía aérea contra el EI.

Fragmento extraído de Dabiq 10

Por otra parte, se refieren a los ataques aéreos continuados lanzados por Francia a partir del 19 de septiembre de 2014, afirmando que la consecuencia ha sido el atentado provocado en París donde aseguran “[a] nationwide state of emergency was declared as a result of the actions of eight men armed only with assault rifles and explosive belts” (Dabiq 12: 2)[9]. Una idea que vuelve a mostrar la presentación de la violencia como una respuesta a las acciones de otros actores. Así, advierten que hasta que los cruzados cesen en sus hostilidades contra el islam y los musulmanes “[…] the just terror will continue to strike them to the core of their deadened hearts” (Dabiq 12: 3). Asimismo, en las primeras páginas de la última entrega, se plasman a modo de resumen los distintos atentados ejecutados en territorio occidental y las muertes resultantes (Domínguez, 2017: 31).

Imágen extraída de Dabiq

Todo para advertir que “ […] despite these clear references to violently applying the Law of the Lord, Christians have cast aside such commandments and instead have followed papal decrees and the sermons of priests – showing that their love for men is greater than their love for the Creator of men (Dabiq 15: 79). Así, aseguran que el desprecio de la Ley de Moisés y el Evangelio de Jesús es lo que lleva al “hipócrita” público cruzado a llamar religiosamente a consignas de paz y de amor que en realidad favorecen la ley de la democracia y las resoluciones de las Naciones Unidas (Dabiq 15: 79). De este modo, cierran la revista concluyendo que “[j]ihad is the ultimate show of one’s love for his Creator, facing the clashing of swords and buzzing of bullets on the battlefield, seeking to slaughter His enemies – whom he hates for Allah’s hatred of them. A religion without these fundamentals is one that does not call its adherents to fully manifest and uphold the love of the Lord” (Dabiq 15:80).

Violencia como materialización del antioccidentalismo

Los secuestros, las ejecuciones y la perpetración de atentados, referidos en apartados anteriores, llevan a hablar de la materialización del antioccidentalismo. Una violencia que, como se ha visto, es justificada mediante su catalogación como respuesta ante las acciones del enemigo. Aquí, se refieren a situaciones como los bombardeos de los “cruzados” sufridos por los musulmanes del Califato durante cerca de dos años. En este sentido, desde el EI afirman que “[t]he yearning for revenge has taken seed and has grown steadily in the hearts of the grieving widows, distressed orphans, and solemn soldiers; and the fruits are ready for harvest” (Dabiq 14: 4). Junto a ello se critica a Occidente por llevar el estandarte de la libertad y la justicia para todos los pueblos oprimidos del mundo, defendiendo que en realidad se trata de una tiranía sin límites contra la Ummah musulmana y razonando que “[i]t was only a matter of time before the brunt of the Ummah’s wrath fell upon them and awakened them to reality” (Dabiq 14: 4). Todo ello para justificar sus actos, refiriéndose esta vez al golpe de Bruselas, la capital Europea, y asegurando que habrá más.

La relación entre la ideología antioccidentalista promulgada por el grupo y la necesidad de matar occidentales se muestra en afirmaciones como: “[w]ith specific regards to the soldiers of Allah present in the lands of kufr, the Islamic State took the occasion to renew its call to attack, kill, and terrorize the crusaders on their own streets and in their own homes” (Dabiq 7: 37). Así como cuando recurren a las palabras de Shaykh Abu Muhammad al-Adnani quien afirmó que “[…] we renew our call to the muwahhidīn in Europe and the disbelieving West and everywhere else, to target the crusaders in their own lands and wherever they are found. We will argue, before Allah, against any Muslim who has the ability to shed a single drop of crusader blood but does not do so, whether with an explosive device, a bullet, a knife, a car, a rock, or even a boot or a fist” (Dabiq 7: 37).

Así, palabras de odio y terror se dirigen contra quienes se oponen a ellos, recrudeciendo el discurso y asegurando que “[…] the soldiers of the Islamic State promise their adversaries dark days of death and destruction in their own lands. Bullets and shrapnel will slash and pierce all those whom Allah’s soldiers reach. Survivors will be scarred physically and mentally, haunted whenever their eyes are closed, whenever they blink. The sounds of sirens will fill the air, preceded by blasts from bombs planted in all the right places. The damage to their economy, their infrastructure, and their sources of income will make their lives harder than they now imagine. And it will not end there, not until the rule of Allah reaches east to west and the Muslims walk undisturbed by the kāfir filth beneath them” (Dabiq 14: 5).

