El islam, una parte importante de la historia de Estados Unidos

El islam, una parte importante de la historia de Estados Unidos

Por Youssef Bouajaj

Musulmanes americanos en un protesta contra Trump // Fuente: Kena Betancur/AFP/Getty Images

El islam es la segunda religión con más fieles por detrás del cristianismo, en el mundo hay alrededor de 1.800 millones de musulmanes. Dicha religión surgió y se expandió en sus inicios por el Mundo Árabe, sin embargo, en la actualidad en esta zona se concentra únicamente el 20% de la población mundial musulmana, mientras que el 62% de sus fieles viven en la región Asia-Pacífico. En el caso estudiado en este artículo, los Estados Unidos, existen más de tres millones de fieles del islam.

Los musulmanes han jugado un papel importante en la historia y el desarrollo de los Estados Unidos. La llegada a la Presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump ha traído consecuencias negativas para los intereses de los musulmanes norteamericanos. Trump ha manifestado públicamente que “el islam odia a América” y que los musulmanes no se integran en la cultura americana, además de su intención de evitar la llegada de inmigrantes musulmanes al país. Esta fue una de las primeras medidas que implementó tras llegar al poder, poniendo restricciones a la llegada de migrantes procedentes de países musulmanes como Yemen, Siria, Irán, Libia y Somalia.

Los primeros musulmanes en América: bajo el yugo del esclavismo

Una de las primeras personas de origen musulmán en pisar el continente americano fue Estevanico de Dorantes. Nacido en Azemmour —actual Marruecos— fue esclavizado por los portugueses y posteriormente adquirido por el español Andrés Dorantes de Carranza, a quien acompañó en su travesía por el suroeste de Norteamérica entre 1527-1536. El virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, fascinado por las historias que contaban los supervivientes y por la capacidad de Estevanico para comunicarse con los nativos americanos, le encomendó la tarea de buscar las fabulosas siete ciudades de oro. Fue en esta expedición donde se perdió el paradero de Estevanico, posiblemente asesinado por los nativos.

Entre finales del siglo XV y principios del XVI empezó la colonización del continente americano por parte de potencias europeas como España, Portugal, Francia o Reino Unido. Para desarrollar esta tarea una de las herramientas fundamentales fue la esclavización de más de 10 millones de personas procedentes de África entre los siglos XVI y XIX, de los cuales entre un 10% y un 30% eran musulmanes. El historiador Michael Gomez cifra en 200.000 la primera generación de africanos musulmanes que fueron llevados a la fuerza a las 13 colonias británicas en Norteamérica —actuales Estados Unidos—.

Colonias Europeas en América Siglo XVI-XVIII//Fuente: Wikimedia

Según apunta Kambiz Ghanea Bassiri en su libro Historia del islam en América, los esclavos africanos de religión musulmana se sentían superiores respecto a los otros esclavos debido a que algunos provenían de élites en sus países de origen y habían tenido esclavos no musulmanes. Esto hizo que los esclavistas percibieran a los musulmanes como personas más inteligentes y dignas. Sin embargo, las divisiones entre los esclavos duraron poco, pues los esclavistas usaron todo tipo de métodos represivos para evitar que los esclavizados pudieran seguir su fe religiosa y los forzaron a convertirse al cristianismo.

Fue así como buena parte de los hijos de la primera generación de musulmanes africanos ya no siguieron el islam. En este contexto, algunos esclavos africanos siguieron manteniendo su fe en secreto. Tal es el caso de Ayyuba Suleiman Diallo nacido en 1701, hijo de un famoso clérigo musulmán de Boundou —actual Senegal—, quien fue capturado y esclavizado en la colonia británica de Maryland en América del Norte. Tras un intento de fuga, las autoridades lo acabaron liberando a petición de la compañía privada de tráfico de esclavos, la Royal African Company, que quería usar sus conocimientos para incrementar las relaciones comerciales en el África Occidental. No obstante, Suleiman Diallo destacaba por tener conocimientos en materia religiosa. Aun así, pudo regresar a su tierra natal en 1734.  

Retrato de Ayyuba Suleiman Diallo//Fuente: National Portrait Gallery

El nacimiento de los Estados Unidos

En 1776, las 13 colonias norteamericanas se alzaron contra el Reino Unido y decidieron constituirse como Estados Independientes para formar una nueva nación: los Estados Unidos de América. La falta de autonomía política, la subida de impuestos y la poca representación de los colonos en el Parlamento Británico fueron algunos de los motivos detrás de la Declaración de Independencia. Durante la guerra de independencia de los Estados Unidos (1775-1783), que finalizó con la victoria del bando revolucionario, alrededor de 100.000 esclavos murieron o escaparon, y la mayoría de ellos luchó a favor del Reino Unido, quien prometió otorgarles la libertad. Esto no evitó que algunos de ellos con origen musulmán lucharan bajo las filas del ejército revolucionario como Bampett Muhammad, Yusuf ben Ali y Peter Salaam. Cabe destacar, que un país musulmán como Marruecos, fue uno de los primeros Estados en reconocer a los Estados Unidos como país independiente en 1786. Previamente en 1777, el país del norte del Magreb había abierto sus puertos a los barcos norteamericanos.

El nacimiento de los Estados Unidos de América  sentó las bases para el reconocimiento de las minorías religiosas. Thomas Jefferson, uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, quien redactó la Declaración de Independencia y fue presidente del país (1801-1809), impulsó el Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa en 1786, que reconocía el derecho de la población de Virginia a escoger su religión con total libertad y la separación del Estado-Iglesia. Según expresó Jefferson en su autobiografía, el propósito de esta ley era proteger a todas las religiones, la judía, la pagana, la cristiana, la mahometana (islam) y la hindú”. La Constitución Americana, que entró en vigor en 1789, fue enmendada en 1791 para garantizar la libertad religiosa y de expresión en todo el país gracias a la influencia del Estatuto de Virginia.

Ejemplar del Corán (libro sagrado del islam) que perteneció a Thomas Jefferson. En la actualidad, ha sido utilizado por congresistas musulmanes para jurar su cargo// Fuente: Library of Congress

En cuanto a la situación de la población esclava, su suerte no cambió. La Constitución   no acabó con esta práctica y se limitó a prohibir la importación de personas esclavas procedentes de otros países. Dentro de los Estados Unidos había enormes diferencias respecto al papel de la esclavitud. En los Estados del Sur había una economía agraria donde destacaba el sector algodonero, y por ello dependían de la mano de obra esclava que llegó a suponer un tercio de la población total del Sur. Por el contrario, el Norte estaba más industrializado y la población esclava era menor. Es por eso que a finales del XVIII y principios del XIX, los Estados del Norte legislaron para abolir la esclavitud. Estas visiones enfrentadas estallaron tras la victoria en las elecciones presidenciales de 1860 del candidato contrario al esclavismo, Abraham Lincoln. Ante eso los Estados del Sur se independizaron y formaron los Estados Confederados de América, que supuso el el estallido de una Guerra Civil (1861-1865). El conflicto finalizó con la victoria de las fuerzas del norte y la adopción de la decimotercera enmienda constitucional (1865) que abolía la esclavitud en todo el país.  

