Turquía en los Balcanes occidentales: del Imperio otomano a Erdogan

Por Martín Madridejos

Durante más de quinientos años el Imperio otomano dominó los Balcanes. Tras su descomposición y la posterior conversión en una república parlamentaria, Turquía mantuvo durante décadas una política exterior poco activa en la región. Sin embargo, el final de la Unión Soviética, los sangrientos conflictos armados y la desintegración de la antigua Yugoslavia derivaron en un nuevo contexto regional e internacional en el que el país quiere volver a ser protagonista. Las nuevas condiciones internas de Turquía recondujeron su política exterior hacia la región balcánica y ahora aspira a reforzar los antiguos lazos culturales, sociales y, por supuesto, económicos.

El Imperio otomano en los Balcanes occidentales

En uno de los puntos álgidos de Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, se encuentra el barrio de Bascarsija, conocido por haber sido el bazar en la época otomana. Hoy en día es una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, y por él se puede pasear tranquilamente y disfrutar de la artesanía de origen turco que venden los locales y de los deliciosos cevapcis, un plato de carne picada y condimentada en forma de salchicha, también originarios del periodo otomano. Si uno pide un café le pondrán uno al estilo turco servido en un cezve, caracterizado por su espesor y por su fondo terroso.

Unos cuantos kilómetros más al sur del país podemos llegar a Mostar y encontrar el enorme puente que atraviesa el río Neretva, símbolo también del Imperio otomano.  La construcción fue encargada por Solimán el Magnífico en 1557 con el objetivo de convertir la ciudad en el nexo entre el mar Adriático, en esos momentos dominado por la República de Ragusa, y el interior de la península balcánica, dominada por los otomanos.

Entre los siglos XV y XX, los Balcanes occidentales formaron parte del Imperio otomano, lo que se tradujo en un proceso de asimilación cultural, en diferentes grados, de las poblaciones que habitaban en la región. Fruto de aquella permanencia secular no solo sobrevive el Islam, religión mayoritaria en Bosnia y Herzegovina, Albania y Kosovo, sino que son claramente perceptibles los préstamos lingüísticos como la mismísima palabra Balcanes (Balkan significa “montaña arbolada” en turco) y las costumbres de origen inconfundiblemente otomano, como buena parte de la gastronomía y la música popular. Los turcos siempre tuvieron en cuenta la región como un territorio estratégico: el puente hacia Europa.

La expansión del Imperio Otomano//Fuente: University of Illinois at Urbana-Champaign

El nacimiento del nacionalismo moderno turco

A finales del siglo XIX, el poderío del Imperio comenzaba a tambalearse. Problemas económicos cada vez más pronunciados, derivados de una creciente deuda y constantes guerras, contribuyeron al auge de los nacionalismos de la región. Con cada vez más frecuencia estallaban revueltas contra la administración turca que acabaron concluyendo con la independencia de los territorios del Imperio.

El Congreso de Berlín (1878), celebrado tras la derrota del Imperio otomano contra la Rusia zarista, determinó las nuevas fronteras territoriales en los Balcanes incluyendo, entre otras, la independencia de Serbia y la absorción de Bosnia y Herzegovina por el Imperio austrohúngaro.

El Imperio otomano siguió perdiendo territorios, como en las dos guerras de los Balcanes que acontecieron entre 1912 y 1913, luchando contra la Liga Balcánica y Rumanía. Tan solo un año más tarde estallaba la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la que Turquía participó en el bando del eje. La Gran Guerra, que enfrentaba a los imperios modernos, además de situar los engranajes para el nuevo orden mundial, supuso la pérdida definitiva de la administración territorial y la culminación del proceso de descomposición del antiguo Imperio otomano. Además, Turquía perdió territorios a manos de Grecia y Armenia, entre otros países. 

A la vez que el Imperio se iba descomponiendo, el nacionalismo moderno turco se hacía más poderoso. En 1906 se creó el movimiento de los Jóvenes Turcos, un partido reformista y nacionalista que en 1908 encabezó una revolución con el objetivo de modernizar el país. Poco después, un joven llamado Mustafá Kemal Ataturk (1881-1938) emergía como líder de un movimiento nacional que propugnaba la creación de un estado nación moderno.

Tras la Gran Guerra, Ataturk encabezó la Guerra por la Independencia Turca (1919-1923), que terminó con la expulsión de las potencias ocupantes. Posteriormente, amparada en el Tratado de Lausana en 1923, se proclamó la República de Turquía con sus límites territoriales actuales. El Imperio pasó de la autocracia a la república  y del carácter multiétnico y multirreligioso a la unificación cultural.  El sultán Mehmet VI había abdicado el año anterior.

