El islam, una parte importante de la historia de Estados Unidos

El islam, una parte importante de la historia de Estados Unidos

Por Youssef Bouajaj

Musulmanes americanos en un protesta contra Trump // Fuente: Kena Betancur/AFP/Getty Images

El islam es la segunda religión con más fieles por detrás del cristianismo, en el mundo hay alrededor de 1.800 millones de musulmanes. Dicha religión surgió y se expandió en sus inicios por el Mundo Árabe, sin embargo, en la actualidad en esta zona se concentra únicamente el 20% de la población mundial musulmana, mientras que el 62% de sus fieles viven en la región Asia-Pacífico. En el caso estudiado en este artículo, los Estados Unidos, existen más de tres millones de fieles del islam.

Los musulmanes han jugado un papel importante en la historia y el desarrollo de los Estados Unidos. La llegada a la Presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump ha traído consecuencias negativas para los intereses de los musulmanes norteamericanos. Trump ha manifestado públicamente que “el islam odia a América” y que los musulmanes no se integran en la cultura americana, además de su intención de evitar la llegada de inmigrantes musulmanes al país. Esta fue una de las primeras medidas que implementó tras llegar al poder, poniendo restricciones a la llegada de migrantes procedentes de países musulmanes como Yemen, Siria, Irán, Libia y Somalia.

Los primeros musulmanes en América: bajo el yugo del esclavismo

Una de las primeras personas de origen musulmán en pisar el continente americano fue Estevanico de Dorantes. Nacido en Azemmour —actual Marruecos— fue esclavizado por los portugueses y posteriormente adquirido por el español Andrés Dorantes de Carranza, a quien acompañó en su travesía por el suroeste de Norteamérica entre 1527-1536. El virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, fascinado por las historias que contaban los supervivientes y por la capacidad de Estevanico para comunicarse con los nativos americanos, le encomendó la tarea de buscar las fabulosas siete ciudades de oro. Fue en esta expedición donde se perdió el paradero de Estevanico, posiblemente asesinado por los nativos.

Entre finales del siglo XV y principios del XVI empezó la colonización del continente americano por parte de potencias europeas como España, Portugal, Francia o Reino Unido. Para desarrollar esta tarea una de las herramientas fundamentales fue la esclavización de más de 10 millones de personas procedentes de África entre los siglos XVI y XIX, de los cuales entre un 10% y un 30% eran musulmanes. El historiador Michael Gomez cifra en 200.000 la primera generación de africanos musulmanes que fueron llevados a la fuerza a las 13 colonias británicas en Norteamérica —actuales Estados Unidos—.

Colonias Europeas en América Siglo XVI-XVIII//Fuente: Wikimedia

Según apunta Kambiz Ghanea Bassiri en su libro Historia del islam en América, los esclavos africanos de religión musulmana se sentían superiores respecto a los otros esclavos debido a que algunos provenían de élites en sus países de origen y habían tenido esclavos no musulmanes. Esto hizo que los esclavistas percibieran a los musulmanes como personas más inteligentes y dignas. Sin embargo, las divisiones entre los esclavos duraron poco, pues los esclavistas usaron todo tipo de métodos represivos para evitar que los esclavizados pudieran seguir su fe religiosa y los forzaron a convertirse al cristianismo.

Fue así como buena parte de los hijos de la primera generación de musulmanes africanos ya no siguieron el islam. En este contexto, algunos esclavos africanos siguieron manteniendo su fe en secreto. Tal es el caso de Ayyuba Suleiman Diallo nacido en 1701, hijo de un famoso clérigo musulmán de Boundou —actual Senegal—, quien fue capturado y esclavizado en la colonia británica de Maryland en América del Norte. Tras un intento de fuga, las autoridades lo acabaron liberando a petición de la compañía privada de tráfico de esclavos, la Royal African Company, que quería usar sus conocimientos para incrementar las relaciones comerciales en el África Occidental. No obstante, Suleiman Diallo destacaba por tener conocimientos en materia religiosa. Aun así, pudo regresar a su tierra natal en 1734.  

Retrato de Ayyuba Suleiman Diallo//Fuente: National Portrait Gallery

El nacimiento de los Estados Unidos

En 1776, las 13 colonias norteamericanas se alzaron contra el Reino Unido y decidieron constituirse como Estados Independientes para formar una nueva nación: los Estados Unidos de América. La falta de autonomía política, la subida de impuestos y la poca representación de los colonos en el Parlamento Británico fueron algunos de los motivos detrás de la Declaración de Independencia. Durante la guerra de independencia de los Estados Unidos (1775-1783), que finalizó con la victoria del bando revolucionario, alrededor de 100.000 esclavos murieron o escaparon, y la mayoría de ellos luchó a favor del Reino Unido, quien prometió otorgarles la libertad. Esto no evitó que algunos de ellos con origen musulmán lucharan bajo las filas del ejército revolucionario como Bampett Muhammad, Yusuf ben Ali y Peter Salaam. Cabe destacar, que un país musulmán como Marruecos, fue uno de los primeros Estados en reconocer a los Estados Unidos como país independiente en 1786. Previamente en 1777, el país del norte del Magreb había abierto sus puertos a los barcos norteamericanos.

El nacimiento de los Estados Unidos de América  sentó las bases para el reconocimiento de las minorías religiosas. Thomas Jefferson, uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, quien redactó la Declaración de Independencia y fue presidente del país (1801-1809), impulsó el Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa en 1786, que reconocía el derecho de la población de Virginia a escoger su religión con total libertad y la separación del Estado-Iglesia. Según expresó Jefferson en su autobiografía, el propósito de esta ley era proteger a todas las religiones, la judía, la pagana, la cristiana, la mahometana (islam) y la hindú”. La Constitución Americana, que entró en vigor en 1789, fue enmendada en 1791 para garantizar la libertad religiosa y de expresión en todo el país gracias a la influencia del Estatuto de Virginia.

