Turquía en los Balcanes occidentales: del Imperio otomano a Erdogan

Turquía en los Balcanes occidentales: del Imperio otomano a Erdogan

Por Martín Madridejos

Durante más de quinientos años el Imperio otomano dominó los Balcanes. Tras su descomposición y la posterior conversión en una república parlamentaria, Turquía mantuvo durante décadas una política exterior poco activa en la región. Sin embargo, el final de la Unión Soviética, los sangrientos conflictos armados y la desintegración de la antigua Yugoslavia derivaron en un nuevo contexto regional e internacional en el que el país quiere volver a ser protagonista. Las nuevas condiciones internas de Turquía recondujeron su política exterior hacia la región balcánica y ahora aspira a reforzar los antiguos lazos culturales, sociales y, por supuesto, económicos.

El Imperio otomano en los Balcanes occidentales

En uno de los puntos álgidos de Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, se encuentra el barrio de Bascarsija, conocido por haber sido el bazar en la época otomana. Hoy en día es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, y por él se puede pasear tranquilamente y disfrutar de la artesanía de origen turco que venden los locales y de los deliciosos cevapcis, un plato de carne picada y condimentada en forma de salchicha, también originarios del periodo otomano. Si uno pide un café le pondrán uno al estilo turco servido en un cezve, caracterizado por su espesor y por su fondo terroso.

Unos cuantos kilómetros más al sur del país podemos llegar a Mostar y encontrar el enorme puente que atraviesa el río Neretva, símbolo también del Imperio otomano.  La construcción fue encargada por Solimán el Magnífico en 1557 con el objetivo de convertir la ciudad en el nexo entre el mar Adriático, en esos momentos dominado por la República de Ragusa, y el interior de la península balcánica, dominada por los otomanos.

Entre los siglos XV y XX, los Balcanes occidentales formaron parte del Imperio otomano, lo que se tradujo en un proceso de asimilación cultural, en diferentes grados, de las poblaciones que habitaban en la región. Fruto de aquella permanencia secular no solo sobrevive el Islam, religión mayoritaria en Bosnia y Herzegovina, Albania y Kosovo, sino que son claramente perceptibles los préstamos lingüísticos como la mismísima palabra Balcanes (Balkan significa «montaña arbolada» en turco) y las costumbres de origen inconfundiblemente otomano, como buena parte de la gastronomía y la música popular. Los turcos siempre tuvieron en cuenta la región como un territorio estratégico: el puente hacia Europa.

La expansión del Imperio Otomano//Fuente: University of Illinois at Urbana-Champaign

El nacimiento del nacionalismo moderno turco

A finales del siglo XIX, el poderío del Imperio comenzaba a tambalearse. Problemas económicos cada vez más pronunciados, derivados de una creciente deuda y constantes guerras, contribuyeron al auge de los nacionalismos de la región. Con cada vez más frecuencia estallaban revueltas contra la administración turca que acabaron concluyendo con la independencia de los territorios del Imperio.

El Congreso de Berlín (1878), celebrado tras la derrota del Imperio otomano contra la Rusia zarista, determinó las nuevas fronteras territoriales en los Balcanes incluyendo, entre otras, la independencia de Serbia y la absorción de Bosnia y Herzegovina por el Imperio austrohúngaro.

El Imperio otomano siguió perdiendo territorios, como en las dos guerras de los Balcanes que acontecieron entre 1912 y 1913, luchando contra la Liga Balcánica y Rumanía. Tan solo un año más tarde estallaba la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la que Turquía participó en el bando del eje. La Gran Guerra, que enfrentaba a los imperios modernos, además de situar los engranajes para el nuevo orden mundial, supuso la pérdida definitiva de la administración territorial y la culminación del proceso de descomposición del antiguo Imperio otomano. Además, Turquía perdió territorios a manos de Grecia y Armenia, entre otros países. 

A la vez que el Imperio se iba descomponiendo, el nacionalismo moderno turco se hacía más poderoso. En 1906 se creó el movimiento de los Jóvenes Turcos, un partido reformista y nacionalista que en 1908 encabezó una revolución con el objetivo de modernizar el país. Poco después, un joven llamado Mustafá Kemal Ataturk (1881-1938) emergía como líder de un movimiento nacional que propugnaba la creación de un estado nación moderno.

Tras la Gran Guerra, Ataturk encabezó la Guerra por la Independencia Turca (1919-1923), que terminó con la expulsión de las potencias ocupantes. Posteriormente, amparada en el Tratado de Lausana en 1923, se proclamó la República de Turquía con sus límites territoriales actuales. El Imperio pasó de la autocracia a la república  y del carácter multiétnico y multirreligioso a la unificación cultural.  El sultán Mehmet VI había abdicado el año anterior.

Ataturk, junto a las ideas de los Jóvenes Turcos, sentó las bases ideológicas de la Turquía contemporánea. El pensamiento resultante, el llamado kemalismo, se fundamentaba en seis pilares: republicanismo, populismo, secularismo, reformismo, nacionalismo y estatismo. Las reformas acaecidas tenían como fin un acercamiento a los sistemas sociales y políticos occidentales, incluyendo desde la laicización del Estado o el traslado de la capital hasta Ankara hasta la adopción del calendario gregoriano o un cambio de gran calado en la lengua turca, que desde 1929 pasó a escribirse en caracteres latinos.

Una política exterior poco activa en la región

El proceso de descomposición hizo que la influencia otomana en los Balcanes occidentales se diluyera. Sin embargo, a partir de 1923, la nueva Turquía comenzó de nuevo a tejer lazos políticos y militares con la región. De esta manera se firmaron varios tratados que concluyeron con la Entente de los Balcanes en 1934, que creó una alianza militar entre Turquía y el Reino de Yugoslavia, acompañado de otros países de la región como Hungría, Rumanía y Grecia.

Entente de los Balcanes 1934//Fuente: Wikipedia

La Segunda Guerra Mundial puso en jaque la seguridad de la región. El país mantuvo una posición neutral hasta los últimos años de la contienda, en la que finalmente decidió unirse al bando de los aliados. Por otro lado, en la recién nacida república socialista yugoslava tras la victoria de los partisanos, se estaba produciendo un terremoto político debido a la ruptura de mariscal Josif Broz Tito con Stalin en 1948. Yugoslavia fue alejándose parcialmente del socialismo ortodoxo y acercándose a las doctrinas del llamado “socialismo autogestionado” y erigiéndose como uno de los portavoces del Movimiento de Países No Alineados. 

Turquía en esos momentos se estaba convirtiendo en uno de los principales aliados de Occidente en la región.  Fue acercándose paulatinamente a las visiones estadounidenses y adquiriendo un carácter anticomunista. En 1952 ingresó en la OTAN junto a Grecia. Un año más tarde, Ankara, Atenas y Belgrado firmaron el Pacto de los Balcanes, finalmente ratificado en 1954, un tratado de amistad y cooperación basado en la integración de Yugoslavia en el sistema de defensa europeo y en un alejamiento del Pacto de Varsovia.

En líneas generales, la política exterior turca tras la Segunda Guerra Mundial estuvo muy marcada por la Alianza atlántica y las lógicas del bipolarismo internacional entre la URSS y Estados Unidos. En los Balcanes occidentales, Turquía desempeñó un papel poco activo muy marcado por el Telón de Acero que la separó de la región durante prácticamente cincuenta años.

