Elisabet Saffouri: El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad»

Elisabet Saffouri sobre Shatila: "El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele"

© tracinghome.com

El próximo día 15 de mayo se cumplirán 70 años de la Nakba, en MENAnalisis entrevistamos a Elisabet Saffouri, abogada y economista especializada en el ámbito internacional, con experiencia de campo y vinculación personal con el campamento de refugiados palestinos de Shatila. Además, junto con Firas Safieddine, Saffouri ha elaborado el proyecto HOME destinado a preservar la identidad de los refugiados palestinos a través del arte y la cultura. En la entrevista, Saffouri nos hablará sobre el proyecto y trataremos otros temas que nos ayudarán a acercarnos a la realidad a la que han de enfrentarse los refugiados palestinos cada día desde hace más de 60 años, y al porqué de esta situación.

¿Qué es HOME y cuál es su objetivo?

HOME es un proyecto benéfico enfocado a los refugiados palestinos del campamento de Shatila y a través de una organización concreta del campamento (Majd del Korom). Lo enfocamos bajo lema “Hogar” y cómo éste influye, perfila y afianza la identidad.

Nuestros objetivos con Home han sido discretos. En lo posible, crear consciencia y dar a conocer las terribles condiciones de vida dentro del campamento de Shatila, al mismo tiempo que acercarnos a los más jóvenes del campamento a través de un proyecto cultural y de creatividad artística.

Debe de haber sido complicado organizarlo todo. ¿Cuánta gente ha participado en el proyecto y qué dificultades, así como facilidades, te has encontrado?

Ha sido muy emocionante organizar el proyecto para los que hemos participado (todos voluntarios). Aunque a lo largo del camino también se presentaron dudas y complicaciones. Pero una vez finalizado, la verdad que nos parece más fácil de lo que realmente ha sido. 

¿Qué te llevó a emprender este proyecto?

Con Shatila tengo un vínculo personal y emocional. Mi padre nació allí y aunque la familia pudo abandonar el campamento a finales de los años sesenta, otros palestinos no pudieron hacerlo nunca. Creo que es importante manifestar quiénes somos y de dónde venimos. Hoy, en Shatila ya vive la tercera o cuarta generación de refugiados y es necesario que esto se sepa.

¿Por qué Shatila? ¿Has estado allí?

La primera vez estuve de muy pequeña por lo que mis primeros recuerdos son a través de las fotografías que conservo y que he mirado muchísimas veces. Después volví con los años. El impacto fue enorme.

¿Qué puedes contarnos sobre él?

Cualquier persona que llegue a Shatila recibirá un gran impacto. El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad; un espacio tan concentrado, con callejones como laberintos, edificios apretados entre sí del color más crudo del cemento y tan deteriorados… aunque el bullicio constante producido por personas que van y vienen por las calles más amplias le llena de presencia viva, de fuerza, de colorido.

Sin embargo la clave, la pregunta inmediata que debemos hacernos sobre Shatila es: ¿Por qué sigue existiendo un campamento de refugiados desde el año 1948?      

Cualquier persona que llegue a Shatila recibirá un gran impacto. El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad

El enfoque hacia los refugiados desde occidente suele ser el de su caracterización como amenaza o problema ¿Cuál es tu opinión?

En Occidente hemos destruido o banalizado el sentido de la palabra “refugiados”. ¿Realmente somos el refugio para personas que lo necesitan? El refugiado lo es por necesidad, por obligación se lanza a la incertidumbre de lo desconocido; la mayoría de las veces para sobrevivir con dignidad o salvar su vida.

Y ¿cómo los vemos en el Occidente “culto” y “humanitario”? Desde las Administraciones globales con poder de decisión, como amenaza, estorbo incómodo y carga económica, todo a la vez. En cuanto a la ciudadanía… ahí cada cual debería despojarse del matiz que considere políticamente correcto y alzar su voz. Porque “los otros”, los refugiados, somos todos.  

¿Qué factores consideras como los más perjudiciales para la situación que sufren los refugiados palestinos?

El enorme desconocimiento sobre ellos y el abandono. A la palabra palestino se le ha añadido la de “refugiado” y se repite mecánicamente sin que se cuestione lo trascendental: ¿por qué son refugiados?, ¿por qué no pueden dejar de serlo si ellos lo ansían por encima de todo, y si la legislación internacional reiteradamente lo ha exigido? Los refugiados palestinos del Líbano siguen reclamando el derecho de retorno reconocido por las Naciones Unidas. La cuestión, entonces, está en por qué no se aplica.

A la palabra palestino se le ha añadido la de “refugiado” y se repite mecánicamente sin que se cuestione lo trascendental: ¿por qué son refugiados?

Hoy los refugiados palestinos no parecen estar en el foco mediático, ¿a qué crees que se debe?