Ejemplar del Corán (libro sagrado del islam) que perteneció a Thomas Jefferson. En la actualidad, ha sido utilizado por congresistas musulmanes para jurar su cargo// Fuente: Library of Congress

En cuanto a la situación de la población esclava, su suerte no cambió. La Constitución   no acabó con esta práctica y se limitó a prohibir la importación de personas esclavas procedentes de otros países. Dentro de los Estados Unidos había enormes diferencias respecto al papel de la esclavitud. En los Estados del Sur había una economía agraria donde destacaba el sector algodonero, y por ello dependían de la mano de obra esclava que llegó a suponer un tercio de la población total del Sur. Por el contrario, el Norte estaba más industrializado y la población esclava era menor. Es por eso que a finales del XVIII y principios del XIX, los Estados del Norte legislaron para abolir la esclavitud. Estas visiones enfrentadas estallaron tras la victoria en las elecciones presidenciales de 1860 del candidato contrario al esclavismo, Abraham Lincoln. Ante eso los Estados del Sur se independizaron y formaron los Estados Confederados de América, que supuso el el estallido de una Guerra Civil (1861-1865). El conflicto finalizó con la victoria de las fuerzas del norte y la adopción de la decimotercera enmienda constitucional (1865) que abolía la esclavitud en todo el país.  

Pese a la abolición de la esclavitud, la población negra siguió siendo discriminada a causa de las leyes de Jim Crow que se implementaron mayormente en los Estados del Sur a partir de 1876. Estas leyes pusieron a la práctica un sistema de segregación racial donde la población negra recibía un peor trato en el espacio público, como por ejemplo en las escuelas, transportes públicos y en negocios privados.

El islam tras el esclavismo

La primera oleada de inmigrantes musulmanes libres data de finales del XIX y principios del XX cuando empezaron a llegar  miles procedentes de las actuales Siria, Jordania, Líbano, India y Pakistán. Eran principalmente hombres pobres y sin estudios, que buscaban unas mejores condiciones de vida. Por eso se instalaron en las principales áreas industriales del país como Massachusetts, Chicago y Ohio etc. Algunos de ellos ocultaron sus orígenes musulmanes para evitar ser estigmatizados o que fueran rechazados por las autoridades aduaneras. En 1924 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley para limitar la inmigración, excluyendo la llegada de migrantes procedentes de Asia, afectando a muchos de los musulmanes.  

Estas primeras comunidades de musulmanes empezaron a crear asociaciones islamicas y a construir mezquitas para poder practicar su fe. Esto fue posible gracias al empeño de hombres como Satti Majid, un misionero sudanés que llegó a los Estados Unidos en 1904. Esta figura destaca por haber sido el creador de las primeras asociaciones caritativas islamicas como la Media Luna Roja o la Sociedad Misionaria islamica, así como por comprar parcelas en cementerios para poder enterrar a los musulmanes de acuerdo a sus ritos. Junto a ello llevó a cabo políticas proselitistas con las que consiguió que personas de la comunidad afroamericana se convirtieran al islam.

La inmigración musulmana provocó el aumento de la visibilización del islam y que este ganara más adeptos, principalmente entre los afroamericanos, debido a que muchos de ellos se sentían desarraigados tras verse forzados a migrar desde los Estados del Sur hacia las grandes urbes industriales del Norte (Detroit, Chicago y Nueva York).  

Posteriormente, empezaron a aparecer organizaciones afroamericanas vinculadas al islam que buscaban dar una identidad a los afroamericanos, combatir el racismo presente en el país por culpa de las leyes de Jim Crow y la violencia de grupos supremacistas blancos como el Ku Klux Klan. En este contexto surgieron dos organizaciones alejadas del islam ortodoxo —el practicado por la mayoría de los musulmanes— donde los líderes eran idolatrados como profetas y propagaban ideas contrarias a la igualdad racial. Por un lado, Noble Drew Ali creó en 1919 la Moorish Science Temple of America (MSTA), una institución que afirmaba que los afroamericanos eran descendientes de esclavos procedentes del actual Marruecos, y buscaba la conversión de los afroamericanos al islam. Por otro, tras la muerte de Drew Ali, en 1930 un seguidor de la MSTA, Wallace Fard Muhammad, fundaba la Nación del islam (NOI), que se posicionaba a favor del separatismo negro y rechazaba el contacto político, social o religioso con las personas blancas. A partir de 1934, el NOI fué dirigido por Elijah Muhammad quien propagó su mensaje por las cárceles y barriadas marginales.

Los años sesenta están marcados por la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles y poner fin a la segregación racial. Aquí, los afroamericanos musulmanes tuvieron un papel destacado, principalmente la Nación del islam a través de Malcolm X, un miembro destacado de la NOI que se convirtió en una figura mediática gracias a su oratoria y a sus polémicos discursos, y logrando que la organización pasara de 500 miembros a 40.000. En 1964, abandonaría la NOI y las tesis racistas que la acompañaban y abrazaría al islam sunnita. Sin embargo, su asesinato en 1965 por miembros de la NOI, fue una gran pérdida  para la comunidad musulmana. En esa década, el islam cobra importancia mediática debido a la conversión a esta religión de dos iconos del deporte americano: Muhammad Alí, campeón de los pesos pesados de boxeo y Kareem Abdul Jabbar, estrella de la liga de baloncesto americano.

Malcolm X en un mitin en el Barrio de Harlem, Nueva York, en 1963//Fuente: AP

Tras la aprobación por el Congreso de los Estados Unidos en 1965 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que puso fin a la restricción migratoria, la llegada de migrantes musulmanes se disparó. A diferencia de la ola migratoria de principios del siglo XX, donde la mayoría eran migrantes sin estudios, en esta época empezaron a llegar migrantes que iban a estudiar, académicos, doctores y refugiados. A partir de este momento la comunidad musulmana va a experimentar un progreso en su estatus a través de una mayor integración en la sociedad y de la consecución de una mayor visibilidad en la esfera pública. A nivel institucional el crecimiento también fue importante. El número de mezquitas llegó a las 600, las escuelas musulmanas a las 400, los centros islamicos a 1.200 y más de 80.000 americanos blancos se convierten al islam.  