Pese a la abolición de la esclavitud, la población negra siguió siendo discriminada a causa de las leyes de Jim Crow que se implementaron mayormente en los Estados del Sur a partir de 1876. Estas leyes pusieron a la práctica un sistema de segregación racial donde la población negra recibía un peor trato en el espacio público, como por ejemplo en las escuelas, transportes públicos y en negocios privados.

El islam tras el esclavismo

La primera oleada de inmigrantes musulmanes libres data de finales del XIX y principios del XX cuando empezaron a llegar  miles procedentes de las actuales Siria, Jordania, Líbano, India y Pakistán. Eran principalmente hombres pobres y sin estudios, que buscaban unas mejores condiciones de vida. Por eso se instalaron en las principales áreas industriales del país como Massachusetts, Chicago y Ohio etc. Algunos de ellos ocultaron sus orígenes musulmanes para evitar ser estigmatizados o que fueran rechazados por las autoridades aduaneras. En 1924 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley para limitar la inmigración, excluyendo la llegada de migrantes procedentes de Asia, afectando a muchos de los musulmanes.  

Estas primeras comunidades de musulmanes empezaron a crear asociaciones islamicas y a construir mezquitas para poder practicar su fe. Esto fue posible gracias al empeño de hombres como Satti Majid, un misionero sudanés que llegó a los Estados Unidos en 1904. Esta figura destaca por haber sido el creador de las primeras asociaciones caritativas islamicas como la Media Luna Roja o la Sociedad Misionaria islamica, así como por comprar parcelas en cementerios para poder enterrar a los musulmanes de acuerdo a sus ritos. Junto a ello llevó a cabo políticas proselitistas con las que consiguió que personas de la comunidad afroamericana se convirtieran al islam.

La inmigración musulmana provocó el aumento de la visibilización del islam y que este ganara más adeptos, principalmente entre los afroamericanos, debido a que muchos de ellos se sentían desarraigados tras verse forzados a migrar desde los Estados del Sur hacia las grandes urbes industriales del Norte (Detroit, Chicago y Nueva York).  

Posteriormente, empezaron a aparecer organizaciones afroamericanas vinculadas al islam que buscaban dar una identidad a los afroamericanos, combatir el racismo presente en el país por culpa de las leyes de Jim Crow y la violencia de grupos supremacistas blancos como el Ku Klux Klan. En este contexto surgieron dos organizaciones alejadas del islam ortodoxo —el practicado por la mayoría de los musulmanes— donde los líderes eran idolatrados como profetas y propagaban ideas contrarias a la igualdad racial. Por un lado, Noble Drew Ali creó en 1919 la Moorish Science Temple of America (MSTA), una institución que afirmaba que los afroamericanos eran descendientes de esclavos procedentes del actual Marruecos, y buscaba la conversión de los afroamericanos al islam. Por otro, tras la muerte de Drew Ali, en 1930 un seguidor de la MSTA, Wallace Fard Muhammad, fundaba la Nación del islam (NOI), que se posicionaba a favor del separatismo negro y rechazaba el contacto político, social o religioso con las personas blancas. A partir de 1934, el NOI fué dirigido por Elijah Muhammad quien propagó su mensaje por las cárceles y barriadas marginales.

Los años sesenta están marcados por la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles y poner fin a la segregación racial. Aquí, los afroamericanos musulmanes tuvieron un papel destacado, principalmente la Nación del islam a través de Malcolm X, un miembro destacado de la NOI que se convirtió en una figura mediática gracias a su oratoria y a sus polémicos discursos, y logrando que la organización pasara de 500 miembros a 40.000. En 1964, abandonaría la NOI y las tesis racistas que la acompañaban y abrazaría al islam sunnita. Sin embargo, su asesinato en 1965 por miembros de la NOI, fue una gran pérdida  para la comunidad musulmana. En esa década, el islam cobra importancia mediática debido a la conversión a esta religión de dos iconos del deporte americano: Muhammad Alí, campeón de los pesos pesados de boxeo y Kareem Abdul Jabbar, estrella de la liga de baloncesto americano.

Malcolm X en un mitin en el Barrio de Harlem, Nueva York, en 1963//Fuente: AP

Tras la aprobación por el Congreso de los Estados Unidos en 1965 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que puso fin a la restricción migratoria, la llegada de migrantes musulmanes se disparó. A diferencia de la ola migratoria de principios del siglo XX, donde la mayoría eran migrantes sin estudios, en esta época empezaron a llegar migrantes que iban a estudiar, académicos, doctores y refugiados. A partir de este momento la comunidad musulmana va a experimentar un progreso en su estatus a través de una mayor integración en la sociedad y de la consecución de una mayor visibilidad en la esfera pública. A nivel institucional el crecimiento también fue importante. El número de mezquitas llegó a las 600, las escuelas musulmanas a las 400, los centros islamicos a 1.200 y más de 80.000 americanos blancos se convierten al islam.  

El 11-S, un antes y un después

Los atentados perpetrados por el grupo terrorista  Al Qaeda el 11 de setiembre de 2001 en las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, fueron el peor ataque en territorio continental sufrido por los Estados Unidos y un golpe para la comunidad musulmana en el país. El gobierno de Bush respondió al ataque de dos formas. Por un lado, a nivel exterior, declarando la guerra a los talibanes afganos y posteriormente invadiendo Irak. Por otro lado, a nivel interno, aprobó la Patriot Act, una ley que otorgó grandes poderes al Gobierno Federal y a las agencias de inteligencia para espiar a los ciudadanos y detener indefinidamente a los inmigrantes con el fin de garantizar la seguridad y luchar contra el terrorismo. La asociación de abogados Muslim Advocates denuncia que la Patriot Act ha supuesto una violación de libertades fundamentales hacia los americanos musulmanes a través de la vigilancia y la recopilación de datos por parte de los organismos gubernamentales a personas inocentes por el simple hecho de ser musulmanas.

Por lo tanto, la aparición de grupos terroristas que han atentado en nombre del islam y la propagación de estereotipos negativos hacia los musulmanes ha provocado que se asocie islam con terrorismo y que aumente la islamofobia. El término islamofobia hace referencia cualquier acción de discriminación hacia los musulmanes (o aquellos percibidos como musulmanes) que tiene el objetivo de anular el reconocimiento y el ejercicio, en pie de igualdad, de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en el ámbito político, económico, social, cultural. Esta discriminación se ha manifestado en Estados Unidos con un aumento considerable de los delitos de odio contra los musulmanes americanos tras el 11-S, pasando de 28 en el año 2000 a 481 en el 2001. El número de ataques contra los musulmanes ha rondado el centenar anualmente en la última década. Además, según una encuesta de Pew Research Center el 43% de los estadounidenses cree que el islam fomenta la violencia, frente a un 49% que opina lo contrario. Entre aquellos que dicen que conocen alguna persona que sea musulmana, el 60% cree que los fieles al islam no apoyan la violencia. En contraste, aquellos que no tienen contacto con personas musulmanas, el 40% relacionan islam con violencia. Esto invita a pensar que son la desinformación sobre qué es el islam y el escaso contacto con la comunidad musulmana los factores que explican el rechazo.