Los medios convencionales van creando presencias y ausencias. Los palestinos, salvo sucesos puntuales siempre dramáticos, están desaparecidos. En estos momentos es más mediático e interesado mostrar las desgracias de Siria.

 

¿Cómo crees que se puede contribuir a la mejora de la situación de los refugiados?

Yo no me considero capacitada para responder… pero, ¿humanidad, justicia?

¿Podrías hablarnos de ejemplos que hayan contribuido positivamente a la mejora de las condiciones de vida de los refugiados?

Tampoco responderé… Pero conozco iniciativas individuales como, por ejemplo, la de la organización Majd del Korom de Shatila que de verdad ayudan a las personas más necesitadas del campamento de Chatila.

¿Después de que el evento HOME tuviera lugar el pasado 20 de abril, estás contenta con el resultado? ¿Se cumplieron tus expectativas?

Sí, estamos contentos. Aunque, sin duda, podría mejorarse. A posteriori es fácil percibir también algunos fallos o falta de previsión, pero en un futuro, en el próximo, estamos dispuestos a corregirlos. 

¿Qué opiniones recibiste por parte de las personas que asistieron?

Todo el mundo fue muy, muy amable. Tanto, que por momentos nos emocionamos.

¿Con el dinero recaudado, qué significará HOME para los refugiados de Shatila? ¿En qué se materializará?

Con el dinero recaudado no significa que vayamos a cambiar nada concreto, desgraciadamente.

Todo lo recogido está detallado en nuestra página web, con los gastos del evento incluidos. Por supuesto las personas que hemos trabajado en él lo hicimos de manera voluntaria y altruista. Y quiero agradecer especialmente el apoyo desinteresado y entusiasta de los artistas, de la imprenta B[…]Gràfic  y de Nau Bostik. Y por supuesto a todos los donantes.

El dinero recogido ya ha sido enviado por transferencia a la organización Majd del Korom, que muy pronto nos concretará cómo se ha empleado exactamente. Aparecerá detallado en la página web de HOME.

Por último, ¿crees que hacen falta más iniciativas como éstas? ¿En qué medida nuestra sociedad puede influir para lograr cambios en pro de los derechos humanos de las personas refugiadas?

Mil veces SÍ. Animo a cada uno a implicarse en una causa por la justicia y seguir hacia adelante. Solamente el no hacer nada lleva al fracaso.

Solamente el no hacer nada lleva al fracaso.

Para terminar ¿podrías hablarnos sobre el papel del arte en el campamento de Shatila?

¡En Shatila hay necesidades tan primarias e inmediatas!

No obstante, pensando en los niños del campamento y su gran curiosidad optamos por acercarlos a actividades más lúdicas o “artísticas” a través de la pintura y creaciones manuales; de manera similar a cómo se ha hecho con el deporte o la enseñanza, por ejemplo, de ajedrez, que ya están muy desarrolladas en el campamento. Evidentemente la aportación económica del evento HOME será mínima, pero es el primer paso.   

 

Buena suerte y muchas gracias

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Los refugiados palestinos: El campamento de Shatila, más de 60 años de injusticia

Los refugiados palestinos: el campamento de Shatila, más de 60 años de injusticia

Por Airy Domínguez y Xavier Mojal

Mujeres en el campamento de Shatila 1987//© gettyimages

El campamento de Shatila se encuentra situado en el sur de Beirut y fue establecido en 1949 por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Su finalidad era acoger a los refugiados que llegaron desde Amka, Majed al-Kroum y al-Yajour en el norte de Palestina después de 1948, cuando entró en vigor el Estado de Israel. En la actualidad, más de 60 años después de su creación, el campamento acoge a unas 28,000 personas en un área de menos de un kilómetro cuadrados. Presentándose, según la UNRWA, como uno de los campamentos de refugiados palestinos con las peores condiciones sanitarias en la región. A lo anterior se suman los altos niveles de inseguridad y la ausencia de los servicios más básicos. En este sentido, la UNRWA denuncia que “las condiciones de salud ambiental en Shatila son extremadamente malas. Los refugios están húmedos y abarrotados, y muchos tienen desagües abiertos. El sistema de alcantarillado necesita una expansión considerable. Actualmente se está implementando un proyecto de infraestructura en el campamento para mejorar el alcantarillado, el sistema de aguas pluviales y la red de agua”.