El 11-S, un antes y un después

Los atentados perpetrados por el grupo terrorista  Al Qaeda el 11 de setiembre de 2001 en las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, fueron el peor ataque en territorio continental sufrido por los Estados Unidos y un golpe para la comunidad musulmana en el país. El gobierno de Bush respondió al ataque de dos formas. Por un lado, a nivel exterior, declarando la guerra a los talibanes afganos y posteriormente invadiendo Irak. Por otro lado, a nivel interno, aprobó la Patriot Act, una ley que otorgó grandes poderes al Gobierno Federal y a las agencias de inteligencia para espiar a los ciudadanos y detener indefinidamente a los inmigrantes con el fin de garantizar la seguridad y luchar contra el terrorismo. La asociación de abogados Muslim Advocates denuncia que la Patriot Act ha supuesto una violación de libertades fundamentales hacia los americanos musulmanes a través de la vigilancia y la recopilación de datos por parte de los organismos gubernamentales a personas inocentes por el simple hecho de ser musulmanas.

Por lo tanto, la aparición de grupos terroristas que han atentado en nombre del islam y la propagación de estereotipos negativos hacia los musulmanes ha provocado que se asocie islam con terrorismo y que aumente la islamofobia. El término islamofobia hace referencia cualquier acción de discriminación hacia los musulmanes (o aquellos percibidos como musulmanes) que tiene el objetivo de anular el reconocimiento y el ejercicio, en pie de igualdad, de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en el ámbito político, económico, social, cultural. Esta discriminación se ha manifestado en Estados Unidos con un aumento considerable de los delitos de odio contra los musulmanes americanos tras el 11-S, pasando de 28 en el año 2000 a 481 en el 2001. El número de ataques contra los musulmanes ha rondado el centenar anualmente en la última década. Además, según una encuesta de Pew Research Center el 43% de los estadounidenses cree que el islam fomenta la violencia, frente a un 49% que opina lo contrario. Entre aquellos que dicen que conocen alguna persona que sea musulmana, el 60% cree que los fieles al islam no apoyan la violencia. En contraste, aquellos que no tienen contacto con personas musulmanas, el 40% relacionan islam con violencia. Esto invita a pensar que son la desinformación sobre qué es el islam y el escaso contacto con la comunidad musulmana los factores que explican el rechazo.

La organización Southern Poverty Law Center cifra en 114 las organizaciones que fomentan discursos de odio contra los musulmanes americanos. Estos grupos consideran que el islam es una religión violenta que no se ajusta a los valores de la sociedad americana y que los musulmanes son una especie de quintacolumnistas que buscan imponer un régimen islamico en el país. Entre 2008-2013 estas organizaciones han gastado más de 200 millones de dólares en propagar discursos de odio contra la población musulmana.  Así mismo, el mundo audiovisual, que tiene una gran influencia en la sociedad, ha jugado un papel destacado en perpetuar una imagen estereotipada de los musulmanes. La mayoría de personajes árabes que salen en películas y series americanas actúan como terroristas que buscan destruir la civilización Occidental.

Radiografía de la comunidad Musulmana

La comunidad musulmana en Estados Unidos destaca por su diversidad,  producto de la mezcla entre aquellos musulmanes que han nacido en el país y por la llegada de miles de inmigrantes procedentes de países musulmanes. A nivel ideológico, se sienten más identificados con el Partido Demócrata que con el Republicano. Cabe destacar, que las mujeres americanas musulmanas perciben más discriminación que los hombres.

El aumento de la islamofobia ha provocado que los americanos musulmanes se impliquen más en política. En el año 2018, alrededor de 100 candidatos musulmanes se presentaron en las elecciones locales y nacionales. En ellas fueron elegidas las primeras congresistas musulmanas, Rashida Tlaib y Ilhan Omar. Previamente, Keith Ellison fue el primer congresista musulmán. La presencia de políticos musulmanes ayudará  a visibilizar más a la comunidad musulmana y a combatir prejuicios contra  ellos. Es muy probable que en el año 2040, los musulmanes serán  el segundo  grupo religioso  más numeroso tras  los cristianos, y por lo tanto su papel en la política americana será mayor.

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El liderazgo femenino en el islam: las imanes​

El liderazgo de la mujer en el islam: las imanes

Por Airy Domínguez

Imam Amina Wadud// © Imagen: Don Emmert/AFP/Getty Images

Según apunta Sayyid Mujtaba Musawi Lari en El Imamato, “el término Imam hace referencia, en relación con la comunidad, a un dirigente que supera a quienes conduce por lo que ha recibido de capacidad intelectual e ideológica, lo que lleva a la sociedad a remitirse a él en cuanto a sus métodos y forma de vida, obedeciendo sus órdenes”. La imamah – liderazgo- posee en el Islam un sentido amplio, abarcando tanto el liderazgo intelectual como la autoridad política, y “el Imam debe ser alguien capaz de enseñar a la gente la cultura coránica, las verdades religiosas y las disposiciones sociales, alguien digno de ser seguido (e imitado) en todos los aspectos, métodos y dimensiones”.

El término imamah también se ha empleado en un sentido más limitado, entendiendo al Imam como el líder que cuida del rumbo de de los asuntos sociales y políticos. Pero como señala Sayyid Mujtaba «cuando la predisposición humana esencial se amalgama con el mensaje religioso, entonces confluyen la autoridad intelectual y el poder político en una sola persona».

Así, como guía espiritual, el imam es un modelo y maestro de la comunidad. En cuanto al plano litúrgico, se trata de quien dirige la oración comunitaria (salat).

En palabras del jurista al-Mawardi el imamato supone “un principio sobre el que reposan las bases de la religión y gracias al cual los asuntos del pueblo son solucionados correcta y ventajosamente; por él se asegura la estabilidad de las cuestiones de interés general y de él emanan las funciones particulares”.

El imamato femenino

Pese a su dilatada trayectoria, puede decirse que el debate en torno a si una mujer puede o no ser imamah estalló de manera clara en el 2005, a raíz de la gran repercusión mediática de la oración dirigida por Amina Wadud en  Nueva York. Esta reivindicación se engloba dentro de un movimiento más amplio conocido como “feminismo islámico”, que encuentra sus raíces en la década de los 70 y se desarrolla de forma paralela al discurso del islam como respuesta a los problemas de la región.

