La comunidad negra en Marruecos a través de los Gnawa

La comunidad negra en Marruecos a través de los Gnawa

Por Airy Domínguez

Comunidad gnawa en Khamlia// Fuente: viajandomarruecos

Tradicionalmente asociado con una identidad árabe, Marruecos se caracteriza por poseer una heterogeneidad étnica y lingüística. Sin embargo, la plurinacionalidad del Estado no fue oficialmente reconocida hasta 2011, con la reforma constitucional del 1 de julio que fue empujada por las turbulencias sociales que atravesaba el país. Este país es el que mayor número de amazigófonos (hablantes del tamazight) acoge en su seno. Más conocidos como bereberes, los imazighen (plural de amazigh) son los pobladores originales del norte de África y sus descendientes y su lengua es el tamazight.

Según el censo oficial de 2004, el 90% de la población habla árabe mientras que el 28% de la población marroquí es amazigófona, pero las estimaciones de aquellos que luchan a favor de este colectivo afirman que más del 50% de la población marroquí habla amazigh, una cifra que podría ser incluso superior. Junto a árabes y imazighen se encuentran otras minorías étnicas, unos 90.000 saharauis y los gnawa, entre otros.

Distribución de los principales grupos etnolingüísticos en Marruecos. Fuente Joshua Project

La etnia negra de los gnawa es mundialmente conocida por su protagonismo en el festival musical internacional de Essaouira. Sin embargo, si nos adentramos en esta peculiar comunidad vemos que su historia ha sido tradicionalmente marginalizada en Marruecos, probablemente debido a su estrecha relación con la esclavitud. A finales del siglo XVI, la compra de esclavos y cautivos de guerra de las áreas de Europa empezó a descender, de modo que los países musulmanes del norte de África decidieron girar la vista hacia el África subsahariana, provocando un aumento del flujo de tráfico de personas a través del Sahara, que ya se venía dando desde el siglo XI y que se extendió hasta el siglo XIX. Estos esclavos fueron designados como Abid o Sudan en el caso árabe y como Haratin, Ismgan y Gnawa, en tamazight.

Lingüísticamente, se cree que “gnawa” deriva de la palabra bereber “gnawi”, que está asociada al color de la piel y significa “hombre negro”. Sin embargo, hay quienes afirman que la palabra “gnawa” nace del bereber gnawen, agnaw en plural, que significa “mudo” y era el nombre con el que se designaba en Marruecos a los esclavos negros procedentes del áfrica subsahariana. Esto responde a que las lenguas que hablaban estos colectivos resultaban incomprensibles tanto para arabófonos como berberófonos. En el caso de España, la palabra gnawa quedó registrada ya en el siglo XII, en el Diean (Cancionero) del poeta andalusí Ibn Quzman.

Enmarcado en un periodo de luchas territoriales, uno de los aspectos más destacados de estas comunidades esclavas es su vinculación con las fuerzas armadas de los sultanes. Los almorávides fueron la primera dinastía gobernante en Marruecos que recurrió a la utilización de un gran número de esclavos para engrosar las filas de su ejército. Fue precisamente durante este periodo, cuando el gobernante Yusuf Ibn Tashfin compró un grupo de esclavos negros y los envió a al-Andalus. Estas tropas adicionales permitieron que los almorávides derrotaran a Alfonso VI de Castilla en la Batalla de Zallaqa (1086), donde participaron 4.000 soldados negros.

La siguiente dinastía en recurrir a ellos sería la de los almohades. Estos contaron con una guarnición privada de soldados negros – guardias reales fundamentalmente – cuyas filas llegaron a contar con 30.000 soldados durante el gobierno de Muhammad an-Nasir. Fue precisamente en este periodo cuando se institucionalizó el reclutamiento de esclavos negros en el gobierno. Entonces este grupo pasó a ser designado como ‘Abid al-Makhzen, es decir, “sirvientes del gobierno”. 

La dinastía Saadi fue la tercera en emplear un gran ejército de esclavos de etnia negra.  Mawlay al-Mansur ordenó la invasión del imperio Songhay, en el actual Mali, en el año 1591. Ello brindó a Marruecos la posibilidad de tener un acceso directo a la adquisición de esclavos en la zona, los cuales, una vez más, fueron utilizados fundamentalmente con fines militares.