Historia de la creación de los campos de refugiados y asentamientos informales en Líbano// Fuente: The Entangled History of a Refugee Camp. Actors, programs and urban spaces in Nahr el Bared 1949-2016, p. 154

En línea con lo anterior, la abogada y economista Elisabet Saffouri de ascendencia palestina y con experiencia de campo en campamentos de refugiados apunta que “cualquier persona que llegue a Shatila recibirá un gran impacto. El campamento hace daño a los sentidos, la pobreza extrema duele, pero a la vez despierta una enorme curiosidad; un espacio tan concentrado, con callejones como laberintos, edificios apretados entre sí del color más crudo del cemento y tan deteriorados… aunque el bullicio constante producido por personas que van y vienen por las calles más amplias le llena de presencia viva, de fuerza, de colorido”

Un recorrido histórico por el campamento

Desde su nacimiento hasta pasados 20 años, los refugiados de Shatila vivieron en tiendas de campaña pasando posteriormente a alojarse en pequeñas construcciones de hormigón. Aunque  las condiciones de vida seguirían siendo malas, poco a poco se fue construyendo  el campamento, dando paso a la aparición de edificios de 1 o 2 pisos. Durante la guerra civil iniciada en 1975, en medio del caos generalizado, todo el mundo empezaría a construir de manera ilegal sus propias casas. Desde entonces las construcciones continuarían, siendo la década de 1980 el periodo en el que se edificarían la mayoría de las viviendas ilegales, una construcción caótica que dependía de las habilidades de los refugiados. Por su parte, la UNRWA se encargaría de la construcción de casas para los casos especialmente complicados.

En la década de 1990 comenzó la integración de otras comunidades en Shatila, dándose en 1995 el principal proceso urbanístico. La llegada de nuevas comunidades serviría inicialmente de ayuda a los palestinos que construyeron nuevas casas y techos vendidos a quienes llegaban. Sin embargo, la mezcla de personas y nacionalidades también tenía su lado negativo. Se crearían cuatro barrios distintos, a saber, el mercado ocupado en su mayoría por comerciantes sirios migrantes; los barrios palestinos; los barrios chiítas y el de asentamientos ilegales de Sabra.

© Wojtek Arciszewski/Al-Jazeera

Entre los acontecimientos históricos a los que Shatila se vería obligada a hacer frente,  destaca la masacre de Shatila. Esta encuentra sus raíces en la atribución por parte de los servicios secretos israelíes del intento de asesinato de Shlomo Argov – entonces embajador israelí en el Reino Unido- el 4 de junio de 1982 a una organización disidente palestina respaldada por el gobierno iraquí. Basándose en lo anterior, el 6 de junio el ejército israelí invadió Líbano bajo la llamada «Operación Paz para Galilea». El contexto que precedió a esta decisión estaba marcado por una tensión creciente, en la frontera con Líbano, entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP); esta última captaba militantes y organizaba campañas violentas contra objetivos israelíes -incluyendo civiles- desde el sur del Líbano. Sus pretensiones iniciales se verían superadas, pasando del interés por adentrarse 40 kilómetros en Líbano a avanzar hasta Beirut una vez fue ocupado el sur del país y destruida toda resistencia palestina y libanesa en la zona. Así, el 18 de junio consiguieron rodear a las fuerzas armadas de la OLP en la parte oeste de la capital.

Tras dos meses de enfrentamientos en los que perdieron la vida unas 18.000 personas según fuentes libanesas, empezaría la negociación de un alto el fuego con Philip Habib, enviado especial del presidente estadounidense Ronald Reagan, como mediador. En Agosto EEUU, para proteger a Israel, llegó a un acuerdo con el expresidente de la OLP, Yaser Arafat, para que la organización abandonase Beirut. De los Acuerdos Habib nacería el compromiso de la OLP de desalojar Beirut-Oeste a cambio de garantizar la protección internacional de la población palestina emplazada en los campos de refugiados. Los combatientes palestinos abandonan la capital libanesa el 1 de septiembre, y el 10 de septiembre lo hace la fuerza exterior desplegada. Así, la evacuación de la OLP finalizaría el 1 de septiembre de 1982, mientras que el día 10 las fuerzas externas abandonaron Beirut. Al día siguiente Sharon anunciaba que «2.000 terroristas» se habían quedado en los campos de refugiados palestinos que rodean la capital.

En este contexto, el día 14 el líder maronita (cristiano) Bashir Gemayel -elegido presidente hacía un mes- fue asesinado junto con 40 personas más, en un ataque que se cree fue perpetrado por un agente de los servicios secretos sirios. Gemayel pertenecía al Partido de la Falange Libanesa, y era aliado de Israel. Ello llevó a que dos divisiones del Ejército israelí – bajo el mando de Ariel Sharon- ocupasen Beirut, todo con el objetivo de preservar su estrategia en el conflicto. Así, el 15 de septiembre, en contra de lo pactado con EEUU,  el ejército israelí ocupó Beirut este, «rodeo y selló» los campos de Sabra y Chatila en los que habitaban civiles palestinos y libaneses. Desde la mañana, Sharon estaba presente para dirigir la penetración israelí, produciéndose horas más tarde los bombardeos de los campos.