El resurgimiento de Turquía en la década de los 2000

El fin de la Guerra Fría tuvo importantes consecuencias geopolíticas en los Balcanes occidentales. A la estela de la caída del muro de Berlín y del hundimiento de la Unión Soviética resurgieron conflictos sociales, étnicos y religiosos que acabaron desembocando en la independencia de las antiguas repúblicas yugoslavas y en la disolución del país.

La descomposición de Yugoslavia// Fuente: Xunta de Galicia

En líneas generales, Turquía mantuvo una postura favorable a la paz, la estabilidad y la seguridad de la región, un talante que desarrolló tanto en acciones unilaterales como participando activamente en los grandes foros multilaterales de la OTAN, la Unión Europa y otras organizaciones internacionales, siempre del lado de Occidente. Turquía tuvo una posición muy cercana a Bosnia y Herzegovina y Kosovo en sus respectivos conflictos, en los que ejercía de salvaguarda de un mundo musulmán amenazado por los serbios.

La desintegración de Yugoslavia dejó un gran vacío de poder y un nuevo escenario geopolítico en la región. Las guerras fueron un gran motivo de preocupación para Turquía, puesto que amenazaban la seguridad de la región, pero al mismo tiempo Ankara era consciente de las futuras alianzas que se podrían tejer una vez concluyeran los conflictos bélicos: nuevos estados significaban nuevas relaciones. 

Muchas de las acciones llevadas a cabo por Turquía en los años noventa fueron el germen de lo que en la década siguiente se consolidaría como una política exterior muy activa en los Balcanes occidentales.

A nivel interno, Turquía estaba cambiando profundamente. En primer lugar, el crecimiento económico era acelerado, pasando de los 220.000 millones de su PIB en 2001 a los 521.000 en 2008, creciendo al 9% en algunos años.

Evolución del GDP de Turquía en millones de dólares // Fuente: Trading Economics

En segundo lugar, los cambios políticos eran también intensos, un verdadero terremoto, debido a la irrupción del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y la llegada al poder de su presidente, Recep Tayyip Erdoğan, en 2002. La llegada del AKP suponía un énfasis en un islamismo moderado y un creciente conservadurismo social, acompañado de una profunda reforma económica de corte muy liberal.

Estas nuevas condiciones, sumadas al desencanto de las negociaciones para la incorporación a Europa, llevaron hacia un giro en la política exterior turca. Ankara puso mayor atención en regiones como el Cáucaso, Próximo Oriente o los Balcanes, y dejó de lado tanto el proceso de integración europea como las ideas occidentales. Turquía se estaba alejando del kemalismo de Ataturk y algunos expertos comenzaron a hablar del término «neootomanismo«, que hacía referencia al resurgir de Turquía como potencia histórica.

El nuevo contexto fue interpretado por Ahmet Davutoglu, por aquel entonces un reputado profesor universitario, quien a través de la publicación de su libro Stratejik Derinlik (Profundidad estratégica) en 2001, sentó las bases de la doctrina geopolítica de Turquía. Davutoglu abogaba por un mayor fortalecimiento de las relaciones con los países con un legado más cercano al Imperio otomano y al mundo musulmán en general; por la consolidación geoestratégica de su posición como puente entre Europa y Oriente Medio; y, en último lugar, por unas mejores relaciones con las potencias con intereses en sus esferas de influencia. El académico desarrolló iniciativas como la “cero problemas con nuestros vecinos”, basada en evitar confrontaciones y apostar por el pragmatismo en las relaciones internacionales.

 

Turquía y el mundo musulmán en los Balcanes occidentales

La década de los 2000 fue esencial para el reforzamiento de las relaciones con los Balcanes occidentales. Mientras que las guerras de la década de la guerra anterior habían marcado una agenda basada en el  fortalecimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad política, posteriormente empezaron a primar las relaciones económicas y la recuperación de los lazos históricos y culturales.

Turquía comenzó a desarrollar un todo tipo de iniciativas y proyectos, desde pactos bilaterales y multilaterales en aspectos comerciales y militares, hasta inversión extranjera directa y ayuda al desarrollo. Algunos ejemplos destacables son la Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación (TIKA), La Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), el Instituo Yunus Emre, el canal TRT Avaz o las telenovelas turcas.

En primer lugar, la Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación (TIKA), que se ha encargado de la restauración de edificios históricos como mezquitas, puentes y madrazas, así como de diferentes proyectos en materias de educación, institucionalización y salud. En 2015, la TIKA destinó a los Balcanes un total de 154 millones de dólares.

 

Seguidamente, la Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), una organización que se encarga de cuestiones sobre la religión sunita a lo largo del mundo, ha servido de proveedor de servicios religiosos en los Balcanes occidentales, como cursos de preparación para ser Imán o grados universitarios en teología.  Diyanet ha financiado más de 100 mezquitas y mantiene vínculos con 2000 fuera de Turquía.

Religión en los Balcanes//Fuente: Wikipedia

En tercer lugar, el Instituto Yunus Emre, que tiene la labor de promover la cultura turca a través del mundo y que promueve cursos de lengua turca. Además, se han ido desarrollando paulatinamente consorcios entre universidades de Turquía y los Balcanes, e incluso creando universidades propias. El instituto cuenta con sedes en Albania, Bosnia y Kosovo.

El multicanal TRT creó en 2009 su versión balcánica llamada AVAZ, que proporciona temas de interés de la región en idiomas como el bosnio o el albanés. Por último, cabe destacar el impacto notable de las telenovelas turcas, las llamadas televizyon dizileri, que gozan de mucha audiencia en los Balcanes occidentales y en el mundo árabe e incluso en LatinoaméricaEl Sultán (Muhteşem Yüzyıl), es ampliamente exitoso a lo largo del mundo y ha llegado a más de cincuenta países.  Hoy en día Turquía es el segundo mayor exportador de series del mundo.

La política exterior en Bosnia, Kosovo, Albania y Macedonia

La política exterior de Turquía en los Balcanes occidentales está centrada principalmente en los países con los que comparte lazos históricos y culturales,  entre ellos Bosnia, Kosovo, Albania y Macedonia.

 

Bosnia y Herzegovina ha estado muy presente en la política exterior de Turquía, tanto en el periodo bélico como en la década de los 2000. Los bosníacos (bosnios musulmanes, una de las tres comunidades del país)  mantienen muchas costumbres de la época otomana y muestran interés en la actualidad turca. En aspectos de seguridad, hoy en día Turquía cuenta con 250 militares en la Operación Althea –una misión de seguridad en Bosnia- y ejerce un papel activo en la pacificación del país.

Otro de los países importantes es Albania, un país con un notable legado otomano y con una mayoría musulmana. Turquía financia proyectos como la gran mezquita de Tirana, que va camino de ser una de las mayores de Europa, y una aerolínea llamada Air Albania, de la cual Turkish Airlines controla el 49,12%. Además, también tiene desplegados militares y ambos son aliados debido a su pertenencia a la OTAN.

Turquía también despliega una política exterior considerable en Kosovo, un país con una mayoría albanesa y musulmana. Apoyó a Kosovo durante la guerra –de un modo más liviano que en Bosnia- y unos años más tarde, en 2008, fue uno de los primeros países en reconocer su independencia. En la actualidad, Turquía sigue destinando 400 soldados en Kosovo en misiones de la OTAN.

La República de Macedonia,  país cuya independencia fue reconocida por Turquía  internacionalmente al país en 1991, cuenta con una notable comunidad de albaneses musulmanes, principalmente en el norte, así como prácticamente 80.000 ciudadanos de origen turco. En las disputas entre Grecia y Macedonia acerca del nombre de la ex república yugoslava, un contencioso no resuelto hasta junio de 2018, Turquía siempre se posicionó a su favor. Macedonia fue, entre otras cosas,  el lugar donde vivió y estudió Ataturk durante su etapa juvenil.