La organización Southern Poverty Law Center cifra en 114 las organizaciones que fomentan discursos de odio contra los musulmanes americanos. Estos grupos consideran que el islam es una religión violenta que no se ajusta a los valores de la sociedad americana y que los musulmanes son una especie de quintacolumnistas que buscan imponer un régimen islamico en el país. Entre 2008-2013 estas organizaciones han gastado más de 200 millones de dólares en propagar discursos de odio contra la población musulmana.  Así mismo, el mundo audiovisual, que tiene una gran influencia en la sociedad, ha jugado un papel destacado en perpetuar una imagen estereotipada de los musulmanes. La mayoría de personajes árabes que salen en películas y series americanas actúan como terroristas que buscan destruir la civilización Occidental.

Radiografía de la comunidad Musulmana

La comunidad musulmana en Estados Unidos destaca por su diversidad,  producto de la mezcla entre aquellos musulmanes que han nacido en el país y por la llegada de miles de inmigrantes procedentes de países musulmanes. A nivel ideológico, se sienten más identificados con el Partido Demócrata que con el Republicano. Cabe destacar, que las mujeres americanas musulmanas perciben más discriminación que los hombres.

El aumento de la islamofobia ha provocado que los americanos musulmanes se impliquen más en política. En el año 2018, alrededor de 100 candidatos musulmanes se presentaron en las elecciones locales y nacionales. En ellas fueron elegidas las primeras congresistas musulmanas, Rashida Tlaib y Ilhan Omar. Previamente, Keith Ellison fue el primer congresista musulmán. La presencia de políticos musulmanes ayudará  a visibilizar más a la comunidad musulmana y a combatir prejuicios contra  ellos. Es muy probable que en el año 2040, los musulmanes serán  el segundo  grupo religioso  más numeroso tras  los cristianos, y por lo tanto su papel en la política americana será mayor.

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Movimientos feministas en el Mundo Árabe

MOVIMIENTOS FEMINISTAS EN EL MUNDO ÁRABE

Por Airy Domínguez Teruel 

Cuando hablamos de feminismo nos referimos a un movimiento social que engloba sujetos con características e intereses desiguales, que sufren formas de opresión diferentes (racismo, patriarcalismo, clasismo, etc.). Así, del mismo modo que no existe una mujer universal, no puede existir un feminismo universal.

En línea con lo anterior, durante décadas, el pensamiento feminista negro ha conceptualizado la identidad como una formación de vectores entrelazados de raza, género, clase y sexualidad. Noción que servirá de base para la definición de la interconexión entre “género, raza y clase” como pilar esencial de los estudios feministas, así como para el nacimiento de la interseccionalidad con perspectiva de género. Una herramienta que, como señala Sara Salem, ha sido empleada para tratar la naturaleza intersectada de estructuras e identidades. Permitiendo, entre otras cuestiones, la descentralización del feminismo occidental.

La identificación del feminismo como un rasgo propio de las sociedades occidentales no hace sino anular la capacidad de otras sociedades para generarlo. La historia demuestra que el feminismo dista de ser una construcción monolítica de carácter propiamente occidental, al surgir de manera simultánea en Oriente y Occidente. En este sentido, como apunta Sara Salen, el caso de Egipto pone de manifiesto cómo en la década de 1920 las mujeres musulmanas se embarcaron, junto con los cristianos, en un movimiento colectivo organizado en favor de los derechos y la liberación de las mujeres. Aquí, se recurriría al término «feminismo» aproximadamente al tiempo que comenzó a utilizarse en Estados Unidos.

 

El nacimiento del feminismo en el Mundo Árabe

Desde mediados del siglo XIX comienza a abrirse paso en Egipto y en lo que hoy conocemos como Siria y Líbano, un movimiento en defensa de los derechos de las mujeres. Esta tendencia evolucionará en un feminismo de carácter fundamentalmente burgués, vinculado al nacionalismo y el reformismo, que será reproducido en el resto de países de la región. Un movimiento tras el que se encontraban quienes veían una relación directa entre la situación de inferioridad que sufrían las mujeres y el atraso que caracterizaba la región. Así, entendían que un cambio en la primera premisa iría seguido de un cambio en la segunda.

Lo anterior demuestra cómo el feminismo de la región se trata de un movimiento propio que dista de ser tomado de Occidente, el cual estaba impregnado de un carácter nacionalista que contestaba al colonialismo occidental y sus prácticas patriarcales. Un movimiento que sería referido como «feminismo secular».

Los avances en el campo laboral y educativo se encontrarían con muros de contención que dificultarían su expansión a otras áreas. Entre ellos estarían la ausencia de derecho a sufragio y un derecho de familia en el que la discriminación a la mujer quedaba patente. Obstáculos en los que la prensa, las asociaciones y otros foros encontrarían el motor de su crecimiento. Aquí destacan casos como el de la Unión Feminista Egipcia, fundada por Huda Shaarawi (1882-1947). Una asociación cuya internalización y creación de redes con agrupaciones de otros países resulta remarcable, siendo el contacto con los movimientos de mujeres palestinas sobresaliente.

 

En la década de los 50-60, época dorada del nacionalismo árabe, la mujer iría conquistando avances como el derecho a voto y elección (1956), el aumento de su presencia en las universidades e incluso en las instituciones, como es el caso de Hikmat Abu- Zayd (Ministra de Asuntos Sociales egipcia). Pese a lo anterior, las prohibiciones por el régimen nasserista de partidos y asociaciones, supusieron la sustitución del feminismo revolucionario por uno de carácter oficial.

El siguiente punto de inflexión lo encontramos en la década de los 70. Este viene motivado, en gran parte, por el enriquecimiento de los países del Golfo gracias al petróleo. A ello se unen otras cuestiones como el fracaso del panarabismo y la imposibilidad de derrotar a Israel en el campo militar. En este periodo, un modelo de islam tradicional se extendería por los Estados árabes, quienes convencidos de su capacidad para mejorar la situación lo acogerían en su seno. Ello traería como consecuencia el retroceso en la lucha por la igualdad, debido no sólo al cambio en la esfera ideológica sino a los efectos de la crisis económica que forzó el retorno de las mujeres al hogar. En este contexto, la presión social y la incidencia en la identidad musulmana llevaron a que las mujeres volviesen a cubrirse con el hiyab, una cuestión que suscitaría posiciones diversas.

El feminismo y el velo

Como afirma Nieves Paradela, el desvelamiento se presentó desde los inicios como uno de los rasgos característicos de la nueva mujer. Grandes representantes feministas recurrieron a este gesto para demostrar su posición y erigir su lucha. Tal es el caso de Huda Shaarawi quien pese a mantener el velo en los inicios, tras su regreso del Congreso feminista de Roma protagonizaría uno de los momentos que quedarían grabados en la memoria del feminismo árabe, al desvelarse ante la multitud que la recibía en la estación de El Cairo. Este simbólico acto sería igualmente ejecutado por otras mujeres como las tunecinas Manūbiya al-Wartānī (1921) y Ḥabība Minšārī (1929). Signos que continúan presentes en la lucha contra la violencia y la reivindicación de igualdad de las mujeres de la región, tal y como demuestran las fotos desnudas de Alia El Mahdi y Amina Sboui en el contexto de las revueltas iniciadas en 2011.