El jueves 16 de septiembre de 1982 el ejército israelí controlaba Beirut este. El portavoz militar israelí declaró: «el Tsahal controla todos los puntos estratégicos en Beirut. Los campos de refugiados, en cuyo interior se concentran terroristas, están rodeados y sellados». Esa mañana, el alto mando del ejército ordenó que «los Falangistas y el ejército libanés llevarán a cabo la búsqueda y limpieza dentro de los campos». Se procedió al lanzamiento de bombas contra los campos, mientras que francotiradores israelíes disparaban contra quienes se encontraban en las calles. En torno al mediodía el mando israelí dio luz verde a la milicia Falangista para entrar en los campos de refugiados. Así, entre los días 16 y el 18 de septiembre las milicias de la Falange -maronitas de extrema derecha- irrumpieron en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, «donde torturaron, violaron y mataron entre 800 y 3.500 palestinos y libaneses, según las diversas fuentes». Lo anterior con el consentimiento del Ejército israelí que controlaba entonces los campos.

Motivado por las presiones internacionales, Israel crearía una comisión de investigación sobre los acontecimientos narrados, la Comisión Kahan. En el informe resultante Sharon, quien sería el futuro primer ministro israelí, fue señalado como responsable indirecto lo que derivaría en su dimisión, sin embargo, nunca sería procesado.

A día de hoy no se sabe cuáles fueron las consecuencias reales de la masacre, pues la cifra de fallecidos varía entre 400 según fuentes libanesas y 4.000 según los palestinos. Esta es una brecha que no fue ni ha sido sanada, pues como defiende Mikel Ayestaran en lugar de recordar y buscar el perdón entre comunidades, en Líbano se limitaron a dedicar un parque a los fallecidos “[…] como si nada hubiera ocurrido en este suceso que Naciones Unidas reconoce como ‘genocidio’”.

Tras la destrucción del campamento en 1982, este fue reconstruido por los palestinos. Sin embargo, Shatila sufriría un nuevo golpe en 1985 con los enfrentamientos palestino-chiíes.  Aquí Beatrice Benatti y Sarah Rita Kattan defienden que “ […] el asentamiento masivo de chiitas desplazados y trabajadores sirios dentro del campo después de la guerra civil, no sólo es atribuible a alquileres baratos, sino también a la aprobación tácita del estado libanés, que condujo a un fuerte aumento en el precio de los alquileres”.  Así, la presión sobre los palestinos para que abandonaran Shatila había ido en aumento, lo que se transformaría en un fuerte descontento entre los residentes palestinos.

Campamento de Shatila // © BBC

En la historia más reciente, destaca el incremento de la diversidad en el campamento a raíz del conflicto sirio (2011-actualidad). Este ha llevado a que los nacionales del país huyan hacia zonas en las que los refugiados palestinos se encontraban instalados desde hacía décadas, siendo Shatila una de ellas. Lo anterior ha contribuido al empeoramiento de las condiciones de vida; en este sentido en febrero de 2016 la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja afirmaba que la población del campo había aumentado entre 10,000 y 16,000 personas desde el comienzo de la guerra civil siria en 2011, unas cifras que parecen ser muy superiores según informan desde el interior del campamento. Con todo, como apunta Elisabet Saffouri “la clave, la pregunta inmediata que debemos hacernos sobre Shatila es: ¿Por qué sigue existiendo un campamento de refugiados desde el año 1948?”

La precaria situación de los Palestinos en Líbano no se reduce a Shatila

En Líbano están registrados más de 500.000 refugiados, representando los refugiados de Palestina cerca del 10% de la población de Líbano. Según el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados de 2016, en general la calidad de vida de los palestinos en Líbano, al igual que ocurre con los sirios, es mala.  Ello, como apunta Youssef Bouajaj, responde a toda una serie de cuestiones entre las que se encuentran la negación del país a otorgar terreno para la ampliación de los campos de refugiados superpoblados; la imposibilidad de los refugiados de tener propiedades, acceder a servicios públicos y dedicarse a trabajos liberales en campos como la educación, medicina o el derecho , así como la ausencia de  derechos laborales. En este sentido  La UNRWA denuncia que los refugiados palestinos tienen dificultades para trabajar, que el 90% están bajo el umbral de la pobreza y un 95% tienen dificultades para acceder a la alimentación.

En este sentido, uno de los principales problemas que impiden que la situación a la que se enfrentan los palestinos cambie es el desconocimiento y banalización de esta realidad en el resto del mundo. Como afirma Elisabet Saffouri, “a la palabra palestino se le ha añadido la de “refugiado” y se repite mecánicamente sin que se cuestione lo trascendental: ¿por qué son refugiados?, ¿por qué no pueden dejar de serlo si ellos lo ansían por encima de todo, y si la legislación internacional reiteradamente lo ha exigido? Los refugiados palestinos del Líbano siguen reclamando el derecho de retorno reconocido por las Naciones Unidas. La cuestión, entonces, está en por qué no se aplica”.