La cuestión del liderazgo femenino no se ausenta de la historia del Islam. En este sentido, una de las esposas del Profeta Muhammad, Aisha, y su hija Fátima son a menudo mencionadas, junto con otras esposas y compañeras de Muhammad, como muhaddithat – mujeres que enseñaban los hadices –. Asimismo, existen historias religiosas donde se menciona a famosas mujeres eruditas y maestras. En este sentido, diversos expertos defienden la existencia de una larga tradición de imamas, así mencionan que el profeta visitaba frecuentemente a Umm Waraqa que incluso le pidió que cogiera a un muezzin – responsable de llamar a la oración – y dirigiera la oración en su casa delante de las mujeres y de los hombres de su familia. Por otra parte, alegan que Muhammad pidió a Aisha y Umm Salama que lideraran el rezo en la mezquita.

A lo largo de la historia toda una serie de pensadores musulmanes han defendido como lícito el hecho de que una mujer dirija las oraciones. Asimismo, destacados expertos en jurisprudencia islámica (alfaquíes) han defendido el imamato de la mujer , a saber, Abu Thawr – de la escuela del Imam Shafi’i -;  Abu Dawud – fundador de la escuela Zahirí- y  Tabari – comentarista coránico y creador de una escuela de jurisprudencia desaparecida- .  Junto a ellos estaría el maestro sufí ibn al-‘Arabi. Recientemente, personalidades como el académico islámico Hamza Yusuf han reconocido la posiblididad del imamato femenino. 

En línea con lo anterior, la imamah y teóloga Sherin Khankan, apunta que el relego de la mujer no data de los inicios del islam, sino que vendría con el califa Omar, quien ordenó a las mujeres que rezaran en casa y no en la mezquita. Así, asegura que en la Edad Media el Corán se posicionaba por delante del cristianismo en lo que a cuestiones éticas y feministas se refiere, lo que motivó un adelantamiento en el campo científico tecnológico que encontraría su punto de inflexión en el Renacimiento.

 

La imam Sherin Khankan
La imam Sherin Khanan// Fuente: The New Arab

Respecto al porqué del imamato femenino, la profesora Ingrid Mattson defiende que un verdadero líder de la comunidad musulmana es aquel que toma en cuenta las opiniones minoritarias y divergentes para crear unidad entre los musulmanes. Así, su enfoque del liderazgo femenino en las comunidades musulmanas se basa en el principio de inclusión, al entender que las mujeres solo se convierten en «miembros plenos de su comunidad » cuando participan en todos los niveles de discusión y tienen el potencial para el liderazgo. Aquí, mientras que Mattson reconoce la necesidad del liderazgo como expresión de la autoridad religiosa y la participación de las mujeres en sus comunidades de manera plena, para ella esto no incluye el liderazgo del salat mixto. Sin embargo, para la profesora Amina Wadud, el tema en juego en la defensa del imamato femenino es el pleno reconocimiento de la humanidad de la mujer y su agencia espiritual y moral. Lo anterior pone de manifiesto una vez más las divergencias entre los colectivos que luchan por la igualdad de género, esta vez a través de la cuestión del imamato. 

Por su parte, en una entrevista realizada por la doctora Sirin Adlbi, Natalia Andújar  defiende que para ella el imamato significa “ser coherente con una concepción igualitaria del islam”. Así, entiende que quien debe presidir la oración es quien mejor conozca el Corán y sea una persona respetada por la comunidad. “El hecho de que sea un hombre o una mujer debería ser irrelevante”, apunta. En este sentido, repara en la inexistencia de textos que prohíban explícitamente que una mujer dirija la oración mixta, aunque recuerda que “la mayoría de los juristas de las cuatro escuelas de jurisprudencia han establecido que todo lo concerniente a las muamalat está permitido menos lo que está prohibido, y todo lo concerniente a la ibada está prohibido menos lo que está permitido”. Siendo esta una elaboración posterior al texto coránico, que podría enmarcarse dentro de las estructuras patriarcales que se han adueñado de la religión.

Además, la experta señala que “las reacciones por parte de las comunidades musulmanas ante este hecho son cada vez menos virulentas ya que no se puede aislar de la labor que llevamos a cabo desde hace muchos años por deconstruir estereotipos, por la defensa de los derechos de los musulmanes en general, etc”. 

Frente a esta postura nos encontramos con la de aquellos que rechazan la posibilidad de imamato femenino. Así, como resume Jordi Moreras en su tesis doctoral, el debate del imamato femenino cuenta con dos posturas claramente enfrentadas cada una de las cuales se basa en tres argumentos principales. Por un lado, sus partidarios se apoyan en la decisión de Muhammad de que una mujer ocupase esta función en su mezquita; la inexistencia tanto en los textos sagrados como en la sunnah de indicaciones que se opongan a ello y la opinión de juristas como al-Tabari, alMuzani o Dawud adh-Dhahiri. Por su parte, los detractores se apoyan en la interpretación de algunos hadices, el consenso doctrinal establecido entre juristas y musulmanes respecto a este principio y la ausencia de evidencias históricas de la práctica del imamato femenino. 

Aquí cabe señalar que pese a la aparente novedad del liderazgo de la mujer dentro del islam, la doctora Mattson apunta que hay varias mujeres que lideran las comunidades musulmanas pero que desean permanecer sin ser reconocidasAsí, defiende que «hay eruditas profundamente conocedoras y líderes espirituales veneradas en todas las sociedades musulmanas. La mayoría no son ampliamente conocidas, pero muchas tienen una influencia significativa sobre un gran número de mujeres e incluso hombres «. En este sentido, señala que a excepción de las recitadoras indonesias las recitadoras musulmanas del Corán no publican sus recitaciones por modestia.