Basándose en premisas como estas, desde occidente el velo se ha presentado en numerosas ocasiones como una de las incompatibilidades más flagrantes dentro del movimiento de liberación femenino. Sin embargo, sería un error considerar el desvelamiento como una condición necesaria para el feminismo. Así, desde los inicios, feministas como Zaynab al-Gazzali no ha dudado en defender esta indumentaria.

A partir de los 70, de forma paralela al discurso del islam como solución a los problemas de la región se iría desarrollando otro sobre la mujer, de corte igualmente islamista. Este daría lugar a lo que en los noventa se llamaría “feminismo islámico”. Un feminismo que difiere del feminismo secular o árabe liberal de carácter laico, defendiendo que la liberación de la mujer musulmana no consiste en abandonar su cultura para adoptar una extranjera, sino en el regreso al islam y la sharía. Aquí, las mujeres de este colectivo pasaron de sentirse de un lugar a ser, en primera instancia, musulmanas. El islam se entiende como identidad y el velo como símbolo para visibilizarlo.

Con crecimiento de poblaciones musulmanas compuestas de inmigrantes, ciudadanos nuevos y de segunda generación y un número de conversos en aumento, este pensamiento traspasará fronteras expandiéndose por Occidente. 

El islam puede ser feminista

Junto al velo, otra presunción comúnmente extendida es la incompatibilidad del Corán como base para la lucha contra la desigualdad de género. Idea que choca con la metodología básica del feminismo islámico, basada en el ejercicio del pensamiento racional y la investigación independiente de las fuentes religiosas (Ijtihad). Siendo el punto de partida de su constitución la interpretación del Corán (tafsir).

En la región el patriarcado ya se encontraba enraizado antes de la llegada del islam. Ello impide entender esta religión como un sistema patriarcal, independientemente de que este haya calado en ella. El aspecto patriarcal del islam supone una lectura subjetiva del libro sagrado efectuada por varones en una hegemónica situación preferencial, que ha permitido la contaminación de la religión a lo largo de la historia. Sin embargo, frente a esta lectura existen otras como las del islam reformista, donde se encuentra enmarcado el llamado feminismo islámico, un campo en el que la obra de la feminista Fatima Mernissi (1940- 2015) resulta clave al demostrar que de la aproximación feminista al Corán florecen resultados dispares.

En este sentido, como apunta el académico Helmuth Angulo-Espinoza el islam no es la semilla que ha permitido la construcción de una masculinidad patriarcal en las sociedades musulmanas. Aunque sí es responsable, en cierto modo, del establecimiento de un statu quo en las sociedades de la región, así como de la construcción de la masculinidad patriarcal hoy presente.

Aquí, junto a defensoras del feminismo islámico como Amina Wadud (1950), existen voces como la de Wassyla Tarnzali (l94I). Una abogada argelina residente en Francia que critica la posibilidad de que pueda existir un “feminismo islámico”. Dos posiciones que permiten reflejar la diversidad del feminismo y la imposibilidad de adjudicarle un carácter universal.

 

Con todo, para el avance de la mujer en esta zona del planeta, es importante que la perspectiva feminista evite creer en una única visión del feminismo. Asimismo, debería huir de juzgar, entre otras cuestiones, la religión en sí misma como opresiva para las mujeres, sin analizar el contexto y las estructuras que la condicionan. Aquí resulta interesante escuchar las diferentes voces de las mujeres quienes, como señala Elina Voula, se debaten entre sus identidades como mujeres y sus lugares en las comunidades religiosas.

Entendiendo el islam y el velo como rasgos opresores de la mujer no hacemos sino homogeneizar la diversidad existente tras la mujer musulmana, quien ya de por sí ha de enfrentarse a diversas opresiones estructurales. Igualmente omitimos el mensaje de igualdad entre hombres y mujeres como humanos, de los derechos de la mujer y la justicia social que el islam introdujo mediante el Corán y que han sido manipulados por la patriarcal estructura hegemónica.

 

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El liderazgo femenino en el islam: las imanes​

El liderazgo de la mujer en el islam: las imanes

Por Airy Domínguez

Imam Amina Wadud// © Imagen: Don Emmert/AFP/Getty Images

Según apunta Sayyid Mujtaba Musawi Lari en El Imamato, “el término Imam hace referencia, en relación con la comunidad, a un dirigente que supera a quienes conduce por lo que ha recibido de capacidad intelectual e ideológica, lo que lleva a la sociedad a remitirse a él en cuanto a sus métodos y forma de vida, obedeciendo sus órdenes”. La imamah – liderazgo- posee en el Islam un sentido amplio, abarcando tanto el liderazgo intelectual como la autoridad política, y “el Imam debe ser alguien capaz de enseñar a la gente la cultura coránica, las verdades religiosas y las disposiciones sociales, alguien digno de ser seguido (e imitado) en todos los aspectos, métodos y dimensiones”.

El término imamah también se ha empleado en un sentido más limitado, entendiendo al Imam como el líder que cuida del rumbo de de los asuntos sociales y políticos. Pero como señala Sayyid Mujtaba «cuando la predisposición humana esencial se amalgama con el mensaje religioso, entonces confluyen la autoridad intelectual y el poder político en una sola persona».

Así, como guía espiritual, el imam es un modelo y maestro de la comunidad. En cuanto al plano litúrgico, se trata de quien dirige la oración comunitaria (salat).

En palabras del jurista al-Mawardi el imamato supone “un principio sobre el que reposan las bases de la religión y gracias al cual los asuntos del pueblo son solucionados correcta y ventajosamente; por él se asegura la estabilidad de las cuestiones de interés general y de él emanan las funciones particulares”.

El imamato femenino

Pese a su dilatada trayectoria, puede decirse que el debate en torno a si una mujer puede o no ser imamah estalló de manera clara en el 2005, a raíz de la gran repercusión mediática de la oración dirigida por Amina Wadud en  Nueva York. Esta reivindicación se engloba dentro de un movimiento más amplio conocido como “feminismo islámico”, que encuentra sus raíces en la década de los 70 y se desarrolla de forma paralela al discurso del islam como respuesta a los problemas de la región.

La cuestión del liderazgo femenino no se ausenta de la historia del Islam. En este sentido, una de las esposas del Profeta Muhammad, Aisha, y su hija Fátima son a menudo mencionadas, junto con otras esposas y compañeras de Muhammad, como muhaddithat – mujeres que enseñaban los hadices –. Asimismo, existen historias religiosas donde se menciona a famosas mujeres eruditas y maestras. En este sentido, diversos expertos defienden la existencia de una larga tradición de imamas, así mencionan que el profeta visitaba frecuentemente a Umm Waraqa que incluso le pidió que cogiera a un muezzin – responsable de llamar a la oración – y dirigiera la oración en su casa delante de las mujeres y de los hombres de su familia. Por otra parte, alegan que Muhammad pidió a Aisha y Umm Salama que lideraran el rezo en la mezquita.