Ataturk, junto a las ideas de los Jóvenes Turcos, sentó las bases ideológicas de la Turquía contemporánea. El pensamiento resultante, el llamado kemalismo, se fundamentaba en seis pilares: republicanismo, populismo, secularismo, reformismo, nacionalismo y estatismo. Las reformas acaecidas tenían como fin un acercamiento a los sistemas sociales y políticos occidentales, incluyendo desde la laicización del Estado o el traslado de la capital hasta Ankara hasta la adopción del calendario gregoriano o un cambio de gran calado en la lengua turca, que desde 1929 pasó a escribirse en caracteres latinos.

Una política exterior poco activa en la región

El proceso de descomposición hizo que la influencia otomana en los Balcanes occidentales se diluyera. Sin embargo, a partir de 1923, la nueva Turquía comenzó de nuevo a tejer lazos políticos y militares con la región. De esta manera se firmaron varios tratados que concluyeron con la Entente de los Balcanes en 1934, que creó una alianza militar entre Turquía y el Reino de Yugoslavia, acompañado de otros países de la región como Hungría, Rumanía y Grecia.

Entente de los Balcanes 1934//Fuente: Wikipedia

La Segunda Guerra Mundial puso en jaque la seguridad de la región. El país mantuvo una posición neutral hasta los últimos años de la contienda, en la que finalmente decidió unirse al bando de los aliados. Por otro lado, en la recién nacida república socialista yugoslava tras la victoria de los partisanos, se estaba produciendo un terremoto político debido a la ruptura de mariscal Josif Broz Tito con Stalin en 1948. Yugoslavia fue alejándose parcialmente del socialismo ortodoxo y acercándose a las doctrinas del llamado “socialismo autogestionado” y erigiéndose como uno de los portavoces del Movimiento de Países No Alineados. 

Turquía en esos momentos se estaba convirtiendo en uno de los principales aliados de Occidente en la región.  Fue acercándose paulatinamente a las visiones estadounidenses y adquiriendo un carácter anticomunista. En 1952 ingresó en la OTAN junto a Grecia. Un año más tarde, Ankara, Atenas y Belgrado firmaron el Pacto de los Balcanes, finalmente ratificado en 1954, un tratado de amistad y cooperación basado en la integración de Yugoslavia en el sistema de defensa europeo y en un alejamiento del Pacto de Varsovia.

En líneas generales, la política exterior turca tras la Segunda Guerra Mundial estuvo muy marcada por la Alianza atlántica y las lógicas del bipolarismo internacional entre la URSS y Estados Unidos. En los Balcanes occidentales, Turquía desempeñó un papel poco activo muy marcado por el Telón de Acero que la separó de la región durante prácticamente cincuenta años.

El resurgimiento de Turquía en la década de los 2000

El fin de la Guerra Fría tuvo importantes consecuencias geopolíticas en los Balcanes occidentales. A la estela de la caída del muro de Berlín y del hundimiento de la Unión Soviética resurgieron conflictos sociales, étnicos y religiosos que acabaron desembocando en la independencia de las antiguas repúblicas yugoslavas y en la disolución del país.

La descomposición de Yugoslavia// Fuente: Xunta de Galicia

En líneas generales, Turquía mantuvo una postura favorable a la paz, la estabilidad y la seguridad de la región, un talante que desarrolló tanto en acciones unilaterales como participando activamente en los grandes foros multilaterales de la OTAN, la Unión Europa y otras organizaciones internacionales, siempre del lado de Occidente. Turquía tuvo una posición muy cercana a Bosnia y Herzegovina y Kosovo en sus respectivos conflictos, en los que ejercía de salvaguarda de un mundo musulmán amenazado por los serbios.

La desintegración de Yugoslavia dejó un gran vacío de poder y un nuevo escenario geopolítico en la región. Las guerras fueron un gran motivo de preocupación para Turquía, puesto que amenazaban la seguridad de la región, pero al mismo tiempo Ankara era consciente de las futuras alianzas que se podrían tejer una vez concluyeran los conflictos bélicos: nuevos estados significaban nuevas relaciones. 

Muchas de las acciones llevadas a cabo por Turquía en los años noventa fueron el germen de lo que en la década siguiente se consolidaría como una política exterior muy activa en los Balcanes occidentales.