Gobernantes marroquíes desde la dinastía Idris a la Alauita

El reclutamiento de regimientos de personas de etnia negra llegó a un punto álgido a finales del siglo XVII, cuando Mawlay Isma’il dio órdenes de esclavizar a todas las personas negras, incluso a las que gozaban de libertad, para crear su propio ejército. Aún así, el mayor número de hombres, mujeres y niños esclavizados data del siglo XIX, cuando se cree que entraron en Marruecos unos 20.000 esclavos del África Occidental anualmente.  

Además de la utilización de los esclavos negros como filas del ejército, a estos se les asignaron numerosas ocupaciones, incluidas tareas en las casas, granjas, minas, oasis y puertos. Aquí, había una distinción entre las tareas asignadas a mujeres y hombres. Las esclavas se encargaban de las tareas domésticas o eran concubinas de la clase acomodada, mientras que ellos eran principalmente hombres y trabajaban en la agricultura.

De manera progresiva la población negra de esclavos fue alcanzando la libertad, ya fuese debido a su emancipación, su huída, o porque sus amos se vieron obligados a otorgarles libertad bajo diferentes circunstancias. Tras muchas generaciones, estos esclavos fueron liberados eventualmente y crearon sus propias familias y comunidades, como las de la orden mística gnawa. Hoy encontramos concentraciones importantes de comunidad negra en ciudades como Marrakech y Essaouira, precisamente porque en su día fueron mercados de esclavos importantes que estaban conectados con la ruta trans-sahariana.

Sin embargo, no todos los negros en Marruecos fueron esclavos originarios de África occidental, pues algunos eran nativos del sur del país. Hay académicos que sugieren que los grupos de personas de etnia negra eran indígenas del valle de Draa, además de agricultores sedentarios. Según estos estudios, con el avance de los romanos hacia el interior de Marruecos  (siglo III a. C.), los bereberes, que habitaban en las zonas costeras del Magreb del norte de África, podrían haber sido obligados a ir hacia el sur y competir con la población negra que habitaba en los oasis de Draa, dando lugar a una relación interdependiente o clientelar con los negros, en la que los bereberes asumieron el papel de patrón.

El fin de la esclavitud llegó a Marruecos con la conquista francesa del África saheliana y el consiguiente cierre de las principales rutas del comercio de esclavos. El descenso de la esclavitud supuso la construcción de comunidades propias por parte de aquellos que habían sido esclavizados, es aquí donde podemos situar a los gnawa.  

Espiritualidad y vida religiosa

Históricamente los gnawa han sufrido discriminación por parte de la mayoría arabo-bereber en las regiones en las que habitan, fundamentalmente debido a que se trata de una orden espiritual dentro de la sociedad islámica marroquí. No obstante, a pesar de la extendida marginalización de sus inusuales ritos religiosos, ceremonias y prácticas musicales, los gnawa han encontrado legitimación de su identidad cultural en las regiones y sociedades que habitan. Así, hoy no resulta complicado encontrar relaciones de cordialidad entre las distintas etnias, que incluso se prestan a colaborar en pro de intereses comunes como es el caso del turismo en el pueblo de Khamlia.  

A nivel espiritual, los gnawa poseen una vida religiosa activa y para ellos resulta crucial la creencia en la posesión y el trance. Estas son tradiciones animistas que, a pesar de la adopción del islam por el grupo, no han sido abandonadas sino que han combinado las creencias de esta religión con las tradiciones africanas pre-islámicas. Este grupo lleva a cabo tanto ceremonias grupales iniciadoras como terapéuticas, donde la música se presenta como protagonista para alcanzar el estado de trance. Estas ceremonias o rituales reciben el nombre de Lila (noche en árabe) y, como su propio nombre indica, se llevan a cabo durante toda la noche.

LA CEREMONIA

Suele tener lugar en el interior de una casa, santuario o centro de una familia o grupo gnawa. La primera parte de la lila se llama al-‘ada y es una especie de calentamiento que se acompaña con dátiles, leche, velas e incienso y está normalmente reservada para mujeres. Luego sigue lo que se conoce como Kuyu o Awlad Bambara, que empieza con la invocación de bendiciones sobre el Profeta Mahoma. Después viene ftuh ar-rahba, un ritual crucial que prepara el escenario para el mluk o entidades supranaturales. La ceremonia gnawa tradicional cuenta con siete secciones, cada una de las cuales representa a siete santos o espíritus ancestrales. Además, cada sección es asociada con un color particular, cada uno de los cuales simboliza una función determinada en la naturaleza y el mundo espiritual.