Despliegue militar de Turquía en la región// Fuente: El País

La consolidación

En general, Turquía ha logrado mejorar las relaciones con estos países y su imagen exterior. Al mismo tiempo, ha empezado a tejer relaciones con otros países con menor presencia musulmana como Serbia, Croacia y Montenegro, especialmente en aspectos económicos.

La década de los 2000 fue muy exitosa para las aspiraciones del proyecto de Turquía en los Balcanes occidentales, siguiendo las directrices de Erdogan y Davutoglu. Pese a que la Unión Europea es el gran objetivo de los países de  la región –Serbia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Albania y Kosovo son candidatos al ingreso- Turquía ha aumentado notablemente su influencia.

La crisis económica que estalló en 2008 y que azotó a Europa con intensidad, permitió a Turquía -que se vio menos afectada-  reforzar su presencia en la región. Los factores geopolíticos no se pueden obviar, por lo que las iniciativas de Turquía empezadas en las guerras en materia de estabilidad y seguridad siguen estando muy presentes.

El giro de la política exterior turca avanzó bajo los dictados cada vez más presentes de Davutoglu, que dejó su labor de académico y entró en el Gobierno como ministro de Exteriores (2009-2014) y luego como primer ministro (2014-2016), hasta que fue destituido por sus reticencias hacia el presidencialismo propuesto por Erdogan.

En la actualidad existen muchas incógnitas derivadas del golpe de estado de 2016, de las disputas religiosas y del alejamiento de Davutoglu de las esferas de poder, así como del surgimiento de otras potencias como China, que ha comenzado a realizar proyectos a raíz de su Nueva Ruta de la Seda, de las tensiones aún existentes entre Serbia y Kosovo y entre las comunidades étnicas en Bosnia y de la reciente extradición de kosovares.

Para saber más

MEHMET UĞUR EKİNCİ (2014): “A Golden Age of Relations: Turkey and the Western Balkans During the AK Party Period” en Insight Turkey, Vol. 16, No. 1, pp. 103-125; ALIDA VRAČIĆ (2016): “Turkey’s Role in the Western Balkans” en German Institute for International and Security Affairs; BIRGÜL DEMİRTAŞ (2013): “Turkey and the Balkans: Overcoming Prejudices, Building Bridges and Constructing a Common Future” en PERCEPTIONS, Vol 18, No. 2, pp. 163-184; DIMITAR BECHEV (2012): “Turkey in the Balkans: Taking a Broader View” en Insight Turkey, Vol. 14, No. 1, pp. 131-146.

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Conflicto en el Golfo Pérsico: la crisis entre Qatar y sus países vecinos

Conflicto en el Golfo Pérsico: la crisis entre Qatar y sus países vecinos

Por Youssef Bouajaj

El Emir Hamad de Qatar y el presidente de Egipto Mohamed Morsi en la reunión de la Organización para la Cooperación Islámica en 2012 // Fuente: Reuters

El conflicto entre Qatar y el eje de países vecinos compuesto por Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes, entre otros, es un ejemplo del papel que pueden jugar las noticias falsas y el hackeo de medios de comunicación para provocar tensiones entre países. A finales de mayo de 2017, la agencia de noticias estatal qatarí publicaba un mensaje del Emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani, donde “destacaba el papel de Irán en la región, las buenas relaciones con Israel y las simpatías con Hezbollah y Hamas”. Las autoridades qataríes denunciaron que el portal de noticias había sufrido un hackeo y que estas declaraciones eran falsas, sin embargo, Arabia Saudí y Emiratos Árabes hicieron caso omiso a las justificaciones de Qatar y dieron por buena la información.

Dos semanas después, estos países – junto con Bahréin y Egipto – sorprendían al mundo anunciando que rompían sus relaciones con Qatar, basándose para ello en acusaciones como su apoyo a grupos terroristas o su acercamiento a Irán. Para el restablecimiento de las relaciones estos países exigían a Qatar medidas como el cierre de la cadena qatarí Al Jazeera, la ruptura de las relaciones con Irán o la finalización de la cooperación militar con Turquía. Con el fin de aislar a Qatar, estos países decidieron cortar sus vías de comunicación aérea, terrestre y marítima. Desde occidente, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, apoyó inicialmente el movimiento saudí acusando a Qatar de financiar al terrorismo, posiblemente como agradecimiento por la compra de armamento con valor de 110.000 millones de dólares. Por su parte, los países europeos, se han mostrado neutrales en todo momento, favorables a una solución pacífica del conflicto.

Las buenas relaciones de tanto de los países europeos como de EE.UU con Qatar son síntoma de la poca credibilidad de la denuncia, pues buena parte de las acusaciones vertidas contra Qatar no han sido demostradas, entre ellas su vinculación con grupos terroristas como el autodenominado Estado Islámico. Respecto a los vínculos entre Qatar e Irán, cabe destacar que países vecinos como Omán y Kuwait – que se han mantenido neutrales en el boicot- mantienen relaciones cordiales con Irán. De hecho, Emiratos Árabes ha sido uno de los principales socios comerciales de Irán en la última década, siendo el emirato de Dubai el más beneficiado.

El ascenso de Qatar, el enfado de Arabia Saudí

El Emir Hamad de Qatar se hizo con el poder tras un golpe de Estado contra su padre en 1995. Su voluntad de establecer una política exterior independiente a los intereses saudíes, tuvo como respuesta un intento de golpe de Estado que contó con la participación de la ciudadanía. Sin embargo, este resultaría fallido por lo que el cambio de rumbo emprendido por Qatar no se vería afectado.  

Uno de los primeros pilares de la nueva política exterior fue desarrollar la exportación de gas. Qatar comparte con Irán el yacimiento de South Pars- North Dome, el mayor yacimiento de gas natural del mundo, siendo esta una de las principales razones por las cuales Qatar no mantiene una mala relación con Irán.

Junto a lo anterior, la fuerte inversión tecnológica ha permitido al país exportar gas licuado por todo el mundo. Lo anterior ha supuesto un importante desarrollo del mercado gasista, cuestión que ha sido vista con recelo por el régimen saudí, tal y como demuestran su oposición a la construcción de un gasoducto que uniera Qatar con Kuwait que pasaba por aguas saudíes y su protesta ante la construcción del gasoducto Dolphin, que en la actualidad transporta gas qatarí a Emiratos Árabes y Omán. Una postura que podría no favorecer los intereses saudís pues, según el politólogo Jean-François Seznec, la política de Arabia Saudí de boicotear la construcción de gasoductos en la región es contraproducente a sus propios intereses ya que el país necesita mucha cantidad de gas para hacer frente a la transformación económica del país.

Gráfico explicativo del recurso del gas en relación a Qatar

Otra de las fortalezas de Qatar, por tanto foco de tensiones entre este país y Arabia Saudí, ha sido el papel de Al Jazeera como medio de comunicación líder en el Mundo Árabe. Una cuestión que queda reflejada en la reacción por parte de la Casa Saud ante un documental sobre el fundador del Estado moderno saudí, Abdulaziz Ibn Saud, que provocaría la retirada del embajador de Doha, la capital de Qatar, en 2002. Una crisis que no sería resuelta hasta 2008 cuando se decidió no transmitir noticias perjudiciales para Arabia Saudí, tal y como denunciaron trabajadores de la cadena. En este contexto, para contrarrestar la hegemonía mediática de Al Jazeera, en  2003 el grupo saudí Middle East Broadcasting Center creó el canal Al-Arabiya, que en palabras de sus dirigentes, “no buscaba crear tensiones con sus países vecinos”, diferenciándose de la agenda de Al Jazeera que da voz a disidentes políticos.