A nivel interno, Turquía estaba cambiando profundamente. En primer lugar, el crecimiento económico era acelerado, pasando de los 220.000 millones de su PIB en 2001 a los 521.000 en 2008, creciendo al 9% en algunos años.

Evolución del GDP de Turquía en millones de dólares // Fuente: Trading Economics

En segundo lugar, los cambios políticos eran también intensos, un verdadero terremoto, debido a la irrupción del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y la llegada al poder de su presidente, Recep Tayyip Erdoğan, en 2002. La llegada del AKP suponía un énfasis en un islamismo moderado y un creciente conservadurismo social, acompañado de una profunda reforma económica de corte muy liberal.

Estas nuevas condiciones, sumadas al desencanto de las negociaciones para la incorporación a Europa, llevaron hacia un giro en la política exterior turca. Ankara puso mayor atención en regiones como el Cáucaso, Próximo Oriente o los Balcanes, y dejó de lado tanto el proceso de integración europea como las ideas occidentales. Turquía se estaba alejando del kemalismo de Ataturk y algunos expertos comenzaron a hablar del término “neootomanismo“, que hacía referencia al resurgir de Turquía como potencia histórica.

El nuevo contexto fue interpretado por Ahmet Davutoglu, por aquel entonces un reputado profesor universitario, quien a través de la publicación de su libro Stratejik Derinlik (Profundidad estratégica) en 2001, sentó las bases de la doctrina geopolítica de Turquía. Davutoglu abogaba por un mayor fortalecimiento de las relaciones con los países con un legado más cercano al Imperio otomano y al mundo musulmán en general; por la consolidación geoestratégica de su posición como puente entre Europa y Oriente Medio; y, en último lugar, por unas mejores relaciones con las potencias con intereses en sus esferas de influencia. El académico desarrolló iniciativas como la “cero problemas con nuestros vecinos”, basada en evitar confrontaciones y apostar por el pragmatismo en las relaciones internacionales.

 

Turquía y el mundo musulmán en los Balcanes occidentales

La década de los 2000 fue esencial para el reforzamiento de las relaciones con los Balcanes occidentales. Mientras que las guerras de la década de la guerra anterior habían marcado una agenda basada en el  fortalecimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad política, posteriormente empezaron a primar las relaciones económicas y la recuperación de los lazos históricos y culturales.

Turquía comenzó a desarrollar un todo tipo de iniciativas y proyectos, desde pactos bilaterales y multilaterales en aspectos comerciales y militares, hasta inversión extranjera directa y ayuda al desarrollo. Algunos ejemplos destacables son la Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación (TIKA), La Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), el Instituo Yunus Emre, el canal TRT Avaz o las telenovelas turcas.

En primer lugar, la Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación (TIKA), que se ha encargado de la restauración de edificios históricos como mezquitas, puentes y madrazas, así como de diferentes proyectos en materias de educación, institucionalización y salud. En 2015, la TIKA destinó a los Balcanes un total de 154 millones de dólares.

 

Seguidamente, la Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), una organización que se encarga de cuestiones sobre la religión sunita a lo largo del mundo, ha servido de proveedor de servicios religiosos en los Balcanes occidentales, como cursos de preparación para ser Imán o grados universitarios en teología.  Diyanet ha financiado más de 100 mezquitas y mantiene vínculos con 2000 fuera de Turquía.

Religión en los Balcanes//Fuente: Wikipedia

En tercer lugar, el Instituto Yunus Emre, que tiene la labor de promover la cultura turca a través del mundo y que promueve cursos de lengua turca. Además, se han ido desarrollando paulatinamente consorcios entre universidades de Turquía y los Balcanes, e incluso creando universidades propias. El instituto cuenta con sedes en Albania, Bosnia y Kosovo.

El multicanal TRT creó en 2009 su versión balcánica llamada AVAZ, que proporciona temas de interés de la región en idiomas como el bosnio o el albanés. Por último, cabe destacar el impacto notable de las telenovelas turcas, las llamadas televizyon dizileri, que gozan de mucha audiencia en los Balcanes occidentales y en el mundo árabe e incluso en LatinoaméricaEl Sultán (Muhteşem Yüzyıl), es ampliamente exitoso a lo largo del mundo y ha llegado a más de cincuenta países.  Hoy en día Turquía es el segundo mayor exportador de series del mundo.

La política exterior en Bosnia, Kosovo, Albania y Macedonia

La política exterior de Turquía en los Balcanes occidentales está centrada principalmente en los países con los que comparte lazos históricos y culturales,  entre ellos Bosnia, Kosovo, Albania y Macedonia.