Para más información véase CONSTRUCTING A DIASPORIC IDENTITY: TRACING THE ORIGINS OF THE GNAWA SPIRITUAL GROUP IN MOROCCO y Hunters, Sufis, soldiers, and minstrels: The diaspora aesthetics of the Moroccan Gnawa

Otra de las creencias de este grupo étnico es que las desgracias raramente son accidentales, por lo que se inclinan a pensar que son causadas por espíritus malignos. Aquí, a través de sus ceremonias musicales y del estado de trance, buscan curar la locura y liberar a sus víctimas de las malas influencias. Es por ello que mucha gente busca la intercesión de los gnawa para solucionar diversos problemas (depresión, infertilidad, enfermedades, etc.) e incluso para preservar su buena suerte.

Con sus prácticas, la comunidad gnawa ofrece un ejemplo de cómo la gente reconstruye su identidad contra la ruptura de la continuidad cultural. Estas ceremonias les permiten, en cierto modo, escaparse de las identidades socialmente construidas, resultado de siglos de aculturación en la sociedad marroquí a la que llegaron como migrantes forzados, para personarse de nuevo como gente espiritualmente construida, independientemente de su identidad social en el mundo. Aún así, este carácter místico-espiritual de la comunidad gnawa no queda aislado del islam, pues esta religión ha penetrado en ellos al igual que en el resto de comunidades de la región.

Tras convertirse al islam, los gnawa adoptaron a Bilal como su predecesor y santo patrón. Esta fue la primera persona negra en convertirse al islam y en ser compañero del Profeta. Originario de Etiopía, nació en la esclavitud y se convirtió al islam cuando aún estaba en cautividad, llegando a ser torturado por su maestro debido a su conversión. Cuando un amigo cercano del Profeta, Abu Bakr as-Siddiq, escuchó del valor de Bilal, lo compró para liberarlo en nombre del Islam, y este pasó a convertirse en el asistente personal de Mahoma. Fue el primer muezzin (almuédano) de la comunidad islámica establecida en Medina. Una relación con el profeta que le dio a Bilal Bakara

Entendidos como una cultura de la diáspora existen paralelos artísticos y espirituales entre los gnawa y otros grupos negros espirituales en África como los stambouli en Túnez, los sambani en Libia, los bilali en Argelia, el culto Zar en Sudán y Bori entre los Hausa del norte de Nigeria y Níger. Hoy gran parte de esta comunidad parece estar perfectamente asentada en Marruecos, como muestra su falta de deseo de volver a su tierra ancestral y podría decirse que su diáspora está construida positivamente en torno al derecho de pertenencia a la cultura del islam. En esta línea, la posesión del espíritu Gnawa se basa y crea un parentesco con el sufismo. Este movimiento espiritual, que se encuentra muy implantado en Marruecos, supone una manifestación del islam caracterizada por su interpretación mística de la fe y un marcado carácter individualista. Se trata de una corriente que se encuentra muy apegada a las tradiciones populares, y que choca con el salafismo.  

Es precisamente la popularidad de estas cofradías sufíes la que ha permitido que las prácticas de los gnawa, con elementos un tanto alejados del islam, no sean perseguidas. Ambas corrientes comparten elementos de las prácticas de adoración Sufi en la utilización de la música y el movimiento. Por ejemplo, tienen características afines con órdenes sufíes marroquíes populares como Hamadsha, Aissaoua y Jilala, cuyas ceremonias también usan música para inducir a la posesión por parte de los espíritus e incluyen actos propios de las ceremonias de los Gnawa, como cortarse con un cuchillo pero no perforar la piel. Sin embargo, esto no significa que no haya diferencias. Por ejemplo, mientras que los grupos sufíes se reúnen para alabar a Dios y al profeta, aspirando al tawhid, o unidad con la divinidad, los gnawa y sus seguidores se reúnen para propiciar a los espíritus y sanar a los poseídos, mientras que alaban a Dios y su Mensajero, el profeta Mahoma. Además, los espíritus Gnawa no solo tienen su origen en el África subsahariana, sino que también están inspirados en el sufismo marroquí.