Junto a estas dos fortalezas, una de las principales debilidades de Qatar es que debido a ser un país pequeño tiene dificultades para garantizar su propia seguridad. Debido a ello y ante el fuerte rechazo que generaba en sectores de la población la presencia de bases militares estadounidenses en Arabia Saudí, Qatar se ofreció para permitir su presencia.La base militar de Al Udeid, que cuenta con 10.000 efectivos, es muy importante porque coordina las operaciones aéreas de las intervenciones americanas en Oriente Medio. Pese a lo anterior, el campo militar también ha supuesto un punto de discordia entre Qatar y Arabia Saudí, pues Turquía también dispone de un base militar en suelo qatarí, algo que desagrada a las autoridades saudíes que se oponen al expansionismo militar turco en la región. En este sentido, cabe mencionar que Qatar y Turquía comparten su apoyo a los partidos islamistas y su intención de normalizar las relaciones con Irán. Así, el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, figura que ostenta el poder en el país, no ha dudado en considerar que “Turquía forma parte del triangulo del mal, junto a Irán y los partidos islamistas”.

La Primavera Islamista

El conjunto de protestas iniciadas en 2011 por todo el Mundo Árabe, conocido como “Primavera Árabe”, supuso una oportunidad de cambio y de esperanza para la población, al tiempo que una amenaza para los gobiernos autoritarios como el de Arabia Saudí. Así, ante el temor de que las protestas llegarán al país, el rey saudí Abdalá decidió hacer una fuerte inversión pública de 130.000 millones de dólares, mientras que los clérigos ofrecerían su apoyo a través de la aprobación de una fatwa que “defendía la necesidad de mantenerse unidos ante el liderazgo sabio y legítimo del rey”. Una cuestión que ayudó a la estabilidad del régimen pues ponía a los opositores como contrarios a Dios.

En cuanto al uso de la fuerza, su papel queda claramente reflejado en la violencia ejercida por parte del ejército saudí ante las protestas en Bahrein, una actuación que tenía como objetivo evitar la caída de esta monarquía y lanzar un mensaje de advertencia a la población saudí que quisiera protestar. En esta línea, la población chií del este de Arabia Saudí que reclamaba mejoras sociales, sufrió la represión de las fuerzas del Estado.

Contrariamente al caso saudí, Qatar recibió muy bien la Primavera Árabe. A diferencia de sus países vecinos, no temía el alzamiento de la población, gracias a una población autóctona pequeña que disfrutaba de una generosa distribución de la renta, lo que le permitió emprender una política exterior agresiva para ganar más influencia en la región. Aquí Al Jazeera tuvo un papel clave al actuar de vocero de la Primavera Árabe ante una gran audiencia, favoreciendo su popularización. Sin embargo, Al Jazeera no informó de la misma forma sobre todas las movilizaciones pues, por ejemplo, los sucesos en Bahréin fueron silenciados para no enfadar a las autoridades saudíes, lo que afectó a la reputación del medio.

Sería precisamente en el contexto de la Primavera Árabe cuando Qatar viraría el rumbo de su política internacional. Así, la intervención armada qatarí en Libia, apoyando a los rebeldes contrarios a Gadafi, se presentaría como un punto de inflexión en su política exterior. Se había pasado de abogar exclusivamente por medios vinculados al poder blando como la mediación y el papel de Al Jazeera, al uso de la fuerza militar. 

En este escenario, el principal punto de fricción entre Arabia Saudí y Qatar sería su relación con los actores islamistas. Las primeras elecciones producidas tras la Primavera Árabe tuvieron como resultado la victoria de los partidos islamistas, quienes aprovecharon su discurso religioso moderno, su imagen de partidos alejados del sistema, y su papel caritativo que consistía en ofrecer servicios y bienes sustituyendo a la inoperancia del Estado, para ganar el apoyo en sociedades muy creyentes. El Partido de Justicia y Desarrollo en Marruecos, el Partido Ennahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto, son ejemplos de partidos islamistas victoriosos.

El Gobierno qatarí no dudó en ver la victoria de los islamistas como una oportunidad para afianzar sus relaciones en la región con unos actores que estaban al alza. Así, empezó apoyar política y económicamente a los gobiernos islamistas. Aquí, cabe señalar que los vínculos entre Qatar y los Hermanos Musulmanes se remontan a los años 50, cuando se exiliaron en Qatar huyendo de la represión del dirigente egipcio Nasser, siendo los principales beneficios que ha proporcionado la presencia de los miembros de la Hermandad en Qatar, por un lado, el desarrollo de un sistema burocrático sin depender de los profesionales saudíes y, por otro, el establecimiento de relaciones con un actor muy importante en el Mundo Árabe post-Primavera Árabe.

Sin embargo, la llegada de los islamistas al poder – principalmente los Hermanos Musulmanes en Egipto – no fue bien recibida por Arabia Saudí debido a tres cuestiones fundamentales. En primer lugar, porque es un actor que tiene un discurso religioso y que puede llegar a cuestionar el liderazgo saudí en el mundo musulmán. En segundo lugar, los Hermanos Musulmanes creen en la democracia como forma para acceder al poder. Esto es un peligro para la Casa Saud, debido a que cuestiona su régimen autoritario para perpetuarse en el poder. En tercer y último lugar, el discurso de los islamistas basado en la unidad tanto de sunnitas como de chitas debilita el mensaje saudí del conflicto permanente en el seno del islam.

En línea con lo anterior, la normalización de las relaciones con Irán por parte del presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, fue un factor que empeoró las relaciones con Arabia Saudí. Las elites saudíes temían que una mayor cooperación Egipto-Irán, alejara a Egipto de la influencia saudí y que sirviera de ejemplo para otros países de la zona para mejorar sus relaciones con el país persa. Para ejemplificar su malestar con el gobierno egipcio, Arabia Saudí decidió dejar de proporcionar ayuda económica, una acción especialmente perjudicial si se tiene en cuenta que Egipto depende en gran medida de este tipo de ayuda debido su mala situación económica. En palabras del profesor egipcio de la universidad Americana del Cairo, Galal Amin, Egipto sufre una crisis económica causada por la reducción de la inversión extranjera y los beneficios del turismo, que han provocado una subida drástica del precio de los alimentos y del paro. Ante dicha actuación, Qatar empezó a dar el apoyo económico que Arabia Saudí había abandonado por discrepancias con la Hermandad.

El retorno de las tensiones entre Qatar y Arabia Saudí

A finales de 2013, Qatar se encontraba en una situación complicada. El Emir Hamad, el artífice de una política exterior muy ambiciosa, abdicaba en favor de su hijo, el jeque Tamim. Además, en Egipto habían caído los Hermanos Musulmanes tras un golpe de Estado de los militares apoyados por las monarquías del Golfo. En Túnez, la oposición liberal atacaba al gobierno islamista acusándolos de serviles a Qatar, mientras que en Libia, el apoyo a los islamistas por parte de Qatar era visto por sectores del país como una dificultad para la unidad nacional.

