Los orígenes de la principal escisión del islam

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Para una información más detallada, léase el artículo La fractura chií- suní, los orígenes.

La fractura chií- suní ¿Sectarismo o poder?

La fractura chií- suní ¿Sectarismo o poder?

Por Airy Domínguez

El enfrentamiento entre las facciones suní y chií nace en el 632 d.C., ante la ausencia de un sucesor tras la muerte de Mahoma. Sin embargo, si partimos de la base de que en la actualidad las relaciones internacionales de los países del Golfo Pérsico están centradas en la seguridad, podría decirse que la rivalidad ideológica de sus potencias guarda más relación con la pretensión de aumento de poder al más puro estilo realista, que con cuestiones puramente religiosas o políticas. Así, el objetivo de las políticas de estos países, tanto a nivel exterior como interno, va a residir en eliminar las amenazas a la seguridad independientemente de si estas son reales o percibidas. Aquí, cabe señalar que las interpretaciones que se pueden dar al término seguridad son amplias y variadas, encontrándose entre ellas la idea de seguridad del régimen y, por tanto, de sus intereses. Es precisamente en este punto donde podemos situar la obsesión de los distintos Estados por controlar o influir en otros Estados, pues ello les garantizaría su liderazgo en la zona permitiéndoles una posición de mayor seguridad. 

Como apunta Dazi-Héni en Arabia Saudí contra Irán: un equilibrio regional de poder, la agudización del sectarismo se ve como una corriente a la que tiende Oriente Medio desde el siglo XXI, siendo en la actualidad la guerra fría Arabia Saudí (suní) – Irán (chií) por el control de la región uno de los factores fundamentales que podrían intensificar los conflictos socio-políticos de la zona. Sin embargo, si hacemos zoom en esta aparente división sectaria, lo que obtenemos es que parece estar mucho más relacionada con un enfrentamiento geopolítico originario de 1979 y con la competencia ideológica para alcanzar la superioridad en Oriente Medio, que con la religiosidad (Dazi-Héni, F., 2013: 1).

Pese a ello, varios de los conflictos que afectan actualmente a la región continúan a menudo presentándose como una guerra sectaria entre suníes y chiíes, que continúa viva al menos en el discurso de ambas potencias. Sin embargo, la base del iceberg no es otra que una lucha por el poder ante la incertidumbre generada en la última década en la región y el consiguiente aumento de las inseguridades, siendo la religión un recurso en manos de las élites para alcanzar unos objetivos concretos.

Si bien las tensiones entre Irán y Arabia Saudí se remontan a la Revolución Islámica (1979), la tensión por el control de la región por parte de ambas potencias encuentra su punto de inflexión más reciente en la invasión de Iraq (2003), al permitir que Irán tutelase al naciente gobierno iraquí (Álvarez Ossorio, I., 2017: 1484). Aquí, lo que según los neoconservadores serviría para acabar con el gobierno tiránico de Saddam Hussein y traer la democracia – otorgándole el poder a la mayoría chiita – se tradujo en consecuencias devastadoras para la región. Con la invasión obtuvieron no sólo la caída de Husein y la revancha suní, sino el resquebrajamiento del equilibrio de poder del Golfo Pérsico haciendo del territorio iraquí el tablero de juego donde Irán y Arabia Saudí librarían su lucha.

Otro punto clave en el presente escenario son las Primaveras Árabes, que exacerbarán las tensiones en otros escenarios como Siria, Yemen y Líbano (Álvarez Ossorio, I., 2016: 1484) y serán vistas por las potencias como una jugada más dentro de esta competición geopolítica. Estas revueltas suponen la caída de los líderes de parte importante de los países. Asimismo, dan lugar a débiles transiciones que alimentarán las diferencias presentes en la región, siendo la fractura suní-chií una de ellas. Consecuencias que se tornan evidentes en los acontecimientos vividos en Iraq, Bahréin y Siria durante los últimos años.