Junto a lo anterior se encuentra su catalogación como amenaza. En esta línea, Saffouri denuncia que desde las Administraciones globales con poder de decisión, los refugiados son vistos “como amenaza, estorbo incómodo y carga económica, todo a la vez”. “En cuanto a la ciudadanía… ahí cada cual debería despojarse del matiz que considere políticamente correcto y alzar su voz. Porque “los otros”, los refugiados, somos todos”, apunta. 

El arte como vía para la preservación de la identidad palestina

En los campos de refugiados el arte urbano se ha convertido en la vía para mantener la identidad y ejercer la resistencia. En este sentido, Mohammad Daher afirma que “No hay muchas maneras de resistir, por lo que los murales crean conciencia y son nuestra forma de resistencia”. En este campamento las paredes acogen símbolos nacionales palestinos como la mezquita Al-Aqsa en Jerusalén, mapas y banderas de Palestina y retratos de Yasser Arafat, entre otros.

En Shatila, Abu Marwan, ha realizado varios murales y pinturas que reproducen monumentos en Jerusalén y conmemoran la intifada palestina en Shatila. En este sentido, afirma que «[p]ersonalmente no tengo esperanza, pero [pinto] porque quiero que nuestros hijos sepan cuánto sufrimos y que recordemos nuestros pueblos y nuestra tierra». 

El arte como denuncia ha pasado las fronteras de los campos de refugiados llegando a ciudades europeas que hacen de este una vía para la causa palestina, que no deja de ser una de las muchas causas que unen a los defensores de los derechos humanos. En España destaca en la actualidad HOME, un proyecto que busca preservar la identidad de los refugiados palestinos a través del arte y la cultura, y que organizó un evento en la Nau Bostik (Barcelona) el pasado 20 de abril de 2018 donde MENAnalisis tuvo la oportunidad de estar presente.

Una ciudad palestina en os muros de Shatila. Un grupo de artistas palestinos e internacionales realizaron varios murales para conmemorar la masacre de Sabra y Shatila de 1982 (MEE / Marta Vidal)
Una representación de las tradiciones y pueblos palestinos en un muro de Shatila (MEE / Marta Vidal)

Sobre HOME

“¿Qué es el hogar (home)? El hogar es la tierra, la familia, la religión, el género, la comunidad nacional imaginada… El hogar puede estar en todas partes porque lo conforman todos los elementos que definen la identidad del individuo y la comunidad. El hogar es, pues, un concepto subjetivo, ya que la identidad depende de la perspectiva que se tome”.

Con esta premisa, en su evento del 20 de abril de 2018, el proyecto Home nos incitaba a reflexionar sobre el hogar, la identidad, y su realidad flexible y mutable, mediante la exposición de diversas piezas artísticas y actividades culturales. Todo a partir de los refugiados palestinos, un colectivo que entre otras cuestiones ha de enfrentarse a la lucha por la preservación de su identidad, su hogar.

Desde HOME se definen como “ un proyecto benéfico enfocado a los refugiados palestinos del campamento de Shatila y a través de una organización concreta del campamento (Majd del Korom)”. Afirman que sus objetivos “[…]han sido discretos. En lo posible, crear consciencia y dar a conocer las terribles condiciones de vida dentro de Shatila, al mismo tiempo que acercarnos a los más jóvenes del campamento a través de un proyecto cultural y de creatividad artística”.

En cuanto a la cantidad recaudada servirá, como ellos mismos explican en su web, para que la ONG Majd del Korom, que organiza actividades culturales, talleres y espacios de creación artística y libre en el campo de refugiados de Shatila, desarrolle un nuevo proyecto con el fin de reivindicar y seguir modelando la identidad de las personas palestinas.

Como hemos mencionado, MENAnalisis tuvo el placer de asistir al evento, formando parte del proceso de reflexión sobre aquello que llamamos hogar. La primera obra en la que fijamos nuestra mirada fueron las instantáneas del fotógrafo Agostino Amato sobre la vida en Kobane, la población kurda situada en el lado sirio de la frontera con Turquía después de la expulsión del autodenominado Estado Islámico. Llama la atención observar cómo la destrucción presente en los edificios y calles, y que esta no suponga un freno para todos aquellos residentes que se habían quedado o que deciden volver a su hogar, para reconstruirlo, vivir y educar a las nuevas generaciones [imágenes 1 y 2]. Justo al lado nos encontramos con la obra de Mira Chelala, harapos reciclados y diseñados que recrean las texturas y los colores de los muros de Beirut, en los que la guerra –las balas, el fuego, la artillería− dejó su huella [imágenes 3 y 4]. La artista consigue transportarnos a aquella época oscura del Líbano, en la que la guerra indudablemente marcó y reformuló el hogar y por tanto la identidad de los que la sufrieron.