A pesar del alto coste político del apoyo a los Hermanos Musulmanes, las elites qataríes no dejaron de apoyarlos, tanto es así que buena parte de los miembros de la Hermandad que huyeron de Egipto, acabaron en Qatar. La mencionada continuidad del apoyo de Qatar a los Hermanos Musulmanes no gustó a Arabia Saudí, pues las elites saudíes seguían temiendo que en un futuro la Hermandad volviese a convertirse en una amenaza en la región. Basándose en lo anterior y con el fin de advertir a Qatar del alto coste político de sus alianzas, en marzo de 2014, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Bahréin, decidieron retirar sus embajadores del país.

La filtración de un documento secreto publicado por la CNN, muestra los motivos de la crisis diplomática. En noviembre de 2013 se reunieron en Riad los monarcas de Arabia Saudí, Kuwait y Qatar, donde debatieron sobre temas vinculados a la seguridad de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). De la reunión se acordó el denominado acuerdo de Riad, donde destacan tres puntos. En primer lugar, la no interferencia en los asuntos internos de los países del Golfo, no ayudar a grupos de oposición y no apoyar a los medios de comunicación antagónicos (referencia a Al Jazeera). En segundo lugar, no dar apoyo a los Hermanos Musulmanes u otras organizaciones que supongan una amenaza para la seguridad de los miembros del CCG.

Gráfico explicativo de las principales relaciones políticas mantenidas por los países de Oriente Próximo // Fuente: El País

Finalmente, a principios de septiembre de 2014, Qatar tomó la decisión que reclamaban Arabia Saudí y sus aliados del CCG, pedir que figuras importantes de la Hermandad abandonaran el país. Así, en noviembre de 2014 se ponía fin a la crisis y los países del Golfo enfrentados con Qatar volvieron a enviar a sus embajadores.

La llegada al poder del rey Salman en Arabia Saudí, trajo cambios a la política exterior. Tras la pérdida de presencia de los islamistas en la región con el golpe militar en Egipto, la guerra civil en Libia y la derrota electoral en Túnez, los islamistas ya no parecían una amenaza. El principal miedo era el ascenso de Irán y su papel en las guerras de Yemen y Siria. Además, tras la crisis de 2014,Qatar parecía que había abandonado su política pro-Hermanos Musulmanes y había dejado de usar Al Jazeera para criticar a los países del CCG y Egipto. Las visitas al reino de líderes islamistas como Jaled Meshal de Hamas (Palestina),  Rashid Ghannouchi de Ennahda (Túnez) y Hammam Saeed de los Hermanos Musulmanes de Jordania, eran síntoma de que el rey Salman había iniciado una política de acercamiento a los islamistas. Sin embargo, el estallido de una nueva crisis en verano de 2017 mostró que las diferencias con Qatar no se habían resuelto. Según cuenta el Doctor Kristian Coates, la llegada de Trump a la Casa Blanca fue un factor que volvió a desencadenar el conflicto. Así, mientras que la Administración Obama había tenido una postura neutral con su relación con los países del Golfo, el Gobierno de Trump ha mantenido mejores sintonías con Arabia Saudí y Emiratos Árabes debido a que comparten puntos de vista respecto Irán y los Hermanos Musulmanes, lo que explicaría el apoyo inicial de Estados Unidos al boicot contra Qatar. Asimismo, Mohamed bin Salman ha utilizado la disputa con Qatar para consolidar su apoyo interno. Los opositores al príncipe heredero saudí corrían el riesgo de ser considerados simpatizantes con la causa qatarí, forzándolos a mostrar un apoyo incondicional al nuevo líder del país.

El fracaso del boicot contra Qatar

El boicot contra Qatar ha tenido consecuencias económicas negativas para la economía qatarí que han llevado a que el Gobierno se vea obligado a inyectar cerca de 40.000 millones de dólares en su economía, mientras que la aerolínea estatal, Qatar Airways, sufre pérdidas por culpa de la prohibición de sobrevolar el espacio aéreo de los países boicoteadores, obligando a los aviones qataríes a realizar rutas más largas y costosas. Una cuestión fundamental si tenemos en cuenta que mencionada aerolínea permite conectar Doha con las principales ciudades del mundo -fomentando el turismo, la celebración de eventos deportivos y diversificar la economía-.

Alteraciones de los aviones qataríes debido al boicot // Fuente: Al Jazeera

Pese a lo anterior, los países impulsores del boicot han fracasado, pues no han conseguido que Qatar cumpla con las medidas impuestas. La cadena Al Jazeera no ha sido clausurada, todo lo contrario, ha sido muy activa criticando el papel de Arabia Saudí y Emiratos Árabes en la guerra del Yemen, así como denunciando la muerte de civiles por culpa de sus bombardeos.

Por otro lado, también  han fracasado en el campo del aprovisionamiento. Qatar es  un país desértico que importa el 90% de sus alimentos, entrando – antes del boicot – el 40% por la frontera con Arabia Saudí. Sin embargo, para hacer frente a la crisis alimentaria, Qatar ha contado con la ayuda de nuevos socios comerciales, principalmente Pakistán, Turquía e Irán, habiendo aumentado el comercio con este último un 117%. Por lo tanto, la necesidad de buscar nuevos mercados para importar productos ha empujado al país a incrementar sus relaciones económicas con Irán.

En cuanto a Turquía, esta ha reiterado su compromiso de mantener su base militar en Qatar y pretende desplegar hasta 3000 soldados. Aquí, la presencia militar turca y de los Estados Unidos podría ser la clave por la cual Arabia Saudí y Emiratos Árabes no invadieron el país. Según The Intercept, ambos países tenían intención de lanzar una ofensiva militar, pero la mediación del ex secretario de Estado de los EE.UU, Rex Tillerson, frustró el intento de invasión.

La neutralidad de las potencias europeas y de los Estados Unidos ha sido la clave que ha permitido a Qatar salir victoriosa de la crisis. A pesar del apoyo inicial de Trump al bloqueo contra Qatar, la decisión de las autoridades qataríes de ampliar la base de Al Udeid, para que se puedan alojar familiares de los soldados, y la compra de aviones de combate con valor de 12.000 millones de dólares, han ayudado a que Estados Unidos dejara de apoyar la postura saudí y se mantuviera neutral. Asimismo, el presidente americano ha agradecido recientemente el papel de Qatar en lucha contra el terrorismo, contradiciendo sus palabras vertidas contra el Gobierno qatarí solo unos meses atrás. Aquí radica uno de los principales motivos del fracaso de los instigadores del boicot, confiar ciegamente en el apoyo de Trump. Así, tras el cambio de posición de los Estados Unidos se hizo evidente la ausencia de un plan B, lo que ha llevado a que estos países lleguen a proponer medidas un tanto incongruentes como la construcción de un canal en la frontera Qatar-Arabia Saudí, para convertir a Qatar en una isla.

Con todo, resulta difícil pensar en una solución del conflicto a corto plazo, pues Qatar no renunciará a su política exterior independiente y las principales potencias no parecen interesadas en presionar para su consecución.

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El petróleo en la región MENA

El petróleo en la región MENA

Por Aitor Lekunberri

Durante las últimas décadas el petróleo se ha convertido en uno de los elementos centrales para comprender el mundo de las Relaciones Internacionales, por ser fuente de conflictos y tensiones geopolíticas. Un escenario en el que la región MENA (Oriente Medio y Norte de África) juega un papel crucial, al atesorar cuantiosas riquezas petroleras que han hecho de ella una zona de gran importancia geoestratégica.