 

Por último, esta relación entre violencia e ideología queda claramente plasmada en el mar de ataques y muertes expresado en la última entrega (Domínguez, 2017: 31). En este sentido, se refieren con incredulidad al shock mostrado por numerosos países “cruzados” cuando el EI recurre a este vínculo, afirmando que la yihad es una obligación que se encuentra en el Corán (Dabiq 15: 78). Junto a ello, apelan a la justificación de la violencia en la Biblia citando una serie de fragmentos, a saber, (Levítico 24:16); (Deuteronomio 13: 8-9); (Levítico 24:17); (Levítico 24:13); (Levítico 24:19); y (Éxodo 21: 23-25). Se advierte también que en los Salmos se menciona una sabiduría detrás del asesinato ordenado divinamente, y se alude a la incitación a matar en el Antiguo Testamento.

Todo para advertir que “ […] despite these clear references to violently applying the Law of the Lord, Christians have cast aside such commandments and instead have followed papal decrees and the sermons of priests – showing that their love for men is greater than their love for the Creator of men (Dabiq 15: 79). Así, aseguran que el desprecio de la Ley de Moisés y el Evangelio de Jesús es lo que lleva al “hipócrita” público cruzado a llamar religiosamente a consignas de paz y de amor que en realidad favorecen la ley de la democracia y las resoluciones de las Naciones Unidas (Dabiq 15: 79). De este modo, cierran la revista concluyendo que “[j]ihad is the ultimate show of one’s love for his Creator, facing the clashing of swords and buzzing of bullets on the battlefield, seeking to slaughter His enemies – whom he hates for Allah’s hatred of them. A religion without these fundamentals is one that does not call its adherents to fully manifest and uphold the love of the Lord” (Dabiq 15:80).

Cierre de la última entrega de Dabiq

BIBLIOGRAFÍA: 

Dabiq 1, 2014. The Return of Kilafah. Dabiq, 5 julio. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-Issue-1-the-return-of-khilafah.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 2, 2014. The Flood. Dabiq, 27 julio. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-Issue-2-the-flood.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 3, 2014. A Call to Hijrah. Dabiq, 10 septiembre. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-Issue-3-the-call-to-hijrah.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 4, 2014. The Failed Crusade. Dabiq, 11 octubre. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/islamic-state-isis-magazine-Issue-4-the-failed-crusade.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 5, 2014. Remaining and Expanding. Dabiq, 21 noviembre. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-issue-5-remaining-and-expanding.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 6, 2014. Al Qa’idah of Waziristan: A Testimony from Within. Dabiq, 29 diciembre. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-issue-6-al-qaeda-of-waziristan.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 7, 2015. From Hypocrisy to Apostasy: The Extinction of the Grayzone. Dabiq, 12 febrero. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/islamic-state-dabiq-magazine-issue-7-from-hypocrisy-to-apostasy.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 8, 2015. Shari’ah Alone Will Rule Africa. Dabiq, 30 marzo. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-issue+8-sharia-alone-will-rule-africa.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 9, 2015. They Plot and Allah Plots. Dabiq, 21 mayo. Disponible en: https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-issue+9-they-plot-and-allah-plots-sex-slavery.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 10, 2015. The Law of Allah or the Laws of Men. Dabiq, 13 julio. Disponible en: http://clarionproject.org/wp-content/uploads/Issue%2010%20-%20The%20Laws%20of%20Allah%20or%20the%20Laws%20of%20Men.pdf[Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 11, 2015. From the Battles of Al-Ahzāb to the War of Coalitions. Dabiq, 9 septiembre. Disponible en: http://clarionproject.org/wp-content/uploads/Issue%2011%20-%20From%20the%20battle%20of%20Al-Ahzab%20to%20the%20war%20of%20coalitions.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 12, 2015. Just Terror. Dabiq, 18 noviembre. Disponible en: http://clarionproject.org/wp-content/uploads/islamic-state-isis-isil-dabiq-magazine-issue-12-just-terror.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 13, 2016. The Rafidah from Ibn Saba’ to the Dajjal. Dabiq, 19 enero. Disponible en: http://clarionproject.org/wp-content/uploads/Issue-13-the-rafidah.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 14, 2016. The Murtadd Brotherhood. Dabiq, 13 abril. Disponible en: http://clarionproject.org/wp-content/uploads/Dabiq-Issue-14.pdf[Consultado: 20 marzo 2017]

Dabiq 15, 2016. Break the Cross. Dabiq, 31 julio. Disponible en: http://clarionproject.org/wp-content/uploads/islamic-state-magazine-dabiq-fifteen-breaking-the-cross.pdf [Consultado: 20 marzo 2017]

Domínguez, A., 2017. La estrategia de comunicación de Estado Islámico en Occidente [Tesis inédita]. Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona.