Sin embargo, a grosso modo puede decirse que las Primaveras Árabes resultaron en un vacío de poder, en el aumento de la inseguridad y en luchas por el control del mismo. Ello sería aprovechado por las potencias para intentar ganar liderazgo y permitiría, en muchas ocasiones, la entrada de grupos terroristas como Al Qaeda en la Península Arábiga en el caso de Yemen o Estado Islámico en Siria y Libia. Aquí, resulta interesante detenerse en el caso de Siria, donde la revuelta y su brutal represión dieron luz a una guerra civil, transformando un conflicto sectario en uno transnacional que parece presentarse como el actual eje en torno al que giran los conflictos de la zona.

Junto a las revueltas y la invasión de Iraq, no podemos olvidar la política de EEUU con respecto a la región, ni su reclamo a una mayor involucración de los aliados para “garantizar la seguridad” en la zona. A lo anterior haría que añadir el papel de su antagonista ruso en la región, aliado del régimen sirio. Aquí, Siria vuelve a presentarse como el tablero idóneo para una confrontación indirecta.

Así, todas estas cuestiones han avivado las inseguridades al tiempo que han despertado sospechas entre algunos países, dando como resultado complejas alianzas. En esta línea, en los últimos años se han podido distinguir tres bloques en el territorio, uno iraní-chií donde encontramos al régimen sirio de Bashar al-Asad, el gobierno de Bagdad y varias milicias iraquíes, Hezbolá y milicias palestinas como Hamás o Yihad Islámica; uno saudí-suní con países como Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Jordania y, en parte, la Autoridad Nacional Palestina; y un tercero debilitado, formado por Qatar y las distintas organizaciones vinculadas a los Hermanos Musulmanes (Fernández, H. A., 2015: 281) . A ello abría que añadir los respectivos apoyos internacionales con los que cuenta cada bloque.

BIBLIOGRAFÍA

Álvarez Osorio, I., 2015. La fractura suní-chií en Oriente Medio. Esglobal, 24 de febrero. Disponible en: https://www.esglobal.org/la-fractura-suni-chii-en-oriente-medio/ (Consultado el 28/12/ 2017).

Álvarez Ossorio, I., 2016. Siria. Revolución, sectarismo y yihad [e-book]. Catarata: Madrid.

Dazi-Héni, F., 2013. Arabia Saudí contra Irán: un equilibrio regional de poder. Awraq, 8, 23-5.

Fernández, H. A., 2015. Las múltiples crisis de Oriente Medio. Quaderns de la Mediterrània, 22, 277. Disponible en: http://www.iemed.org/observatori/arees-danalisi/arxius-adjunts/qm22/009ES_CrisisMiddleEast_HAmirah-Fernandez.pdf (Consultado el 28/01/2018)

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La fractura chií- suní, los orígenes

La fractura chií- suní, los orígenes

Por Airy Domínguez

La expansión del Islam

En el año 610 Muhammad reveló una nueva fe a la gente de La Meca, el Islam. Esta nació como una religión monoteísta, que incorporó algunas tradiciones tanto judías como cristianas y se expandió de manera progresiva. Antes de su muerte, el Profeta consiguió consolidar su poder en Arabia – tanto a nivel político como religioso – [1]. Mientras que sus seguidores construirían un imperio que se extendería desde Asia Central hasta España. Sin embargo, en lo que respecta a la comunidad, esta quedaría dividida tras su muerte.

Para atender a los orígenes del llamado cisma del Islam basta con recurrir a la etimología de las palabras que designan a las partes que lo conforman. “Chiita” proviene de la contracción de “Shiar Ali” que significa “partidarios de Alí”, por su parte, “sunnita” nace de “Ahl al-Sunna”, es decir, “gente de la tradición”. En este sentido, el enfrentamiento se remonta al año 632 d.C., cuando tras la muerte de Mahoma – el Profeta – y el consiguiente vacío de poder, se inicia una lucha para designar a su heredero. Aquí, quienes posteriormente serían designados como chiitas defendían que el elegido debía ser un descendiente directo del Profeta, lo que les llevó a tomar partido por Alí [2] y a rechazar a los notables elegidos como califas o sucesores del profeta – Abu Bakr (632-634), Omar (634-644) y Utman (644-656) – (Fernández, A. 2014: 3). Por su parte, los sunnitas defendían que el sucesor habría de ser elegido por la comunidad sin necesidad de vínculo directo con Muhammad.