A lo largo de la historia toda una serie de pensadores musulmanes han defendido como lícito el hecho de que una mujer dirija las oraciones. Asimismo, destacados expertos en jurisprudencia islámica (alfaquíes) han defendido el imamato de la mujer , a saber, Abu Thawr – de la escuela del Imam Shafi’i -;  Abu Dawud – fundador de la escuela Zahirí- y  Tabari – comentarista coránico y creador de una escuela de jurisprudencia desaparecida- .  Junto a ellos estaría el maestro sufí ibn al-‘Arabi. Recientemente, personalidades como el académico islámico Hamza Yusuf han reconocido la posiblididad del imamato femenino. 

En línea con lo anterior, la imamah y teóloga Sherin Khankan, apunta que el relego de la mujer no data de los inicios del islam, sino que vendría con el califa Omar, quien ordenó a las mujeres que rezaran en casa y no en la mezquita. Así, asegura que en la Edad Media el Corán se posicionaba por delante del cristianismo en lo que a cuestiones éticas y feministas se refiere, lo que motivó un adelantamiento en el campo científico tecnológico que encontraría su punto de inflexión en el Renacimiento.

 

La imam Sherin Khankan
La imam Sherin Khanan// Fuente: The New Arab

Respecto al porqué del imamato femenino, la profesora Ingrid Mattson defiende que un verdadero líder de la comunidad musulmana es aquel que toma en cuenta las opiniones minoritarias y divergentes para crear unidad entre los musulmanes. Así, su enfoque del liderazgo femenino en las comunidades musulmanas se basa en el principio de inclusión, al entender que las mujeres solo se convierten en «miembros plenos de su comunidad » cuando participan en todos los niveles de discusión y tienen el potencial para el liderazgo. Aquí, mientras que Mattson reconoce la necesidad del liderazgo como expresión de la autoridad religiosa y la participación de las mujeres en sus comunidades de manera plena, para ella esto no incluye el liderazgo del salat mixto. Sin embargo, para la profesora Amina Wadud, el tema en juego en la defensa del imamato femenino es el pleno reconocimiento de la humanidad de la mujer y su agencia espiritual y moral. Lo anterior pone de manifiesto una vez más las divergencias entre los colectivos que luchan por la igualdad de género, esta vez a través de la cuestión del imamato. 

Por su parte, en una entrevista realizada por la doctora Sirin Adlbi, Natalia Andújar  defiende que para ella el imamato significa “ser coherente con una concepción igualitaria del islam”. Así, entiende que quien debe presidir la oración es quien mejor conozca el Corán y sea una persona respetada por la comunidad. “El hecho de que sea un hombre o una mujer debería ser irrelevante”, apunta. En este sentido, repara en la inexistencia de textos que prohíban explícitamente que una mujer dirija la oración mixta, aunque recuerda que “la mayoría de los juristas de las cuatro escuelas de jurisprudencia han establecido que todo lo concerniente a las muamalat está permitido menos lo que está prohibido, y todo lo concerniente a la ibada está prohibido menos lo que está permitido”. Siendo esta una elaboración posterior al texto coránico, que podría enmarcarse dentro de las estructuras patriarcales que se han adueñado de la religión.

Además, la experta señala que “las reacciones por parte de las comunidades musulmanas ante este hecho son cada vez menos virulentas ya que no se puede aislar de la labor que llevamos a cabo desde hace muchos años por deconstruir estereotipos, por la defensa de los derechos de los musulmanes en general, etc”. 

Frente a esta postura nos encontramos con la de aquellos que rechazan la posibilidad de imamato femenino. Así, como resume Jordi Moreras en su tesis doctoral, el debate del imamato femenino cuenta con dos posturas claramente enfrentadas cada una de las cuales se basa en tres argumentos principales. Por un lado, sus partidarios se apoyan en la decisión de Muhammad de que una mujer ocupase esta función en su mezquita; la inexistencia tanto en los textos sagrados como en la sunnah de indicaciones que se opongan a ello y la opinión de juristas como al-Tabari, alMuzani o Dawud adh-Dhahiri. Por su parte, los detractores se apoyan en la interpretación de algunos hadices, el consenso doctrinal establecido entre juristas y musulmanes respecto a este principio y la ausencia de evidencias históricas de la práctica del imamato femenino. 

Aquí cabe señalar que pese a la aparente novedad del liderazgo de la mujer dentro del islam, la doctora Mattson apunta que hay varias mujeres que lideran las comunidades musulmanas pero que desean permanecer sin ser reconocidasAsí, defiende que «hay eruditas profundamente conocedoras y líderes espirituales veneradas en todas las sociedades musulmanas. La mayoría no son ampliamente conocidas, pero muchas tienen una influencia significativa sobre un gran número de mujeres e incluso hombres «. En este sentido, señala que a excepción de las recitadoras indonesias las recitadoras musulmanas del Corán no publican sus recitaciones por modestia.

Mujeres imanes en China (Ah-hung):

China cuenta con unos 21 millones de musulmanes, los cuales han desarrollado sus propias prácticas islámicas con características propias del país. Aquí, la mayor diferencia es el desarrollo de mezquitas femeninas independientes con imanes femeninas. En este sentido, la China comunista ha sido durante mucho tiempo el único país del mundo donde las mujeres musulmanas tenían sus propias mezquitas, llamadas Nusi. Así, como apunta Nazanín Armanian, desde el siglo XVI las mujeres pueden ser Ah-hung (sacerdote) y hacer de imam dirigiendo el rezo de las mujeres en la mezquita.

En la ciudad de Kaifeng – provincia de Henan – hay 16 mezquitas de mujeres, un tercio del número de mezquitas para hombres. En el callejón Wangjia hutong, de la ciudad las mujeres van a su propia mezquita donde la imamah Yao Baoxia dirige las oraciones. Desde hace 14 años, Yao ha sido una mujer ahong – imam – y afirma que allí el estatus respecto de los hombres es el mismo pues «hombres y mujeres son iguales aquí, tal vez porque somos un país socialista«.

La mezquita  Wangjia Hutong, al igual que otras mezquitas femeninas, comenzó como una escuela coránica para niñas. Estas surgieron a fines del siglo XVII en el centro de China, incluidas las provincias de Shanxi y Shandong y se transformaron en mezquitas femeninas hace unos 100 años, comenzando en la provincia de Henan.

Fuente: Henan University

Pese a que China se presenta como el único país que tiene una larga historia de imanes femeninos hay cosas que, de acuerdo con las prácticas tradicionales de los musulmanes chinos, las mujeres no pueden hacer entre ellas dirigir rituales funerarios o lavar cadáveres masculinos.

La Mezquita Mariam: la primera liderada por una mujer en Escandinavia

En febrero de 2016 se inauguraba la Mezquita Mariam, la primera dirigida por mujeres de toda Escandinavia, cuyo primer rezo tendría lugar seis meses después. Desde entonces, junto a las oraciones, en la mezquita se han realizado bodas interreligiosas – desaprobadas en otras mezquitas –  y divorcios. En este sentido, la Mezquita Mariam posee su propio estatuto del matrimonio, el cual cuenta con cuatro ejes fundamentales, a saber, el rechazo de la poligamia; el derecho de las mujeres al divorcio, la anulación del matrimonio ante violencia psicológica o física; y la igualdad de derechos sobre los hijos por parte de las mujeres ante el divorcio.