Mujeres imanes en China (Ah-hung):

China cuenta con unos 21 millones de musulmanes, los cuales han desarrollado sus propias prácticas islámicas con características propias del país. Aquí, la mayor diferencia es el desarrollo de mezquitas femeninas independientes con imanes femeninas. En este sentido, la China comunista ha sido durante mucho tiempo el único país del mundo donde las mujeres musulmanas tenían sus propias mezquitas, llamadas Nusi. Así, como apunta Nazanín Armanian, desde el siglo XVI las mujeres pueden ser Ah-hung (sacerdote) y hacer de imam dirigiendo el rezo de las mujeres en la mezquita.

En la ciudad de Kaifeng – provincia de Henan – hay 16 mezquitas de mujeres, un tercio del número de mezquitas para hombres. En el callejón Wangjia hutong, de la ciudad las mujeres van a su propia mezquita donde la imamah Yao Baoxia dirige las oraciones. Desde hace 14 años, Yao ha sido una mujer ahong – imam – y afirma que allí el estatus respecto de los hombres es el mismo pues «hombres y mujeres son iguales aquí, tal vez porque somos un país socialista«.

La mezquita  Wangjia Hutong, al igual que otras mezquitas femeninas, comenzó como una escuela coránica para niñas. Estas surgieron a fines del siglo XVII en el centro de China, incluidas las provincias de Shanxi y Shandong y se transformaron en mezquitas femeninas hace unos 100 años, comenzando en la provincia de Henan.

Fuente: Henan University

Pese a que China se presenta como el único país que tiene una larga historia de imanes femeninos hay cosas que, de acuerdo con las prácticas tradicionales de los musulmanes chinos, las mujeres no pueden hacer entre ellas dirigir rituales funerarios o lavar cadáveres masculinos.

La Mezquita Mariam: la primera liderada por una mujer en Escandinavia

En febrero de 2016 se inauguraba la Mezquita Mariam, la primera dirigida por mujeres de toda Escandinavia, cuyo primer rezo tendría lugar seis meses después. Desde entonces, junto a las oraciones, en la mezquita se han realizado bodas interreligiosas – desaprobadas en otras mezquitas –  y divorcios. En este sentido, la Mezquita Mariam posee su propio estatuto del matrimonio, el cual cuenta con cuatro ejes fundamentales, a saber, el rechazo de la poligamia; el derecho de las mujeres al divorcio, la anulación del matrimonio ante violencia psicológica o física; y la igualdad de derechos sobre los hijos por parte de las mujeres ante el divorcio.

Así, según señala su fundadora Sherin Khankan, esta nace en un intento por desafiar las «estructuras patriarcales» y crear debate y diálogo, entendiendo como estructuras patriarcales el carácter que ha quedado impregnado en el islam donde los hombres gozan de una posición preferente fruto de una lectura subjetiva del libro sagrado por los propios varones. La intención de Khankan sería desafiarlas permitiendo la igualdad entre ambos géneros. 

Pese a la controversia sobre la compatibilidad entre la igualdad y el islam, expertas como Dolors Bramon, islamóloga no musulmana, afirman que no son ideas enfrentadas. En este sentido, asegura no sólo su compatibilidad sino que en su libro Ser mujer y musulmana afirma  que “las primeras normativas favorables a la mujer nacen en el libro básico del islam”. Así, Bramon considera que el islam establece una igualdad absoluta desde el punto de vista religioso: la mujer tiene derecho a la vida -antes no lo tenía-, la mujer hereda -antes era heredada-, la mujer tiene derecho a una dote y sin ella no hay matrimonio, se anula prácticamente la costumbre de la poligamia, porque el Corán habla de poligamia pero luego dice que es imposible cumplir con los requisitos…”. 

Mezquita Mariam// Fuente: Maryam Islamic Centre

En línea con lo anterior la danesa Khankan señalaba el pasado marzo, en el Seminari interdisciplinari de recerca del Aula Mediterránea, que siendo hija de padre sirio y madre finlandesa, él musulmán de carácter feminista y ella católica, la religión había permanecido en el seno de la familia sin ser motivo de disputas. Una situación familiar que influiría en el progresivo desarrollo de la idea de crear un espacio en el que, respetando las bases del Islam, todos los imanes serían femeninos y donde, a excepción de los viernes, tanto hombres como mujeres serían recibidos en las oraciones.

Poco después, en una entrevista realizada por La Vanguardia Khankan buscaría romper con distintos mitos que considera creados en el islam. En este sentido, rechazaba la idea de que el feminismo islámico sea un oxímoron para lo que recurre a la persona de su padre, quien afirma desde siempre ha dicho que “el hombre perfecto es una mujer”,  una creencia en la que ella ha sido educada. Asimismo, entre otras cuestiones, mencionaba la cuestión de la yihad afirmando que esta se trata de una lectura interesada posterior realizada por “ciertos caudillos”, mientras que defendía que “en realidad, el Profeta sólo está llamando a una guerra interior contra tu ego”.

Otras imanes

Junto a la Mezquita Mariam existen toda una serie de proyectos similares que han sido realizados por mujeres musulmanas en otros países, incluidos los EE. UU., Canadá y Alemania.

En cuanto a las imanes femeninas, otra de las figuras destacadas dentro de esta corriente en Occidente es la ya mencionada Amina Wadud. Su defensa del imamato femenino le llevaría a dirigir la oración en dos ocasiones, a saber, en 2005 en Nueva York y en 2008 en Barcelona. En ninguna de las ciudades consiguió permiso para hacerlo en una mezquita, lo que le llevaría a que en el caso de Nueva York  sus fieles fueran reunidos en la iglesia presbiteriana de San Juan, mientras que en Barcelona la oración tendría lugar en un salón del hotel en el que se celebraba el congreso al que había sido invitada. Ello daría lugar a una gran polémica y provocaría el rechazo y denuncia por parte de los sectores más conservadores.

Por su parte, Asma Bhol también se considera una «imamah lo que ella misma entiende como la versión femenina del imán. En este sentido, dirige las oraciones del viernes en la Iniciativa de la Mezquita Inclusiva en Londres, que admite a personas de cualquier género, sexualidad o minoría en condiciones de igualdad. Cuentan con  alrededor de 20 a 50 personas en un viernes típico.