NOTAS:

[1] Imágenes como esta suelen ir acompañadas de textos en los que se refuta la fuerza militar del grupo. En este caso, por ejemplo, se señala que “[a]erial bombardment from America and its coalition failed to hinder the advance, and after facing intense shelling and being locked in fierce urban combat with the mujāhidīn, the PKK/YPG murtaddīn have been reduced to begging Turkey for support as the Islamic State is on the verge of liberating the city” (Dabiq 4: 25).

[2] Explican una serie de ataques que se consumarán con la muerte de más de ochenta miembros del Sahwah, y que dejarán docenas de heridos, afirmando que “[s]hortly after, and possibly as a result of the many dead leaders, the Shāmiyyah Front began to break up, with some of its member factions leaving to form competing coalitions” (Dabiq 9: 28)

[3] Ello queda demostrado, por ejemplo, a partir de la convocación de una revuelta contra los líderes de la Coalición Sahwah y la llamada a su asesinato (Dabiq 10: 64).

[4] Igualmente, se muestra cómo esta campaña terminó con la liberación de pueblos y ciudades como Akhtarin, Turkman Barih, Huwar an-Nahr, y Dabiq (Dabiq 3: 15), y se tratan las conquistas militares en Ninawa (Iraq) y Al-Raqqa (Siria), siendo la última donde se establecerá la capital del Califato (Dabiq 3: 18-22).

[5] Por otra parte, se refieren al atentado en el templo de Mashhad en el vecindario de Dahdah en la región de Najran (Wilayat al-Hijaz), al atentado con una motocicleta en la región de Burj al-Barajinah localizada en el suburbio del sur de Beirut  (Líbano), a la ruptura de controles de seguridad del PKK en la ciudad de al-Barakah, y al ataque a la sede de relaciones públicas del murtaddin ubicada en las afueras del barrio de Mushayrifah (Wilāyat al-Barakah ), entre otros. (Dabiq 12: 25-28).

En la misma sección del número 13 reivindican una serie de actos como la operación ejecutada en las inmediaciones de Dinajpur, donde el misionero italiano Piero Parolari fue disparado varias veces con una pistola silenciada, dejándolo gravemente herido; la operación contra uno de los jefes “kufr” de la secta Bahá’í en Dhaka; o el asesinato del misionero convertido al cristianismo Samir Uddin (Bengal). Por otra parte, destacan el ataque perpetrado en cuarteles yemeníes al oeste de Hadramawt (Wilayat Hadramawt); el ataque a un autobús que transportaba miembros de la guardia presidencial en la calle Muhammad al-Khamis, en el centro de la capital (Túnez); el ataque en una reunión de Rafidi mushrikin en la ciudad de Kano, en el norte de Nigeria (Wilayat West Ifriqiyyah);  y diversos atentados en Egipto entre los que se encuentran el ataque a un puesto de control perteneciente al Ministerio del Interior egipcio en la zona de al-Manwat en Giza, el asesinato de un oficial del ejército egipcio y su conductor cerca del campo de entrenamiento central de seguridad en El Cairo, y el ataque a un autobús turístico que transportaba a turistas judíos en la calle al-Haram en Giza (Egipto). Otras acciones reflejadas son el asalto a localizaciones del PKK en los pueblos de alrededor de Faruq Dam (Wilayat Halab), o el ataque contra un grupo de ciudadanos de nacionalidades consideradas cruzadas, en Indonesia (Indonesia), entre otros (Dabiq 13: 14-19). En el número siguiente, relatan el enfrentamiento con los soldados de Safawi en Egipto; la explosión de un coche bomba en el Palacio Presidencial (Wilayat ‘Adan Abyan); la detonación de explosivos durante el curso de la campaña “Caza del Murtaddin”, en un convoy del ejército egipcio al oeste de al- ‘Arish (Wilayat Sayna’); el atentado dirigido a las reuniones del mushrik Rafidah en Ku ‘as-Sudan en la región de as-Sayyidah Zaynab en la parte sur de Dimashq (Wilayat Dimashq); el asesinato del sacerdote Jogeshwar Roy, a las 2 semanas de matar un hombre de negocios hindú llamado Tarun Datta (Bengal); el ataque a numerosas localizaciones del régimen Nusayri (Wilayat Hamah); y el ataque contra localizaciones del PKK en las afueras al norte de ar-Raqqah (Wilayat ar-Raqqah), entre otros (Dabiq 14: 20-25). 