En la actualidad, el debate energético de la región viene marcado por la ruptura del acuerdo nuclear con Irán y el afán de Estados Unidos por impedir las exportaciones de crudo de este país, lo que le ha llevado a amenazar con aplicar duras sanciones a aquellos países que compren petróleo a Teheran. En este contexto, se han producido reacciones como la reciente advertencia del presidente iraní Hasan Rohani de que podría responder interrumpiendo el suministro de petróleo de sus vecinos que recuerdan a momentos de tensión del pasado, como cuando el expresidente Mahmud Ahmadineyad amenazó con cerrar el estrecho de Ormuz – por el que transitan al día 17 millones de barriles de crudo y el 20% del petróleo mundial- ante las amenazas de sanciones vertidas por parte de Estados Unidos.

Lo anterior, se ha trasladado a los mercados internacionales en forma de amenaza, pues temen que si la tensión entre Estados Unidos e Irán va en aumento y la retórica se recrudece, se pueda producir un alza significativa en el precio del crudo. Partiendo del crucial momento en el que se encuentra el debate energético, el  presente artículo se adentra en el análisis de los cambios recientes, atendiendo para ello a la historia y evolución del mercado del petróleo de algunos de los principales productores de crudo de la región.

Nacimiento y consolidación de la OPEP: breves apuntes históricos

En la actualidad los países miembros de la OPEP atesoran más de las tres cuartas partes de las reservas probadas de crudo del mundo, siendo especialmente relevante el peso de la región MENA, pues en este espacio se concentran el 70% de las reservas del conjunto de la OPEP.

Hasta su fundación en 1960, la industria petrolera internacional estaba sometida a los designios de las denominadas “Siete Hermanas”, un cártel de siete empresas occidentales que dominaban el mercado petrolero: las estadounidenses Standard Oil of New Jersey (Esso), Mobil, Texaco, Chevron y Gulf Oil Corporation; la británica Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) – más adelante conocida como British Petroleum (BP); y la holandesa Royal Dutch Shell.

Fruto de lo anterior, durante la primera década (1960 -1970), el objetivo central de la OPEP fue reafirmar políticamente los derechos de los países productores. Así, tal y como señala Alejandro López, los países productores tenían muy poco poder sobre las empresas petroleras internacionales, y el malestar entre los gobiernos de los países productores con respecto al comportamiento desleal de estas empresas impulsó la creación de poderosas empresas petroleras estatales o nacionales.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) es una organización internacional fundada en Bagdad (Irak) en 1960 como fruto de la voluntad de sus cinco países fundadores – Arabia Saudita, Kuwait, Irán, Irak y Venezuela – de fijar un nivel de precios justos para sus exportaciones de crudo.

Principales países extractores de petróleo// Fuene: El Orden Mundial

Así, la mayor parte de los países productores decidieron, por un lado, impulsar políticas de soberanía económica procediendo a nacionalizar el petróleo y tratando de convertir a este recurso en un motor del desarrollo económico nacional; y, por otro lado, establecer mecanismos de cooperación para defender el precio del crudo de los vaivenes del mercado internacional.

Historia y funciones de la OPEP/Fuente: rian.ru

 

El petróleo en diversos países de la región MENA

Diversos países de la región MENA se caracterizan por poseer abundantes reservas de petróleo. En primer lugar, destaca Arabia Saudí, uno de los actores fundamentales de la OPEP que atesora reservas estimadas en 267 mil millones de barriles, siendo el país de la región MENA con mayores reservas de crudo y el segundo a escala internacional, sólo superado por Venezuela.

Con todo, Riad se presenta como el mayor exportador mundial de petróleo, y durante sus últimas décadas su política energética ha estado muy vinculada con la alianza con Estados Unidos forjada durante la Segunda Guerra Mundial, por la cual Arabia Saudí se comprometió a abastecer de petróleo a Estados Unidos de forma preferente a cambio del apoyo político, económico y militar.

Los principales países exportadores de petróleo// Fuente: Statista

Siendo este un país con tales características, sirve como ejemplo para comprender el papel del petróleo en los países productores. Así, si bien lo anterior permite entender el peso de este recurso en el plano geopolítico, otras acciones facilitan la comprensión de su papel en el ámbito doméstico. En este sentido, en Arabia Saudí se encuentra Aramco, la mayor empresa petrolera del mundo cuya producción diaria supera los 10 millones de barriles. Una empresa de carácter estatal, de la cual el gobierno saudí ha anunciado la salida a bolsa del 5 por ciento de sus acciones, con lo que el reino espera obtener más de 100.000 millones de dólares. Esta inyección de liquidez, junto a las políticas de recuperación del precio del crudo, forman parte de la iniciativa del país para impulsar la Visión 2030, un plan de reforma económica que ha sido promovido por el príncipe heredero Mohammed bin Salman. 

En el ámbito regional, el liderazgo saudí en materia energética es contestado por Irán -su archienemigo en la región-, país que cuenta con reservas de petróleo estimadas en 136 mil millones de barriles – las terceras mayores del mundo-, y una producción diaria que asciende a más de 3,8 millones de barriles.

Durante los últimos años, Teherán ha exportado en torno a 2’6 millones de barriles, siendo el tercer mayor exportador de crudo de la OPEP. A este hecho ha contribuido el acuerdo nuclear de 2015 alcanzado entre Irán, EE UU, Francia, Reino Unido, China, Rusia, Alemania y la UE, en virtud del cual se produjo un levantamiento de las sanciones económicas a Teherán a cambio de que el régimen iraní abandonase su programa de armas nucleares.

Exportaciones de petróleo de Irán // Fuente: Stratfor

Por su parte, Irak constituye un Estado con un volumen de reservas de petróleo de 153.000 millones de barriles, siendo el segundo mayor productor dentro de la OPEP después de Arabia Saudí. En la actualidad, tras haber sufrido décadas de conflicto, el país está tratando de explotar sus reservas petroleras con el apoyo de empresas extranjeras. Para algunos analistas, el verdadero motivo tras la intervención militar liderada por Estados Unidos y Gran Bretaña en 2003 era la toma del control del petróleo iraquí, siendo Irak el segundo mayor productor de la OPEP tras Arabia Saudí.

Es destacable, por otra parte, la lucha interna por el control del recurso, especialmente fuerte en la ciudad petrolera de Kirkuk, que está en disputa entre el gobierno central y el regional de Kurdistán, y que fue tomada por el ejército iraquí en octubre del pasado año. 

Respecto a Qatar, la economía de este Estado también es sumamente dependiente de las exportaciones de hidrocarburos. Independiente de Reino Unido desde el año 1971, el Estado qatarí se transformó radicalmente a partir del descubrimiento de inmensos yacimientos petrolíferos a mediados del siglo XX, pasando de ser un país con una estructura social y económica basada en el pastoreo a configurarse como un Estado rentista y pasar a poseer la renta per cápita más alta del mundo.

Por último, resaltaremos el caso de Argelia por ser el mayor productor y el principal exportador de gas natural en el continente africano. Tras la caída de precios de los hidrocarburos a partir del año 2014, la economía argelina experimentó una profunda crisis, al tratarse de un país en el cual el 95% de los ingresos por exportación depende de los hidrocarburos y el 40% de su Producto Interior Bruto (PIB) está basado en la industria del petróleo y del gas.

 

Países más ricos 2017 // Fuente: Bussiness Insider

Tal y como señala Pablo Moral, el gas y el petróleo en Argelia han sido los pilares fundamentales sobre los que se ha basado la economía del país desde su independencia en 1962 y, muy especialmente, desde la nacionalización del sector en 1971. Su política energética ha estado muy ligada a la empresa nacional Sonatrach, creada en 1963 y encargada de la explotación y comercialización de los hidrocarburos del país en sus diferentes fases: exploración, extracción, transporte y refinación.