La música gnawa

La música gnawa ha cumplido y cumple una función importante en el campo espiritual, pues se encuentra muy vinculada a sus rituales religiosos, así como a sus recuerdos históricos y culturales. Ella encarna estos recuerdos, que son celebrados e invocados en canciones, bailes y cantos musicales, con el fin de emplearlos como el medio para acceder al reino espiritual.

Al igual que en la forma de vida y en la cultura de este grupo, su música deja ver la evidente conexión entre elementos propios de la música árabe del Norte y aquellos pertenecientes a la herencia subsahariana. En este sentido, sus ceremonias adquieren una especificidad musical en la que el misticismo sufí se fusiona con los ritmos del África Occidental pre-islámica. Además, aunque las lenguas vehiculares de los músicos gnawa de hoy día son el árabe y el bereber, en sus letras todavía sobreviven algunas palabras y frases religiosas de África occidental.

Este no es un estilo monolítico y uniforme. Dentro de ella destacan fundamentalmente dos estilos, por un lado, aquellos localizados en los centros de poder, por otro, los de los ámbitos rurales, que cuentan con una mayor influencia del folklore bereber. Diversos estilos como el Marsaui (en referencia al puerto de Essaouira), Shalhaui (Bereber) o Shamali (del Norte) se diferencian de acuerdo a las tradiciones locales, los dialectos o la composición musical.

Los gnawa han creado un género musical en Marruecos que les permite hacer frente a su tradicional lugar en el país. Si bien originariamente estos recurrían a la música y al baile para expresarse y curar el dolor, hoy esto parece haberse convertido en un género propio que ha entrado en el mercado internacional. A partir de la década de los 60, la música gnawa empezó a cambiar de contexto, transitando de su tradicional carácter ritual a los escenarios. Poco a poco su marca aumentó visibilidad hasta el punto de que en 1998 recibió el mayor reconocimiento con la creación del Festival de Essaouira donde se encontrarán todo tipo de variaciones, desde la más pura a la más híbrida. Allí, músicos de Estados Unidos, Europa, Brasil, India, Mali y Senegal, entre otros, actúan junto con los gnawa. Sin embargo, hoy las letras continúan teniendo en muchas ocasiones vinculación con las carencias propias del exilio y de la esclavitud. Un aspecto que hace que la música gnawa y el blues y la música espiritual con raíces en las canciones de los esclavos negros americanos, guarden una estrecha conexión.

Si hubiese que elegir un grupo pionero en la internacionalización de la música gnawa, este sería el grupo marroquí Nass el Ghiwane que llegó a incluir su producción en la gran pantalla a partir de la inclusión de la canción “Ya sahh” en la peícula La última tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese.

Este paso de la reducción de las ceremonias gnawas al ámbito privado a su inclusión en conciertos públicos turísticos ha generado controversia entre sus defensores y sus detractores. Por un lado están aquellos que defienden la degradación de la autenticidad de estas prácticas comunitarias debido a su comercialización y exposición, así como que las actuaciones gnawa en espacios europeos canadienses y americanos han alterado el significado de las ceremonias locales dando como resultado su desacralización. Por otro, hay quienes creen que se trata de una continuidad entre lo local y lo global, y no de una ruptura.

A pesar de ser un grupo marginal, los Gnawa han ejercido una influencia importante en la religión, los rituales y la música de la cultura arabo-bereber . Y es que constituyen una diáspora cultural formada por cazadores, sufíes, soldados y juglares, que durante siglos han estado vinculados a las dinámicas de viajes, intercambios, y negociaciones que comenzaron con la esclavitud y continúa en el presente esta vez, quizá, en forma de música.

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El islamismo en Marruecos: la llegada al poder del PJD

El islamismo en Marruecos: la llegada al poder del PJD

Por Youssef Bouajaj

El ex primer ministro, Abdelilah Benkirane, junto al rey de Marruecos, Mohamed VI. Fuente: Maroc.ma

“Nosotros no somos favorables a una monarquía parlamentaria porque consideramos que no es conveniente para nuestro país. El rey es la persona que ha de tener el poder suficiente para intervenir y equilibrar”. Con estas palabras se refería a su relación con la monarquía el político del partido islamista Justicia y Desarrollo (PJD) Abdelilah Benkirane, Primer ministro de Marruecos entre 2011-2017.  