Tras el asesinato de Utman, Alí fue elegido cuarto califa por un año, pues este sería cuestionado por el Gobernador de Damasco y primo de Utman, el omeya Muawiya, lo que daría lugar a la Batalla de Siffin. Esta, resuelta finalmente por medio de un arbitraje, dio la razón a Muawiya provocando la retirada de Alí y sus partidarios a Kufa (Irak), donde contaría con cierto poder (Fernández, A. 2014: 3). Como afirma Hans Küng, la elección de Alí como califa cuenta con un defecto congénito, pues para algunos este es desacreditado por no haber arrestado y castigado a los asesinos de Utman y valerse de su apoyo para ser elegido Califa ( 2007: 214).

En el 661, Alí fue asesinado por un miembro de la facción de los jariyiés, quienes pese a su inicial apoyo terminaron considerándole un traidor. Los sunnitas, consideran a Alí como el cuarto y último Califa “Rectamente Guiado”, mientras que para los chiitas, Alí se trata del primer imán al cual consideran – junto con sus descendientes – como sucesor legítimo de Mahoma. Tras el asesinato de Alí, sus partidarios fijarían su mirada en su hijo Hassan, quien bajo la idea de evitar a toda costa otra guerra civil renunció al poder. Posteriormente, los chiitas se fijarían en Hussein – segundo hijo de Alí -, quien instigó una rebelión contra los omeyas establecidos en Damasco. Será precisamente su tortura y muerte en el campo de Batalla de Kerbala (680), lo que marcará el principio del cisma entre chiitas y sunnitas.

Elaboración propia a partir de "El Islam, historia, presente y futuro"

Si bien la línea chiita de descendientes de Alí y Hussein se extinguió en el 873 con la muerte del último Imán chiita a los cuatro años – sin hermanos ni hermanas – estos negaron su muerte afirmando que se había ocultado por medios sobrenaturales. Esto les lleva a afirmar que seguiría vivo hasta su regreso al final de los tiempos, y a la imposibilidad de sucederle. Esta es un figura mesiánica muy presente entre los chiitas en la actualidad, quienes dejaron el poder tras varios siglos de modo temporal, hasta el regreso del decimosegundo Imán – el Imán Mahdi – (Fernández, A. 2014: 3-4). Sin embargo, los sunitas aún esperan su aparición.

Para una información más detallada sobre las diferencias entre las ramas suní y chií del islam, léase el artículo El islam y sus dos Escuelas mayoritarias: el sunismo y el chiismo

NOTAS AL PIE

[1] “[…] la unificación religiosa la logró gracias a su mensaje de la unicidad de Dios, la política gracias a una nueva manera de ejercer poder. El islam, que vincula la soberanía religiosa y el poder político, como fundamento de la unicidad de Arabia” (Küng, H., 2007: 142).

[2] Primo y esposo de su hija Fátima.

BIBLIOGRAFÍA

Council on Foreing Relations, 2014. The Sunni-Shia divide. Council on Foreing Relations. Disponible en: https://www.cfr.org/interactives/sunni-shia-divide#!/sunni-shia-divide (Consultado el 18/02/2018).

Fernández, A., (2014). EL ENFRENTAMIENTO SUNNITA-CHIITA, SU REFLEJO EN LA TRADICIONAL RIVALIDAD ARABE-PERSA Y SU REPERCUSIÓN EN ORIENTE MEDIO. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2014/DIEEEO38-2014_EnfrentamientoSunnita-Chiita_AFdezMartin.pdf (Consultado el 10/02/2018).

Hans, K., 2007. El Islam, historia, presente y futuro. Trotta: Madrid.

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El islam y sus dos Escuelas mayoritarias: el sunismo y el chiismo

El islam y sus dos escuelas mayoritarias: el sunismo y el chiismo

Por Airy Domínguez

El islam se presenta como la religión mayoritaria en la región MENA, oficial en todos los países excepto en Turquía e Israel. Dicha religión se basa en las enseñanzas del Corán[1] y, pese a que goza de una relativa uniformidad en su esencia, cuenta con comunidades muy diversas. En este sentido, muchas veces cuesta hablar de un único islam, pues existen múltiples interpretaciones y conciencias. A lo anterior habría que añadir la ausencia de un referente de autoridad[2], cuestión que ha favorecido su fragmentación y radicalidad.