FOTOGRAFÍA 1
FOTOGRAFÍA 2

En otro espacio de la Nau Bostik, una combinación de esculturas de arcilla y fotografía de la artista Melle Skärfstad consiguen evocarnos la fragilidad del cuerpo humano, y sus infinitas interpretaciones –especialmente sobre el cuerpo femenino –  [imágenes 5 y 6]. A la derecha, una muestra de la serie fotográfica –que incluye un foto-film que se proyectó al final del evento− “I am 14” de la fotógrafa Benedicte  Vanderreydt, nos muestra las semejanzas y diferencias de la vida adolescente de tres chicas de origen distinto –Bélgica, Congo y Palestina− que miran directo a la cámara, como si de un espejo se tratara [imágenes 7, 8 y 9]. Y justo al lado de esta última pieza, nos espera la actividad más aclamada. Se trata de una propuesta de realidad virtual interactiva en la que nos adentramos en una parte, por desgracia habitual, de la vida del percibido como inmigrante: el racismo de aquellos que se consideran los autóctonos, que se transforma en prejuicios, discriminación laboral o agresiones.

Por último, no podemos ignorar la música, otro de los aspectos fundamentales que crean y transforman nuestra identidad. En este caso, en el evento nos acompañaron el fantástico grupo de instrumentistas de cuerda Cordaire Ensemble [imagen 11], el DJ Nabil Saffouri, y los cantautores y guitarristas Davy Lyons [imagen 12] y Rasha Nahas [imagen 13].

No nos queda si no dar la enhorabuena a Elisabet Saffouri y Firas Safieddine por haber elaborado el proyecto HOME, y haber organizado el evento con el mismo nombre. Una muy buena experiencia que invita a reflexionar sobre los distintos factores que juegan en el proceso de construcción de identidades, un trabajo que  ha dado sus frutos, y contribuirá en la tan necesaria reivindicación de la identidad de los refugiados palestinos. Como la propia Elisabet Saffouri apunta “solamente el no hacer nada lleva al fracaso”.

Bibliografía esencial:

Ayestaran,M., 2008. Sabra y Shatila, mikelayestaran.com, 16 septiembre. Disponible en: http://www.mikelayestaran.com/sabra-y-shatila/ [Consultado 5 mayo 2018].

Benatti, B., y  Kattan, S.R., 2017. The Entangled History of a Refugee Camp. Actors, programs and urban spaces in Nahr el Bared 1949-2016 [Tesis Doctoral].  Milán: Politecnico di Milano. Disponible en: https://www.politesi.polimi.it/handle/10589/134250 [Consultado 3 mayo 2018].

Cohen, S., 2010. Israel’s Assymmetric Wars, New York: Palgrave MacMillan

Shahid, L., 2002. The Sabra and Shatila Massacres: Eye-Witness Reports, Journal of Palestine Studies, Vol. 32, Núm. 1 (Otoño 2002), pp. 36-58, DOI: 10.1525/jps.2002.32.1.36

UNRWA, s.f. Shatila camp, UNRWA. Disponible en: https://www.unrwa.org/where-we-work/lebanon/shatila-camp [Consultado 3 mayo 2018]

Vidal, M., 2017. Palestinian refugees use street art to keep hope alive, Middle East Eye, 14 septiembre. Disponible en: http://www.middleeasteye.net/in-depth/features/palestinian-artists-fight-against-effacement-refugee-camps-lebanon-1853516309 [Consultado 5 mayo 2018].

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Los refugiados palestinos, 70 años de injusticia

Los refugiados palestinos, 70 años de injusticia

Por Youssef Bouajaj Hadiq

Refugiados palestinos
Palestinos en 1948 expulsados de sus casas por Israel. Fuente: AFP/Getty Images

Se cumplen 100 años de la Declaración Balfour, donde el ministro de exteriores británico Arthur Balfour prometió al Barón Rothschild que apoyaría la creación de un Estado para los judíos en Palestina. Una demanda que provenía del movimiento sionista, el cual ante el aumento del antisemitismo en Europa vio la necesidad de crear un Estado para garantizar la seguridad de los judíos. La promesa se hizo sin tener en cuenta que Palestina ya contaba con una población propia, de la cual el 90% era árabe. La declaración se hizo en medio de la Primera Guerra Mundial, donde el Reino Unido alentó a los árabes a que se rebelarán contra el Imperio Otomano, con la promesa de que darían apoyo a unos Estados árabes independientes. Sin embargo, Reino Unido y Francia pactaron en secreto el acuerdo Sykes-Picot, donde acordaron establecer zonas de influencia en las posesiones otomanas dentro del Mundo Árabe.

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, Palestina quedó bajo control británico. Los judíos, ante la promesa del Reino Unido de otorgarles un Estado, empezaron a llegar a Palestina. Estos pertenecían a clases pudientes y gozaban de una buena educación, lo que les permitió prosperar. Una cuestión que generó animadversión en los palestinos, muchos de ellos en la pobreza, dando lugar a las primeras tensiones entre árabes y judíos.