El islam político o islamismo es un conjunto de movimientos que tienen el islam como ideología política y que intentan aplicarla en la sociedad. Todos los grupos islamistas reivindican la centralidad de la sharia para regular la vida social y cuestionan la hegemonía religiosa por parte del clero cercano al poder, es decir, de los ulemas e imanes. Siguiendo al pensador francés François Burgat, se puede hablar de la existencia de tres etapas históricas del movimiento islamista. La primera, a finales del siglo XIX, se caracteriza por su oposición a la colonización europea del mundo árabe/musulmán y por un intento de reivindicación de lo islámico. La segunda etapa, iniciada tras las independencias de los países árabes en los años cincuenta, viene marcada por las tensiones entre los islamistas y los nuevos regímenes de ideología nacionalista y laica. Los gobernantes árabes recurrieron a la represión contra los islamistas, lo que dio lugar a una nueva contestación por parte de estos grupos. Por un lado, hubo movimientos islamistas que moderaron su discurso para evitar la represión de las élites en el poder. Por otro, estaban aquellos que optaron por no renunciar a sus objetivos políticos y que trataron de imponerlos a través del uso de la fuerza, los yihadistas. La tercera etapa tiene su inicio en los años noventa, cuando se empiezan a consolidar formaciones islamistas en los gobiernos, como en el caso de Kuwait o Jordania. En este periodo también aparece un movimiento yihadista transnacional que tuvo su origen en Afganistán y que después se desarrolló con el ascenso del Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria.

En la actualidad, buena parte de los movimientos que se engloban dentro del islam político han moderado su discurso, y optan por la vía democrática para llegar al poder. La idea de establecer un Estado islámico basado en el gobierno de la sharia ha sido rechazada y sustituida por la pretensión de islamizar algunas leyes. Aquí, partidos políticos como el AKP (Turquía), PJD (Marruecos) o Ennahda (Túnez) son un claro ejemplo.      

La situación de los partidos islamistas en la región MENA (Oriente Medio y Mundo Árabe)// Fuente: The Economist

El largo camino hacia la normalización

En Marruecos, la monarquía es el actor político más importante ya que controla las fuerzas de seguridad, la administración, el poder judicial, el Gobierno y fija las reglas del campo económico. La legitimidad de la figura del rey proviene de su dominio sobre los asuntos religiosos, éste es entendido como Comendador de los creyentes, una figura que queda incluida por primera vez en la constitución de 1962. Justificado por su origen jerife (descendiente del profeta Muhammad), este título le atribuye al rey ser el jefe supremo de la nación y de la comunidad musulmana. Sin embargo, la hegemonía de la monarquía en el terreno religioso no es aceptada por todo el mundo, como quedó demostrado tras los atentados yihadistas del 16 de mayo de 2003 en Casablanca. Ante esta situación, la monarquía entendió la necesidad de llegar acuerdos con los movimientos islamistas, tal como lo hizo con el PJD a finales de los 90.

En los años setenta, el Palacio utilizó a los grupos islamistas para combatir el auge de los grupos de izquierda, pero en la década siguiente, la radicalización de algunos movimientos islamistas hizo que el Estado respondiera con la represión. Es en este contexto donde algunos militantes de la Juventud Islámica renuncian a la violencia y muestran su voluntad de participación en la vida política. Tras años de negociaciones, el Palacio permitió que estos grupos pasasen a formar parte del sistema político, siempre y cuando reconocieran al rey como Comendador de los creyentes, defendieran la integridad territorial de Marruecos y aceptaran el orden político vigente.

En 1996 este grupo de islamistas se integró en el partido político Movimiento Popular Constitucional y Democrático, donde se unieron a otras organizaciones islamistas como el Movimiento Unicidad y Reforma y formaron el Partido Justicia y Desarrollo. Con su legalización, el PJD tenía la oportunidad de participar en el sistema proponiendo reformas sin cuestionarlo. Por su parte, la monarquía conseguía cooptar a una parte del movimiento islamista marroquí e intentaba debilitar a otras formaciones como la ilegalizada Justicia y Espiritualidad. Fundado en 1981 por Abdelsalam Yasín, este grupo islamista no reconoce al rey como Comendador de creyentes.