Junto a las anteriores existen otras como la Imamah Pamela Taylor y Jamila Ezzani dirigió a un grupo de hombres y mujeres en sus oraciones de Eid en 2012.

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La fractura chií- suní ¿Sectarismo o poder?

La fractura chií- suní ¿Sectarismo o poder?

Por Airy Domínguez

El enfrentamiento entre las facciones suní y chií nace en el 632 d.C., ante la ausencia de un sucesor tras la muerte de Mahoma. Sin embargo, si partimos de la base de que en la actualidad las relaciones internacionales de los países del Golfo Pérsico están centradas en la seguridad, podría decirse que la rivalidad ideológica de sus potencias guarda más relación con la pretensión de aumento de poder al más puro estilo realista, que con cuestiones puramente religiosas o políticas. Así, el objetivo de las políticas de estos países, tanto a nivel exterior como interno, va a residir en eliminar las amenazas a la seguridad independientemente de si estas son reales o percibidas. Aquí, cabe señalar que las interpretaciones que se pueden dar al término seguridad son amplias y variadas, encontrándose entre ellas la idea de seguridad del régimen y, por tanto, de sus intereses. Es precisamente en este punto donde podemos situar la obsesión de los distintos Estados por controlar o influir en otros Estados, pues ello les garantizaría su liderazgo en la zona permitiéndoles una posición de mayor seguridad. 

Como apunta Dazi-Héni en Arabia Saudí contra Irán: un equilibrio regional de poder, la agudización del sectarismo se ve como una corriente a la que tiende Oriente Medio desde el siglo XXI, siendo en la actualidad la guerra fría Arabia Saudí (suní) – Irán (chií) por el control de la región uno de los factores fundamentales que podrían intensificar los conflictos socio-políticos de la zona. Sin embargo, si hacemos zoom en esta aparente división sectaria, lo que obtenemos es que parece estar mucho más relacionada con un enfrentamiento geopolítico originario de 1979 y con la competencia ideológica para alcanzar la superioridad en Oriente Medio, que con la religiosidad (Dazi-Héni, F., 2013: 1).

Pese a ello, varios de los conflictos que afectan actualmente a la región continúan a menudo presentándose como una guerra sectaria entre suníes y chiíes, que continúa viva al menos en el discurso de ambas potencias. Sin embargo, la base del iceberg no es otra que una lucha por el poder ante la incertidumbre generada en la última década en la región y el consiguiente aumento de las inseguridades, siendo la religión un recurso en manos de las élites para alcanzar unos objetivos concretos.

Si bien las tensiones entre Irán y Arabia Saudí se remontan a la Revolución Islámica (1979), la tensión por el control de la región por parte de ambas potencias encuentra su punto de inflexión más reciente en la invasión de Iraq (2003), al permitir que Irán tutelase al naciente gobierno iraquí (Álvarez Ossorio, I., 2017: 1484). Aquí, lo que según los neoconservadores serviría para acabar con el gobierno tiránico de Saddam Hussein y traer la democracia – otorgándole el poder a la mayoría chiita – se tradujo en consecuencias devastadoras para la región. Con la invasión obtuvieron no sólo la caída de Husein y la revancha suní, sino el resquebrajamiento del equilibrio de poder del Golfo Pérsico haciendo del territorio iraquí el tablero de juego donde Irán y Arabia Saudí librarían su lucha.

Otro punto clave en el presente escenario son las Primaveras Árabes, que exacerbarán las tensiones en otros escenarios como Siria, Yemen y Líbano (Álvarez Ossorio, I., 2016: 1484) y serán vistas por las potencias como una jugada más dentro de esta competición geopolítica. Estas revueltas suponen la caída de los líderes de parte importante de los países. Asimismo, dan lugar a débiles transiciones que alimentarán las diferencias presentes en la región, siendo la fractura suní-chií una de ellas. Consecuencias que se tornan evidentes en los acontecimientos vividos en Iraq, Bahréin y Siria durante los últimos años.

Sin embargo, a grosso modo puede decirse que las Primaveras Árabes resultaron en un vacío de poder, en el aumento de la inseguridad y en luchas por el control del mismo. Ello sería aprovechado por las potencias para intentar ganar liderazgo y permitiría, en muchas ocasiones, la entrada de grupos terroristas como Al Qaeda en la Península Arábiga en el caso de Yemen o Estado Islámico en Siria y Libia. Aquí, resulta interesante detenerse en el caso de Siria, donde la revuelta y su brutal represión dieron luz a una guerra civil, transformando un conflicto sectario en uno transnacional que parece presentarse como el actual eje en torno al que giran los conflictos de la zona.

Junto a las revueltas y la invasión de Iraq, no podemos olvidar la política de EEUU con respecto a la región, ni su reclamo a una mayor involucración de los aliados para “garantizar la seguridad” en la zona. A lo anterior haría que añadir el papel de su antagonista ruso en la región, aliado del régimen sirio. Aquí, Siria vuelve a presentarse como el tablero idóneo para una confrontación indirecta.

Así, todas estas cuestiones han avivado las inseguridades al tiempo que han despertado sospechas entre algunos países, dando como resultado complejas alianzas. En esta línea, en los últimos años se han podido distinguir tres bloques en el territorio, uno iraní-chií donde encontramos al régimen sirio de Bashar al-Asad, el gobierno de Bagdad y varias milicias iraquíes, Hezbolá y milicias palestinas como Hamás o Yihad Islámica; uno saudí-suní con países como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Jordania y, en parte, la Autoridad Nacional Palestina; y un tercero debilitado, formado por Qatar y las distintas organizaciones vinculadas a los Hermanos Musulmanes (Fernández, H. A., 2015: 281) . A ello abría que añadir los respectivos apoyos internacionales con los que cuenta cada bloque.

BIBLIOGRAFÍA

Álvarez Osorio, I., 2015. La fractura suní-chií en Oriente Medio. Esglobal, 24 de febrero. Disponible en: https://www.esglobal.org/la-fractura-suni-chii-en-oriente-medio/ (Consultado el 28/12/ 2017).