Fuente: elaboración propia a partir de datos de The immigration cycle in Palestine and Israel, 1919–1954

Durante los años treinta y cuarenta, los judíos en Europa sufrieron el ascenso de Hitler que mató a 6 millones. El holocausto judío convenció más a los sionistas de la necesidad de tener un Estado propio y la inmigración hacia Palestina aumentó. Por su parte, los palestinos estaban en contra de que por culpa de los errores de los europeos, tuvieran que pagarlo renunciando a Palestina.

El Reino Unido se mostró incapaz de poner fin a la violencia entre judíos y árabes. Así, las Naciones Unidas asumieron el problema y propusieron un plan de partición que era favorable a los judíos. En 1947 había 608.000 judíos que poseían el 10,6 por ciento de la tierra de Palestina, mientras los musulmanes eran 1.100.000 de personas y controlaban el 89,4% del territorio. El plan de la ONU otorgaba el 56,5% de las tierras a los judíos y el 43,5% a los árabes. Tras la retirada de Reino Unido de Palestina, el 14 de mayo de 1948 nació el Estado de Israel. La milicia israelí Haganah, creada en 1920 para proteger a los inmigrantes judíos, tuvo un papel muy destacado en la consolidación y expansión del Estado judío. Formada por 35.000 personas, de las cuales 20.000 tenían experiencia en la Segunda Guerra Mundial, venció en la guerra de 1948 contra los Estados árabes de Egipto, Jordania, Siria e Irak.

Expansión de Israel en los territorios palestinos
Expansión de Israel en los territorios palestinos Fuente: Graphic News

La guerra del 1948 tuvo como consecuencia la expansión de las fronteras de Israel que pasó a controlar 20.850 kilómetros cuadrados del total de 26.323 de la Palestina histórica y la expulsión de 700.000 palestinos. Los refugiados palestinos huyeron a distintas zonas de la región: 70.000 a Jordania, 97.000 a Líbano, 75.000 a Siria, 200.000 a la Franja de Gaza, 280.000 en la Palestina ocupada por Jordania y 31.000 a Israel.

El éxodo de los palestinos de su tierra es referido por ellos como la Nakba, que en árabe significa la catástrofe. Las razones que llevaron a la huida forzosa son: 1) el miedo que infundían las fuerzas israelíes por su violencia como quedó claro en la matanza que perpretaron en el pueblo de Deir Yassin en 1948, donde murieron 100 palestinos. 2) Durante la guerra de 1948, el ejército de Israel expulsó por la fuerza a palestinos para expandir las fronteras del nuevo Estado israelí; y 3) Los ejércitos árabes pidieron a los palestinos que abandonaran sus casas para facilitar el ataque.

Antes de finalizar el conflicto, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 194, donde reconocía el derecho al retorno de los refugiados palestinos que quisieran regresar a sus hogares y compensar aquellos refugiados que no desearan volver. Más de 70 años después, los refugiados palestinos siguen sin poder volver a sus hogares.

 

La Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Medio

La Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWA) nació en 1949 para dar apoyo de emergencia e iniciar programas de asistencia social a los refugiados palestinos. La UNRWA define como refugiados palestinos aquellas personas que vivían en Palestina entre el 1 de junio de 1946 y el 15 de mayo de 1948 y que perdieron su hogar y su modo de vida por culpa de la guerra del 1948. Asimismo, los descendientes de los refugiados palestinos de sexo masculino también son considerados refugiados.

El mandato actual de la UNRWA es proveer servicios de educación, salud, servicios sociales, protección de Derechos Humanos y actuar en situaciones de emergencia a los más de 6 millones de refugiados y desplazados palestinos de la guerra del 1967, que viven en los campos de Jordania, Líbano, Siria, Cisjordania, y la Franja de Gaza.

En cuanto a la situación de los refugiados palestinos, cabe destacar que no es homogénea, difiere según el país de destino. En el caso de Líbano la calidad de vida de los palestinos es mala según apunta el informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados de 2016. Una situación que responde a distintas cuestiones. Por un lado, Líbano no otorga más terreno para ampliar los campos de refugiados que se encuentran sobrepoblados. Por otro, los refugiados no pueden tener propiedades, no tienen acceso a servicios públicos, no tienen derechos laborales y no pueden dedicarse a trabajos liberales en campos como la educación, medicina o el derecho. Aquí, las autoridades libanesas justifican no mejorar la situación de los Palestinos, para no comprometer su derecho de retorno a Palestina. Muchos campos de la UNRWA tienen controles de seguridad que limitan la libertad de movimiento en momentos de crisis.