El discurso político del PJD ha ido evolucionando desde posiciones más ideológicas hacía otras de carácter más pragmático. Entre los años 1997-2002, el partido se centraba en cuestiones religiosas como la regulación del consumo de alcohol, abogar por una banca islámica, reformar la industria del cine para que se adecuase a los principios islámicos y en denunciar las prácticas inmorales vinculadas al turismo. Sin embargo, a partir de 2002 el discurso del PJD comienza a moderarse, abandona el interés exclusivo en asuntos religiosos y pasa a tratar asuntos económicos y sociales. En este escenario, los atentados de Casablanca (2003) supusieron el giro definitivo al pragmatismo, pues la formación islamista recibió fuertes críticas de buena parte de sus oponentes políticos, quienes los acusaban de ser los responsables morales de los atentados.

La moderación del discurso unido al logro del PJD de no ser percibido como un partido cercano al Palacio, le proporcionó unos resultados electorales positivos elección tras elección. Sin embargo, debido al alto grado de institucionalización y de acercamiento al sistema, cada vez le resulta más complicado ser visto como un partido de oposición . 

Según Beatriz Tomé, el PJD tiene que jugar un doble juego. En primer lugar, al juego del régimen, lo que supondría asumir las reglas del sistema, aceptar la integridad territorial y reconocer al rey como Comendador de los creyentes. En segundo lugar, al juego electoral, donde el objetivo sería presentarse como un actor ciertamente alejado del sistema y diferenciarse de los otros partidos de la oposición. El peligro de llevar a cabo este doble juego, es ser percibido como un “partido islamista de palacio”. Pese a ello, el partido ha conseguido hacer frente a la mencionada situación gracias a una defensa de los valores musulmanes asociados a la nación marroquí y a presentarse como una alternativa política no asociada a la corrupción.

Esquema sobre el Sistema político marroquí//Fuente: Le Desk y Reporteros sin Fronteras

La llegada al Gobierno

Tras el estallido de las protestas en Túnez y Egipto en enero de 2011, en el marco de la denominada Primavera Árabe, Marruecos fue el siguiente país donde se produjeron las manifestaciones bajo el nombre del Movimiento 20 de Febrero (M20F). En un primer momento, los manifestantes demandaban reformas del sistema, entre ellas el establecimiento de una monarquía parlamentaria, pero a medida que pasaba el tiempo los protestantes radicalizaron su discurso pidiendo la derogación de la Constitución y la disolución del Gobierno y del Parlamento. 

El discurso del rey anunciando una reforma constitucional – que fue aprobada con el 98% vía referéndum- desinfló las movilizaciones del Movimiento 20 de febrero. En este contexto, el PJD decidió no apoyar las protestas y mantenerse fiel al sistema siempre que la monarquía aceptara ciertas reformas, y no pusiera trabas a su acceso al gobierno. En las anteriores elecciones, el PJD se había autolimitado no presentando candidatos en todas las circunscripciones, para remarcar su carácter moderado y no preocupar a la monarquía. En términos generales, hubo pocos cambios significativos en la reforma constitucional. Entre ellos destacaron la creación de la figura del Primer Ministro, elegido de la fuerza más votada en las elecciones teniendo el poder para disolver el parlamento. El PJD consiguió que se eliminaran las referencias de la libertad de conciencia en el borrador de la Constitución. El Secretario General del PJD, Benkirane, llegó a decir que la libertad de conciencia tendría efectos negativos por la identidad islámica del país y amenazó de votar en contra de la Constitución si se incluía.

El ser visto como un partido alejado de la monarquía, favoreció que el PJD no se convirtiese en el blanco de las protestas del M20F y, además, favoreció su posicionamiento como fuerza más votada en las elecciones legislativas de noviembre de 2011, lo que le convirtió en el primer partido islamista en lograrlo. El PJD logró superar al Partido Autenticidad y Modernidad, fundado en 2008 por un consejero del rey, Fouad Ali al-Himma, con el objetivo de contrarrestar el ascenso de los islamistas. Pese a la victoria, la ausencia de una mayoría absoluta obligó a Benkirane a formar un gobierno de coalición con partidos de otras ideologías, donde controlaba un tercio de los 31 ministerios. El sistema electoral marroquí está diseñado de forma que dificulta que un único partido obtenga la mayoría absoluta, forzando a los partidos a formar alianzas de Gobierno. Por su parte, el monarca reforzó su Gabinete Real con el objetivo de controlar al naciente Gobierno islamista.