De igual modo, en la última entrega se tratan la destrucción de aviones de al-Assad, la captura del piloto Azzam Eid (Dimashq Wilayah); y la derrota de los cruzados en la zona de Sabuniyyah en la carretera entre Mosul y Tal’afar (Ninawa Wilayah). Además, se informa de una serie de ataques perpetrados en suelo egipcio como el ataque a un autobús de la división de investigación de la policía en el área de Hilwan en la zona sur del Cairo, y el golpe a una patrulla de policía en el área de Ras al-Birr en Dumyat (Egipto). También transmiten el asesinato a un profesor universitario en la ciudad de Rajshahi por llamar al ateísmo, el del jefe cristiano Sunil Gomes, y el realizado contra los Rafidi mushrikin en la ciudad de Kabul (Khurasan Wilayah). Asimismo, se notifican las acciones emprendidas contra miembros del ejército enemigo, de este modo, se menciona el ataque a las fuerzas de seguridad somalíes (Somalia) y los ataques a distintas localizaciones de la armada Nusayri (Hims Wilayah), así como los perpetrados en las ciudades costeras de Tartus y Jablah donde entre los más de 400 muertos y heridos, había una parte importante de soldados y oficiales Nusayri (Sahil Wilayah), entre otros (Dabiq 15: 40-45). Occidente no queda excluido de la lista, así, mencionan el ataque a un club nocturno en Orlando (Florida), haciendo eco de que este fue catalogado como el ataque más mortal en Estados Unidos desde la incursión en Manhattan hace 15 años. Junto a ello se refieren al ataque en Niza, y el perpetrado contra una iglesia en Normandia. Justificando que estos dos últimos responden a la participación de Francia en la coalición cruzada contra el Califato. Por otro lado, transmiten el ataque contra los pasajeros de un tren en la ciudad de Wurzburg, y el ataque en la ciudad de Ansbach. Otro atentado destacado es el efectuado en un restaurante frecuentado por extranjeros cruzados de diversas nacionalidades, en Dhaka (Dabiq 15: 41).

[6] Los terroristas son vanagloriados continuamente. Por ejemplo, en la última entrega piden a Alá “[…] to grant the highest levels of Paradise to those who were true to their covenant, to aid those who continue to wage war against His enemies, to continue inspiring those in the lands of the Crusaders to strike them in their most vulnerable places, and to fulfill His promise of victory for those who fight for His cause” (Dabiq 15: 45).

[7] Defienden que la acción responde a un intento por soportar la causa de Ala, y al castigo que ha de imponerse hacia quienes insultan al Profeta. Un acto que ensalzan y emplean para llamar de nuevo a la instauración del terror al afirmar que dicha acción “[…] should serve as inspiration to those residing in the lands of the crusaders who are still hesitant to perform their duty” (Dabiq 9: 3).

[8] Las primeras páginas de Dabiq 13 se centran en el atentado perpetrado en San Bernardino (California), que resultó en la muerte de 14 ciudadanos y 22 heridos, vanagloriado tanto los actos como a sus ejecutores.

[9] Junto a estas dos acciones, enumeran otras como el ataque en Australia del 2 de octubre de 2015 que se saldó con una vida, el ataque del 4 de noviembre de 2015 en América, las puñaladas a ciudadanos judíos el 10 de octubre de 2015, y el ataque del 18 de octubre de 2015 en el que se mató a un soldado de una ‘unidad de élite’ perteneciente al ejército judío, entre otros (Dabiq 12: 3).

[10] Junto a ello, informan sobre cómo el EI puso en las manos de estos jóvenes a dos agentes que fueron descubiertos espiando para la Inteligencia Rusa y uno que lo hacía para Israel, con el fin de que los ejecutaran (Dabiq 8: 20), recurriendo a los niños como efecto disuasorio.

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