Álvarez Ossorio, I., 2016. Siria. Revolución, sectarismo y yihad [e-book]. Catarata: Madrid.

Dazi-Héni, F., 2013. Arabia Saudí contra Irán: un equilibrio regional de poder. Awraq, 8, 23-5.

Fernández, H. A., 2015. Las múltiples crisis de Oriente Medio. Quaderns de la Mediterrània, 22, 277. Disponible en: http://www.iemed.org/observatori/arees-danalisi/arxius-adjunts/qm22/009ES_CrisisMiddleEast_HAmirah-Fernandez.pdf (Consultado el 28/01/2018)

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¿Es el sectarismo la base del conflicto sirio?

¿Es el sectarismo la base explicativa del conflicto sirio?

Por Airy Domínguez

(Aleppo 20/Septiembre/2012)
Fotografía de Airy Domínguez en la exposición Un día cualquiera de Manu Brabo

Las tendencias sectarias e identitarias predominantes en la historia de Oriente Medio han quedado impresas en el tablero sirio y, pese a no ser la causa única de la situación actual del país, resulta imposible entender lo que está sucediendo sin referirse a la minoría alauí ostentadora del poder en la actualidad. Como afirma Aslam Farouk en Sectarianism in Alawi Syria: Exploring the Paradoxes of Politics and Religion, antes de la división del mundo islámico en estados-nación la identidad se construía en base a la creencia religiosa, quedando los sujetos de los distintos imperios agrupados en función a sus afiliaciones religiosas. Dicha cuestión permitía, incluso antes de la llegada de los otomanos, diferenciar a los alauíes de otros grupos confesionales. Hasta su llegada al poder, el patrón histórico de esta comunidad se movía entre su tolerancia, rechazo o persecución. Opresión y marginación exterior que irán acompañadas de la presencia de divisiones internas más o menos acentuadas. Dicha tendencia, encuentra su punto de inflexión en la conquista de la Gran Siria por Egipto (1834), que resultará en la integración de los alauíes tanto en los aparatos institucionales del Estado como en el tejido social sirio [1].

Años más tarde, en 1916, el acuerdo Sykes-Picot dejaba a Siria bajo un mandato francés que promovió divisiones y construcciones geográficas artificiales. Este se apoyará en las minorías para su propio beneficio y edificará la política, al igual que hicieron los otomanos, en base a lo que Albert Hourani describe como “política de notables”, es decir, sobre una dependencia de las élites locales predominantemente sunnís que recuerda al sistema tribal de Libia, al menos hasta la caída de Gadafi (2011). La ocupación y el dominio francés provocarán la Gran Revuelta Siria (1925), el primer movimiento masivo contra el gobierno colonial en Oriente Medio; este deja ver la existencia de una identidad árabe al tiempo que vaticina la ruptura de la “política de notables”. Por otra parte, la firma del tratado franco-sirio de independencia (1936) pavimentará la vuelta de los apátridas alauíes a Siria, con su consiguiente integración social y religiosa, siendo el fallo del nuevo régimen continuar privilegiando políticamente a una minoría. Pese a ello, Siria asistirá a un pluralismo que permitirá la entrada de partidos como el de los Hermanos Musulmanes de Siria y el Partido Ba´th – este y la armada resultarán fundamentales para el aumento de poder de los alauíes  –.

De la crisis política que sigue a la independencia nace la Revolución Ba´th (1963), un golpe de Estado que permitió el ascenso de dicho partido al poder y de miembros del Comité Militar, un pequeño colectivo de la armada formado por minorías religiosas entre las que se encontraba Hafiz al-Asad. Aquí, los enfrentamientos políticos entre ba‘tíes y naseríes pronto se transformarán en luchas sectarias, especialmente a raíz de la presencia y participación más directa de los Hermanos Musulmanes, mientras que la lucha sunní contra los alauíes, drusos e ismaelíes[2] se intensificará dentro del Comité Militar, siendo tras el golpe de Estado de 1966 cuando los oficiales del ejército y los líderes del partido pasen a ser mayoritariamente alauíes (Marín Guzman, R., 2001). Además, surgirán disputas internas por el liderazgo que terminarán con la victoria de Hafiz al Asad.

Fuente: elaboración propia

De este modo, los centros de poder quedan en manos de esta minoría alauí, siendo la solidaridad sectaria y la represión las piedras angulares que permitirán no sólo que Asad se consolide en el poder, sino que tras su muerte este pase a manos de su hijo Bashar. Este seguirá los pasos autoritarios de su padre bajo una aparente identidad nacionalista árabe que, como apunta Yasin al-Haj Saleh, uno de los principales intelectuales del levantamiento sirio, responde a una táctica para “mantenerse en el poder hasta que muera y dejar su puesto a su hijo” (Postel y Hashemi, 2014). Serán este recurso al nacionalismo, la aparente política dura hacia Israel, y su “oposición” al imperialismo americano, lo que le permitirá mantener una cohesión hasta las revueltas árabes.

Pese al indudable sectarismo existente en la región, resulta difícil creer que este constituya la base explicativa del conflicto pues, como señala Aslam Farouk, hoy nos encontramos ante una sociedad donde la identidad no queda determinada únicamente por las ambiciones religiosas, pues las comunidades de fe han sido sustituidas por naciones-estado, y la nacionalidad se presenta como la base identitaria. En dicho escenario, los alauíes, afiliados a la rama chií del Islam, parecen haber quedado políticamente asociados con el clan Asad, con el que no necesariamente se identifican pero que ha explotado un discurso sectario para ejercer poder político[3]. Una perorata basada en la política de divide y vencerás de la que se hace eco en occidente. Todo ello enmarcado bajo un régimen coercitivo y autoritario cuya respuesta a las revueltas de 2011 ha supuesto la muerte de cientos de miles de personas, y un escenario ideal para la aparición de grupos armados que permiten al régimen vender la idea de la «guerra contra el terrorismo”, garantizar su interacción con las grandes potencias, adquirir legitimidad internacional, y perpetuarse en el poder.