Dentro del islam destacan dos ramas teológicas, el sunismo y el chiismo, las cuales serán explicadas a lo largo del presente artículo. Junto a ellas se encuentra el llamado jariyismo o cariyismo, donde los ibadíes[3] se presentan como los últimos supervivientes.

Antes de adentrarnos en las dos vertientes prioritarias del islam cabe destacar que, a diferencia de lo que ocurre en Occidente, en Oriente Medio resulta complicado distinguir entre religión y grupos sociales. En la región, al igual que ocurre en el África Subsahariana, la religiosidad forma parte de la fidelizacion social.

 

La escisión

El origen de la división entre sunnitas y chiitas data del 632 d.C., fecha en la que muere Mahoma sin haber designado un sucesor. Desde ese momento, la comunidad musulmana se dividirá entre quienes creen que el sucesor ha de ser el mejor preparado – Abú Baqr – y quienes defienden que la sucesión ha de venir marcada por lazos de sangre – Ali ibn Abi Tali, primo y yerno de Muhammad –. Esta es una escisión que, si bien en su origen era de carácter político, vendrá seguida de discrepancias doctrinales tras el asesinato de Alí y de la emigración de los chiíes hacia Irán e Iraq fundamentalmente.

 

Diferencias fundamentales

En árabe secta (firqa) se refiere a un grupo religioso o ideológico cerrado en sí mismo, lo que carece de la connotación negativa de nuestra lengua que la acerca a la herejía. El motivo de la escisión no responde a discusiones sobre la “recta fe”, sino que se encuentra en la querella por la herencia del Profeta en cuestiones de gobierno (Hans, K., 213). Pese a ello podemos encontrar algunas diferencias entre ambos grupos.

En lo que a la estructura social se refiere, el chiismo – especialmente el duodecimano – cuenta con una estructura o clero jerárquico, incluso piramidal, en cuya cúspide cuenta con grandes entidades y una administración de la fe, que puede dictaminar tanto dogma como actitudes sociales y políticas. Por su parte, el sunismo es mucho más disperso, carece de una autoridad, pero cuenta con administraciones e instituciones considerablemente respetadas, entre ellas, la Meca; Medina y la Universidad de al-Azhar de El Cairo.

A nivel sociopolítico, puede decirse que la sunna es mucho más compacta. Esta se presenta como la escuela principal del islam – en torno al 90% del mundo musulmán – y se considera ortodoxa respecto a las enseñanzas del Profeta Muhammad –sus fieles defienden que tras él no hay más interpretaciones posibles de la religión –. Sin embargo, cabe señalar que ha tenido expresiones políticas concretas y centrales hasta la abolición del último Califato en 1924[4].

Junto a lo anterior, a diferencia de lo que sucede en la Chía, en el mundo suní todos se reconocen como musulmanes, la sunna tiene una conciencia de unidad y carece de grandes grupos enfrentados entre sí. Pese a lo anterior, cuenta con una serie de Escuelas de jurisprudencia (madh’hab)[5] que se aceptan como válidas, conviviendo incluso en los mismos países, a saber, Hanafi[6]; Maliki[7]; Hanbalí[8] y Shafaí[9].

Por su parte, los seguidores de la Chía son minoritarios en el islam. Creen que las enseñanzas del Profeta tienen continuidad en su familia y en los imanes posteriores y, a menudo, se han visto marginados por Estados oficialmente suníes. Los chiitas viven concentrados en Irán, pero son mayoría en Iraq, Bahréin, Azerbaiyán y Líbano. En lo que a las élites gobernantes se refiere, sólo en Irán se presentan como mayoría oficial y dominante. En Iraq, por el contrario, desde la Edad Media, aunque con algunos episodios en medio, las clases dominantes han sido suníes – hasta hace 13, 14 años –[10].