Resultado de las elecciones legislativas en Marruecos en el 2016. Fuente: El País

El contexto de la región, donde las fuerzas islamistas estaban en retroceso, afectó negativamente al primer Gobierno de coalición, que duró hasta julio de 2013, cuando el partido Istiqlal lo abandonó. La formación de un segundo Gobierno de coalición perjudicó a los intereses del PJD que perdió el control de ministerios como el de Exteriores, mientras que personas cercanas al Palacio ocupaban cargos de relevancia. Esta debilidad para mantener la coalición, unida a la falta de experiencia en el gobierno, provocó impidió que el gobierno llevase a cabo su ambicioso plan de reformas, siendo la lucha contra la corrupción una de las principales promesas electorales que el PJD no logró materializar. Respecto a la política económica, una de sus principales tareas era reducir el gasto público por presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), abriendo las puertas a un parón en las subvenciones de productos básicos como los hidrocarburos, el azúcar y la harina. Esta impopular medida causó protestas que llevaron al gobierno a modificar su política y optar por subir sólo el precio del petróleo, aprovechando el bajo precio en el mercado internacional.

En materia religiosa, el Gobierno de Benkirane ha legislado para conseguir algunas de sus demandas, sobre la cuestión del alcohol. La postura del PJD ha evolucionado de abogar por la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas a musulmanes cuando estaba en la oposición, a decidir aumentar notablemente el precio de los productos alcohólicos una vez en el gobierno. Esto sumado a que la cadena de supermercados Marjane (controlada por el holding financiero de la monarquía) decidió dejar de vender alcohol, ha provocado que su consumo baje durante el mandato del PJD. En el mundo del cine, el PJD ha prohibido la película Much Loved de Nabil Ayouch- que trata el tema de la prostitución en el país- por considerar que la película «comporta un grave ultraje a los valores morales y a la mujer marroquí, además de un atentado flagrante contra la imagen de Marruecos”. La prohibición de la película junto con la presión social obligaron a Lubna Abidar, actriz principal de la película, a marcharse de Marruecos. Respecto a la banca islámica, el partido islamista fue quien impulsó su creación con el apoyo unánime del parlamento en 2014. Los bancos islámicos se caracterizan por no especular, no invierten en sectores haram (alcohol, drogas) y comparten riesgos y beneficios con los clientes. Un foco de tensión entre el PJD y la monarquía fue la propuesta del ministro de Comunicaciones, Mustafa el Khalfi, de reformar la televisión pública para obligar a retransmitir las cinco plegarias al día, reducir la programación en francés, ampliar la programación religiosa y prohibir los anuncios de lotería. Por presiones de la monarquía, la reforma no salió adelante.

La caída de Benkirane

Pese a las dificultades para llevar a cabo su programa de Gobierno a causa de compartir coalición con partidos de diferente ideología y tener la necesidad de ir con cuidado para evitar en todo momento entrar en conflicto con la monarquía, el PJD revalidó victoria electoral en las elecciones legislativas de 2016. Esto se explica por la gran popularidad de Benkirane, fundamentada en su claridad discursiva y su cercanía al hablar en dialecto, y sus enfrentamientos con la gente del entorno del rey, que le creó una imagen de contrapoder del sistema que contaba con el apoyo amplio de la población. Sin embargo, su estilo de hacer política era incómodo para la monarquía y para sus rivales políticos. Esta vez, tal y como ocurrió en 2011, Benkirane tuvo la tarea de formar un nuevo Gobierno de coalición, aunque sin la misma suerte. Los partidos políticos impusieron condiciones que no estaba dispuesto a aceptar, provocando que el rey lo destituyera como Primer ministro por otro político del PJD, Saadedin el Otmani, que sí que aceptó las demandas de los partidos para formar una nueva alianza.

El nuevo Primer ministro marroquí a diferencia de su predecesor, tiene un perfil más discreto y prefiere tener un tono más conciliador con el Palacio. En el nuevo Gobierno de Marruecos, el PJD no controla ningún ministerio importante, pese a ser el vencedor de las elecciones.  A ojos de los votantes la caída de Benkirane debilita al PJD, porque renuncia a ser un partido de oposición crítico con ciertos aspectos del sistema, lo que podría tener consecuencias negativas para el partido de cara a las próximas contiendas electorales

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