 

Bosnia y Herzegovina ha estado muy presente en la política exterior de Turquía, tanto en el periodo bélico como en la década de los 2000. Los bosníacos (bosnios musulmanes, una de las tres comunidades del país)  mantienen muchas costumbres de la época otomana y muestran interés en la actualidad turca. En aspectos de seguridad, hoy en día Turquía cuenta con 250 militares en la Operación Althea –una misión de seguridad en Bosnia- y ejerce un papel activo en la pacificación del país.

Otro de los países importantes es Albania, un país con un notable legado otomano y con una mayoría musulmana. Turquía financia proyectos como la gran mezquita de Tirana, que va camino de ser una de las mayores de Europa, y una aerolínea llamada Air Albania, de la cual Turkish Airlines controla el 49,12%. Además, también tiene desplegados militares y ambos son aliados debido a su pertenencia a la OTAN.

Turquía también despliega una política exterior considerable en Kosovo, un país con una mayoría albanesa y musulmana. Apoyó a Kosovo durante la guerra –de un modo más liviano que en Bosnia- y unos años más tarde, en 2008, fue uno de los primeros países en reconocer su independencia. En la actualidad, Turquía sigue destinando 400 soldados en Kosovo en misiones de la OTAN.

La República de Macedonia,  país cuya independencia fue reconocida por Turquía  internacionalmente al país en 1991, cuenta con una notable comunidad de albaneses musulmanes, principalmente en el norte, así como prácticamente 80.000 ciudadanos de origen turco. En las disputas entre Grecia y Macedonia acerca del nombre de la ex república yugoslava, un contencioso no resuelto hasta junio de 2018, Turquía siempre se posicionó a su favor. Macedonia fue, entre otras cosas,  el lugar donde vivió y estudió Ataturk durante su etapa juvenil.

Despliegue militar de Turquía en la región// Fuente: El País

La consolidación

En general, Turquía ha logrado mejorar las relaciones con estos países y su imagen exterior. Al mismo tiempo, ha empezado a tejer relaciones con otros países con menor presencia musulmana como Serbia, Croacia y Montenegro, especialmente en aspectos económicos.

La década de los 2000 fue muy exitosa para las aspiraciones del proyecto de Turquía en los Balcanes occidentales, siguiendo las directrices de Erdogan y Davutoglu. Pese a que la Unión Europea es el gran objetivo de los países de  la región –Serbia, Montenegro, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Albania y Kosovo son candidatos al ingreso- Turquía ha aumentado notablemente su influencia.

La crisis económica que estalló en 2008 y que azotó a Europa con intensidad, permitió a Turquía -que se vio menos afectada-  reforzar su presencia en la región. Los factores geopolíticos no se pueden obviar, por lo que las iniciativas de Turquía empezadas en las guerras en materia de estabilidad y seguridad siguen estando muy presentes.

El giro de la política exterior turca avanzó bajo los dictados cada vez más presentes de Davutoglu, que dejó su labor de académico y entró en el Gobierno como ministro de Exteriores (2009-2014) y luego como primer ministro (2014-2016), hasta que fue destituido por sus reticencias hacia el presidencialismo propuesto por Erdogan.

En la actualidad existen muchas incógnitas derivadas del golpe de estado de 2016, de las disputas religiosas y del alejamiento de Davutoglu de las esferas de poder, así como del surgimiento de otras potencias como China, que ha comenzado a realizar proyectos a raíz de su Nueva Ruta de la Seda, de las tensiones aún existentes entre Serbia y Kosovo y entre las comunidades étnicas en Bosnia y de la reciente extradición de kosovares.

Para saber más

MEHMET UĞUR EKİNCİ (2014): “A Golden Age of Relations: Turkey and the Western Balkans During the AK Party Period” en Insight Turkey, Vol. 16, No. 1, pp. 103-125; ALIDA VRAČIĆ (2016): “Turkey’s Role in the Western Balkans” en German Institute for International and Security Affairs; BIRGÜL DEMİRTAŞ (2013): “Turkey and the Balkans: Overcoming Prejudices, Building Bridges and Constructing a Common Future” en PERCEPTIONS, Vol 18, No. 2, pp. 163-184; DIMITAR BECHEV (2012): “Turkey in the Balkans: Taking a Broader View” en Insight Turkey, Vol. 14, No. 1, pp. 131-146.

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