Así, según señala su fundadora Sherin Khankan, esta nace en un intento por desafiar las «estructuras patriarcales» y crear debate y diálogo, entendiendo como estructuras patriarcales el carácter que ha quedado impregnado en el islam donde los hombres gozan de una posición preferente fruto de una lectura subjetiva del libro sagrado por los propios varones. La intención de Khankan sería desafiarlas permitiendo la igualdad entre ambos géneros. 

Pese a la controversia sobre la compatibilidad entre la igualdad y el islam, expertas como Dolors Bramon, islamóloga no musulmana, afirman que no son ideas enfrentadas. En este sentido, asegura no sólo su compatibilidad sino que en su libro Ser mujer y musulmana afirma  que “las primeras normativas favorables a la mujer nacen en el libro básico del islam”. Así, Bramon considera que el islam establece una igualdad absoluta desde el punto de vista religioso: la mujer tiene derecho a la vida -antes no lo tenía-, la mujer hereda -antes era heredada-, la mujer tiene derecho a una dote y sin ella no hay matrimonio, se anula prácticamente la costumbre de la poligamia, porque el Corán habla de poligamia pero luego dice que es imposible cumplir con los requisitos…”. 

Mezquita Mariam// Fuente: Maryam Islamic Centre

En línea con lo anterior la danesa Khankan señalaba el pasado marzo, en el Seminari interdisciplinari de recerca del Aula Mediterránea, que siendo hija de padre sirio y madre finlandesa, él musulmán de carácter feminista y ella católica, la religión había permanecido en el seno de la familia sin ser motivo de disputas. Una situación familiar que influiría en el progresivo desarrollo de la idea de crear un espacio en el que, respetando las bases del Islam, todos los imanes serían femeninos y donde, a excepción de los viernes, tanto hombres como mujeres serían recibidos en las oraciones.

Poco después, en una entrevista realizada por La Vanguardia Khankan buscaría romper con distintos mitos que considera creados en el islam. En este sentido, rechazaba la idea de que el feminismo islámico sea un oxímoron para lo que recurre a la persona de su padre, quien afirma desde siempre ha dicho que “el hombre perfecto es una mujer”,  una creencia en la que ella ha sido educada. Asimismo, entre otras cuestiones, mencionaba la cuestión de la yihad afirmando que esta se trata de una lectura interesada posterior realizada por “ciertos caudillos”, mientras que defendía que “en realidad, el Profeta sólo está llamando a una guerra interior contra tu ego”.

Otras imanes

Junto a la Mezquita Mariam existen toda una serie de proyectos similares que han sido realizados por mujeres musulmanas en otros países, incluidos los EE. UU., Canadá y Alemania.

En cuanto a las imanes femeninas, otra de las figuras destacadas dentro de esta corriente en Occidente es la ya mencionada Amina Wadud. Su defensa del imamato femenino le llevaría a dirigir la oración en dos ocasiones, a saber, en 2005 en Nueva York y en 2008 en Barcelona. En ninguna de las ciudades consiguió permiso para hacerlo en una mezquita, lo que le llevaría a que en el caso de Nueva York  sus fieles fueran reunidos en la iglesia presbiteriana de San Juan, mientras que en Barcelona la oración tendría lugar en un salón del hotel en el que se celebraba el congreso al que había sido invitada. Ello daría lugar a una gran polémica y provocaría el rechazo y denuncia por parte de los sectores más conservadores.

Por su parte, Asma Bhol también se considera una «imamah lo que ella misma entiende como la versión femenina del imán. En este sentido, dirige las oraciones del viernes en la Iniciativa de la Mezquita Inclusiva en Londres, que admite a personas de cualquier género, sexualidad o minoría en condiciones de igualdad. Cuentan con  alrededor de 20 a 50 personas en un viernes típico.

Junto a las anteriores existen otras como la Imamah Pamela Taylor y Jamila Ezzani dirigió a un grupo de hombres y mujeres en sus oraciones de Eid en 2012.

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La representación de Oriente en la industria audiovisual

Oriente en la industria audiovisual tras el 11S

Por Airy Domínguez Teruel

El francotirador

Durante la última década Oriente Medio se ha convertido en un tema recurrente en películas y series televisivas, lo que ha provocado que esta región del mundo, para Occidente muchas veces remota, pase a entenderse a partir de aquello que se proyecta en la pantalla. Esto responde a que los productos cinematográficos y televisivos influyen en la conformación de la opinión de quien los visualiza, contribuyendo a la imagen que estos conforman de una realidad desconocida. En este sentido, Antonio Malalana señala que debido a su poder persuasivo y manipulador, la cinematografía y las producciones televisivas crean modelos culturales.

Los atentados del 11S como punto de inflexión

Tras los atentados del 11 de septiembre, George Bush buscará impulsar un proceso de transformación de la identidad nacional y de la opinión pública. Una idea que traspasaría las barreras de la acción conjunta política y de los medios de comunicación, adentrándose en otras esferas como la cinematográfica. De este modo, tras los ataques, el asesor especial de George Bush, Karl Rove, convocaría en Beverly Hills (Los Ángeles) una cumbre con los representantes de la industria del entretenimiento, con el fin de incorporar a Hollywood en la lucha contra el terrorismo. Dicho plan recuerda al camino seguido por el Estado de Israel a raíz de la matanza de Múnich y con la Operación Entebbe. Como apunta Malalana, con ambos sucesos Israel y sus ciudadanos – objetivo de las acciones terroristas en el primer caso y de poderosos a nivel militar en el segundo – ganaron la batalla de la imagen y generaron un proceso de victimización que favorecía la puesta en marcha de cualquier tipo de reacción antiterrorista ante su opinión pública[1].

Fuente: Rojo, M., 2012. EL TERRORISMO EN EL CINE. Revista Aequitas, 3, Pp. 253-304.

En definitiva, el 11S se ha presentado como un punto de inflexión que ha servido para consolidar un género propio, donde los guiones cinematrográficos parecen haber dado un vuelco adquiriendo la región MENA un papel relevante. Esta idea ha permitido la representación, no siempre fidedigna, de una región del mundo para muchos remota que, debido al carácter internacional de Hollywood, ha calado en la opinión pública occidental permitiendo la aceptación del derecho a la autodefensa y favoreciendo la imagen de victimización de la sociedad estadounidense, entre otras.

De este modo, en este nuevo producto, la dicotomía nosotros-ellos que diferencia a dos civilizaciones resulta dominante debido a la abrumadora diferencia en la contextualización de entornos y personajes. Junto a ello, el 11S refleja el nacimiento de un nuevo héroe en el cine de acción, los servicios de inteligencia. En este sentido, el estrechamiento de las relaciones entre Hollywood y la CIA es evidente.

La CIA y los servicios de inteligencia, el nuevo héroe de Hollywood

Si bien existen ejemplos anteriores en los que los servicios de inteligencia adquieren un papel protagonista en la trama de series y películas, en los últimos años esta es una tendencia en aumento. En este sentido, entre otras prácticas, la CIA influye en Hollywood ofreciendo su ayuda en el campo del realismo y la verosimilitud, ambos distintivos de este tipo de productos. Ello se lleva a término mediante el asesoramiento de agentes en activo o ex agentes de la CIA.