El rentismo petrolero y los cambios en el mercado energético internacional

Los países árabes productores de petróleo se han configurado como Estados rentistas, cimentando economías dependientes de la exportación de recursos energéticos, principalmente petrolíferos y gasíferos. Tal y como indican Aurèlia Mañé Estrada y Carmen de la Cámara Arilla, entre las principales características del Estado rentista destacan:

  1. La dependencia de la economía nacional en la exportación de un recurso
  2. La utilización por parte de los gobernantes de las rentas obtenidas de la venta del petróleo para proveer servicios y bienes a la población con el fin de legitimar el régimen político.
  3. El fuerte peso de los recursos fósiles en la economía, que condiciona mucho la economía nacional, poniendo trabas al desarrollo de otros sectores económicos y dependiendo mucho de las importaciones.

En un mundo cada vez más globalizado e interrelacionado como el actual, la oscilación de los precios del petróleo guarda una estrecha relación con la situación política interna de los diferentes países productores.  Durante los últimos años se han producido cambios sustanciales en el mercado de los hidrocarburos que están incidiendo en la creciente pérdida de poder de aquellos. Ejemplo de ello es la pronunciada caída de los precios del crudo a partir del año 2014 causada, por un lado, por la reducción de la demanda global de petróleo en un contexto de recesión económica; y, por otro, por el aumento de la oferta fruto de nuevas tecnologías de extracción de crudo como la denominada fractura hidráulica o fracking, que está permitiendo extraer petróleo de esquisto a un coste reducido y aumentar así la oferta mundial con la consecuente disminución del precio.

La caída de la renta petrolera ha afectado la capacidad de los países productores de mantener sus elevados índices de gasto social, enfrentando sus gobernantes crecientes dificultades para mantener las políticas asistencialistas.

El petróleo iraní como eje del rumbo que tomará la región

La situación de los países de la OPEP se ha visto afectada durante los últimos años por diversos factores. Por un lado, la fracturación hidráulica o fracking hizo aumentar a partir de 2014 la oferta de petróleo en el mercado, con la consiguiente reducción de precios. Con el aumento de producción de competidores como EEUU, Canadá o Brasil, la OPEP vio amenazada su hegemonía y respondió con más bombeo hasta situar los precios por debajo de los 40 dólares el barril, con la esperanza de provocar el colapso de la nueva industria, que necesitaba mayor inversión para hacer rentable la extracción de crudo.

Precio del petróleo en $ // Fuente: Statista

Por otro lado, la decisión de Donald Trump de retirarse unilateralmente del acuerdo nuclear firmado en 2015 ha abierto un nuevo escenario de incertidumbre, propiciando un aumento de los precios del crudo hasta niveles máximos desde 2014. Esta ruptura del acuerdo nuclear ha puesto encima de la mesa el clima de división existente en el seno de la OPEP, marcado por la histórica disputa entre Riad y Teheran por la hegemonía de la región.

En la actualidad, Estados Unidos está presionando a sus aliados para que reduzcan a «cero» sus compras de petróleo a Irán antes del 4 de noviembre, fecha en la que entrarán en vigor las sanciones contra Teherán tras la ruptura del acuerdo nuclear anunciada en mayo. Además, durante las últimas semanas, el presidente Donald Trump ha criticado a los miembros de la OPEP, acusándoles de hacer subir los precios de la gasolina e instándoles a reducirlos.

La política norteamericana hacia Irán ha contado con el firme respaldo de Arabia Saudí, país partidario de colaborar en el acoso económico a Teheran, su archienemigo en la región. Sin embargo, a Riad le preocupa que un descenso acusado en el precio del barril pueda afectar a su déficit presupuestario y a la eventual salida a bolsa de la empresa estatal Aramco.

En definitiva, la situación en la región está marcada por el temor a que el petróleo iraní vuelva a ser declarado proscrito en la economía mundial. La inestabilidad presente está perjudicando también a los países europeos, dado que Europa importa en torno a 500 mil barriles diarios desde Irán. En este contexto, países como Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania han mostrado su apoyo al derecho de Irán a exportar petróleo y han anunciado que continuarán promoviendo inversiones y comercio con el país persa.

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Energía y Geoestrategia 2018

Energía y Geoestrategia 2018

Por Airy Domínguez Teruel

#ENERGEO18

Basándose en el sabido peso de la energía en la esfera de la política internacional, así como en la importancia del binomio Energía/Geoestrategia, el pasado día 29 de mayo el Instituto Español de Estudios Estratégicos, el Comité Español del Consejo Mundial de la Energía y el Club Español de la Energía presentaban en el campus de Repsol (Madrid) Energía y geoestrategia 2018. Un informe que en palabras del General Miguel Ángel Ballesteros “favorece el conocimiento y la concienciación ciudadana tanto a nivel energético como en temas de geopolítica”.

La quinta edición de Energía y geoestrategia pone el foco sobre cuatro áreas geográficas, a saber, Rusia, Turquía, India y Sahel. Estas son analizadas por una serie de expertos de carácter multidisciplinar entre los que se encuentran Beatriz Mesa, Lara Lázaro, Melike Janine Sökmen, Eduard Soler i Lecha, José Pardo de Santayana, Sunjoy Joshi y Lydia Powell. Todos ellos coordinados por el Ex Ministro de Industria y Energía Claudio Aranzadi. Junto a lo anterior, este libro incluye una entrevista con el responsable de la política energética en la Unión Europea, el comisario de Medio Ambiente y Energía Arias Cañete.

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El transcurso del evento estuvo marcado por dos cuestiones fundamentales: el incremento de la incertidumbre y el aumento riesgo geopolítico en el campo energético dictados por la actualidad. Así, la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y la consiguiente salida del país de dos acuerdos internacionales estratégicos, el acuerdo nuclear con Irán y el Acuerdo de París, se hicieron con el protagonismo del encuentro. Lo anterior debido a que ambas iniciativas del ejecutivo norteamericano aumentan el riesgo en el escenario estratégico, refutando su papel de primera potencia mundial. Al mismo tiempo, estas acciones han permitido el traslado de la incertidumbre ante la elección del nuevo presidente y el cumplimento de sus promesas electorales, a la incertidumbre respecto a las consecuencias de sus acciones.

Junto a este eje central se tratarán otras cuestiones como el acelerado crecimiento chino – especialmente en el campo tecnológico – sus consecuencias y su posicionamiento como líder mundial en tecnologías bajas en carbono ; el papel de Rusia como potencia; la situación de inseguridad el Sahel; y el papel de India y Turquía en el tablero de la geopolítica. Todo ello con la energía en Europa, especialmente España, como punto de referencia para el análisis.

Tras las presentaciones y el análisis ofrecido por Antonio Brufau Niubó, Íñigo Díaz de Espada, Miguel Antoñanzas Alvear y Arturi Romani, el coordinador de Energía y Geoestratégia, Claudio Aranzadi, dio paso a las intervenciones de los autores del libro. De este modo, los expertos presentarían brevemente el contenido de sus respectivos capítulos, incitando a las más de cuatrocientas personas presentes en la sala a leer el informe. Posteriormente, se daría paso a un turno de preguntas que permitía la participación de los asistentes.

La intervención de los expertos empezaba con la investigadora del Real Instituto El Cano Lara Lázaro, quien durante su exposición transmitió la importancia de la cuestión climática. En este sentido, incidía en la preocupación que suscita el cambio climático en los ciudadanos europeos, así como su demanda de acción climática. Al mismo tiempo apuntaba que, pese a las notables diferencias entre países, el cambio climático se presenta como el tercer problema más grave a nivel mundial tras el terrorismo internacional, la pobreza, el hambre y la falta de acceso al agua potable. Asimismo, recordaba que constituye la principal preocupación de seguridad internacional según el Real Instituto El Cano.