En contraposición a lo que ocurre en el sunismo, dentro del chiísmo existen diversos grupos. El principal son los conocidos como duodecimanos, Imami o Ja’fari[11], esta es la religión oficial de Irán y la predominante entre los chiitas de Iraq, Líbano y Bahréin. Junto a los anteriores se encuentran los septimanos, estos aceptan los siete primeros imanes del chiismo, pero se distanciarán de los jafa’ri. Aquí, el grupo principal lo constituyen los ismailíes y dentro de estos, los nizaríes[12] – en torno a un 90% -.

Entre los numerosos grupos dispersos vinculados a la Chía destacan los alevíes y los alauíes. Los primeros son numerosos en Turquía, donde a menudo son discriminados, estos carecen de un centro jerárquico y una red constituida. Dogmáticamente no aceptan el Corán como único libro revelado, rechazan su unicidad y sus lugares de culto no son las mezquitas. Los alauíes[13] son el grupo dominante en el régimen sirio, a pesar de ser minoritarios. Son muy parecidos a los alevíes, aunque cabe destacar que no se identifican los unos con los otros. Social y políticamente los alauíes controlan el poder en Siria desde los 70 (dinastía de Assad), mientras que los alevíes han padecido discriminación por parte del Estado turco, al tiempo que han sufrido ataques por parte de sectores radicales suníes de la población de este país[14]. Asimismo, los alevíes suelen relacionarse con los kurdos y los movimientos izquierdistas en Turquía, sin embargo, también existen alevíes turcos y, en menor grado, árabes.

Otra rama a destacar es la de los drusos, quienes se presentan más como una comunidad étnica que como un sector del islam. En este sentido, existen dudas sobre la filiación islámica de este grupo, que cuenta con sus propios libros sagrados y observa creencias contradictorias con el Corán –  como la metempsicosis –. Sus seguidores son numerosos en Líbano, donde constituyen grupos compactos influyentes, y en Israel, donde a menudo tienen buena relación con el gobierno. Aquí cabe señalar una peculiar diferencia, y es que mientras que los drusos en Israel se han mostrado muy pro-sionistas, este mismo grupo en Líbano tiene carácter anti-sionista. Otra peculiaridad es que aunque hablan árabe y pertenecen a colectividades tradicionales árabes, han desarrollado sus propias colectividades, esto es, no siempre se sienten árabes. Además, aunque tradicionalmente se han definido como musulmanes y como chiitas, tienen su propia religión.

Por su parte, los Zaidíes (Zaidiyyah), en otros tiempos muy extendidos, en la actualidad se ven restringidos al norte de Yemen y suponen entre el 25 y el 40% de la población. Hasta 1962 tenían el control del imanato de Yemen, pero una revolución los apartó del poder. En el año 2004 tiene lugar la insurgencia chiita en Yemen[15], se da así la presencia de grupos rebeldes zaidíes que luchan contra su supuesta discriminación y que son calificados a menudo de integristas y terroristas: los Houthis.

NOTAS AL PIE

[1] El Corán es aceptado por todos musulmanes, sin embargo, unos hadices – relatos que recogen las palabras del Profeta – son reconocidos por los suníes y otros por chiíes. Estos, en principio, fueron escritos por personas que tuvieron un contacto cercano con seguidores del profeta, al menos una generación después, y tienen un contenido jurídico y su función es complementar al Corán en lo que no es explícito. Así, existe el Corán Mecca y el Corán Medina, este último con un contenido más social.

[2] En el islam no hay categorías de autoridad y jerarquías religiosas, aunque hay figuras como pueden ser el imán, el jeque o el ayatolá a las que se reconoce dotadas de autoridad. Sin embargo, en el islam “[…] no existe una autoridad jurídica semejante a la de los obispos o a la del Papa en el catolicismo, porque la autoridad de los jefes religiosos musulmanes es sólo de orden moral”  (Paolucci , G., y Eid, C., 2006: 41)

[3] Actualmente se han concentrado en Omán, donde son mayoritarios, además de puntos muy concretos del Magreb. Especialmente intolerantes en sus fundamentos, han relajado enormemente sus preceptos y actualmente propician la convivencia con otros grupos, convirtiendo a Omán en un oasis de tolerancia.

[4] La derrota y consiguiente desaparición del Imperio Otomano como realidad política, y del Califato como institución representativa de la unidad político- religiosa de la comunidad islámica, se presenta como una de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial (Moreno, J.,1996: 8).