La relación de los servicios de inteligencia con la industria del cine y la televisión no es nueva. Así, desde el nacimiento de la CIA en 1947, esta ha estado trabajando encubiertamente con Hollywood. Una cuestión que se pone de manifiesto mediante la figura de Luigi Luraschi, jefe de la censura extranjera y nacional para Paramount a principios de los años cincuenta. Este, se ha descubierto que trabajaba para la CIA enviando informes sobre cómo se estaba empleando la censura cinematográfica, con el fin de impulsar la imagen de los EEUU en películas que se verían en el extranjero. Asimismo, los informes de Luraschi revelaron que había persuadido a varios cineastas a mostrar «negros» que estaban «bien vestidos» en sus películas, con el fin de contrarrestar la propaganda soviética sobre la pobreza de las relaciones raciales en EEUU.

Durante la presidencia de Clinton, la CIA llevó su estrategia en la industria del cine a un nuevo nivel. Así, en 1996, se creó la Entertainment Liaison Office, que supuestamente colaboraría en una capacidad estrictamente consultiva con los cineastas. Al frente de la oficina estaba Chase Brandon, uno de sus oficiales veteranos que había servido durante 25 años en la división de servicios clandestinos de élite de la agencia, como oficial de operaciones encubiertas. El fin era actualizar la imagen de la agencia. En este sentido, The Guardian recoge las palabras de Brandon en las que afirma que «[s]iempre hemos sido retratados erróneamente como malvados y maquiavélicos […] nos tomó mucho tiempo apoyar proyectos que nos retrataran en la luz que queremos vernos».

Junto a esta orientación ofrecida por la CIA a los cineastas, se encuentran otras acciones como la oferta de dinero. Así, por ejemplo, en 1950 compraría los derechos de Animal Farm de George Orwell, y financiaría la versión animada británica en 1954.

Si bien desde mediados de la década de 1990 guionistas, directores y productores estadounidenses parecen inclinarse por ofrecer una imagen positiva de la profesión de espía en proyectos de cine o televisión, esta será una práctica más habitual a partir del 11S. El fin consiste en obtener acceso especial y favores en la sede de la CIA. Así, frente al acostumbrado cine de acción hoy nace un nuevo modelo en el que el agente pasa a ser un héroe dentro de la sociedad americana, al enfrentarse al terrorismo.

En línea con lo anterior, la serie Alias lanzada en septiembre de 2001, pese a su carácter de ficción, reflejaba ya la paranoia generalizada del periodo posterior al 11 de septiembre, ese clima de ansiedad permanente. Creado por J. J. Abrams, el show presentó a Jennifer Garner como un agente encubierto de la CIA que se infiltró en una conspiración mundial, encarnando la integridad, el patriotismo y la inteligencia que la agencia busca en sus oficiales.

Sin embargo, esta tendencia se presenta de manera clara en Syriana, donde la actividad de los agentes es una constante. Lo mismo ocurre con Homeland, una serie que combina un cine tradicional plagado de rasgos propios del drama que se entrelazan con conspiraciones gubernamentales. Todo, obnubilado por los continuados esfuerzos y sacrificios de diversos agentes de la CIA en su intento por derrotar a los terroristas y brindar seguridad, no sólo a nivel nacional sino internacional. 

En La noche más oscura sucede algo similar, pues se tratan los esfuerzos de Langley por capturar a Bin Laden y evitar futuros atentados. Así, desde el 11S la relación de ambos sectores se estrechará siendo una práctica en aumento las visitas personalizadas de celebridades a la sede de la CIA (Harrison Ford y Ben Affleck entre ellos).

Ben Affleck, sirve de ejemplo para manifestar esta tendencia. Este es el director de Argo, una película lanzada en 2012 con Chris Terrio como guionista y basada en el libro The Master of Disguise de la vida real de Tony Méndez y el artículo de Joshuah Bearman «The Great Escape: How the CIA Used a Fake Sci-Fi Flick to Rescue Americans from Iran» en Wired. La película narra cómo la CIA rescató a varios rehenes estadounidenses en Teherán, con la ayuda de Méndez, quien creará una compañía de producción de Hollywood ficticia y fingirá filmar una película fantástica de ciencia ficción en Irán. Según señala Richard Klein, Argo fue la primera película en obtener permiso para grabar dentro de la sede de Langley en quince años. En dicha producción, la agencia y Hollywood juegan el papel de héroes, mientras que se pasan por alto cuestiones como el papel de la embajada de Canadá en la ayuda a los rehenes para escapar. En este sentido, hay quienes defienden que podría calificarse como el golpe propagandístico más exitoso de la agencia en Hollywood.

Por su parte, las memorias See No Evil del ex oficial de la CIA Robert Baer, servirán de apoyo para la película de 2005 Syriana, donde George Clooney se presentaba como un agente ficticio de la CIA basado, en parte, en Baer. En relación a Argo, el mismo Robert Baer «no tenía nada que ver con la realidad» y que cualquier involucrado lo sabe, sin embargo, es muy probable que el efecto no sea el mismo en quienes no conocen los tejidos y modo de proceder de la agencia. En opinión de Robert Baer, The Wire de HBO sería el mejor producto sobre Langley, pues según entiende es la misma burocracia “sin sentido, la política y la ambición” y «[t]oda la otra basura que te encuentras en un departamento de policía, te la encuentras con la inteligencia”.

En cuanto a Homeland, esta nace de una serie de televisión israelí llamada Hatufim o Prisoners of War, que trata sobre soldados israelíes que regresaban tras años en cautiverio. A lo largo de sus temporadas, Homeland se ha convertido en un espacio que permite al productor y guionista Alex Gansa explorar aspectos de la guerra contra el terror desde un punto de vista pro-CIA. De este modo, la puerta giratoria CIA- Hollywood se hace patente con series televisivas como esta.

De entre los obsequios propagandísticos destaca asimismo Zero Dark Thirty (La noche más oscura), un film que nacía en 2012 a la luz del creciente debate sobre la tortura. Dirigida por Kathryn Bigelow y con Mark Boal como guionista, esta película se centraba en la caza de Osama bin Laden. La relación entre la agencia y la película se pone de manifiesto por ejemplo si fijamos la mirada en el entonces director de la CIA, Leon Panetta, quien permitió al guionista asistir a una reunión en Langley en junio de 2011. Esta estuvo cerrada a la prensa y contó con la participación de los principales actores de la operación. Asimismo, el jefe de la CIA ofrecería al guionista los nombres de las personas cuyo papel en la misión era todavía secreto y compartiría otra información clasificada con los realizadores, entre otras acciones. La estrecha y enérgica colaboración entre la CIA y Hollywood permitió aquí argumentar que la captura de Bin Laden no hubiera sido posible sin información extraída bajo tortura.

El discurso nosotros-ellos como eje de los contenidos

La base de análisis del orientalismo se sitúa en el método de «oposición binaria»: dos mundos, dos culturas, Oriente y Occidente. Esta visión política presenta la relación entre Oriente y Occidente como una relación de poder donde el primero queda subordinado al segundo, y ha quedado impresa en diversidad de series y películas.