Situación de los campos de refugiados de la UNRWA
Situación de los campos de refugiados de la UNRWA Fuente: Agence France-Presse

Pese a lo anterior, los refugiados palestinos de Gaza son los que tienen peores condiciones de vida. Desde la victoria del partido islamista Hamas en las elecciones de 2006, Israel impone un bloqueo por tierra, mar y aire que convierte a Gaza en una prisión. Además, la población civil ha sufrido ataques devastadores por parte del ejército de Israel, los cuales han dejado miles de muertos y destruido las infraestructuras. Tal como apunta la UNRWA, en Gaza el 80% de la población depende de la ayuda internacional, el paro es del 40% y 1 millón de refugiados palestinos dependen de la UNRWA para comer.

En el caso de Jordania, hay un trato diferencial hacia los refugiados palestinos. Los palestinos llegados en 1948 tienen la nacionalidad jordana y acceso a todos los derechos. Por el contrario, los palestinos llegados a Jordania tras la guerra de 1967 procedentes de Cisjordania y Gaza, no tienen nacionalidad y tienen un pasaporte temporal que han de renovar cada dos años. Tampoco pueden trabajar en el sector público, sólo en el privado. Pese a que los palestinos sin nacionalidad pueden acceder a servicios públicos de sanidad y educación, han de pagar un plus como si fueran extranjeros. Además, el tener un permiso de residencia de 2 años limita mucho su libertad de expresión porque las autoridades pueden castigar con no renovar el pasaporte a aquellas voces críticas.  

 

La condición de doble refugiados

Más allá de no poder volver a su tierra y de sufrir unas malas condiciones de vida, miles de refugiados palestinos también han sufrido la situación de ser doblemente refugiados, al verse obligados a huir de nuevo. El primer caso de palestinos que tuvieron que huir por segunda vez fue después de la Guerra de los Seis Días, donde más de 250.000 palestinos, muchos de ellos desplazados de la guerra del 1948, huyeron de Gaza y Cisjordania hacia países vecinos como Jordania.

En 2003, tras la invasión americana de Irak, la vida de los 30.000 palestinos empeoró considerablemente debido a que las milicias chiís los detenían, torturaban y mataban de forma arbitraria. Según Human Rights Watch, los palestinos eran acusados de tener muchos privilegios durante el gobierno de Saddam Hussein, así como de estar vinculados con las fuerzas insurgentes que luchaban contra los Estados Unidos y los grupos chiitas (algunos miles pudieron huir a Siria).

En la actualidad, quedan 4.000 refugiados palestinos en Irak, los cuales se enfrentan a una situación difícil debido a la decisión del Gobierno iraquí de quitarles derechos y acceso a servicios públicos. Por su parte, los refugiados palestinos en Siria están sufriendo la guerra de Siria, lo que les ha llevado a huir a otros lugares donde la situación vuelve a ser complicada. Según datos de la UNRWA, antes del conflicto civil en Siria había 560.000 refugiados palestinos. Ahora más de 100.000 han huido hacia el Líbano, Jordania y Europa. La situación de los palestinos de Siria en el Líbano es muy complicada. La UNRWA denuncia que tienen dificultades para trabajar, que el 90% están bajo el umbral de la pobreza y un 95% tienen dificultades para acceder a la alimentación.

 

La cuestión del derecho al retorno

Setenta años después de la Nakba, los refugiados palestinos siguen sin poder ejercer su derecho de retorno a Palestina. Pepijn Van Houwelingen en su artículo “¿No retorno = No paz? El problema de los refugiados palestinos y la solución de los dos Estados en un contexto regional”, muestra cual es la postura de los principales actores sobre el retorno de los palestinos. Aquí, resulta interesante centrarse en el caso de Israel, quien ve como una amenaza a los palestinos en el exilio, ya que si volvieran supondrían un problema para la existencia del Estado. El parlamento israelí aprobó en 2001 una ley que previene al Gobierno intervenir en materia de refugiados palestinos sin el consentimiento del parlamento.

Por su parte, la Autoridad Palestina ve el derecho al retorno como un derecho impracticable que dificulta cualquier acuerdo con Israel. En esta línea, en los acuerdos de Oslo, el asunto de los refugiados no fue incluido.

En cuanto a los refugiados de fuera de los territorios palestinos, estos ven imposible que en un improbable acuerdo de creación de dos Estados, Gaza y Cisjordania, muy superpobladas, pudieran absorber a más de 3 millones de personas. Por lo tanto, los refugiados se encuentran en un limbo donde Israel, la Autoridad Palestina y los Estados Árabes los ven como un problema sin solución.

Este artículo nos lleva una vez más a reflexionar sobre la concepción del refugiado como amenaza, tal y como ocurre con el caso de los refugiados sirios. Se trata de una situación que parece perpetuarse en el tiempo gracias a un discurso en el que queda securitizada y definida como problema, cuando en realidad no son sino víctimas de una ocupación, de una guerra.

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