[5] No representan comunidades ni valores identitarios sino que reflejan formas de interpretación del islam sunnita.

[6] Destaca la importancia del juicio personal, y apertura (Irak, Siria, Turquía. Asia Central, Balcanes…); está muy conectado con el mudo sufí (muy exigentes en sí mismos, tolerantes y flexibles con los demás por lo que no imponen su forma de ver a los demás).

[7] Destaca la importancia de las costumbres y prácticas locales (Kuwait, UAE…); Implica respeto a la autoridad política y al Estado; y es muy de obediencia local (Argelia, Marruecos, Emiratos Árabes…).

[8] Es la más nueva y rigurosa, y en ella destaca la preponderancia del rigor dogmático y moral, así como la importancia del Corán y su literalidad (Arabia Saudí, Qatar…). Dentro del hanbalismo una rama más estricta es el wahabismo – religión oficial de Arabia Saudí y doctrina de Al-Qaeda y Estado Islámico –.

[9] Importante valoración de la Sunna y consenso de los creyentes (Jordania, Palestina…).

[10] La invasión americana quiso darse una cobertura de democracia dando el poder a los chiitas, aplicarán así un concepto de democracia que no había arraigado en la zona, dando lugar a un cambio radical que llevará a muchas revanchas.

[11] Este grupo ha desarrollado un clero influyente que se ha constituido en la élite religiosa (ayatolás), sin embargo, pese a protagonizar una fase de radicalismo en Irán y Líbano, en la actualidad, el integrismo ja’fari se ha moderado y distanciado del yihadismo salafí.

[12] Grupo sincrético y esotérico que adopta valores neoplatónicos. Constituyen un grupo moderno que pone el acento en la educación y en la no violencia.

[13] Ambos grupos comparten creencias y están influenciados por tradiciones gnósticas, orientales, shamanistas, etc. Se les considera especialmente modernos y a veces son rechazados como musulmanes.

[14] Destacan las masacres de  Kahramanmaras (1978), Malatya (1978 ), Çorum (1980) y Sivas (1993).

[15] También conocida como conflicto de Sa’dah, se trata de la guerra civil que estalla en junio de 2004, cuando el líder de los hutíes, el clérigo opositor Hussein Badreddin al –Houthi, inicia la rebelión contra el gobierno del país (CAP, 2015: 4).

BIBLIOGRAFÍA 

CAP, 2015. Conflictos 2/2015: Yemen. Centro de Análisis y Prospectiva Gabinete Técnico de la Guardia Civil. Disponible en: http://intranet.bibliotecasgc.bage.es/intranet-tmpl/prog/local_repository/documents/16617.pdf  [Consultado el 7/01/2018].

Denny, F., 2010. Sunni Islam. Oxford Bibliographies Online Research Guide. USA: Oxford University Press. Disponible en: https://books.google.es/books?id=D5_N97bAiJ0C&lpg=PP1&pg=PA3&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false [Consultado el 7/01/2018].

Hallan, M., 2016. Turkey discriminates against Alevi faith, ECHR rules. DW, 26 abril. Disponible en: http://www.dw.com/en/turkey-discriminates-against-alevi-faith-echr-rules/a-19214883  [Consultado el 11/01/2018].

Hans, K., 2007. El Islam, historia, presente y futuro. Trotta: Madrid.

MediterráneoSur. 2018.Yemen. m’sur.es. Disponible en: http://msur.es/focos/yemen/ [Consultado el 11/01/2018].

Moreno, J., 1996. El cercano Oriente 1914-1991. Madrid: Ediciones AKAL.

Paolucci, G. y Eid, C., 2006. Cien preguntas sobre el Islam: Una entrevista a Samir Khalil Samir realizada por Giorgio Paolucci y Camille Eid. Madrid: Encuentro.

Serra, F. “La religión en el mundo árabe (Clase magistral)”. Mundo Árabe. UAB. Barcelona, 24 marzo 2017.

Yubero, B. 2016. La lucha eterna de los alevíes en Turquía. esglobal, 26 de julio. Disponible en: https://www.esglobal.org/la-eterna-lucha-de-los-alevies-en-turquia/ [Consultado el 11/01/2018].

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