Junto a lo anterior, la investigadora alertaba de la gravedad de alejarse del cumplimiento de los compromisos climáticos del nuevo modelo de desarrollo, al tiempo que denunciaba la falta de interés de las potencias por la reducción de la temperatura media. Sin embargo, no todo eran malas noticias, pues mostraba cierto optimismo al referirse a acciones importantes como el planteamiento de crear una sociedad ecológica nacido en China el pasado 2013.

Refiriéndose al abandono del Tratado de París por parte de EEUU, afirmaba que es la segunda vez que el país lleva a un default climático – refiriéndose con ello al Protocolo de Kioto -. Pese a ello, Lázaro volvía a mostrar optimismo al referirse, entre otras cuestiones, al hecho de que la decisión de EEUU se anunciase en 2016 y no en 2009 así como a la disminución del coste de las renovables y la consiguiente minimización del “daño” de la decisión. 

Por su parte, el coronel José Pardo de Santayana se centraba en el papel de la diplomacia rusa dentro del panorama geoestratégico. Aquí, destacó el control estatal sobre las empresas energéticas del país y su utilización para favorecer sus intereses geoestratégicos en Oriente Medio. Así, recurría a explicar la relación de Rusia con Irán, y su aparentemente incongruente relación paralela con Israel y Arabia Saudí.

Respecto a las motivaciones tras la política seguida por el país, Pardo señalaba que Rusia persigue reivindicar y asentar su papel de potencia, así como la implantación de un modelo multipolar en el que se vería favorecido. En este sentido, minutos más tarde el coronel se referirá a la intervención rusa en Siria asegurando que ha sido determinante para otorgar a Rusia -con Alepo y lo que le sucede- la categoría de héroe, de garante del orden en la región.

Por otra parte, relacionaba el país con Europa apuntando que debido a que en torno a 2/3 del mercado energético ruso depende de las exportaciones a Europa, esta se presenta como una región de gran importancia. Según Pardo de Santayana, Rusia estaría focalizada en Oriente Medio, buscando no sólo financiación, sino una vía para evitar las sanciones tecnológicas. Así, perseguiría evitar que Oriente Medio se presente como alternativa al gas ruso que llega a Europa. Por último, estarían los intereses económicos. Con todo, el autor recalcaba que el objetivo último del país no es sino la defensa de su rango de potencia y la alteración del orden hegemónico.

La cuestión de Turquía era tratada por Eduard Soler i Lecha, investigador del CIDOB. Éste explicó cómo las sanciones a Irán suponen una mala noticia para el país debido a una serie de cuestiones fundamentales, a saber, por hacerlo más dependiente de Rusia; por las posibles tensiones con EEUU fruto fundamentalmente de la imposición o no de sanciones a Irán; el aumento de la factura energética y el riesgo político-económico de cara a las próximas elecciones del día 24 de junio. Con todo el investigador defiende que la sensación del país es la de estar aproximándose a una situación crítica. En este sentido, advertía que la retirada de EEUU desde una perspectiva histórica perjudica política y económicamente al dar fuerza a sus aliados en la región, es decir, alimenta la valentía de Arabia Saudí, Emiratos Árabes e Israel.

Respecto a la colaboración entre la Unión Europea y Turquía en el sector energético, el experto aseguraba que se trata de uno de los ámbitos menos complicados. Así, defendía que la posibilidad de colaborar existe incluso ante los baches políticos. En este sentido apuntaba que para Turquía la relación con la UE es necesaria, pero que está la cuestión del interés europeo respecto a las sanciones a Irán.

Por último, destacaba que la voluntad turca de ser líder regional palpable en la retórica de 2012-2013 se vio disminuida ya en 2013, dándose un reajuste de la opinión regional respecto a ella.

Por su parte, la Doctora Beatriz Mesa García nos trasladaba al terreno de la (in)seguridad en la región del Sahel, entendiéndola como una cuestión clave dentro de la esfera del binomio energía/geoestrategia. En este sentido, abría su intervención afirmando la imposibilidad de un desarrollo energético sin un contexto de seguridad estable. En este sentido, se refería al significativo empeoramiento de la situación en la región del Sahel a pesar de la presencia de las tropas francesas, de los cascos azules de la MINUSMA, anterior al conflicto de 2013, y de los Estados Unidos a través de diferentes programas militares en el contexto de prevención del terrorismo. Alertaba así de que cinco años después nos encontramos con más tensión, más crisis, más inseguridad.

"No puede haber desarrollo energético sin un contexto de seguridad estable"

En línea con lo anterior, la experta apuntaba a la imposibilidad de una solución centrada únicamente en la vía militar, debido fundamentalmente a la capacidad que han tenido los actores no estatales de armase económicamente y militarmente consiguiendo incluso una cierta legitimidad popular, y convirtiéndose en rivales de los Estados del Sahel – débiles, con instituciones frágiles, absorbidas por la corrupción, con cuerpos y fuerzas de la seguridad limitados, etc. –

Si bien el yihadismo era clave en su exposición, la académica se esforzaba en resaltar la existencia de otras inseguridades en la región, como puede ser la alimentaria, y el levantamiento – por medio de la fuerza- de ciertos grupos como nuevo motor económico que funciona como alternativa: la economía criminal.

Basándose en lo anterior concluía que el problema no se reduce a la cuestión del yihadismo o secesionismo, ni a la literatura de una radicalización de las poblaciones sahelianas. Definía así el “problema” como violencia radical – separándola de la connotación religiosa – y destacaba el carácter multifactorial de la inestabilidad existente en la región.

Por otra parte, Mesa denunciaba la visión extremadamente occidental del análisis hegemónico, y en un esfuerzo basado en su andadura por el terreno nos invitaba a ponernos las lentes de aquellos que se encuentran a la otra orilla y a ver el carácter multidimensional de lo que ocurre en la región. A comprender la situación que vive el Sahel como batalla; guerra de grupos tribales; grupos armados, actores internacionales; regionales; etc. Destacando asimismo la importancia del papel jugado por Turquía, Rusia y Arabia Saudí.

Respecto a las relaciones de Europa con la región invitaba a valorar la idea de Marruecos como amigo de España y conductor hacia esta zona. Asimismo, apuntaba al miedo de Europa frente al continente africano como uno de los principales impedimentos para su aproximación al Sahel y, por consiguiente, para su competencia frente al gigante chino – cuya relación con las regiones del Sahel se está estrechando-. Así, para garantizar avances proponía disminuir el miedo y superar la barrera de inseguridad jurídica.

Junto a estas exposiciones Lidia Powell se refería al caso de India, su acusada dependencia del carbón y su iniciada transición de una política enfocada a aumentar la calidad de recursos energéticos, a su intento por mejorar la calidad de los mismos. Una cuestión que sin embargo no se muestra como prioritaria frente a otras como el progreso económico o la justicia social. De igual modo, la experta atendía a otros temas como el enorme reto económico que supone para la India la persecución del bajo carbono en el contexto de la viabilidad comercial del sector eléctrico indio.

Finalmente, tras las intervenciones, el General de la Brigada de Artillería y director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Miguel Ángel Ballesteros y Claudio Aranzadi ofrecerían un balance final, dando paso a la entrega de un ejemplar de la obra del que vosotros podéis disfrutar en el siguiente enlace:

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/cuadernos/Energia_y_geoestrategia_2018_.pdf 

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