(Aleppo-Siria el 2/octubre/ 2012)
Fotografía realizada por Airy Domínguez en la exposición Un día cualquiera de Manu Brabo

En esta línea, intelectuales como Yassin al-Haj Saleh rechazan la base sectaria del conflicto defendiendo que “cuando una estructura armada utiliza el ejército, los medios de comunicación y los recursos supuestamente nacionales para matar a su propio pueblo porque se opone a un gobierno tiránico no podemos hablar de sectarismo” sino del “aparato represor del Estado” (Postel,D., y Hashemi,N., 2014), y es que secta y Estado son cosas diferentes pese a que puedan coincidir. En definitiva, a pesar de la innegable existencia de factores relacionados con la identidad o la ideología, las acciones de los Estados actúan de acuerdo con la preservación o expansión del poder y sus intereses (Ghotme, R. A., Garzón, I. y Cifuentes, P., 2015).

El sectarismo no es más que una parte de un conflicto de carácter multidimensional, marcado por un legado colonial, donde participan una gran diversidad de actores. Junto al sectarismo, una guerra por el poder de Al-Assad frente a una población que reclama democracia, una pugna por la supremacía regional entre Arabia Saudí e Irán, un espacio en el que Turquía, Qatar y EAU ven una oportunidad para aumentar su influencia, un escenario de la lucha de las fuerzas kurdas para establecer su propia ‘revolución’, y una oportunidad para el EI, es, a grandes rasgos, lo que tenemos en la región.

NOTAS AL PIE

[1] En octubre de 1831, el ejército egipcio comenzó su campaña para conquistar la Gran Siria (entonces parte del Imperio Otomano). Su superioridad militar y la firma de un tratado de paz en mayo de 1833, harán que Egipto pase a considerar a la Gran Siria – junto con Creta y Adana – parte de su dominio. En lo sucesivo, los otomanos buscarán recuperar estos territorios, mientras que los egipcios comenzarán a reclutar sirios en su ejército. En respuesta a la intrusión, en septiembre de 1834 estallará el primer levantamiento Nusayri (Alawi), donde los rebeldes alauitas serán apoyados por los otomanos. En 1841 los otomanos recuperarán Siria reclutando, al igual que hicieron los egipcios, sirios en su ejército – alauíes entre ellos – . Aquí, pese a que el servicio militar obligatorio siguió siendo motivo de rebelión, este se presentó como “ […] en el primer paso hacia la transformación social y la integración de los alauíes en los aparatos institucionales del Estado y, como tal, en el tejido social más amplio de la sociedad siria” (Farouk, A., 2017: 212).

[2] Para más información sobre las diversas escuelas del islam véase nuestro artículo ¿Oriente Medio, MENA, Mundo Árabe? La diversidad terminológica de la región

[3] Como afirma el académico sirio Yasser Munif en el régimen de Assad priman dos discursos, el que le lleva a presentarse en público como un sistema laico, y uno paralelo de carácter sectario. En este sentido, Munif afirma que para consolidar su poder Assad construyó un “sutil” equilibrio entre sunitas y alauitas, así como entre el partido y el ejército, consiguiendo el imprescindible apoyo sunita mediante la otorgación de “[…] algunas posiciones a ciertos generales y comerciantes etc., pero cada vez que había confrontaciones, y en cada purga, los alauitas ganaban y conseguían más posiciones estratégicas dentro del ejército, el aparato de seguridad y dentro del partido. El régimen de Assad jugaba con estas contradicciones, instigando la oposición entre la clase sunita urbana y la clase sunita rural y sunitas de diversas regiones, aprovechando estas contradicciones y diferencias para consolidar su poder”. Junto a lo anterior, el experto retrocede a la década de los 80 para explicar cómo el régimen sirio aplastó la rebelión de la Hermandad matando entre veinte y cuarenta mil personas en Hama, y cómo recurrió a los saudíes para abrir escuelas religiosas y propagar el wahabismo – todo con la aprobación de Arabia Saudí quien se comprometía a no apoyar a la Hermandad– . Con ello Munif pretende señalar que esta dinámica en la que se pronunciaban discursos sectarios entre ciertos segmentos de la población mientras el régimen se presentaba como laico y moderno se repite en la actualidad. Finalmente señala que el régimen emplea “ […] el sectarismo no como un aparato ideológico, sino […] como una herramienta pragmática: abatir a una parte de la población contra la otra para consolidar su poder, en lugar de usar el sectarismo como lo hace ISIS, como fundamento de su Estado” (Khalil., 2017).

BIBLIOGRAFÍA

Álvarez Osorio, I., 2016. Siria. Revolución, sectarismo y yihad. Los Libros de La Catarata: Madrid.

Farouk –Alli, A., 2014. Sectarianism in Alawi Syria: Exploring the Paradoxes of Politics and Religion. Journal of Muslim Minority Affairs, 34: 3, pp. 207-226.

Ghotme, Rafat Ahmed; Garzón, Ingrid y Cifuentes, Paola., 2015. Las relaciones internacionales de la guerra civil siria a partir de un Enfoque regional: hegemonía y equilibrio en Medio Oriente. Estudios Políticos, 46, Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia, pp. 13-32.

Postel, D. y Hashemi, N. (18-03-2014). “La conciencia de Siria”. Rebelion. Disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=182153 (Consultado el 12/12/2017)

Grimal, H., 1989. Historia de las colonizaciones del siglo XX. Madrid: Iepala

Khalil, Y., 2017. Entrevista a Yasser Munif: la tragedia siria es hoy una cuestión moral y política clave. Vientosur. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12118 [Consultado: 17/01/2018]

Maiquez, M., 2015. Acuerdo Sykes-Picot (1916). Recortes de Oriente Medio [Blog]. Disponible en: https://recortesdeorientemedio.com/the-sykes-picot-agreement-1916-2/ [Consultado: 19/01/2018]

Marín Guzmán, R., 2013. Origen y desarrollo del fundamentalismo islámico en Siria: lucha de clases y enfrentamiento sunní-ʿalawí. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos., Norteamérica, 50. Disponible en: http://www.meaharabe.com/index.php/meaharabe/article/view/229/226. [Consultado: 19/01/2018]

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