En línea con lo anterior, los estereotipos contrarios a los árabes y musulmanes no suponen una novedad, sino que cuentan con una larga trayectoria en la cultura popular estadounidense y, cada vez más, en la europea. Sin embargo, los atentados del 11-S han derivado en importantes cambios en el modo de representación de estos colectivos, jugando el cine y la televisión un papel fundamental. En este sentido, a la acostumbrada amenaza árabe se ha ido uniendo la amenaza musulmana. Así, como apunta Jack Shaheen, si bien las imágenes antiárabes y antimusulmanas “[…] habían formado parte del ruido de fondo del fanatismo estadounidense, los árabes y los musulmanes se convirtieron en los principales espectros de nuestras fantasías más paranoicas […] Pasaban de ser el otro malo de allí a ser el otro malo de aquí y de allí”.

En este sentido, series como 24, The Unit, The Agency, NCIS, Sleeper 2 Cell, Threat Matrix y Sue Thomas: F.B.Eye, agitarán los mitos edificados sobre el encarcelamiento, la extradición, la tortura e incluso la muerte de personajes de carácter unidimensional. Mientras que gran parte de las películas centradas en Oriente Medio se focalizarán en la justificación de la “guerra contra el terror”, la firma de la Ley Patriota (USA Patriot Act), las prácticas de la detención indefinida, etc. Todo con la violencia causada por la invasión de Afganistán o Irak y las torturas que tuvieron lugar en las cárceles clandestinas de la CIA como difuso telón de fondo.

Tras este enfoque hay una serie de intenciones políticas que llevan a que, en múltiples ocasiones, el islam quede retratado como una religión violenta, retrógrada e incluso salvaje. En relación a esta idea, Jack Shaheen denuncia en The Nation que “estas campañas […] son obra de un pequeño grupo de donantes ricos, especialistas en desinformación como Rush Limbaugh y Glenn Beck, y grupos de organizaciones anti-Islam interconectadas: el Proyecto de Investigación sobre Terrorismo de Steven Emerson, el Foro del Medio Oriente de Daniel Pipes y demás. Juntos crean el mito de que los musulmanes dominantes tienen lazos «terroristas», que el islam es la nueva amenaza ideológica global y que los musulmanes están decididos a destruir la civilización occidental. Luego difunden su mensaje por todas partes”. Aquí, Obsession: Radical Islam’s War Against the West (2005) se presenta como la primera película hecha por la organización pro israelí Clarion Fund. Este producto se muestra como propaganda en la que los musulmanes quedan deshumanizados y presentados como el «otro» malvado, al producirse un continuo desgaste del islam mediante la fusión de imágenes de yihadistas con personas rezando. Junto a ello, se encuentran otras imágenes, siendo una de las más interesantes la relación del discurso de los radicales con el del nazismo.

Diferencia del peso y contextualización de los personajes

Otra de las prácticas comúnmente extendidas en estos productos audiovisuales, que se encuentra vinculada al discurso «nosotros» y «ellos» es la desigualdad de contextualización de los personajes, la focalización en la humanización, el protagonismo y el realismo de un bando que se contrapone al reduccionismo del otro. Una táctica que incita al espectador a tomar parte por uno de los dos, presentándose el primero como el colectivo favorecido.

El francotirador de Clint Eastwood (2014), se presenta aquí como un claro ejemplo en el que el desequilibrio en el trato de los personajes y el universo que representan repercute en el resultado final y, por tanto, en el imaginario y la opinión del receptor. En ella se da prioridad al personaje del soldado americano, su situación y sus sentimientos, mientras que los de árabes o musulmanes a quienes mata se presentan como marginales. Esta película se basa en la biografía del francotirador del cuerpo de los Navy SEAL, Chris Kyle, siendo la crítica de la guerra el impacto que esta ha tenido en el soldado. Frente a lo anterior, las muertes árabes parecen subestimarse e incluso quedar razonadas. Con todo se induce a tomar posición por el bando americano. Una situación que se repite en casos como Zero Dark Thirty donde el criminalizado personaje musulmán queda deshumanizado.

En relación a esta idea, una estrategia habitual que hace que los espectadores empaticen con el bando occidental se basa en exponer el trastorno de estrés postraumático sufrido por quienes vuelven a EEUU tras luchar contra el enemigo por el bien de su nación y, en gran parte de los casos, del mundo. Ello queda reflejado en películas como En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008) o En el valle de Elah y en series como Homeland

El Francotirador

Homeland

Zero Dark Thirty

Así, huyendo del cine de acción de los 80 y 90, hoy la vulnerabilidad del soldado estadounidense se presenta como una práctica habitual en los guiones. Aquí, En el valle de Elah sirve para ilustrar esta idea. En ella se aborda el abuso sufrido por civiles iraquíes a manos de los soldados estadounidenses, pero esta no es sino una idea que acaba por emborronarse en la mente del espectador quien, ante todo, es testigo del trauma y postrauma que han de sufrir los soldados de EEUU. Este sufrimiento acaba por constituir el eje de la película, permitiendo incluso relativizar los abusos hacia los iraquíes. En este sentido, el sufrimiento iraquí parece cosa del pasado mientras que la situación de los americanos se alarga hasta el presente.

Junto al trastorno de estrés postraumático, en este intento por inducir al espectador a decantarse por un bando, se encuentra el recurso a la vida privada de los agentes e, incluso, de los soldados. Ello permite que la audiencia empatice con estos personajes, sintiendo su carácter humano, su sacrificio y su sufrimiento, todo en beneficio de la seguridad nacional. Sin embargo, en el caso de las familias árabes o musulmanas la visión es diferente pues apenas se tratan estas cuestiones y si se hace es de manera muy superficial. Este recurso a la familia queda patente en series como en Homeland, donde se ve el sacrificio del marine Nicholas Brody y su familia en las primeras temporadas, y de la agente Carrie Mathison, después. Asimismo, esta idea queda expresada en películas como Red de Mentiras, La sombra del reino y Syriana, entre otras.

Los rasgos explicados anteriormente conforman, junto con otros, este nuevo género de Hollywood en el que el terrorismo se presenta como uno de los principales ejes narrativos, quedando en la mayor parte de las ocasiones vinculado al islam y a Oriente Medio. Una idea que, si bien cuenta con antecedentes, nace a tenor de los atentados del 11S como parte de una política securitizadora que daña, con o sin intención, la imagen de árabes y musulmanes. Mientras que, por otro lado, sitúa a Estados Unidos, su cuerpo militar y sus agentes como los héroes, salvadores y víctimas. Todo ello en una plataforma de difusión mundial que permite el calado del mensaje en la mente de todo aquel que lo visualiza, contribuyendo a un sentimiento islamófobo creciente en nuestras sociedades y permitiendo la puesta en marcha de actuaciones políticas de otro modo impensables.

NOTAS:

[1] McAlister, Melani, «A Cultural History of the War without End», The Journal of American History, vol. 89, no 2, p. 441 y Huerta, Miguel Ángel, «Cine y política de oposición en la producción estadounidense tras el 11-S», Comunicación y sociedad, vol. XXI, no 1 (2008), pp. 81-102. Citado en Ureña, M., 2014. LA EXÉGESIS DE LA GUERRA GLOBAL CONTRA EL TERRORISMO A TRAVÉS DEL CINE Y LA TELEVISIÓN. HAO, 34, p 44.

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